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lunes, agosto 25, 2025

Noel, la suerte es nuestra


Noel retrató la Isla de su tiempo y sentimientos universales. Foto: Archivo de Granma

La industria del entretenimiento, poderosa, omnipresente, apuesta por la homogeneidad: que veamos hermosos los mismos tipos de cuerpos o rostros, que nos guste la misma música e, incluso, que reaccionemos airados o eufóricos ante las mismas cosas, pero sin pasarnos ni que nos dure demasiado. Todo rápido, todo efímero. Hay que ser de cartón piedra, sin muchas reflexiones.

Por eso, la cultura genuina es peligrosa; por eso, la belleza real es combustible: lo que estremece nos hace pensar, nadar contracorriente. Hacen falta antídotos, para que no nos enturbien la vista y el juicio, tanto producto enlatado, sin alma.

Cada cual debe hacerse de los suyos, pero me atrevo a recomendar uno infalible: 37 canciones de Noel Nicola (Estudios Ojalá y SGAE, 2007); un disco en el que muchos músicos se unieron para interpretar la selección de sus temas; 20 de los cuales escogió el propio Noel.

Es imposible escuchar una obra así sin sentir amor por el mundo, sin pasar de la alegría a la nostalgia, sin que los ojos se humedezcan, y se sientan ganas de ser y hacer, que es más que existir. Y, a la vez, sin que volvamos a admirarnos de la profundidad del legado de Noel Jorge Nicola Reyes (Santa Clara, 7 de octubre de 1946-La Habana, 7 de agosto de 2005), dentro de la cancionística cubana.

Como ha apuntado Silvio Rodríguez, se trata de una obra artística ejemplarmente diversa y personal, de «canciones que les seguirán hasta los sueños; canciones que les esperarán cuando abran los ojos y que andarán con ustedes cuando vayan camino a sus quehaceres. Aquí verán a un hombre amando con intensidad y al mismo hombre combatiendo la muerte, el machismo, la burocracia, el oportunismo, la indolencia.

«Aquí tendrán un atisbo del artista que descubrió a César Vallejo y lo cantó como nadie. Aquí conocerán a un practicante de todos los estilos de la música cubana, y a un explorador de muchos aires universales. Aquí sabrán de elegías, preguntas, deseos; de compromisos a veces directos y otras sutiles, y de un sentido ético de profundo calado revolucionario».

Y añade: «En estas canciones hay un hombre pidiendo que lo amen como es y no como se espera que sea. Aquí, en resumen, verán a un niño tiernamente asustado de las dimensiones del amor que asume».

Noel Nicola, nacido en una familia de músicos, es una de las figuras centrales del Movimiento de la Nueva Trova. No solo estuvo junto a Silvio y a Pablo Milanés en aquel concierto inaugural del 18 de febrero de 1968, en la sala Che Guevara, de Casa de las Américas; y fue uno de los integrantes del Grupo de Experimentación Sonora del Icaic; sino que también sacrificó tiempo de su creación personal para dirigir, durante varios años, el Movimiento, buscó nuevos talentos, organizó festivales y encuentros…

Sobre lo que los unía entonces, dijo: «… nos sentíamos “distintos” a lo que ocurría en el terreno de la canción y nos identificábamos, por lo tanto, unos en los otros. Esto lleva a la cohesión casi forzosamente. La identidad en los planteamientos artísticos, formales, de la función del arte. Éramos un grupo de jóvenes revolucionarios que escogieron la canción como una manera de trabajar, de incidir sobre la sociedad».

De carácter fuerte y una resistencia que contrastaba con su apariencia frágil, Noel era dueño de una voz fuerte, capacitada para las notas altas y los agudos –como reconocían los trovadores contemporáneos–; el sonido de su guitarra era depurado, y sus composiciones, plenas de contrastes.

Y estaba también la poesía, en la letra y en la canción, como un todo. Valga citar los versos de una de las más conocidas: Lo que no te perdono / es haberme besado con tanta alevosía. / Tengo testigos: un perro, la madrugada, el frío, / y eso sí que no te lo perdono, / pues si te lo perdono, seguro que lo olvido (Es más, te perdono).

De entre su caudal de grandes canciones, podemos recordar: Laura, milonga y lejanía; Ámame, así como soy; Yo no te escogí, Para una imaginaria María del Carmen, Comienzo el día, Ya están las semillas, Pasión y prejuicio, Llueve en agosto de 1981… Son muchas. Sin hacer ruido, el «tranquilo» de la Nueva Trova construyó una obra inmortal.

Gracias a eso, podemos decir, a la par de aquel Trovador sin suerte suyo: Pero me queda mi canción / –aun así me queda mi canción– / a pesar de mi mala suerte. / Y esa es una buena razón / –una magnífica razón– / para estar vivo simplemente. / Para sentir, para soñar / y amar.

lunes, octubre 21, 2024

Una foto, cuatro trovadores y una mesa de dominó


Silvio Rodríguez le aporta contexto a una instantánea que los muestra a él, Pablo Milanés, Vicente Feliú y Noel Nicola en torno a una partida del pasatiempo cubano por excelencia.

por  Kaloian Santos octubre 15, 2024

Noel Nicola (delante, de perfil), Vicente Feliú, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, junto a otros presentes, en torno a una mesa de dominó en Luanda, Angola, 1976

Desde hace días varios perfiles de Facebook en mi barrio digital han compartido una fotografía que me ha hecho detenerme y recorrerla en detalle. Aunque desde hace un tiempo me siento saturado por las redes sociales, de vez en cuando estos hallazgos compensan con creces la vorágine.

La instantánea en cuestión, que primero circuló en una versión en blanco y negro y luego a color, muestra —nada menos— a Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Vicente Feliú y Noel Nicola en torno a una mesa, inmersos en un juego de dominó. 

Es una foto horizontal, tomada en un plano levemente en picado, con Pablo en el centro, flanqueado, a su izquierda, por Silvio, y a su derecha, por Vicente, a cuyo costado aparece Noel Nicola, espectador de la partida. Todos llevan uniformes militares, lo que sugiere que la fotografía fue tomada a mediados de los 70, cuando los artistas se alistaron en las brigadas internacionalistas que combatieron por la independencia de las colonias africanas. Aunque hay varias imágenes conocidas de los trovadores en esa contienda, esta, en particular, la ignoraba.

Me embargó la curiosidad por conocer los detalles de la escena, así que acudí a Silvio, uno de los protagonistas de la mesa, quien amablemente compartió información sobre la instantánea en un ida y vuelta por correo electrónico.

“Eso fue en el segundo viaje a Angola de Vicente y mío, al que se sumaron Noel y Pablo. Estamos en los bajos del hotel Presidente, residencia oficial de todos los cubanos que pasábamos por allí, siempre a medio construir. Debe haber sido en los primeros días de diciembre de 1976, porque llegamos a Angola el 29 de noviembre, día en que yo alcanzaba a Noel en sus 30. Pablo tenía 33 y el Tinto* 29”, detalla Silvio en su mensaje.

Al comprobar la edad que tenían, tan corta, sobrecoge pensar que esos que aparecen en la foto, sentados jugando al dominó, ya tenían detrás canciones que formarían parte de la identidad de toda una nación, y más allá. Estas letras y melodías dejarían una profunda huella en la vida, los amores, los desamores y las luchas de generaciones.

Ese año Pablo había publicado el disco Pablo Milanés, que incluía, entre otras, las icónicas “La vida no vale nada”, “Para vivir” y “El tiempo, el implacable, el que pasó”. Un año antes, Silvio había lanzado Días y flores, su primer disco, que contenía temas célebres como “Sueño con serpientes” y “Pequeña serenata diurna”. Ya había escrito “Ojalá”, “La era está pariendo un corazón”, “Fusil contra fusil”… Vicente Feliú tenía en su repertorio, entre otras, la estremecedora “Detrás del mar queda el soldado”, y su himno “Créeme” comenzaba a resonar. Noel Nicola había compuesto “Comienzo el día” y “Para una imaginaria María del Carmen”, así como “Es más, te perdono”.  

En la fotografía, todos se muestran concentrados en la partida, con las miradas dirigidas a las fichas dispuestas sobre la mesa. Aunque la foto al parecer ha sido digitalizada de una copia en papel deteriorada por el paso del tiempo y no se alcanza a distinguir el diseño de las fichas, están jugando con el doble nueve por las piezas descartables amontonadas en una esquina de la mesa, entre Pablo y Silvio. Y por el gesto corporal de cada uno de los jugadores en ese instante, tal parece que es el autor de “Yolanda” a quien le toca poner ficha. 

“Se jugaba mucho dominó, tanto entre civiles como militares. Algunos acababan de llegar de Cuba, como nosotros; otros marchaban a Cuba o a misiones en cualquier punto de aquel enorme territorio. Probablemente estábamos recién desayunando y esperábamos a alguien o a algún transporte que nos condujera a una actividad, una reunión o incluso al aeropuerto. Recuerdo que esos días en Luanda hicimos varias actividades, especialmente una muy emotiva en el hospital, destinada a heridos, enfermos y personal de la salud. A lo mejor la foto es de aquel día”, recuerda Silvio.

La escena denota un fragmento efímero de calma en medio de la turbulencia y urgencia de una guerra. “La verdad es que no recuerdo mucho la mesa de dominó de la foto. En Angola había dominó en todas las unidades de cubanos y creo que se usaba mucho para relajar, para drenar tensiones”, confirma Silvio.

En la imagen destacan algunos detalles, como su brazo derecho enyesado. “…el quinto metacarpiano, una fractura clásica de quien se faja con la pared. Sigo con ese meñique jorobado”, revela el trovador.

Otra curiosidad de la fotografía es la figura de un niño, muy sutil, superpuesta sobre parte del cuerpo de Pablo y la mesa. Hasta el momento se desconoce el autor de la foto, quien podría aclarar algunas incógnitas como esta; pero es probable que el efecto se deba a una doble exposición por error del fotograma. 

En fotografía, la doble exposición ocurre cuando un mismo fotograma de una película se expone más de una vez. Era un error común en la fotografía analógica, en especial cuando, al haber usado un rollo y dejarlo sin revelar, se volvía a utilizar tomándolo por virgen. También es posible que la foto haya sido tomada a través de un vidrio, capturando el reflejo de manera accidental.

Otra incógnita es la identidad de la cuarta persona que juega (y del resto de los presentes), que aparece de espaldas y hace pareja con Pablo. Algunos comentarios en Facebook especulan que podría tratarse del trovador cienfueguero Lázaro García. El autor de “Si de tanto soñarte” también estuvo en Angola en 1976 junto a otros fundadores de la nueva trova. Sin embargo, Silvio apunta que, por el lugar y el momento en que se tomó la foto, debe tratarse de otra persona, puesto que Lázaro estaba en el sur y, por la fecha, quizá camino a Cuba. 

Lázaro, por cierto, musicalizó “Ahora mujer que estás lejos”, un poema del cineasta Jorge Fuentes, escrito por entonces en tierras angolanas cuando filmaba con su cámara, entre el silbido de las balas y el estruendo de los cañones, la contraofensiva que detuvo la invasión sudafricana en 1976. 


El propio Silvio escribió canciones sobre su experiencia en Angola, las más conocidas son “Testamento”, “Canción para mi soldado”, “Pioneros” y “Angola es una”. Pablo musicalizó “Havemos de voltar”, un poema de Agostinho Neto, el primer presidente de Angola y presidente del Movimiento Popular de Liberación de Angola. El tema quedó incluido como cierre de su disco No me pidas, de 1978.

La imagen de reciente circulación se suma como testimonio de aquellas brigadas artísticas cubanas que llegaron a remotas regiones de África. Músicos, actores, actrices y cineastas que con su arte llevaron un mensaje de esperanza y resistencia a las tropas cubanas y a las Fuerzas Armadas para la Liberación de Angola (Fapla) en su lucha contra el colonialismo y el apartheid.  

En uno de sus mensajes, Silvio evoca otras memorias relacionadas con el pasatiempo más popular entre los cubanos: “En casa de Vicente, cuando vivía en Alamar, se jugaba a menudo. Yo llegaba y allí estaba él con su familia y pasábamos un buen rato. A quien le gustaba mucho el dominó era a mi mamá y a su esposo, el Rolo. Nunca jugaban de pareja, eran los rivales perfectos; a los que los rodeábamos nos tocaba ser parte de aquella rivalidad de tonos clásicos, solo comparable con la de Batman y el Joker”. 

Miro la foto una y otra vez y es como si hablara. Me estremece la camaradería tan fuerte alrededor de una mesa de dominó. Hace poco volví a ver el documental Que levante la mano la guitarra,dirigido por Víctor Casaus y Luis Rogelio Nogueras, Wichy. En esa película de 1983, siete años después de que se tomara la foto, Silvio hace una poderosa declaración de principios y hermandad, a propósito de su relación con Pablo Milanés, que bien podría aplicarse a los protagonistas de esta imagen histórica, ser un texto al dorso de la instantánea. Dice así: 

…hay una cosa que yo creo que es cardinal (…) y es que hicimos trinchera juntos, la cavamos juntos, y luego la defendimos juntos. Y eso es algo importante para los hombres: combatir en una misma trinchera.

*Así era conocido Vicente Feliú (1947-2021) entre sus amigos y otros allegados.



sábado, agosto 12, 2023

Afuera me están llamando

  

El Caiman Barbudo

Hace 3 dias

Noel se fue de este mundo nuestro el 7 de agosto de 2005, pero para muchos sigue siendo –quizás cada vez más- parte de nuestro mundo…
Por Fidel Díaz

Comienzo el día, así como si nada,

apretado a tus pechos, pidiéndote café y amor.

Comienzo el día, aún alucinado,

    los ruidos suenan lejos a esta hora turbia.


Ahora mismo, yo, otro trovador, me despierto con sus mismas verdades, y ha pasado desde esta canción más de medio siglo.

Afuera la gente hace lo suyo por vivir,

afuera la gente quiere averiguar,

afuera la gente habla del amor,

afuera me están llamando.

 





Noel se fue de este mundo nuestro el 7 de agosto de 2005, pero para muchos sigue siendo –quizás cada vez más- parte de nuestro mundo. Él mismo se llamó un trovador sin suerte, pero sus canciones duerman más o menos, están ahí, necesarias para ensanchar los días.

Comienzo el día, y antes de que me hables

ya te hecho mil promesas que no voy a cumplir.

Comienzo el día y al mirar hacia fuera

me entra como un mareo y tengo que sentarme.


Mastico las letras de este texto y me parece que está hablando, o cantando, ahora mismo. Me hace la misma falta que le hizo a él, a los suyos, cuando el país entraba en los 70.

Afuera la vida apenas comenzó,

afuera todo tiene que cambiar,

afuera los lobos son lobos aún,

afuera hay que salir armado.


Es ahora, que escarbo en lo que he cantado muchas veces, que siento la presencia, lo necesario que es dar testimonio de su tiempo; ahora entiendo mejor qué son estos años, entiendo mis desazones, y me imprime un a pesar de todo estoy amando, que me ayuda, me completa.

Quiero darle mi día a los que sueñan,

a los que hacen el pan de madrugada,

a los que ponen piedras sobre piedras,

a los que te mantienen tan despierta.


Hoy como ayer –se filtra la voz del Benny- una amante para salirle al paso a los días, porque un beso ayuda, y un saberte conmigo. El amor podrá cambiar sus rostros pero es lo mismo, y los días pueden ser distintos, pero la manera de asumirlos –especialmente envueltos en revolución- nos pone ante dilemas similares.

Comienzo el día, aseguro las llaves,

registro mis bolsillos en busca de monedas.

Comienzo el día y aún detrás de la puerta,

te pido un beso fuerte para salir al sol.




Ay, Noel, con estos versos finales quién puede afirmar que no acabas de componer esa canción, que la hice yo, será porque la necesito, la necesitamos. Gracias, trovador.

Afuera comentan la television,

afuera el sindicato discute una ley,

afuera la patria esta por venir,

afuera me están llamando,

y voy.

viernes, noviembre 25, 2022

Noel Nicola ¿Trovador sin suerte?

  

🖋 Por: Frank Padrón Nodarse

Junto a Silvio y Pablo, es de los fundadores. Allí estaba, en los conciertos auspiciados por Casa de las Américas, estimulados por Haydee Santamaría; en los de la Cinemateca de Cuba, con el grupo ICAIC, que integró desde los inicios; en peñas y teatros donde la Nueva Trova plantaba sus semillas que serían, con el tiempo, árboles frondosos.


Sin embargo Noel Nicola (1946-2005), hijo de Isaac (uno de los fundadores de la Escuela cubana de guitarra, maestro de Leo Brouwer) no fue de los más favorecidos por la popularidad, si bien es respetado y admirado por muchos. Como trovador en sí, nunca llegó a  tener el poder de convocatoria de sus principales colegas.

Ello no puede ocultar el hecho de que se trata de uno de los grandes de la Nueva Trova, de la trova cubana toda. Lo digo así, de un tirón, sin regodeos.

Muchas de las piezas de Noel Nicola figuran entre las más acabadas y sobresalientes, no solo dentro ese contexto, sino de toda la cancionística cubana. Incluso, algunas de ellas han sido tan populares que las cantan no pocos intérpretes, más incluso que él mismo. Por ejemplo, Son oscuro, convertida en hit hace varios años.

Noel cuidó siempre mucho los arreglos, pero en esencia fue un trovador; me gustó mucho escucharlo  siempre con aquella voz aguda y de raro timbre, lanzando al viento sus elevadas metáforas, sus textos profundos, sus solfas complejas pero pegajosas. Representa otra línea que, pese a sus inevitables puntos de contacto, no tiene que ver con Silvio, Pablo u otras poéticas de la Nueva canción cubana.

Radiografía de una apariencia; Comienzo el día; Con las letras, la luz; Para una imaginaria María del Carmen; Es más, te perdono (pequeña joya de la canción erótica entre nosotros); Cuatro cosas bien; Leí su carta ayer; Ya están las semillas; Cueca con tu nombre escondido, son algunas de mis favoritas en la espaciosa «arca de Noel».

Ha musicalizado, asimismo, un puñado de versos de un poeta que mucho lo ha influido, un lírico de cabecera de varios cantautores que empezaron junto a él: César Vallejo. 

En una simpática pieza, de corte muy posmoderno, que da título a un CD suyo, Noel se confiesa un «trovador sin suerte», acaso aludiendo a algunos de estas razones que he comentado. Pero esto es solo la «radiografía de una apariencia», porque este cantautor cuenta con una obra rotunda, henchida de momentos gigantes, que van desde la irreverencia y la iconoclasia hasta el lirismo y la ternura, y se apoyan en un arsenal armónico tan rico y henchido que en este campo supera a no pocos de sus colegas, por lo cual es una cancionística (que dicho sea de paso, supera los 300 títulos)  insertada por derecho propio en la historia de nuestra música.


Del libro Ella y yo. Diccionario personal de la trova (Ed. José Martí, 2015)




#Cuba

#NoelNicola

sábado, agosto 31, 2019

Descargar 37 canciones de Noel Nicola

https://mega.nz/#!yAE2AaZb!IbQIczNzDmPVyYElUgAXTkdpq8V5aKzJ2lEjG5LY8ng

viernes, septiembre 18, 2015

Palabras a Mariana, musa de Noel Nicola


Por Germán Piniella
Tomado de segunda cita.
Este  7 de septiembre, a las 7 pm., murió Mariana Rivas. Durante casi cincuenta años, hasta el momento de su muerte, fue parte de mi vida desde que, siendo ella una joven de 18 años, coincidimos una tarde en el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana. Aquello fue solo un encuentro fortuito al que no le di importancia, hasta que ella me lo recordó, mucho tiempo después. A partir de ahí, la amistad siguió su curso y, a través de mí, Mariana fue amiga de muchos de mis seres queridos –mi esposa, mis hijas, otros amigos cercanos, hasta de dos de mis nietos.
Germán Piniella, Mariana Rivas, Joel Suárez, Silvio Rodríguez, German Pinelli, Johnny Wildford. Foto: Segunda Cita


No fue famosa más allá de sus amistades, sus colegas de trabajo y el ambiente inicial de la Nueva Trova. Porque Mariana presenció las primeras canciones, las primeras actuaciones (y las segundas y las terceras…) y tuvo a trovadores como sus primeros amores. Casada con Vicente Feliú y luego con Noel Nicola, Mariana fue más tarde un archivo viviente a al que se podía acudir para recordar un texto o cuándo se había compuesto o estrenado aquella canción. Entre muchas otras cosas que hizo en su vida, dirigió en la emisora Radio Habana Cuba un programa con la trova como tema central y en él desplegó todo su conocimiento de la música y la biografía de los trovadores.

 Sin saber de ella, pero gracias a Mariana, muchos seguidores de la trova en Latinoamérica y otros países adonde llegaba la señal de Radio Habana Cuba deben haber oído (por primera o por enésima vez) algunas de las canciones fundamentales. Mariana era talentosa, inteligente y culta. Como no es habitual, eso no la hacía ser pedante, en parte quizás por su cercanía a los grandes y a su extraordinario sentido del humor que la hacía reírse de sí misma y de algunos almidonados personajes. No fue hermosa, en el sentido superficial de la palabra; tuvo defectos, como todos; tuvo virtudes, como casi todos, y soportó su enfermedad con una entereza y actitud de burla como no sé si yo podría hacer de estar en su lugar.

 Sobrevivió al mieloma múltiple más allá de los pronósticos médicos, y durante casi ocho años, a plena conciencia de la muerte, viviendo a plenitud, esperó (esperamos) el momento en que esa hija de puta vendría a llevársela. Y como para hacer patente su capacidad de hacer reír y su habitual irreverencia, cuando la contradecía alguien de su gente más cercana y que compartía su visión del humor, no importa de qué color, bromeaba: “No me jodas, que la que tiene cáncer soy yo”.

O si alguno de nosotros le reprochaba su hábito de fumar y el incesante café decía: “El cáncer ya lo tengo; lo que no tengo es interés en morirme más sana”. Y en esto no había morbo ni cinismo ni autocompasión (solo lo decía ante unos pocos, los más cercanos, nunca ante extraños), sino una manera de retar a la muerte alguien que vivió la vida con toda intensidad. Y ese sentido del humor, que compartía con Noel Nicola, hizo que los dos me buscaran un día para introducirme a Les Luthiers en aquel primer disco inolvidable que disfrutábamos y citábamos una y otra vez, desde que lo oí con ellos en su mínimo cuarto-estudio-lugar-de-amor de la calle San Nicolás.

 Noel y Mariana se separaron, pero quedó una amistad genuina, sin pose alguna, un cariño de hermanos verdaderos más allá de lazos sanguíneos, como el que sienten personas que han tenido estremecedoras experiencias conjuntas. Cuando después Mariana se casó de nuevo, esta vez con un personaje todo de luz y música, Eduardo Collazo, nuestro Tato, Noel era visita habitual al apartamento de Miramar, y allí nos reuníamos, comíamos, bebíamos, y cuando nació Pablo Collazo Rivas allí estaba Noel, quien fue para Pablo, hasta su muerte, uno de sus dos “tíos”.

Yo era el otro. Mariana se ha ido, dejando una estela de recuerdos amargos y dulces, como es la vida, pero más de los segundos que de los primeros. Con los años, cuando sus amistades ya no estemos, quizás sea olvidada de nombre, como pasa muchas veces –ingratitud de la memoria–, pero estará en un recuerdo trovador junto a “Longina”, “Mercedes”, y otras musas del panteón musical cubano, por haber sido la inspiración de una de las más extraordinarias e inolvidables canciones de amor, “Es más, te perdono”, de Noel Nicola. Aquí se las dejo. Los que no la conocieron, traten de descifrar en cada verso cómo Noel retrató con ternura a Mariana. Los que la conocimos, la recordaremos mientras exista la canción, más allá de nosotros.
Es Más, Te Perdono
Noel Nicola
Te perdono el montón de palabras
que has soplado en mi oído
desde que te conozco.
Te perdono tus fotos y tus gatos,
tus comidas afuera,
cervezas y cigarros, es más,
te perdono andar como tú andas,
tus zapatos de nube,
tus dientes y tu pelo.
Te perdono los cientos de razones,
los miles de problemas,
en fin, te perdono no amarme.
Lo que no te perdono
es haberme besado con tanta alevosía.
Tengo testigos: un perro, la madrugada, el frío,
y eso sí que no te lo perdono,
pues si te lo perdono seguro que lo olvido.

sábado, octubre 13, 2007

Presentación en Madrid

Presentará Silvio en España disco homenaje a Noel Nicola
Madrid, 11 oct (PL) El cantautor cubano Silvio Rodríguez presentará el 16 de este mes en el Instituto Cervantes de esta capital el disco homenaje 37 Canciones de Noel Nicola, en el que participan numerosos intérpretes de su país, España y América Latina.



Rodríguez, impulsor del proyecto, dará a conocer todos los detalles de la iniciativa que surgió cuando supo de la enfermedad del malogrado cantautor, fundador de la Nueva Trova Cubana.
Figuras como "Chucho" Valdés, Pablo Milanés, Tania Libertad, Luis Eduardo Aute, Caco Senante, Amaury Pérez, José María Vitier, Leo Brouwer, Javier Bergia, Ismael Serrano, Omara Portuondo y Silvio, entre otros, están presentes en el disco.



El catálogo de Nicola recoge más de 350 títulos, obras cargadas de lirismo y con un ácido sentido del humor, aunque en su mayoría desconocidas por el gran público, indica en una nota informativa el Sello Autor.


Este álbum, expresa, es la primera referencia del nuevo sello Barnasants-Canción de Autor, resultado del acuerdo entre el Sello Autor, de la Fundación Autor de la Sociedad General de Autores, y el Festival Independiente Barnasants, que se celebra en Barcelona.


La misma firma anunció también que la música de Silvio estará disponible en formato digital desde ese mismo día, cuando saldrán a la venta 20 álbumes del Sello Ojalá en las 22 tiendas de iTunes.

Agrega que se podrán adquirir en las mayores tiendas de Internet del mundo la colección oficial de todas sus grabaciones, desde las primeras "Días y flores" (1975), "Al final de este viaje" (1978), hasta las últimas como "Erase que se era" (2006), nominado al Grammy. mgt lma PL-84

jueves, octubre 11, 2007

37 canciones de Noel Nicola

La ventana
El disco 37 canciones de Noel Nicola, del sello Ojalá y el sello Autor de la SGAE, será presentado el 17 de septiembre próximo en la Casa de las Américas, como homenaje al querido y admirado cantautor fallecido hace dos años, uno de los fundadores de la Nueva Trova Cubana junto a Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, autor de temas entrañables para varias generaciones de cubanos y de amantes de la canción en otras latitudes, como Para una imaginaria María del Carmen, Ámame como soy, Son oscuro y Es más, te perdono. 37 canciones de Noel Nicola, que partió de una idea de Silvio Rodríguez aún en vida de Noel, aunó los esfuerzos de 210 técnicos, cantautores y músicos de Cuba, España y otros países. La dirección general es de Silvio y la producción general de Ana Lourdes Martínez, mientras que la fotografía y el diseño estuvieron a cargo de Julio Bello y Eduardo Moltó.

Entre los cubanos que han intervenido en el disco están Robertico Carcasés, uno de los principales arreglistas junto a Juan Manuel Ceruto; Pablo Milanés, Frank Fernández, Leo Brouwer, Chucho Valdés, Sara González, Vicente y Santiago Feliú, José María Vitier, Omara Portuondo, Amaury Pérez, Carlos Varela, Miriam Ramos, Ernán López-Nussa, Juan Formel y los Van Van, Anabel López, Liuba María Hevia, Pancho Amat y El Cabildo del Son, Vocal Sampling, Adalberto Álvarez y su Son, Manuel Argudín, Polito Ibañéz, Kiki Corona, Lázaro García, Augusto Blanca y el cuarteto Sexto Sentido.


Desde España se sumaron al homenaje musical Víctor Manuel, Luis Eduardo Aute, Luis Pastor, Caco Senate, Javier Bergia, Ismael Serrano y Javier Ruibal, entre otros, junto a artistas de otras naciones como Víctor Heredia (Argentina), Tania Libertad (Perú), Cecilia Todd (Venezuela) y Daniel Viglietti (Uruguay). La presentación de 37 canciones de Noel Nicola, que acontecerá en la sala Che Guevara de la Casa de las Américas, será transmitida online por La Ventana, portal informativo de la Casa (http://laventana.casa.cult.cu). La Casa de las Américas implementará una cuenta electrónica (que se informará en próximos días) para que los interesados envíen sus preguntas.

Mi hermano Noel Nicola


el texto íntegro en la presentación del álbum homenaje "37 canciones de Noel Nicola".

Hace unos días Isabel Parra me contó que Noel Nicola, Sergio Vitier, Argelia Domínguez y yo le hicimos compañía en un sueño. Cuenta la amiga chilena que de pronto se vio sola con Noel, que estaba vivo y sonriente, mientras ella pensaba que lo que veía era imposible. Chabela además dice que, en el sueño, yo trataba de explicarle que todo lo que sucedía era normal, que nuestro amigo nos visitaba a menudo.


Pero de pronto Noel anunció que ya tenía que marcharse. Entonces, al escucharle anunciar su despedida, mi madre le pidió, dulcemente, que no fuera a desaparecer sin antes rociarnos con lo que él sabía. Isabel, aún más sorprendida, le preguntó a mi mamá de qué hablaba. Y fue cuando Noel, sonriendo con sus dientecillos draculentos, se limitó a extraer una lata de spray y nos bañó generosamente con el misterioso líquido.


No sé por qué imaginé que lo que narra este sueño sucedía en el cuartico de la calle de San Nicolás, donde Noel vivió años fundamentales. Esta suposición me hace recordar que debo escribir al gobierno de La Habana, en nombre de los que amamos la obra del trovador, para que ponga allí una tarja que recuerde que en aquel rincón de la ciudad fueron alumbradas canciones que trascenderán los tiempos. Mi hermano Noel nació en octubre de 1946, un mes antes que yo, y resultó el hijo único de una familia de músicos notables.


Su padre fue Isaac Nicola, paradigma del magisterio guitarrístico cubano. Su amorosa madre fue la destacada violinista Eva Reyes, un día concertino de la Orquesta Filarmónica. Su tía, Cuqui Nicola, insigne profesora de guitarra. Aunque parezca increíble, yo supe que Noel existía algunos años antes de conocerlo. Su propio padre me lo presentó de referencia. Esto fue así porque en 1963, loco por estudiar música, me presenté en el conservatorio Amadeo Roldán, que por entonces dirigía el maestro Nicola, quien tuvo a bien recibirme y explicarme, con mucha delicadeza, por qué razones el piano no se podía empezar a los 16 años.


Debo haber puesto cara de abandono, porque me apretó un hombro y con una solidaria sonrisa me dijo: "Yo tengo un hijo como tú, que ahora está en una unidad de la defensa antiaérea". Unos meses después me parecería más al hijo mencionado, cuando entré al servicio militar y me vestí de verde olivo. Pero no sería hasta 1967, salidos ya del ejército, cuando vendríamos a encontrarnos mi hipotético hermano Noel y yo, en un legendario estudio de la radio, una mañana en que el combo de Senén Suárez le grababa un bolero titulado "El Tiempo y Yo".

Pudiera decirse que la primera en darse cuenta de que a Noel y a mí nos unía un vínculo filial, fue mi hermanita Anabel, que por entonces tenía 4 años. Cierto día, mirándonos fijamente, dijo desde el suelo: "Noel usa el mismo maquillaje que mi hermano". Pero todavía pasaría tiempo antes que mi amigo me contara quien era su papá; así que demoré en comprender que aquel "hijo en una unidad de la defensa antiaérea" era mi cotidiano compañero de trova. Cuando lo supe, no podía creer que mi elíptico hermano no hubiera recibido una clase de guitarra de su padre, siendo aquel, como se sabía, un brillante profesor del instrumento. Pero tiempo después Noel me explicó que el viejo Nicola tenía una larga reglita que descargaba velozmente sobre las manos mal colocadas. Y me contó que, viendo aquello, un día se dijo: "Que le den a otro esa lección". A pesar de aquello, de mi generación de trovadores, Noel siempre tuvo uno de los sonidos más depurados.


Usaba uñas y yemas a la vez; coloreaba, combinando diversos sonidos, llenando sus canciones de contrastes. Más tarde tuvimos la suerte de estar cerca de Leo Brouwer, uno de los compositores que más aportes ha hecho a las posibilidades tímbricas de la guitarra, quien hacía gestos aprobatorios escuchando tocar a Noel.


Respecto a su voz, Nicola podía cantar tan fuerte y sostenido que siempre le pedíamos que diera las notas altas de los coros, como fue el caso del la agudo, en la muy sonada "Cuba Va". Y siempre fue, como lo demuestran las grabaciones de aquellos años, uno de los más afinados y certeros intérpretes de nuestro grupo.


A principios de 1968, Pablo Milanés me comunicó que Haydeé Santamaría nos invitaba a hacer un concierto en el marco del Centro de la Canción Protesta, en Casa de las Américas. Entonces nos pusimos a contar y comprendimos que entre los dos no teníamos suficientes canciones políticas para completar un programa. Pero resultó que también eran los tiempos en que Noel y yo empezábamos a vernos y a mostrarnos canciones.


Yo le había escuchado muy buenos temas de los que nos faltaban para completar el listado y por eso me tocó proponer que le invitáramos. De esa forma casi fortuita nació la trinidad que la noche del 18 de febrero de 1968, en esta sala Che Guevara de Casa de las Américas, hizo el concierto inaugural de lo que después sería llamado nueva trova.

En los años siguientes, Noel y yo anduvimos juntos la mar de cosas. Cantamos en actos, en centros de trabajo y de estudios, en casas de amigos y de amigas, integramos el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, fundamos el MNT. También viajamos a Chile, a España y varias veces a México, donde hicimos largas giras y muchos conciertos. En 1974 estuvimos juntos en la República Dominicana, en el festival "7 Días con el Pueblo". Para llegar a ese país, que queda al lado del nuestro, tuvimos que ir primero hasta Puerto España, al sur de las antillas, donde pasamos varios días esperando una visa norteamericana para poder hacer tránsito en el aeropuerto de San Juan Puerto Rico.


En Puerto España íbamos todos los días al cine para ver las películas de Bruce Lee, que no se pasaban en La Habana. Llegamos a Santo Domingo un día tarde, pero vivimos allí jornadas inolvidables. La mañana siguiente de la clausura de "7 Días con el Pueblo", un coronel de la policía secreta nos invitó, muy cortésmente, a desaparecer de su territorio antes de 24 horas. Con esa urgencia fuimos a dar a Venezuela, con quien Cuba no tenía relaciones, y nos quedamos un mes.



Una noche, en un cine del centro de la capital, vimos "El Ultimo Tango en París". Recuerdo que a Noel le gustó tanto que se quedó para la segunda función, mientras yo daba una vuelta por los alrededores, buscando la estatua de Bolívar de la que habló Martí. Otra noche nos aparecimos sin invitación en casa del maestro Antonio Lauro, quien nos firmó unos discos y se puso contento de saludar a un hijo del maestro Isaac Nicola. Días después, en las afueras de San Fernando de Apure, tuvimos otro privilegio: un almuerzo en la finquita del Indio Figueredo, leyenda viva que nos agasajó con su arpa llanera, acompañado al cuatro por un hijo y a las maracas por un nieto.



Entre nuestros viajes más interesantes hubo uno, en 1976, a la República Popular de Angola, que entonces se defendía de la agresión neocolonial. Allí Noel, en las trincheras, cantaba con un AKA-47 colgado al hombro. La delgada imagen de este trovador con un fusil podría resultar sorprendente para quien no le conoció. Pero, a pesar de su apariencia frágil, Noel tenía una tremenda fuerza de carácter.



Cuando nuestro grupito de trovadores jóvenes, inicialmente cuestionado, llegó a transformarse en una corriente de proporciones nacionales, las convicciones de Noel, su sentido de la responsabilidad lo llevaron a sacrificar su actividad como cantor y pasó años organizando y dirigiendo la organización que se creó, el Movimiento de la Nueva Trova.



Y cuando la mayoría de sus compañeros nos dedicábamos a componer, a ensayar y a cantar, Noel trasnochaba elaborando reglamentos y estatutos, yendo de un sitio a otro coordinando encuentros y festivales. De aquellos tiempos, en la prensa se pueden encontrar artículos y análisis de su autoría, de una afilada lucidez. Todos tenemos manías y, desde esta perspectiva, las de Noel me resultan entrañables.


Cómo olvidar su poca paciencia con los insistentes picadores de cigarrillos. En el Grupo de Experimentación Sonora las broncas entre Noel y Sara González llegaron a ser un evento periódico, que empezó como un show montado por Sara y acabó como un esperado Pas de Deux. Llegaron a sobrar las palabras. Bastaba que La Gorda se parqueara junto al Drácula y le encajara la V de la victoria en las narices. Aquel gesto de pedigüeña displicente desencadenaba llamaradas históricas.


A la segunda solicitud de Sara, Nicola arqueaba las cejas y entornaba los ojos. A la tercera, le recordaba que en la bodega de la esquina los vendían. A la cuarta se hacía el sordo y a la quinta su delgadez se inflamaba para estallar en lenguas indescifrables, que suponíamos aprendidas en sus años de estudio en el Instituto de Etnología y Folclor.


Puede que algún día cuente de la exquisita pulcritud de este amigo perpetuo; o de cuando padecía cólicos nefríticos y mi madre iba a inyectarlo de madrugada; o lo que le dijo a un director de televisión que pretendió manipularlo; o sobre la reacción que hubo en un colegio de señoritas de Caracas, cuando Noel cantó: "Por ahí viene un batallón de mujeres con un ajustador de bandera".


Pero ahora nos reúne la presentación del disco que le prometimos, la antología para la que el propio autor escogió los 20 primeros temas, sólo unos días antes de dejarnos. Lo cierto es que cuando supimos que Noel estaba enfermo y quizá sin remedio, empezamos a buscar pretextos para ayudarlo. Y es que nuestro amigo tenía un sentido del decoro muy estricto y no era dado a aceptar obsequios. Sin embargo sabíamos que su situación económica no era holgada y comprendíamos que por su estado de salud debía tener completamente resuelta una buena alimentación.


Así que pensamos en una fórmula que fuera inobjetable a las exigencias de su pundonor. Como diría Don Corleone, se trataba de hacerle una oferta a la que no pudiera negarse. Y la propuesta resultó ser que sus compañeros grabáramos sus canciones e invitáramos a la SGAE a apoyarnos, lo que garantizaría unas inobjetables entradas por concepto de derechos de autor. Noel no sólo aceptó, sino que lleno de entusiasmo hizo la lista de las primeras 20 canciones. Recuerdo que cuando me la dictaba por teléfono, con su modestia irreducible me decía: "¿No serán demasiadas? Si te parece quita alguna."


El solidario Teddy Bautista aprobó el proyecto. Los viejos amigos participamos con el alma y los más jóvenes, colectores de su legado, exigieron su espacio. Músicos de diversas latitudes y variadas tendencias desearon dejar su impronta de homenaje, con el desinterés que inspira la humanidad de una obra y el mérito artístico. Ana Lourdes Martínez podría contarles mejor que yo estos detalles, por su proeza de coordinar tanta concurrencia entusiasta. Pero llegó un día en que tuvimos que decir: "hasta aquí es este disco". Comprendimos que aquellas -estas- 37 canciones eran una suerte de provocación inicial, para después continuar estudiando la obra del artista.


El hermano, narrador y músico Germán Piniella, en la nota del disco nos anuncia: "Sin temor a exagerar, puedo decir que este álbum, el legado de un hombre de su tiempo que hizo todo lo que pudo y más con las herramientas que tenía a mano, su talento y su guitarra, será considerado una de las obras más hermosas de la canción cubana". Por mi parte considero que estas versiones son un digno acercamiento a una obra artística ejemplarmente diversa y personal. Y espero que sobre todo sirva para urgir el deseo de escuchar las magníficas y poco divulgadas interpretaciones del propio Noel.


En este disco, sin duda, escucharán canciones que les seguirán hasta los sueños; canciones que les esperarán cuando abran los ojos y que andarán con ustedes cuando vayan camino a sus quehaceres. Aquí verán a un hombre amando con intensidad y al mismo hombre combatiendo la muerte, el machismo, la burocracia, el oportunismo, la indolencia. Aquí tendrán un atisbo del artista que descubrió a César Vallejo y lo cantó como nadie. Aquí conocerán a un practicante de todos los estilos de la música cubana y a un explorador de muchos aires universales.


Aquí sabrán de elegías, preguntas, deseos; de compromisos a veces directos y otras sutiles, y de un sentido ético de profundo calado revolucionario. Cierta vez Dulce María Loynaz escribió: "He aprendido que no puedo hacer que alguien me ame, sólo convertirme en alguien a quien se puede amar. El resto depende de los otros".


Con ese mismo descontento, aunque con más esperanza, en estas canciones hay un hombre pidiendo que lo amen como es y no como se espera que sea. Aquí, en resumen, verán a un niño tiernamente asustado de las dimensiones del amor que asume. Mi hermano Noel Nicola Reyes, en un instante de inspiración chaplinesca, se autodenominó "trovador sin suerte". Por fortuna, en la misma canción, dejó muy clara su intención irónica. Ante la altura de su obra cualquiera hubiera descubierto que, en tal afirmación, estaba felizmente equivocado.


Silvio Rodríguez Domínguez La Habana, septiembre, 2007 ag sr PL-222