miércoles, octubre 14, 2026

Jornada pro Palestina eleva el canto de Silvio Rodríguez

 Marlon Zambrano/Última hora.com.ve.

El trovador cumplirá 80 años. Foto: Juan Miguel Morales.


13 octubre, 2026.

El Foro Itinerante de Participación Popular y la Plataforma Internacional de Solidaridad con la Causa Palestina y los Pueblos en Lucha convocan a artistas, colectivos y movimientos sociales de todo el mundo a sumarse a la jornada global «Con Silvio le cantamos a Palestina», pautada para el próximo 29 de noviembre. La iniciativa plantea una movilización cultural simultánea para conmemorar dos efemérides: los 80 años de vida del cantautor cubano Silvio Rodríguez y los 79 años de resistencia del pueblo palestino frente al despojo y la ocupación iniciados tras la resolución de partición de 1947. La propuesta busca articular recitales y conciertos locales donde la música del trovador caribeño dialogue con la declamación poética dedicada a la autodeterminación palestina.

La periodista y coordinadora de la plataforma en Venezuela, Hindu Anderi, destacó el sentido ético y conmemorativo de este llamamiento que ya articula voluntades tanto a nivel nacional como fuera de las fronteras venezolanas. «Es un llamado internacional que estamos haciendo tanto a las organizaciones solidarias con Palestina como a colectivos de cultores, artistas a nivel nacional e internacional», precisó la portavoz, subrayando que la fecha honra a un «ícono de la lucha nuestroamericana que a través de su poesía y de su música nos da esperanza, nos invita a seguir luchando por nuestros sueños y por nuestra libertad». Asimismo, Anderi enfatizó que cada acto servirá para denunciar el genocidio histórico y su actual escalada desde octubre de 2023, integrando a cantores y poetas en un repertorio común.


De cara a la logística, los organizadores señalaron que las presentaciones se adaptarán a los formatos y alcances propios de cada comunidad o espacio territorial. Anderi instó a los participantes a coordinar esfuerzos de difusión para amplificar el impacto de la jornada: «Esperamos que las organizaciones que realicen sus actividades primero nos informen dónde van a ser, qué es lo que van a hacer, para nosotros también darles promoción (…) y luego que ellos realicen su actividad, que sea registrada audiovisualmente, etiquetarnos en nuestras redes (…) de manera de que podamos también hacer una difusión muy importante».


El registro e información de cada evento se centralizará a través de la cuenta de Instagram @plataformadscp, consolidando una red global que entrelace la canción comprometida con la solidaridad internacional.

martes, octubre 13, 2026

EXCLUSIVO:Silvio Rodríguez canta en taberna garibaldi.





 

Silvio Rodríguez, el último trovador cubano, no se rinde y concluye la gira española en Madrid





Movistar Arena, Madrid. Domingo, 4 de octubre del 2026. 

Texto: Guillermo García Domingo. 
Fotografías: Marián Bujanda Bravo. 
 Antes de que actuara Silvio Rodríguez en su último concierto de la gira española (el décimo de la gira) el pasado domingo, lo precedió Pedro Pastor, que interpretó varias canciones militantes (sirva de ejemplo “Los olvidados”) con la intención de iluminar la oscuridad política que nos asedia por todas partes. 

El joven cantautor es el hijo de Lourdes Guerra y Luis Pastor, que ya contradijo hace unos años la idea de que los cantautores estaban desapareciendo con la ayuda de su canción recitada “¿Qué fue de los cantautores?”. Las hermosas canciones de Pedro Pastor inciden en la misma idea: la canción de autor ofrece el mejor cauce sentimental y musical para expresar el compromiso y la esperanza en épocas de transformaciones sociales y políticas como la actual. 

Los vientos revolucionarios de Cuba llevaron a Silvio en volandas hasta España al mismo tiempo que otros cantautores coetáneos en los años setenta del siglo pasado se hacían eco de lo que estaba pasando en las postrimerías del franquismo. Desde el principio Silvio gozó de una popularidad extensa e intensa en nuestro país que no ha decaído en ningún momento, aunque la trayectoria musical de Silvio haya tenido altibajos. 

 La voz de Silvio, lo comprobamos en los primeros compases de “Historia de las sillas”, no ha envejecido; su timbre singularísimo es el complemento perfecto para los delicados arreglos que extrae de su guitarra. Ambos instrumentos conforman un órgano indisoluble. 

El concierto, no obstante, alternó entre los pasajes musicales acústicos en los que los asistentes que llenaban el recinto cubierto más grande que hay en Madrid se animaban a cantar, y los pasajes orquestales que rezumaban el arte y la tradición de la nueva trova cubana que enardeció a Centroamérica en los años 70, período que coincidió con la consolidación la revolución cubana y la sandinista más adelante.
Los momentos orquestales prevalecieron, lo que definió el destino del concierto y evitó que éste se convirtiera en un homenaje más a Silvio y a sus canciones eternas. No lo necesitan, ellas se defienden por sí solas, aunque adquieran un estilo diferente. Algún tema de siempre como “Escaramujo” (“Rodríguez”, 1994), revivió animada por el espíritu del son cubano en una versión memorable gracias a la orquesta que acompañaba al cantautor. La interpretación de esta canción dedicada a las niñas y niños “pregunteros”, y a los filósofos que se niegan a crecer al igual que Peter Pan, suscitó admiración. Como también lo hizo la “Pequeña serenata diurna” que adoptó la forma de una canción de “bossa nova”.

En la mayoría de las canciones destacaron las tonalidades ofrecidas por la flauta travesera de Niurka González, la aportación de Maykel Elizarde, tocando el tres cubano y sus cuerdas dobles, el fondo del contrabajo de Jorge Reyes, y el piano luminoso de Jorge Aragón. Qué diferente habría sido “Sueño con serpientes” y sus aires orientalizantes sin la contribución de todos ellos. Hicieron lo propio con canciones menos habituales y populares. Me refiero a “¿A dónde van?”, que resultó verdaderamente hermosa o “Virgen de Occidente”. A propósito de esta canción, la crítica imperialista ha sido, es y será un denominador común de todos las veladas a las que nos invita Silvio. Su país es uno de los que con mayor determinación se ha enfrentado al imperialismo yanqui que el presidente actual de USA ha recuperado. La semana pasada anunció en la sede de la impotente ONU que “Cuba caerá” con el tono de matón al que nos tiene acostumbrados. Otro pueblo que ha sufrido las peores consecuencias del imperialismo es el palestino. Cuando todavía estábamos sobrecogidos por culpa de “La canción del elegido”, Silvio leyó un poema de Luis Rogelio Nogueras titulado "Halt!", escrito bajo los efectos perturbadores de la visita que hizo a Polonia y a Auschwitz en 1979, y casi al mismo tiempo que declamaba los últimos versos que apelan directamente a las personas judías de Israel: “Pienso en ustedes/ y no acierto a comprender/cómo/ olvidaron tan pronto/ el vaho del infierno”, la hija del cantante (que forma parte del elenco) le puso una kufiya palestina sobre los hombros, que llevó mientras interpretaba “La era está pariendo un corazón”. 

Esta última canción mencionada sirve para apoyar la idea de que el concierto, pese al ambiente pesimista imperante, no pecó de derrotista ni mucho menos. Varias canciones del repertorio sembraron la esperanza en el público y nos animaron a no dejar de cebar la imaginación política, que es más imprescindible que nunca. Una de ellas fue “Más porvenir”, dedicada a Pepe Mujica, casi tan querido como Silvio por parte del público; también, “Venga la esperanza” y hacia el final el “Reparador de sueños”, protagonizada por esa “personita” que puede “enmendar lo roto”, “trocando lo sucio en oro”.

El momento íntimo de “La belleza” de Luis Eduardo Aute, que vivía por cierto a unos pasos de este lugar, en el encantador barrio de la Fuente del Berro, además de hacer honor a su nombre, no podía ser más pertinente en esta ciudad. Y nos hizo rememorar aquel inolvidable concierto en Las Ventas que se grabó y dio lugar al disco en vivo “Mano a mano” (1993) y a una exitosa gira posterior, que protagonizaron ambos cantautores a finales de los noventa. Este período coincidió con uno de los mejores momentos creativos de Silvio, que se plasmó en una trilogía extraordinaria: “Silvio”, “Rodríguez” y "Domínguez”, que cualquier aficionado del músico debería visitar a menudo. De esta trilogía incluyó en el repertorio el citado “Escaramujo”, “Ala de colibrí”, “Compañera”, “El necio” y “Quien fuera”, lo que remarca la importancia de estos álbumes.

El último trovador cubano, el que compuso “Ojalá” o “Óleo de mujer con sombrero”, que aparecieron cuando más se las esperaba, en los ansiados bises, no se despidió muy efusivamente del público debido a su timidez, o porque, lo que sería todavía mejor, tiene previsto regresar muy pronto.
Silvio Rodríguez (Movistar Arena) Madrid 04/10/26
8 de octubre de 2026

Víctor Terrazas
Imagen de Víctor Terrazas
A sus casi ochenta años, aferrado al mástil de su guitarra y ejecutando sus arpegios con una técnica impecable, Silvio Rodríguez apareció en escena bajo una gorra con una palabra: Aprendiz. Las manos de un artesano que conoce el oficio y la cabeza de alguien que elige subirse al escenario con la humildad de quien todavía tiene todo por aprender. Hay una forma de mirar el mundo que empieza en lo minúsculo: la certeza de que toda transformación nace de la suma de gestos mínimos, de voluntades discretas que se apoyan para sostener lo que jamás se mantendría en pie a solas. A esa lógica respondió su cierre de gira en Madrid, diez sold outs consecutivos en España, demostrando cómo la acumulación de pequeñas decisiones puede terminar convirtiendo un concierto en algo impresionante.

Si algo destacó por encima de la música fue el silencio. Una muestra de respeto y de escucha difícil de encontrar, y más aún en un Movistar Arena desplegado en su formato más amplio, con las gradas llenas hasta el techo y la pista cubierta por una trama ordenada de sillas. Cuando las luces se apagaron, sobre esas miles de personas cayó una quietud física, casi sagrada: el ambiente exacto para abrir dos horas de concierto y casi treinta canciones al compás de «Historia de las sillas».

Sobre el escenario, apoyada en ese clima de respeto, la banda se dispuso en un semicírculo estricto, con él en el centro. Acompañado por media docena de músicos, el sonido priorizó la nitidez acústica, al estilo de la música de cámara, abriéndose con naturalidad desde la trova tradicional hacia la rítmica del tumbao y el latin jazz en temas como «Pequeña serenata diurna» o «Quién fuera». Su mujer, Niurka González, convirtió la flauta en un pilar central que vertebraba y embellecía todo el repertorio; su hija Malva Rodríguez sostuvo las canciones desde el piano y los coros. Silvio apenas soltó el instrumento en contadas excepciones, como cuando se puso en pie para homenajear a Luis Eduardo Aute interpretando «La belleza», dejando por un instante la palabra desprovista de cuerdas.


Esa misma escala de lo concreto sirvió para abordar la realidad política y el compromiso social. La defensa de Palestina llegó, por ejemplo, desde la intimidad: a través de la lectura de «Halt», presentando a Luis Rogelio Nogueras como el mejor poeta de su generación, y del gesto de su hija al colocarle una kufiya sobre los hombros antes de «La era está pariendo un corazón». Un gesto mínimo que el público convirtió en algo mucho mayor, acompañándolo con cánticos contra el genocidio. Del mismo modo, las historias personales que contó entre tema y tema revelaron cómo se formaron sus canciones a partir de grietas domésticas. «Viene la cosa» nació al ver un papel pegado en el espejo de su barbería de confianza en La Habana donde alguien había escrito «no hablemos de la cosa», en alusión a la coyuntura sociopolítica de la isla; en «Nuestro después», la reflexión sobre la migración familiar y la Cuba actual se anudó al recuerdo de no volver a ver al rey carpintero, un ave endémica de la

A pesar de durar más de cien minutos, el recital pudo permitirse dejar en el tintero composiciones históricas como «Unicornio» o «La maza», cuya ausencia, aunque no llegara a convertirse en una deuda, sí dejó la sensación de cierta tristeza. Aun así, el concierto demostró la dimensión de un cancionero histórico y, al mismo tiempo, la capacidad de una banda para volver sobre esas canciones sin tratarlas como piezas de museo. En «Ala de colibrí», Maykel Elizarde alargó los desarrollos desde el tres cubano, estirando la canción hasta convertir sus pasajes instrumentales en un espacio propio. Cada instrumento encontraba su lugar y, precisamente por eso, la música terminaba siendo más grande que cualquiera de ellos por separado.

Habían pasado más de cien minutos de concierto. La voz llevaba toda la noche atravesando canciones, recuerdos y arreglos, y todavía quedaba una última prueba escondida en algo que para casi cualquiera habría podido pasar inadvertido. Pancho Varona ha señalado que la versión original de «Ojalá», grabada en 1978, está en Do menor. Cuarenta y ocho años después, Silvio la cantó en Madrid en Si menor. Un semitono apenas. Y, sin embargo, ahí estaba condensada una parte de la noche: después de casi dos horas de actuación, aquel hombre seguía entrando en una canción escrita en su juventud y solo había necesitado bajarla medio tono, manteniendo intacta la fuerza y el control de una voz que, después de casi cinco décadas, continúa sonando plenamente vigente. Todo ello acompañado por un coro multitudinario del público, que convirtió aquel «Ojalá» en uno de esos momentos que se quedan grabados a fuego en la memoria.

Si me tuviera que quedar con una, sería «La canción del elegido», mi favorita personal de todo su repertorio. Silvio la introdujo recordando cómo conoció la historia del revolucionario Abel Santamaría Cuadrado a través del relato directo de su hermana Haydée. Cuando la melodía avanzó y resonaron los versos «Lo más terrible se aprende enseguida / Y lo hermoso nos cuesta la vida», pareció una sentencia que todos deberíamos leer varias veces para volver a mirar el mundo que nos rodea.

Hace ya muchos años, Atahualpa Yupanqui dejó una de esas reflexiones capaces de cambiar la forma de mirar la música y la vida, que en ocasiones no dejan de ser lo mismo: “La guitarra, antes de ser instrumento, fue árbol, y en él cantaban los pájaros. La madera sabía de música mucho antes de ser guitarra”. Una forma de entender que la música existe mucho antes de llegar a las manos del artesano. Y quizá sea precisamente esa mirada la que mejor explique a Silvio Rodríguez. Pocos músicos han sabido llevar esa idea tan lejos, haciendo de ella una forma de entender la canción y construyendo, a partir de esa mirada, algunas de las mejores canciones escritas en nuestro idioma. La certeza de que lo minúsculo rara vez lo es, de que una canción puede pasar de mano en mano hasta dejar de pertenecer a quien la escribió. Es a través de esas alianzas invisibles como se conmueven las conciencias, se habita la belleza y se transforma el mundo.

Fotos Silvio Rodríguez: Daniel Mordzinski

Fracaso total:intentaron sabotear a Silvio Rodríguez y paso esto


 

"El domingo vi a Silvio y pasa lo que pasa"


 Marwam

Video:Visión panorámica del concierto de Madrid


Silvio, la belleza


El trovador cubano ofreció un concierto en el Movistar Arena de Madrid. Foto El trovador cubano ofreció un concierto en el Movistar Arena de Madrid. Foto Kaloian Santos Cabrera / Archivo
08 de octubre de 2026 00:05

La vida diluvia de preocupaciones y tristezas. Con semejante chaparrón estamos ahora, calados hasta los huesos por las miserias de los hombres. Por la peligrosa desfachatez de Donald Trump, que no hace más que convocar los viejos fantasmas de la guerra y del odio; por las mafias políticas que se ven y las que se intuyen en el Departamento de Estado; por el horror de las sanciones que dejan sin corriente, sin alimentos y sin medicinas a millones en Cuba.

Hay en el mundo pesadillas que me cuesta nombrar. Como Gaza, donde vuelve a crepitar el infierno humano, con al menos 21 mil 700 niños y niñas muertos desde el 7 de octubre de 2023 hasta junio de 2026, según la última estadística del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). O Minab, en Irán, donde un bombardeo estadunidense contra una escuela mató a 120 estudiantes, la mayoría de primer grado, y a una mujer embarazada. 

Pienso en los niños cubanos y en algunos de mis amigos que también están muriendo silenciosamente porque se interrumpen tratamientos, en una crisis sanitaria agravada este año a niveles sin precedente por el bloqueo de Estados Unidos. Y hay más.

No todas las muertes llegan con el estruendo de una bomba, realidad que en conjunto es aún más siniestra, porque sabemos que podría ser perfectamente evitable. 

Pero en ningún momento de la historia, ni en el más catastrófico y oscuro, ha dejado de palpitar el afán de lo hermoso, cosa que recordé ayer viendo en YouTube el magnífico concierto de Silvio Rodríguez en el Movistar Arena de Madrid, reconstruido desde la distancia a partir de los pedazos de video que han ido colgando en esa plataforma los espectadores. 

Ellos han conseguido transmitir algo tan frágil como un dibujo en el aire de la flauta de Niurka González, una voz que a sus casi 80 años se escucha como en sus 20 y las 12 mil almas cantando “Ojalá pase algo que te borre de pronto / una luz cegadora, / un disparo de nieve” en fugitivos instantes de hermosura. 

Es esa belleza aparentemente inútil la que nos recuerda que los humanos podemos ser decentes y buenos, que sobrevive el sueño de que todos podríamos vivir con dignidad. Y quizás porque lo sabemos, nos duele más la soberbia del poder. 

Simone Weil decía que una de las necesidades vitales de los trabajadores es la belleza, porque sin ella no hay justicia social, y que no se trata de una mera preferencia de gusto ni de un adorno superficial, sino de la armonía entre la necesidad ciega del universo y la ley del bien. O como recordaba en un ensayo memorable el poeta y filósofo cubano Cintio Vitier, admirador de Simone: “Sólo en la acción podemos vivir la belleza; podemos, en cierto modo, ser la belleza”.

Lo que nos ha recordado Silvio con esta gira es que mientras llueve sobre nosotros la fealdad de la vida, lo maravilloso también existe y hasta podría prolongarse. Él continuará su tanda de conciertos en México, en abril de 2027. Cantará en Monterrey, Guadalajara, Puebla y en el Auditorio Nacional de la capital, donde seguramente incluirá, como ha hecho en sus presentaciones de este año en América Latina y España, el poema “Halt!”, de Wichy Nogueras. El “mejor poeta de mi generación”, como lo suele presentar el trovador cubano, visitó Auschwitz cuando circulaba la noticia sobre los bombardeos israelíes contra campamentos de refugiados palestinos en el sur del Líbano, a principios de los años 70 del siglo pasado. De ahí salieron estos versos terriblemente actuales: “Pienso en ustedes / y no acierto a comprender / cómo / olvidaron tan pronto/ el vaho del infierno”.

Todo eso está en esos videos temblorosos de YouTube, pero el más conmovedor es aquel en el que aparece Silvio cantando de pie, escoltado sólo por su mujer en la flauta y su hija Malva al piano, con un Movistar Arena en vilo y la canción de Luis Eduardo Aute sonando a todo dar en la voz del cubano: “Reivindico el espejismo / de intentar ser uno mismo, / ese viaje hacia la nada / que consiste en la certeza / de encontrar en tu mirada / la belleza”. 

Era de esperar que la sala se levantara en pleno cuando llegó el verso de Aute “¡Viva la revolución!”, para reafirmar que lo hermoso aparece, aun en las circunstancias más degradantes y turbias, porque la humanidad también ha sido capaz de hacer de la belleza un acto heroico.

Que te guste Silvio

Opinión/Le funoir

Javier Puga Llopis 

Cada vez aceptamos peor que nuestras ideas y nuestros gustos puedan llevarse mal entre sí

El icónico trovador cubano Silvio Rodríguez, uno de los artistas más influyentes de la música contemporánea, inicia su esperada gira por España, en la que celebra más de 50 años de carrera, con un concierto este martes en el Liceu de Barcelona en el que repasa sus grandes éxitos y presenta temas de su último álbum, 'Quería saber', aparecido en 2024. EFE/Quique García / Quique García / EFE

Hace unos días una conocida escritora hispano-cubana le afeaba a alguien en X que le gustara Silvio Rodríguez. Unos meses antes, ante los rumores de una intervención norteamericana en la isla, el cantante, vehemente, había reclamado al gobierno de Cuba que le diera un fusil para defender a su país del invasor, pues parece que vivimos tiempos de invasiones.

 En una ceremonia de propaganda, el líder del régimen cubano le hizo entrega de un fusil AKM de combate, aunque luego supimos que era una réplica, pues el arsenal cubano parece andar escaso de fierros. 

La escritora, ferozmente opuesta al castrismo y que decidió exiliarse para vivir en libertad, parecía considerar que una cosa llevaba necesariamente a la otra. Si Silvio apoya al régimen cubano, que te guste Silvio dice algo -malo- de ti. Y eso me dio que pensar, porque cada vez aceptamos peor que nuestras ideas y nuestros gustos puedan llevarse mal entre sí. 

Si eres de izquierdas, te tiene que gustar Silvio. Si eres de derechas, debes denostarlo. Y así con todo. Como si fuera el orden natural de las cosas, como si una canción y un régimen político fueran lo mismo, por mucho que a veces lo sean. En ese maniqueísmo se mueve España desde tiempo inmemorial y el mundo desde que existen las redes sociales. En eso somos unos adelantados a nuestro tiempo, sin duda.

 Romperlo debería ser una obligación moral y una forma de objeción de conciencia. Siempre he sido amigo de la incoherencia, lo que me ha llevado a sonados fracasos amorosos, pero me ha hecho también sentir más vivo, más libre. 

A mí, no siendo de izquierdas, me encanta Silvio Rodríguez y me emocionan algunas de sus canciones, que he escuchado en bucle cientos de veces. Uno de mis lamentos de juventud es no haber podido entrar en uno de sus conciertos, siendo estudiante, porque no tenía los sesenta euros que costaba la entrada. Un precio, para 2004, muy poco comunista, he de decir. 

Intenté colarme, sin éxito. Nunca se me ha dado bien saltarme las reglas, pero sí tratar de pensar por mí mismo, lo que, en cierto modo, supone saltarse las normas no escritas que la mano invisible contemporánea nos impone. 

Además, ser de derechas le limita mucho a uno la oferta cultural, por lo que también hay que saltar de una trinchera a otra de vez en cuando. Por lo que sea, el mundo de los artistas e intelectuales ha estado, al menos desde la segunda mitad del S.XX hasta hoy, dominado por la izquierda. Algo parecido ocurrió en Iberoamérica, como si hubiera existido una división del trabajo por la que la derecha se quedaba con el poder -por las buenas o las malas, con notables y terribles excepciones- y la izquierda con las canciones, los libros y las películas. Fue un mal negocio para la primera. 

El poder cambia de manos, los mandarines caen, se exilian o mueren, pero, al cabo, “Cien años de soledad” o “El unicornio azul”, permanecen. También “El Aleph” o “La fiesta del chivo” por poner grandes contraejemplos de escritores liberal-conservadores. 

Afortunadamente la vida se empeña en estropear esas rigideces y el Gran Hermano no fiscaliza todavía nuestras filias, aunque está en ello. Le hacemos el trabajo en X. A Salvador Sostres le gusta mucho la música de Lluís Llach. 

Dice haber acudido a los nueve conciertos que dio el cantante en Barcelona. A mí, aunque me cuesta más separarla del personaje político, también. A raíz del enésimo chiste sobre Ismael Serrano, recuerdo haber oído hace unos meses a Peláez o a Soto Ivars u otro de los referentes de la derecha de hoy —no recuerdo cuál de ellos— defenderlo y decir, en pleonasmo, que le gustaban todos los cantautores de izquierdas.

 Y así debe ser. A muchos nos gusta Sabina -aunque ya no sea de izquierdas- y a todos Serrat. Todos hemos besado a una chica con Aute de fondo y no por ello queremos planes quinquenales, ni colectivización, ni vivir en una “komunalka”, por mucho que lo de tener un techo esté hoy complicado. Ahora nos venden las ideas en lotes, como platos congelados. Si uno piensa de determinada manera sobre los impuestos o la vivienda, debe pensar también de una manera concreta sobre inmigración, la guerra de Ucrania, Israel, los toros o Clint Eastwood. 

Y si se sale del carril en un solo renglón de esa matriz, siempre viene alguien pidiendo explicaciones. El poder que gobierna el mundo quiere acabar con nuestro pensamiento crítico, en su afán por mantener una tensión permanente en la sociedad antes de que las máquinas acometan el nuevo gran reemplazo. Nos exigimos una coherencia que no existe en la vida real. 

La libertad existe para los que están dispuestos a ejercerla, con todas sus consecuencias, sin miedo a ser incoherente ni al “qué dirán”, pues la incoherencia es la militancia que nos hace humanos mientras llegan los robots a acabar con nosotros. 

Por eso, si Silvio vuelve a tocar en España pienso pagar la entrada, pues ahora me la puedo permitir. El dinero habrá tardado veintidós años en sanar aquel pequeño trauma de no poder ver en directo a un comunista con una guitarra por ser demasiado caro para el estudiante que un día fui.

Pablo Milanés y la ciudad de Baracoa protagonizan las XVIII Jornadas por la Cultura Cubana en Albacete

 

Pablo Milanés y la ciudad de Baracoa protagonizan las XVIII Jornadas por la Cultura Cubana en Albacete
Presentación de las XVIII Jornadas por la Cultura Cubana.
- AYUNTAMIENTO
Martes, 13 octubre 2026
Publicado: 14:45
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ALBACETE, 13 Oct. (EUROPA PRESS) -

La Asociación Cultural Amigos de Cuba de Albacete ha presentado este martes la XVIII Jornadas por la Cultura Cubana que se celebrarán del 16 al 20 de octubre. Una edición dedicada al cantante Pablo Milanés y a la ciudad de Baracoa que reunirá música, baile, literatura, una exposición gráfica y actividades infantiles en el Centro Comercial Imaginalia y el Centro Sociocultural José Oliva.

La presentación ha contado con la participación del presidente de la Asociación, Orlando González Madrigal; la concejala de Cultura, Elena Serrallé; el gerente del Centro Comercial Imaginalia, Miguel Muñoz; el cantante cubano Fidel Daniel Pantoja, que actuará en la gala del sábado, y Raquel y Sergio, bailarines de la compañía Los Guaracheros, según ha informado el Ayuntamiento por nota de prensa.

La programación se desarrollará del 16 al 20 de octubre en maginalia y el Centro Sociocultural José Oliva e incluirá una exposición gráfica, conciertos, presentaciones literarias, actividades infantiles y propuestas festivas.

El baile tendrá un protagonismo especial a través del XIV Master Dance de Bailes y Ritmos, que se celebrará el sábado 17 de octubre y ofrecerá talleres de salsa, afrocubano, rueda de casino, bachata, chachachá y timba.

La sesión de mañana comenzará a las 11.00 horas con un taller de salsa coreográfica impartido por David y María, de Albacete, que se prolongará hasta las 11.45 horas. A continuación, Dany Martínez, anunciado también como Dany Cuba y vinculado a Cuba y Valencia, dirigirá el taller de afrocubano, de 11.45 a 12.30 horas.

La actividad continuará con Orlando González, de Cuba y Albacete, que impartirá el taller de rueda de casino entre las 12.30 y las 13.10 horas.

Entre las 14.10 y las 17.00 horas se ha previsto un tiempo libre para comer acompañado de música variada. Los talleres de tarde se retomarán a las 17.15 horas con una sesión de pasitos de bachata a cargo de Ismael, de Albacete, que finalizará a las 18.00 horas.

Seguidamente, el profesor de baile y coreógrafo Franshesco Roca impartirá el taller de chachachá, de 18.00 a 18.45 horas, mientras que Mar Campos estará al frente del taller de timba, de 19.00 a 19.30 horas, ambos también de Albacete. El cartel del Master Dance anuncia, además, la participación de Anabel junto al resto de profesionales.Ese mismo sábado, a las 20.30 horas, la plaza del Centro Comercial Imaginalia acogerá la Gala por el Día de la Cultura Cubana, con entrada libre y gratuita. La velada incluirá el homenaje a Coralia Rodríguez y las actuaciones de Los Guaracheros y de la Rueda de Casino Amigos de Cuba. La música llegará de la mano de los cantantes Fidel Daniel y Raiza Valladares y del grupo Latin Sound.
Durante la presentación, Serrallé ha destacado que "la vida cultural de Albacete crece cuando sus vecinos encuentran espacio para aportar, proponer y compartir aquello que conocen y aman", señalando que "nuestro compromiso es trabajar para que esas iniciativas lleguen al público y formen parte de una oferta cultural con amplitud, personalidad y capacidad para despertar nuevas inquietudes".
La concejala ha puesto en valor la continuidad de estas jornadas, afirmando que "dieciocho ediciones representan muchos años de dedicación y un esfuerzo sostenido para que la cultura cubana tenga una cita propia en Albacete".
En este sentido, ha agradecido a la Asociación Cultural Amigos de Cuba de Albacete, con su presidente y fundador, Orlando González Madrigal, al frente, el trabajo realizado para preparar esta nueva edición, señalando que "las asociaciones aportan conocimiento y una relación directa con el público que debemos valorar".
Sobre la dedicatoria de esta edición, la edil ha señalado que el recuerdo a Pablo Milanés y la atención a la ciudad de Baracoa permiten acercarse a distintas dimensiones de la cultura cubana, desde su legado musical hasta sus raíces y tradiciones.
También ha valorado el homenaje previsto a la actriz y narradora oral Coralia Rodríguez, afirmando que "reconocer a quienes han dedicado su trayectoria a la creación artística nos permite apreciar su trabajo y acercarlo a nuevos públicos".
Elena Serrallé ha concluido animando a los albaceteños a consultar la programación y sumarse a las actividades, destacando que "estas jornadas ofrecen distintas maneras de acercarse a la cultura cubana, desde escuchar un concierto hasta aprender unos pasos de baile o descubrir una propuesta literaria".