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domingo, enero 04, 2026

Silvio se entregó a ¡Sudamérica en Vivo! En 2025

< Buenos Aires, 31 dic (Prensa Latina)  


Silvio Rodríguez regresó a Sudamérica en 2025, a un público que lo volvió a adorar; fueron 12 conciertos en Chile, Argentina, Uruguay, Perú y Colombia, en ese orden.
  • En la gira, «Silvio Rodríguez Tour 2025 – ¡Sudamérica en Vivo!», celebró más de 50 años de trayectoria musical y presentó su álbum “Quería sabeNo hubo grandes pantallas, ni juegos de luces deslumbrantes; las presentaciones estuviero concebidas para que el público se concentrara en el lirismo de las interpretaciones y se deleitara con la música. ¡Fue todo un éxito! Una vez más. Varias generaciones abarrotaron los estadios donde ratificó su legado de popular cantautor.

Cada salida a escena con las entradas agotadas resultaron eventos significativos que generaron gran entusiasmo. Silvio era muy esperado luego de cinco años de ausencia –en Argentina al menos después de siete años- por las tierras de O’Higgins, San Martín, Gervasio Artigas, Grau y Bolívar.

Inició el tour en Chile el 29 de septiembre con un recital en el Movistar Arena, donde cantó de nuevo otras tres veces, el 1, 5 y 6 de octubre. Conmovió al público al interpretar “Santiago de Chile”, icónica pieza que compuso tras conocer el asesinato de Salvador Allende en el sangriento golpe de 1973.

Otro momento conmovedor en esa compenetración trovador-público aconteció cuando compartió escenario con su hija, Malva Rodríguez González, para interpretar juntos “Te recuerdo Amanda”, en honor a Víctor Jara.

Llegó a Argentina muy acatarrado, la voz enronquecida, aun así se presentó ante más de 15 mil admiradores que repletaron el Movistar Arena las noches del 11 y 12 de octubre. Se disculpó por no estar en plenitud de facultades; dijo que se les devolvería las entradas y el público respondió con un rotundo “NOOO”, lo ovacionó a no dar más, cantó con él cada una de sus más queridas interpretaciones, y estuvo muy atento a la letra y contenido de las nuevas.

Para los argentinos fue otro acontecimiento inolvidable. En el repleto estadio revolotearon canciones inolvidables como “Ala de Colibrí”, “Sueño con serpientes”, “Te perdono”, “Eva”, “Canción del elegido”, “Te amaré”, La era está pariendo un corazón”, “Ángel para un final”, “El necio”, “Canción de las sillas” y “Rabo de nube”.

Rindió tributo a Pablito Milanés con “Yolanda”; a Vicente Feliú con “Créeme”; a Noel Nicola, con “Te perdono”, y con “La era está pariendo un corazón”, hizo recordar a Omara Portuondo quien la hizo suya.

A ellas Silvio sumó nuevas de su álbum “Quería saber”, entre estas “Viene la cosa” y “Nuestro después».

Los tres conciertos en Argentina alimentaron la añoranza; en el público las cabezas asentían, hubo caricias y miradas cómplices, un coro gigantesco acompañó al cantor, los aplausos se sintieron fuertes, lágrimas afloraron en muchos rostros y una bandera cubana flotó al aire. Silvio se despidió del Buenos Aires querido, la gente no quería verlo partir.

En la tierra andina del venerado Grau el auditorio Costa 21 resultó pequeño para la gente que lo esperaba, y el cierre de la gira fue en Colombia: el 31 de octubre en Medellín (en La Macarena) y el 2 de noviembre en Cali (en Arena Cañaveralejo). No hubo fechas en Bogotá debido a su altura.

Así, el cantautor cubano, a sus 78 años, conectó una vez más con el público latinoamericano que lo añora y sigue cantando sus canciones como hace cuatro décadas.

Silvio Rodríguez inició su Tour 2025 – ¡Sudamérica en Vivo!» con un concierto gratuito el 19 de septiembre en la escalinata de la Universidad de La Habana que una vez más se repletó de jóvenes.

viernes, noviembre 21, 2025

Desde el escenario


 

Lien Rodríguez abre concierto de Silvio en Medellín

Él tenía mucho interés en que se escuchara mi música allí. Me contactó a través de su productora y yo, por supuesto, me puse muy feliz”, aseguró en entrevista exclusiva para el periódico Girón la también guitarrista y violonchelista.Antes de comenzar la presentación de quien definió como “el hombre más hermoso del mundo”, Lien, acompañada de su guitarra, interpretó cuatro temas de su autoría: Camino de la seda, Hija mía, Pájaro mañanero y Cancioncit Llegue muy temprano, probé sonido, pararse frente a 30 000 personas es algo emotivo. En el 2015, había estado en el Luna Parck, en Buenos Aires, Argentina, pero en esa ocasión fueron 10 000. Desde que entré al escenario me acogieron con mucho cariño y todas las canciones recibieron aplausos hermosos”.


El público que abarrotó el Estadio Polideportivo Envigado, en esa urbe capital del departamento de Antioquía, le escuchó cantar la letra que habla de “Matanzas, puerto de encanto, Matanzas, guitarra que no quiebra, Matanzas, yo te sigo amando…”, un hermoso homenaje a la Ciudad de los Puentes.

Esos temas los elegí porque son fuertes musicalmente, tienen carácter, y se trataba de un estadio, un espacio muy grande. Hablan de mi ciudad, de mi hija, en el caso de Pájaro mañanero, da título a mi último disco. Terminé con el tema de la Kalimba, Cancioncita, para hacer un recorrido lo más variado posible"

Matancera Lien Rodríguez abre concierto de Silvio Rodríguez.

A Silvio lo conocí hace muchos años, en diferentes conciertos que tuvimos, en homenajes que se le hicieron a su música. Además, mi hija Luna Pantoja toca con su hija Malva Rodríguez y ahí hay un lazo familiar muy hermoso”.Nacida en Matanzas en 1975, Lien Rodríguez ha compartido escenario con Pedro Luis Ferrer, Liuba María Hevia, Haydeé Milanés, entre otros. Acerca de ella, la trovadora Marta Valdés expresó: “Ya tenemos a Lien en toda su grandeza como compositora e intérprete única. La vida lo ordena todo. Ya tenemos a Lien con sus cuatro letras”.

De gira con mi familia


"Me llenó de afectos y ternuras conocer a gente que quiere tanto a mi papá. Eso es algo que no notaba de pequeña, o no lo entendía, pero ahora sí".

por Malva Rodríguez González

 noviembre 12, 2025


Foto: Kaloian.

Desde finales de septiembre salimos de casa para embarcarnos en una gira por cinco países: Chile, Argentina, Uruguay, Perú  y Colombia   (eso sin contar el concierto que le dio comienzo en La Habana ). 

Ha sido como volver a mi infancia. De pequeña, antes de empezar en la escuela, solía acompañar a mis padres de gira y estuve tras bambalinas, en mi cochecito, en muchas de estas ciudades. Esta vez me tocó venir como músico, haciendo coros y tocando piano, así que dentro del sentimiento de nostalgia descubrí toda una nueva faceta de mi profesión. 


Durante los ensayos en los estudios Ojalá. Foto: Kaloian.

Antes de partir, nos pasamos un mes entero ensayando todos los días en los estudios Ojalá. El grupo, a pesar de llevar bastante tiempo sin tocar juntos, remontó el repertorio rápidamente con alguna que otra nueva adición. Durante este proceso comenzamos a armar el esqueleto de lo que sería el programa de los conciertos. 

Se prepararon casi 4 horas de música. De hecho, hacíamos la broma de que con todas las canciones que montamos se podían hacer dos conciertos completamente distintos. 

Por supuesto, uno ya tiene una idea de cuál va a ser el orden del programa desde antes del primer ensayo. Sin embargo, nunca se sabe hasta que se empieza a tocar. Y, aun después de planificarlo, a lo largo de la gira se hicieron un montón de ligeros cambios. O sea, podríamos decir que el programa resultó una guía general, más no definitiva.


Foto: Kaloian.

Por mis estudios tengo un poco más de experiencia práctica en tocar música académica, lo cual en estos casos tiene una dinámica bastante diferente. En resumen, nunca había tenido la experiencia de tocar tantas veces en público un mismo concierto y descubrí que es verdaderamente enriquecedor. Frente a una audiencia se descubren cosas nuevas de las piezas y mientras más se ejecutan, más se enriquece la interpretación.

Cada concierto es una experiencia completamente distinta. La manera en que nos escuchamos, la energía del público, la voz, todo se siente diferente a medida que pasan los días.


Foto: Kaloian.

Mi participación en los conciertos, a excepción de algunos coros, fue en un pequeño aparte familiar para homenajear a compañeros de papá que lamentablemente ya no se encuentran entre nosotros. Cantamos “Créeme” juntos, como lo solían hacer Vicente [Feliú] y su hija Aurorita; “Es más, te perdono”, de Noel [Nicola], a quien me cuentan que conocí muy chiquita, y la mítica “Yolanda”, de Pablo [Milanés]. Esta sección del concierto se concibió de una forma muy orgánica. 

El preludio de estos pequeños “apartes” comenzó en España, tras el fallecimiento de Eduardo Aute. Papá y yo habíamos ensayado alguna vez “Dentro”, para un homenaje que se le hizo, donde nunca la llegamos a tocar y a mí siempre me gustó mucho su canción “Albanta”. Tanto así que me la aprendí al piano y mi mamá me grabó un videíto cantándola, para mandárselo a los Aute (nuestra familia española). Unos meses después, cuando los conciertos de España en 2021, justo saliendo de la pandemia, papá decidió incluir estas dos canciones para recordar a Eduardo. Esa fue la primera vez que tocamos juntos.


Malva con Niurka González, su madre. Foto: Kaloian.

Después, en 2022, de golpe fallece Vicente y en los conciertos de México tocamos “No es fácil” y “Créeme”. En 2023 lo siguió Pablo, y en el concierto en la Isla de la Juventud cantamos “Yolanda”.

Silvio Rodríguez y Malva Rodríguez interpretaron a dúo la canción “Créeme”, homenaje a Vicente Feliú en México en 2022. Foto: Kaloian.

Esta vez no sabíamos si se iban a hacer todas las canciones como parte del programa, si irlas alternando entre concierto y concierto o ponerlas como bises. Sin embargo, desde que las tocamos juntas por primera vez en el concierto de la Escalinata de la Universidad de La Habana, supimos que no podíamos hacerlo de otra manera. Como dice papá: “Hay canciones que debemos seguir cantando”, y decidimos hacerlo desde la familia.

Muchas personas me preguntan qué se siente tocar con mis padres. En verdad lo disfruto mucho. Es una experiencia muy enriquecedora como músico, ya que ambos son excelentes profesionales. Precisamente por eso también puede llegar a ser un poco intimidante, pero a eso me sobrepongo.

Todo el asunto de “irse de gira” a lo mejor puede sonar muy glamuroso, pero les confieso que, cuando llevas un mes trabajando fuera de casa, con una maleta y lavando ropa en las bañaderas de los hoteles —el servicio de lavandería suele ser carísimo—, se extraña el hogar. Sin embargo, la compañía ha sido una fortuna inmensa. 


Silvio y Malva Rodríguez saliendo a escena. Foto: Kaloian.

Se sentía como estar en una residencia estudiantil (muy bien equipada) con un montón de compañeros y amigos que al final terminan convirtiéndose en familia. Se crean bromas internas a partir de anécdotas del día a día y eso hace que el tiempo transcurra más rápido. 

Malva Rodríguez al piano, Silvio Rodríguez y Niurka González. Foto: Kaloian.

En los momentos libres, a veces a deshora, se emprendieron pequeñas odiseas en busca de pizza y helado, se celebraron cumpleaños, campeonatos de juegos y hasta despojos místicos. Por eso, a pesar de estr moviéndonos constantemente de un lado a otro, apenas sin tiempo para adaptarnos, cada sitio se parecía un poco a casa, porque estábamos todos juntos. 


Durante la visita a Lucía Topolansky, compañera del fallecido expresidente uruguayo Pepe Mujica. Foto: Kaloian.

Me llenó de afectos y ternuras conocer a gente que quiere tanto a mi papá. Eso es algo que no notaba de pequeña, o no lo entendía, pero ahora sí. El pensar que cada persona que va a los conciertos tiene una historia que la conecta con su música. Poder ver y comprender cómo todo ese amor es resultado de años y años de arduo trabajo; de tratar a los demás con respeto y de ser consecuente. Ver el resultado de su labor me inspira mucho a seguir estudiando y aprendiendo.


Las manos de Silvio y Malva. Foto: Kaloian.

Para mí es un privilegio muy grande poder trabajar con mi familia y vivir todas estas experiencias juntos: Oliver, Jorgito, Jorge Reyes, Emilio, Rachid, Maykel, Olimpia, Enzo, Jurek, Amin, Abdito, Frank, Juli, Fer, Horacio, Héctor, Romina, Silvia, Kalo, Martín y, por supuesto, mis padres Niurka y Silvio. Fui la más joven del grupo, y aún estoy sacándole un provecho tremendo a aprender de músicos tan talentosos, disciplinados y, sobre todo, bellas personas.

Mm

“Un equipo tan maravilloso como este, al que pueda llamar también familia”. Foto: Kaloian.

Aunque extrañé mi casa y, sobre todo, mi piano, el haber llegado al final de este viaje me resulta un tanto agridulce. Estamos cansados, pero felices. Espero algún día poder lograr que salir de gira, más que una experiencia, sea mi trabajo, y poder rodearme de un equipo tan maravilloso como este, al que pueda llamar también familia.


“La más joven del grupo”. Foto: Equipo Ojalá.

El seguidor Carlitos Lage


 

El trovador de la revolución y la ternura

Silvio Rodriguez. Foto ministerio de Cultura de Argentina


Entre la nostalgia y esperanza, el trovador cubano cerró su gira por Latinoamérica dejando una certeza: la utopía sigue viva en cada acorde

Anna Margoliner
@marxoliner

Sigue siendo un misterio como las palabras que son utilizadas en la cotidianidad de la vida, pueden convertirse en poesía y la poesía en música infaltable para construir utopías, enlazando generaciones, lugares y sueños. Sin embargo, sigue siendo indispensable la mística que personas como Silvio Rodríguez transmiten y personifican para miles de almas que buscan un lugar de encuentro para construir un mundo mejor.

La Arena Cañaveralejo de Cali fue testigo del cierre de su gira por Latinoamérica después de varios años en que sus presentaciones eran esporádicas y solo pisaban algunos países. Esa noche el silencio, las lágrimas y la emoción se mezclaron como si el tiempo se detuviera para rendirle homenaje a la utopía.

El hombre y la leyenda

Hablar de Silvio Rodríguez es hablar de una voz que atraviesa fronteras y décadas. Desde los años sesenta, cuando comenzó a cantar con una guitarra prestada en los estudios de la televisión cubana, su nombre se volvió sinónimo de una generación que creyó posible transformar el mundo con poesía y convicción. Junto a Pablo Milanés y Noel Nicola, fundó la Nueva Trova Cubana, un movimiento musical profundamente ligado a los ideales de la Revolución, un lenguaje de sensibilidad, resistencia y ternura.

Silvio nunca fue un cantante complaciente. Su obra no encaja en los moldes del entretenimiento, sino en los pliegues de la duda, el compromiso y la búsqueda constante. Canciones como OjaláLa era está pariendo un corazón o El necio no solo marcaron a quienes vivieron los años más intensos del proceso cubano, sino también a quienes encontraron en sus versos una manera de nombrar la utopía, el amor o la rebeldía personal. En cada presentación, Silvio carga con ese camino: es la voz vigente de un presente que aún se pregunta por la justicia.

A sus casi ochenta años, su figura conserva una mezcla de serenidad y lucidez. No necesita gritar para ser escuchado; basta el primer acorde para que miles de personas guarden silencio. Silvio es un mito que camina despacio, que canta sin artificios, y que logra que sus palabras —esas que alguna vez se cantaron en las calles, en los exilios y en las revoluciones— sigan encontrando eco en quienes nacieron mucho después. En su mirada se percibe la nostalgia del que ha visto demasiado, pero también la fidelidad del que nunca se ha traicionado.

Entre la utopía y la memoria

En los años setenta, sus letras eran la banda sonora de un continente que buscaba emanciparse: obreros, estudiantes, campesinos, mujeres, soñadores de toda América Latina encontraron en su música una promesa de justicia y dignidad. Escucharlo hoy, en un escenario colmado por generaciones que no vivieron aquellos años, es saber que los sueños de revolución y rebeldía continúan vigentes.

Mientras cantaba, por ejemplo, Pequeña serenata diurna, se podía sentir cómo esas melodías tejían un puente entre el pasado y el presente. En cada verso parecía resonar la pregunta de siempre: ¿qué queda de aquel sueño? La gente cantaba, algunos con lágrimas, otros con sonrisas, todos sabiendo que lo que se celebra no es solo a un artista, sino una manera de entender la esperanza. Silvio no ofrece respuestas; sus canciones, como espejos, devuelven reflejos distintos según quién las escuche.

La voz del tiempo

Cuando Silvio subió al escenario, el público se levantó como si estuviera saludando a un viejo amigo. No había estridencia ni artificio, solo una figura sencilla, una guitarra y una voz que el tiempo ha vuelto más grave, más lenta, pero también más sabia. Su presencia imponía respeto, no por la fama, sino por la serenidad de quien ha vivido fiel a su camino. Cada palabra suya —cantada o hablada— parecía cargada de historia.

Verlo cantar en esta etapa de su vida fue como mirar el tiempo materializado. En sus manos, la guitarra no busca solo el virtuosismo, sino verdad. Entre canción y canción, el público coreaba, se abrazaba, agradecía. Y en ese intercambio silencioso entre artista y audiencia había algo profundamente humano: la certeza de haber compartido un mismo viaje, aunque desde lugares distintos.

Silvio no canta solo para los que fueron jóvenes en los setenta; canta también para quienes hoy buscan sentido entre el caos. Su voz, es símbolo de continuidad: demuestra que hay ideales que pueden envejecer sin volverse obsoletos. Escucharlo es entender que la música —cuando nace del compromiso y la ternura— tiene la capacidad de vencer al tiempo.

Un cierre con conciencia

Aún faltaban unas cuantas canciones por ser entonadas, cuando Silvio leyó el poema. El silencio fue absoluto, solo alterado por un grito de Palestina Libre. “No te me adelantes” respondió el trovador y procedió a pronunciar el poema Halt! de Luis Rogelio Rodríguez Nogueras. En sus palabras resonó una memoria que no admite neutralidad: la del pueblo judío que conoció el horror y, paradójicamente, la del pueblo palestino que hoy lo padece:

“pienso en ustedes, judíos de Jerusalem y Jericó,
pienso en ustedes, hombres de la tierra de Sión,
que estupefactos, desnudos, ateridos
cantaron la hatikvah en las cámaras de gas;
pienso en ustedes y en vuestro largo y doloroso
camino desde las colinas de Judea
hasta los campos de concentración del III Reich.
Pienso en ustedes y no acierto a comprender cómo olvidaron tan pronto el vaho del infierno.”

Tras la última palabra del poema, el silencio se transformó en aplausos y lágrimas que nacían del reconocimiento: entender que en medio del arte y la belleza también hay lugar para la denuncia, para el dolor y la memoria. Silvio volvió a la guitarra, como quien retorna al refugio que conoce, y el público lo siguió con la devoción de quien ha sido testigo de algo que va más allá de la música.

Esa noche en Cali, su voz no solo evocó los sueños de otros tiempos, sino que volvió a recordar que la poesía puede ser una forma de resistencia. En tiempos donde la barbarie parece repetirse bajo nuevos nombres, Silvio insistió en lo esencial: que la utopía sigue viva mientras haya alguien dispuesto a cantar contra la injusticia. Y quizás por eso, al salir de la Arena, todos llevaban algo más que nostalgia: la certeza de que todavía hay canciones capaces de mirarnos de frente y recordarnos qué significa ser humanos.

miércoles, noviembre 05, 2025

¡Gracias COLOMBIA🇨🇴!!!


 

  








 


Más fotos

Setlist del concierto de Cali.

 Ala de Colibrí 

La canción de las sillas

Sueño con serpientes

Virgen de occidente

Viene la cosa

La verdad y su reverso

Pequeña serenata diurna

Casiopea

Se van las mariposas

Tonada del albedrío (canción al Ché)

Créeme (homenaje a Vicente Feliu)

Te perdono (homenaje a Noel Nicola)

Yolanda (homenaje a Pablo Milanés)

Eva

Más porvenir

La canción del elegido

Quién fuera

Te amaré

Poema del poeta y escritor cubano Luis Rogelio Rodríguez Nogueras, tras visitar el campo de concentración de Auschwitz, Polonia, en 1979,

¡Halt! – ¡Deténgase!

"Recorro el camino que recorrieron cuatro millones de espectros. Bajo mis botas, en la mustia, helada, tarde de otoño, cruje dolorosamente la grava.

Es Auschwitz, la fábrica de horror que la locura humana erigió a la gloria de la muerte.

Es Auschwitz, estigma en el rostro sufrido de nuestra época.

Y ante los edificios desiertos,

ante las aceras electrificadas,

ante los galpones que guardan toneladas de cabellera humana

ante la herrumbrosa pierda del horno donde fueron incinerados padres e hijos,

amigos de amigos desconocidos,

esposas, hermanos,

niños que, en el último instante,

envejecieron millones de años,

pienso en ustedes, judíos de Jerusalem y Jericó,

pienso en ustedes, hombres de la tierra de Sión,

que estupefactos, desnudos, ateridos

cantaron la hatikvah en las cámaras de gas;

pienso en ustedes y en vuestro largo y doloroso camino desde las colinas de Judea

hasta los campos de concentración del III Reich.

Pienso en ustedes y no acierto a comprender cómo olvidaron tan pronto el vaho del infierno".

La era está pariendo un corazón

Angel para un final

Unicornio

Ojalá

Venga la esperanza

El necio.

Canción inédita Para mirar nacer

el tema regalo para Cali y la última canción del concierto y cierre de la gira por #AméricaDelSur



Este viaje inicio hace más de 32 años







Los contratiempos que vivió el público en Medellín durante el concierto de Silvio Rodríguez


Por:Iván Gallo


Entre las cinco de la mañana y las cuatro de la tarde del 31 de octubre llegaron trece aviones desde Bogotá, cargados con personas que querían cumplir el sueño de estar en un concierto de Silvio Rodríguez. Las giras internacionales, desde pandemia, han disminuido constantemente para el cubano. A los 78 años, las horas de aeropuerto, las conexiones, los cambios de clima afectan a cualquier organismo. Sabíamos de su paso por el sur del continente. En Argentina, brilló a pesar de una afección de garganta que recortó unos minutos su recital; en Chile fue adorado y recibido como un héroe por Boric; en Uruguay visitó a Lucía Topolansky y recordó a Pepe; en Perú fue idolatrado e incluso recibió la visita en su camerino de un fanático inesperado: el cantante mexicano Cristian Castro. Y así llegó a Colombia. 

Algunos tuvimos que comprar boletas sobre la hora. En Cali se presentaría en una plaza de toros, cerrada, con buena acústica; en Medellín, debido a la demanda de boletas, pudimos comprar a última hora. Se cambió el escenario a un estadio abierto, el polideportivo sur de Envigado, lo que generó hace unas semanas una investigación hacia la empresa Páramo, la encargada de traer al artista. Recibió la noticia a comienzos de octubre que sería investigada por parte de la Superintendencia de Industria y Comercio, por este cambio de escenario:

 Desde la SIC cuestionaron la falta de información clara y completa sobre el horario del concierto en Medellín y la dirección web dónde consultar condiciones y precios del evento. Indicaron que hubo “una modificación no informada de las condiciones del evento en Medellín, incluyendo el cambio de locación y de operador de boletería, sin comunicar oportunamente a esta Superintendencia ni a los consumidores”. El punto es que muchas de las personas que compraron en una localidad para ver el show en la Macarena, resultaron en graderías en el Polideportivo. La verdad, los que compramos boletas, no reparamos en esa investigación de la SIC. Al estadio de Envigado le caben unas 10.000 personas. Técnicamente no era un estadio gigante. Silvio podría dar su concierto sin problema. Al menos eso creíamos.

En la capital del uribismo, un comunista metió 15.000 personas en una sola noche. Llamaba la atención cómo la mayoría de los asistentes no tenía treinta años. Había familias de tres generaciones, llegando desde cualquier parte del país. Incluso, me atrevo a afirmar, también había paisas. Nosotros llegamos a Medellín sobre las cuatro de la tarde y creímos que íbamos a tener tiempo de sobra para dejar las maletas, cambiarnos e ir directamente al estadio, pero es que esa fecha en Medellín no es sólo el Día de las Brujas, sino que es el día cuando oficialmente inicia la Navidad. El tráfico estaba absolutamente colapsado. Temimos no llegar, pero lo hicimos. Adentro, en gramilla, la verdad, el escenario se veía muy pequeño para un lugar de estas magnitudes. Se notaba que Páramo había desnaturalizado el recital. Algo que tenía que ser íntimo, se transformaba en un concierto de estadio. Por eso, cuando salió sobre las 8:10 de la noche, muy puntual, con su banda preciosa, cantando Alas de colibrí, nos dimos cuenta de que, los que habíamos pagado la localidad plata, que estábamos ubicados en la parte de atrás de la gramilla, no sólo no veríamos al cubano, sino que tampoco lo escucharíamos. Ya, en la segunda canción, Historia de las sillas, el pedido desde la tribuna era un grito: ¡Volumen! Le pedían a Páramo acompañado, cómo no, por tres insultos contundentes. Pero el volumen nunca mejoró. En la localidad de Oro hubo asistentes que denunciaron sobreventas, incomodidad, bloqueos de entradas y salidas principales. Un escándalo.

Hay cosas que no puede manejar Páramo, una de ellas es la decisión que tiene Silvio de hacer sus shows lo más austeros posibles. A veces, como cuando cantó Unicornio, lo hizo él solo con su guitarra. Sin artificios, Silvio es la verdad. Por eso, no tiene razón pedirle una pantalla a Páramo, eso no va a suceder porque a Rodríguez le gustan los shows así y si lo hace de esa manera es porque sus conciertos, la mayoría de las veces, son espacios cerrados, con excelente acústica, un lugar donde la gente está sentada escuchando algo parecido a una plegaria. Silvio, como Dylan, es un poeta. Las dimensiones de la cancha fueron el problema, y aun así, a pesar de esta quejadera, debo decir que Silvio, a sus 78 años, sigue siendo un monstruo de dimensiones épicas, un tipo capaz de hacernos llorar por Palestina sin panfletos ni palabras fáciles, sino recitando un poema dedicado a Israel y sus sufrimientos, una metáfora poderosa en donde todo el estadio guardó silencio, esperando arañar alguna palabra, juntarla, darle sentido y después gritar.

Este artículo se escribió un día después de la presentación en Cali, se hizo en un espacio pequeño, no se desnaturalizó y no hubo una sola queja. Igual, a pesar de los contratiempos, de la pésima organización y de la clara intención de Páramo de sobreexplotar un show, fue un instante inolvidable para los que amamos a Silvio. Y ahora lo queremos aún más, y lo admiramos con fervor. Lo vimos reponerse a todo para darnos lo que le queda. Y lo dio todo, a pesar de Páramo.

martes, noviembre 04, 2025

Gira de Silvio Rodríguez: Una despedida con puntos suspensivos


Seis países y trece conciertos completamente llenos: en total unas 150 mil personas fueron testigos de un recorrido musical y emocional que unió generaciones, geografías y memorias con la música de Silvio.

por Kaloian Santos

 noviembre 4, 2025


Foto: Kaloian.

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La gira de Silvio Rodríguez por varios países de Sudamérica tuvo su última escala en Colombia. El viernes pasado en Medellín y el domingo en Cali fueron las presentaciones de cierre de un periplo que comenzó más de un mes atrás, el 19 de septiembre, en la escalinata de la Universidad de La Habana.


A lo largo de seis países y trece conciertos completamente llenos, unas 150 mil personas fueron testigos de un recorrido musical y emocional que unió generaciones, geografías y memorias.


Quince años habían pasado desde su último concierto en tierras colombianas —en julio de 2010, durante el Congreso Iberoamericano de Cultura celebrado en Medellín—. Desde entonces, la ausencia del trovador fue alimentando la expectativa y, a medida que se acercaban las fechas, el fervor se multiplicó.


Foto: Kaloian.


Foto: Kaloian.

El periodista y cineasta Iván Gallo, testigo de la jornada, narró en la revista Pares:

“Entre las cinco de la mañana y las cuatro de la tarde del 31 de octubre llegaron a Medellín trece aviones desde Bogotá, cargados con personas que querían cumplir el sueño de estar en un concierto de Silvio Rodríguez.”

El Estadio Polideportivo Sur de Envigado, con capacidad para cerca de quince mil personas, fue el escenario elegido tras quedar chico el Centro de Eventos La Macarena, donde inicialmente se había programado el recital.

Desde temprano, un sol ardiente acompañó a los primeros en llegar. Algunos, para mitigar la espera, llevaron guitarras y cantaron; otros repasaban posibles listas de canciones, calculando el orden y especulando con los bises.


Foto: Kaloian.


Foto: Kaloian.

La encargada de abrir la velada fue la cubana Lien Rodríguez, cantautora distinguida por su destreza y poderío en la guitarra. Media hora después, a las ocho de la noche, los músicos que acompañan a Silvio ocuparon sus puestos: Emilio Vega en el vibráfono, Jorge Aragón en el piano, Jorge Reyes en el contrabajo, Rachid López en la guitarra, Maykel Elizarde en el tres, Oliver Valdés en la batería, Malva Rodríguez en las voces y Niurka González en la flauta y el clarinete. Comenzaron a tocar un pasaje instrumental y, minutos después, apareció el trovador. La euforia fue total.


Foto: Kaloian.


Foto: Kaloian.


Foto: Kaloian.


Foto: Kaloian.

Esa noche, Medellín vivía un doble clima: el de Halloween y el de un reencuentro largamente esperado. Entre el público asomaban algunos con atuendos de unicornios, pero nadie pedía dulces: desde temprano pedían canciones. Luego de leer el fragmento de “Maestros ambulantes” de José Martí y cantar “Ala de colibrí”, comenzaron los pedidos de temas llegados desde todas las partes del estadio. 


Foto: Kaloian.

“¡Ojalá, Ojalá!”, gritaban. Silvio calmó la ansiedad:

—“Ojalá viene al final” —dijo, para que lo escucharan y, sobre todo, para que lo escucharan cantar el resto del repertorio preparado con tanto esmero tras más de un mes de intensos ensayos.

Desde las gradas más altas, el escenario se veía como un punto luminoso rodeado de una escenografía natural de montañas y luces dispersas que parecían luciérnagas bajo un cielo encapotado: una postal viva, de pinceladas cortas y vibrantes, como un cuadro impresionista.

La multitud coreó todas las canciones, incluso aquellas menos conocidas, como las del disco “Quería saber” y temas inéditos que presentó en esta gira: “Virgen de Occidente”, “La bondad y su reverso” y “Más por venir”.

En lo alto del estadio, Gabriela y Cristian se abrazaban. Detrás de ellos, la ciudad seguía viva: luces, tránsito, ruido. Adentro, la quietud. Entre canción y canción se miraban, sonreían, se limpiaban las lágrimas.

“Es tan surrealista —me dijo Gabriela— que alguien pueda convertir un estadio en una sala íntima. A lo lejos es solo un puntito de luz, pero su voz llega tan cálida, la música es tan envolvente… que se siente como un abrazo.”

En medio del recital se sucedían un sinfín de escenas paralelas. A metros del escenario, cuando sonaba “Te amaré”, un joven se arrodilló y le pidió matrimonio a su pareja. En “Virgen de Occidente”, las palmas del público marcaban el ritmo junto a las guitarras y la flauta, como si fueran parte del arreglo.


Foto: Kaloian.

“Silvio, a sus 78 años, sigue siendo un monstruo de dimensiones épicas”, escribió Iván Gallo en su crónica. Por su parte, el diario venezolano La Calle destacó: “Con escenarios abarrotados, el mayor exponente de la Nueva Trova Cubana demostró plena vigencia al reunir público de todas las edades, tejiendo ideas con maestría musical y humanidad profunda.” En esa crónica de Denis Miraldo, el periodista cerró con una nota personal:

“Pido disculpas a mis lectores por no mantener la objetividad periodística, pero no pude. Lloré. Lloré durante gran parte del concierto, en cada melodía amada desde mi juventud.”


Foto: Kaloian.


Foto: Kaloian.

La emoción no se detuvo. De hecho, muchos de los que asistieron al concierto de Medellín viajaron también a Cali. Otra flotilla de aviones aterrizó en la capital del Valle, y a ellos se sumaron viajeros desde Bogotá, Ecuador, Costa Rica, Panamá, Puerto Rico y hasta un par de cubanos que volaron desde Miami. También los hubo que cruzaron el Atlántico: llegaron desde España. Y quizá el más lejano de todos los silviófilos viajeros fue Diego, que vive en Australia y viajó solo por 72 horas para estar presente en el concierto.

Algunos coincidieron incluso en el mismo vuelo que traía a Silvio y a su equipo. Fue un caos amable, desde la sala de espera hasta la salida del avión: saludos, fotos, autógrafos, abrazos. En medio de aquel vendaval de afecto, Silvio se notaba sorprendido; era él quien terminaba agradeciendo tantas muestras de cariño que le llegaban como un huracán.

Entre firmas y fotografías, escuchaba con atención los relatos de quienes le contaban cómo habían vivido el concierto, y esas historias de vida que, de algún modo, habían quedado entrelazadas con la banda sonora de sus canciones.


Foto: Kaloian.

Aterrizar en Cali es, de algún modo, sentirse en Cuba: por el verdor, el calor y, sobre todo, por la música. “Nosotros musicalmente somos un poco hijitos de los cubanos —me dijo un taxista—, por el son y la salsa.”

Desde temprano se respiraba el ambiente festivo. En la fila predominaban los rostros jóvenes. “La última vez que vino, yo ni caminaba”, decía una chica de 17 años que sostenía un cartel: “Busco entrada, es mi sueño verlo.” Al final, la consiguió.

Una hora antes del concierto, el recinto ya estaba lleno. Se apagaron las luces y subió al escenario el trovador cubano Carlos Lage, encargado de abrir la noche. Acompañado por Maykel Elizarde en el tres y Rachid López en la guitarra, interpretó “El seguidor”, “Hermano mío”, “Procurando curar”, “Razón y sentimiento” y “El mar de los abismos”. Carlitos conectó de inmediato con el público y dejó el ambiente encendido.


Foto: Kaloian.

Sobre las ocho, detrás del telón, los músicos y Silvio compartieron abrazos y el ritual de chocar los puños antes de salir a escena. La introducción de los primeros compases de “Ala de colibrí” le dio la bienvenida. Apenas fue detectado entre bastidores, el público lo ovacionó: la primera de muchas ovaciones que recibirían él y sus compañeros esa noche.

La lista de canciones siguió casi al pie de la letra el recorrido de la gira. Un repertorio que fue de “Ala de colibrí” a “El necio”, pasando por “Historia de las sillas”, “Sueño con serpientes”, “Pequeña serenata diurna”, “Casiopea”, “Créeme”, “Yolanda”, “Quién fuera” y “Te amaré”. Luego, la lectura del poema “Halt”, de Luis Rogelio Nogueras, dio paso al tramo final con “La era está pariendo un corazón”, “Ángel para un final”, “Unicornio”, “Ojalá” y “Venga la esperanza”.


Foto: Kaloian.


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Durante las más de dos horas de concierto, el sentimiento estuvo a flor de piel. Desde el público se asomaban rostros jóvenes y adultos con la mirada vidriosa. Entre ellos estaba Francia Márquez, vicepresidenta de Colombia, quien al final del concierto se acercó a saludar al trovador y lo abrazó con gratitud.

Tres hombres se abrazaban y cantaban juntos. Ese gesto podría haber pasado inadvertido entre tantos otros, si no fuera porque Javier Rosas, Mauricio Suárez y Juan Manuel Toro se compartían así también a su propia historia. Hace más de treinta años, cuando eran bachilleres de 17, asistieron juntos al primer recital de Silvio en Colombia. Dos años después repitieron la experiencia en la segunda visita del trovador. Y ahora, quince años más tarde, volvieron a hacerlo, en Medellín y en Cali.


Foto: Kaloian.

En otra zona del público, un grupo de jóvenes formó una ronda iluminada por una linterna. En el centro, un cancionero. Buscaban las letras y las cantaban una a una, como en un ritual colectivo. Cuando sonó “Venga la esperanza”, miles de celulares se encendieron. Desde el escenario, Silvio y los músicos parecían abrazados por un mar de lucecitas.


Foto: Kaloian.


Foto: Kaloian

Una de las grandes sorpresas de toda la gira llegó en el cierre de ese último concierto. Después de los bises, y tras el delirio colectivo con “Ojalá” y “El necio”, Silvio tomó la guitarra, pidió silencio y anunció:

—“Voy a hacer algo que no he hecho en ninguno de los trece conciertos de esta gira”.

Mientras deslizaba los primeros acordes, reveló que se trataba de un poema de “un amigo muy querido, el cineasta y poeta cubano Víctor Casaus”, musicalizado en 1968, pero nunca antes interpretado en público. 

Así presentó “Para mirar nacer”, que dedicó a Amin Blanco, una de esas “imprescindibles invisibles” del equipo de Ojalá, quien esa noche celebraba su cumpleaños.

Entonces, con voz serena, cantó:

Para mirar nacer

la voz de esta mujer

lunas brillaron en la tierra.

Y el sol, el grande sol,

furioso ante esta luz,

no dio para alumbrar la tierra.

Para mirar nacer

la voz de esta mujer

llovió sin descansar

sobre el naciente mar.

El pez en su coral,

madréporas de sal,

los hombres y el color

terrestre del amor.

Para mirar nacer

la voz de esta mujer,

piernas, espaldas y sus senos,

vino la lluvia aquí,

vino el sol grande aquí

y vino el cielo sobre el cielo.

Al terminar, en medio de los aplausos, el trovador solo atinó a decir, bajito, con tono tierno y conmovido:

—“Gracias”.


Foto: Kaloian.


Foto: Kaloian.

Termina así más de un mes de ruta por seis países —Cuba, Chile, Argentina, Uruguay, Perú y Colombia— entre finales de septiembre y comienzos de noviembre. Aviones cruzando la Cordillera de los Andes, el Río de la Plata, el Cono Sur entero. 

Hubo contratiempos, como el fuerte catarro que afectó a Silvio en Buenos Aires, y desquites, como aquel tercer concierto también en la capital argentina. Un recorrido de grandes escenarios y una cálida recepción del público.

La gira fue un fenómeno en todo sentido: un éxito colectivo que desbordó cifras y fronteras, y también una travesía hecha de afecto, disciplina y complicidad. Más allá de los estadios llenos y las entradas agotadas en cuestión de horas, lo que se vivió fue una experiencia de memoria compartida, de arte en estado puro y de una entrega que no se improvisa.


Foto: Kaloian.


Foto: Kaloian.

Nada estuvo librado al azar. Cada concierto fue el resultado de un engranaje afinado entre equipos que ya funcionan como una sola familia: desde Argentina con Alfiz Producciones hasta Cuba con Ojalá.

Durante semanas, antes del primer recital en La Habana, las jornadas de ensayo se extendieron sin mirar el reloj: probar, ajustar, repensar, escuchar. El desafío era enorme —luego de más de dos años sin reunirse los músicos, volver a engranar y armar un repertorio de más de treinta canciones— y hacerlo sin recurrir al camino fácil de los “éxitos antológicos”. La apuesta fue otra: reinterpretar, buscar nuevas texturas sonoras, hallar un equilibrio entre lo clásico y lo inédito.


Foto: Kaloian.

Incluso las canciones más conocidas fueron revisadas con la paciencia de un artesano. Nuevos arreglos, respiraciones distintas, silencios que ahora pesaban de otro modo. Porque, al fin y al cabo, en esta gira todo parecía responder a una misma convicción: que la música y las canciones, cuando se hacen con amor, nunca se repiten; se renace.

Ahora, el camino de regreso a casa se perfila en el horizonte, pero para Silvio y los suyos, la palabra “descansar” es apenas una licencia poética. Lo esperan varios proyectos discográficos puestos en pausa y que verán la luz en un futuro próximo.

¿Y cuándo volverá a los escenarios? La pregunta que flota en el aire, susurrada entre la multitud golosa que aún vibra con la emoción de esta gira, de verlo vital y pleno. 

Tras el concierto de Cali, en la intimidad sagrada de los camerinos —ese espacio donde la adrenalina se disipa y la complicidad se afianza—, entre abrazos y la satisfacción del deber cumplido, Silvio, con una sonrisa que dibujaba una complicidad silenciosa, dejó entrever que aquello no era un punto final.

—“Puntos suspensivos…” —dijo, con una picardía entrañable. Hay más porvenir.

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