Silvio Rodríguez
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sábado, octubre 31, 2026
viernes, octubre 30, 2026
La UASD otorga Doctor Honoris Causa a Silvio Rodríguez, destacado cantautor cubano
La Embajada de Cuba en la República Dominicana anunció la distinción al laureado cantautor quien ha influido en generaciones con su música y poesía
Santo Domingo - oct. 29, 2026 | 06:06 p. m.| 2 min de lectura
El cantautor cubano Silvio Rodríguez es una de las figuras más representativas de la Nueva Trova y de la música latinoamericana. (AFP
La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), mediante una resolución del Claustro Menor, aprobó otorgar el título de Doctor Honoris Causa al cantautor cubano Silvio Rodríguez, una de las voces más representativas de la canción de autor, informó este jueves la agencia Prensa Latina.
La Embajada de Cuba en la República Dominicana dio a conocer en sus redes sociales la decisión de la UASD, institución que este miércoles inició las actividades conmemorativas del 488 aniversario de su fundación, durante una ceremonia encabezada por el rector, Jorge Asjana David, junto a los miembros del Consejo Universitario, profesores, empleados y exautoridades universitarias.
La decisión corresponde a la aprobación del reconocimiento, cuya ceremonia de otorgamiento todavía no se ha realizado.
Una figura esencial de la Nueva Trova
Silvio Rodríguez ha convertido la poesía, el amor y el compromiso social en pilares de una obra que trasciende generaciones y fronteras.
Temas como "Ojalá", "Unicornio", "La maza", "Playa Girón" y "Te doy una canción" forman parte de un repertorio en el que conviven la intimidad, las preguntas existenciales y la mirada crítica sobre la realidad.
Guitarrista, poeta y compositor, el artista construyó una identidad musical propia, caracterizada por la fuerza de sus letras y una interpretación que privilegia la palabra.
Su obra ha encontrado eco en públicos de distintos países y mantiene una presencia destacada dentro de la cultura iberoamericana.
Con más de medio siglo de creación, Rodríguez sigue siendo mucho más que un intérprete de canciones conocidas. Es un autor cuya obra dialoga con la memoria colectiva, las contradicciones de su tiempo y las aspiraciones de quienes encuentran en la música una forma de pensar y sentir el mundo.
La Trova Coral celebrará los 80 años de Silvio Rodríguez en el Teatro Real
El ensamble dirigido por Alejandro Pittis ofrecerá dos funciones en noviembre, con 50 cantantes y artistas invitados, para recorrer la obra del trovador cubano
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| La Trova Coral, dirigida por Alejandro Pittis, presentará “Silvio Nuestro” en el Teatro Real, con 50 cantantes y un repertorio dedicado a Silvio Rodríguez. Foto: Redes. |
La propuesta, dirigida por Alejandro Pittis, flautista, cantante y director de coros,
reúne alrededor de 50 cantantes y parte de un proyecto iniciado en 2022, cuando el conjunto dedicó su primer año de trabajo a adaptar las canciones del artista al lenguaje coral. En esta nueva etapa, el homenaje vuelve a escena con arreglos originales y la participación de músicos y agrupaciones invitadas.
Canciones que atraviesan generaciones
El repertorio recorre distintas facetas de la obra de Rodríguez, desde la intimidad de sus canciones de amor hasta sus composiciones vinculadas con la identidad latinoamericana y la reflexión política. Entre los títulos elegidos figuran “Ojalá”, “Unicornio”, “Te doy una canción”, “La maza”, “El necio” y “Óleo de una mujer con sombrero”, junto con otras piezas que serán enlazadas mediante intervenciones solistas y pasajes instrumentales.
A ese recorrido se sumará el acompañamiento de Carlos Mozetic Trío y la participación de Sergio Korn, referente de la trova cordobesa. También intervendrán Coral Mala Junta, dirigida por Guillermo Bonaparte, y el Coro de Niños del Instituto Niños Músicos Herbert Diehl,bajo la dirección de Santiago Serna.
Las localidades anticipadas se consiguen a través de Autoentrada.
Premios Lucas 2026: ¡1 pá 30! (+Videos y nominados)
anamaria@juventudrebelde.cu
El certamen anual mantiene su esencia de impulsar el videoclip en Cuba, y en esta edición 29 se destaca la tenacidad de los realizadores y artistas por crear este tipo de audiovisuales en circunstancias tan difíciles Publicado: Domingo 25 octubre 2026 | 02:04:16 pm.
Aset, de las hermanas Lisa-Kaindé y Naomi Díaz, conocidas como Ibeyi, es el videoclip con más nominaciones en esta edición de los Premios Lucas, presente en las categorías de alternativo-fusión, actuación —por Naomi Díaz—, dirección de arte, diseño de fotografía, edición, dirección y video del año.
El certamen, derivado del programa televisivo dirigido por el realizador Orlando Cruzata, en su edición 29 en este 2026, recibió 342 videoclips, previamente analizados en fructífero debate por los miembros del jurado, que preseleccionó a 251 para la nominación. Una vez más se reafirma como un espacio idóneo para impulsar la creación en esta rama del audiovisual, aún en circunstancias tan complejas como las que vive el país, de las cuales no están exentas los artistas ni los realizadores.
Con seis nominaciones (canción contemporánea, dirección de arte, diseño de fotografía, edición, dirección y video del año) encontramos Habana, dirigido por Felo para un tema de Raúl Paz. Igual número de candidaturas tiene Delirando, debut como realizador del autor del tema, Vicente Trigo, en canción contemporánea, ópera prima, trabajo coreográfico y diseño de fotografía, dirección y video del año.
Son y go, también dirigido por Felo, aspira al galardón en los apartados de música popular bailable, dirección de arte, edición, diseño de vestuario, producción y maquillaje y peluquería.
El realizador Freddy Loons compite en música urbana, reparto, trabajo coreográfico, dirección de arte, diseño de vestuario, producción y maquillaje y peluquería con Dándote tó.
El destacado cantante, bajista y productor musical Alain Pérez suma a las seis nominaciones de Son y go otras dos (música popular bailable y dirección de arte) por Reina de corazones, tema en colaboración con Luis Enrique, y clip dirigido por Alejandro Alguernes.
En video del año, y en otras categorías, encontramos a Silvio Rodríguez en colaboraciones con X Alfonso, en Sueño con serpientes, —clip dirigido por X Alfonso— y en Luciérnaga con Milo J, realizado por Teresa Carrill. También figura el cantautor en Déjame en paz, junto a Alejo Stivel.
Un total de 31 categorías resultarán premiadas este año, entre las cuales se incluyen por primera vez Mejor Video IA y Mejor Maquillaje y Peluquería, para reconocer de manera específica la realización audiovisual que incluya esta herramienta de manera parcial o completa y el talento de especialistas de estas disciplinas vinculadas a la Dirección de Arte, respectivamente.
También resulta una novedad en esta ocasión que el Premio de la Popularidad incluya por primera vez una lista de nominaciones sobre las que el público puede votar, y de esta manera se valora el conjunto de videoclips que durante todo el año han encabezado el Lucasnómetro, espacio televisivo y radial en el que cada semana se mide el impacto de los videos y temas musicales en diversas plataformas.
En la gala se informó que diez videoclips están nominados en esta categoría. Las votaciones del público a través de diversas vías como redes sociales, SMS y TransferMóvil elegirán al ganador.
Con cuatro candidaturas por cada videoclip (Intento volar y Poder), la joven artista revelación en esta edición Gretcheem Grey, sorprendió al jurado.
Si de directores ya nominados con frecuencia en ediciones pasadas se trata, encontramos que en este 2026 sobresalen con 17 y 15 candidaturas Felo y Freddy Loons, respectivamente, en títulos como Habana, Son y go, 1000 de aura, Negra, Promesa, Flores de papel, Dándote tó, Úsame, Fantasía, Cepillo y pasta, Amor verdadero y Ay, negri.
Nominados premios Lucas 2026
Mejor video música popular bailable
-Isaac Delgado // Mi regalo // Dir.: Lena Hernández y Alexander González
-Alain Pérez ft Luis Enrique // Reina de corazones // Dir.: Alejandro Albuernes
-Rafa Tena ft Alain Pérez // Son y go // Dir.: Felo
-Haila y Orquesta Sinfónica Nacional // Mi vida es cantar // Dir.: Charles Cabrera
-Alexander Abreu y Habana D´ Primera // Fantasía // Dir.: Freddy Loons
-Pedrito Martínez // El jicamo habló // Dr.: Julio Martínez y Adrián Martínez... (Cartel Estudio)
Mejor video música tradicional cubana
-Orquesta Faílde y Sonora Santanera // Arroz con mambo // Dr.: Pedro Pablo Cruz
-Carlos Paz ft Lindiana Murphy // La golondrina // Dr.: Ramiro Zardoya
-Sol y Son e invitados // Mi Santiago // Dr.: Rubén Aja
Mejor video canción
-Ana Irma Pereyó, Lea Cárdenas, Santa Massiel, Annie Garcés, Adriana Fajardo y Cuerdas del alma // Canción con todos // Dir.: Claudio Peláez Sordo
-Danilo París // Dormida // Dir.: Alejandro Albuernes
-Annie Garcés // Allá voy // Dir.: Anthony Bravo
-Osmany ft Gaby // No vale // Dir.: Henry García
Mejor video canción contemporánea
-Vicente Trigo // Delirando // Dir.: Vicente Trigo
-Raúl Paz // Habana // Dir.: Felo
-Jotabarrioz // Negra // Dir.: Felo
-X Alfonso ft Silvio Rodríguez // Sueño con serpientes // Dir.: X Alfonso
-Milo J ft Silvio Rodríguez //Luciérnaga // Dir.: Teresa Carrill
Mejor video música pop urbano
-Adryx // Taki // Dr.: Julio Martínez y Adrián Martínez ( Cartel Estudio)
-Diana Fuentes // No pasa nada // Dir.: Pop Crudo Records
-Melaine Santilier // Delincuente // Dir.: Claudia Cepero
-Melaine Santilier // Gataza // Dir.: Claudia Cepero
-Moni K // Llévame // Dir.: Jose Rojas
Mejor video música pop y pop rock
-Alejo Stivel ft Silvio Rodríguez // Déjame en paz // Dir.: ELSA
-Jotabarrioz //1000 de aura // Dir.: Felo
-Los locos tristes // Daría // Dir.:
-Buena Fe // Para no caer // Dir.: Claudio Peláez Sordo
-Gaby Herrera // Me voy // Dir.: Alejandro Pérez y Gaby Herrera
-Paris Pragger //Magazine girl // Dir.: Paris Pragger y David Rodriguez
Mejor video rock
-Bonus // A tiempo // Dir.: Víctor Vinueza
-Korachi Gibert // Sueños rotos // Dir.: Ernesto Fundora
-Osamu // I just want make love to you // Dir.: Ismar Rodríguez
Mejor video pop house electrónico
-Gretchenm Grey // Intento volar // Dir.: Grectchenm Grey
-Gretchenm Grey // Poder // Dir.: Grectchenm Grey
-Vichenzo // Welcom to Miami // Dir.:Pepe Salom
-Wampi // Necesitas ser feliz // Dir.:Mr. Sad 26
Mejor video música urbana hip hop
-Anthony Bravo ft Néstor Jiménez // Vino barato // Dir.: Anthony Bravo
-Hay que estar claro // Agua mala / Dir.: Henry García
-JP Venom ft Linye // Yessir // Dir.:Nandirectedit
-JP Venom // Mito // Dir.: Nandirectedit
-Zadkiel KBN // Verdad infinita // Dir.: Humberto Díaz
Mejor video música urbana reparto
-Bebeshito ft Dj Honda, Velito, el bufón // Úsame // Dir.: Freddy Loons
-Ya Ice Dilan, DJ Honda // Házmelo mujer // Dir.: Freddy Loons
-Melaine Santilier // Las repas no lloran // Dir.: Claudia Cepero
-Jarulay // Dándote tó // Dr.: Freddy Loons
-Yoe de Oro // El verdadero 13 // Dr.: Los Datway
Mejor video música tropical variada
-El Wuay del Paraguay // Bajo el sol // Dr.: Charles Cabrera
-Erick Kanya // Amor verdadero // Dr.: Freddy Loons
-Papushi // Te amé demasiado // Dr.: Papushi
-Lila Downs ft Alex Cuba // El jardín del placer // Dr.
: Antonio Roma
Mejor video alternativo-fusión
-Charlotte Colace // This feeling // Dir.: Ananda Siml
-EDKU // El tiempo cambió // Dir.: Claudio Peláez Sordo
-Ibeyi // Aset // Dir.: Corry Van Rhijn y Roman Pichon Herrera
-Pablo Barrera ft Jotabarrioz // Promesa // Dir.: Felo
-Pablo Barrera // Flores de papel // Dir.: Pablo Barrera y Raidel Diago
Mejor video música para niños
-Enid Rosales ft Liuba María Hevia// El trompo // Dir.: Lidia Morales
-Enid Rosales ft Marta Gómez // Aguacero, agua serás // Dir.: Yemeli Cruz y Adanoe Lima
-La colmenita // Me acosa el carapálida // Dir.: Claudia Alvariño y René Baños
Mejor video realizado en estudio
-Adrián Berazaín ft Abel Geronés // El breve espacio en que no estás // Dir.: Adrián Berazaín
-Orquesta Faílde ft Sonora Dinamita // Cumbia de los amigos // Dr.: Christopher Alva
-Cimafunk // Llora // Dr.: Alex Lay
Ópera prima
-Ramiro Zardoya por La golondrina //de Carlos Paz ft Lindiana Murphy
-Vicente Trigo por Delirando de Vicente Trigo
-Oscar Batista por Arroz con leche de Jownny
-Pablo Barrera y Raidel Diago por Tú me dirás de Pablo Barrera
Artista novel
-Cuarto tiempo // Pelo rizo // Dir.: Freddy Loons
-JP Venom // Mito // Dir.:Nandirectedit
-Adryx // Taki // Dir.: Julio Martínez y Adrián Martínez. (Cartel Estudio)
-Charlotte Colage // This feeling //Dir.: Ananda Siml
-Ya Ice Dilan // Házmelo mujer // Dir.: Freddy Loons
-Yoe de Oro // El verdadero 13 // Dir.: Los Datway
Mejor animación
-Zardoya por La golondrina de Carlos Paz ft Lindiana Murphy
-Lidia Morales por El trompo de Enid Rosales ft Liuba María Hevia
-Yemeli Cruz y Adanoe Lima por Aguacero, agua serás de Enid Rosales
-Dany de León por Magazine girl de Paris Pragger
Mejores efectos visuales
-Leandro Escalona por Intento volar de Gretchenm Grey
-Leandro Escalona por Poder Gretchenm Grey
-Henry García por Agua mala de Hay que estar claro
- Alejandro Albuernes por 1000 de aura de Jotabarrioz
-Nandirectedit por Yessir de JP Venom ft Linye
Mejor video IA
-Adrix //Taki // Dir.: Julio Martinez y Adrian Martinez (Cartel Estudio)
-Korachi Girbert // Sueños rotos // Dir.: Ernesto Fundora
-Alejo Stivel y Silvio Rodriguez // Déjame en paz // Dir.: ELSA
-Vchenzo // Welcome to Miami // Dir.: P epe Salom.
-X Alfonso y Silvio Rodriguez// Sueño con serpientes // Dir: X Alfonso
Mejor trabajo coreográfico
-Los Datway // Lo que le falta a La Habana // Intérprete: Eduardo Sandoval
-Liset Galego // Delirando // Intérprete: Vicente Trigo
-Claudia Molinet .Moli // Gataza // Intérprete: Melaine Santilier
-LDC // Toketeo // Intérprete: Bebeshito
-LDC// Dándote tó // Intérprete: Jarulay
-Los Datway //El verdadero 13 // Intérprete: Yoe de Oro
Mejor actuación
-Gretchenm Grey por Intento volar de Gretchenm Grey
-Belisa Cruz por No soy perfecta de Niwo
-Naomi Díaz por Aset de Ibeyi
-Grupo de muchachos del video Para no caer de Buena Fe
Mejor dirección de arte
-Gretchem Grey // Poder// Intérprete: Gretchenm Grey
-Alejandro Perez y Gaby Herrera // Me voy // Intérprete: Gaby Herrera
-Charles Cabrera // Mi vida es cantar // Intérprete: Hayla María Mompié
-Gabriela López // Habana // Intérprete: Raúl Paz
-Gabriela López // Son y go // Intérprete: Rafa Tena ft Alain Pérez
-Sarai Fiszel // Aset // Intérprete: Ibeyi
-Eva Cabrera // Dándote tó // Jarulay
Mejor fotografía
-Monty Kaplan y Patricio Crespo por Luciérnaga de Milo ft Silvio Rodríguez
-Claudia Cepero por Delincuente de Melaine Santilier
-Luis Armando Arteaga por Aset de Ibeyi
-David González por Habana de Raúl Paz
-Vicente Trigo por Delirando de Vicente Trigo
-Nandirectedit por Mito /de JP Venom
Mejor edición
-Leandro Escalona por Intento volar de Gretchenm Grey
-Mr Sad26 y Alejandro Guirola por Necesitas ser feliz de Wampi
-Felo por Son y go de Rafa Tena ft Alaín Pérez
-Nandirectedit po Mito de JP Venon
-Benoit Choquet por Aset de Ibeyi
-Felo por Habana de Raúl Paz
Mejor maquillaje y peluquería
-Joe Reyes Aguilar, Lázaro Ronaldo Maseda (*Joe y Ronny) por Dándote tó de Jarulay
-Joe Reyes Aguilar, Lázaro Ronaldo Maseda (*Joe y Ronny) por Úsame de Bebeshito ft Velito, el bufón
-Joe Reyes Aguilar, Lázaro Ronaldo Maseda (*Joe y Ronny)// Házmelo mujer de Ya Ice Dylan
-Yoyi por Cantar es mi vida de Hayla María Mompié
-Elianis, la china por Son y go de Rafa Tena ft Alaín Pérez
-Belisa Cruz por No soy perfecta de Niwo
Mejor diseño de vestuario
-Gretchenm Grey por Poder de Gretchenm Grey
-Freddy Loons por Úsame de Bebeshito ft Velito, el bufón
-Aurelio Cankum por Mi vida es cantar de Haila María Mompié
-Hannet Castillo por Dándote tó de Jarulay
-Karelia Silva por Son y go de Rafa Tena ft Alaín Pérez
-Hannet Castillo por Dame un aaa tita de Ya Ice Dylan ft Bebeshito
Making of
-Making of // En un solo día // Dir.: Rey Reyes
-Making of // Llévame // Moni K // Dir.:Jose Rojas
-Making of // Vengo // Mawell ft Alexnder Abreu // Dir.: Jorge Dolado
Mejor producción
- Liset Martin y Aelis Leyva por Me acosa el cara pálida de La colmenita
-Alexandra Shinaglia por Cepillo y pasta de Maykel Blanco y su Salsa Mayor
-Alex Aguerri y Pablo Saredo por Luciérnaga de Milo J ft Silvio Rodríguez
-Dryanni, Camilo Batista por Dándote tó de Jarulay
-Alexandra Shinaglia por Dame un aaa, tita de Ya Ice Dylan ft Bebeshito
-Gabriela López por Son y go de Rafa Tena ft Alaín Pérez
-Kathy Tamayo y Misdalia Rodríguez por Llévame de Monik
Mejor dirección
-X Alfonso por Sueño con serpientes de X Alfonso ft Silvio Rodríguez
-Corry Van Rhijn y Roman Pichon Herrera por Aset de Ibeyi
-Felo por Habana de Raúl Paz
-Vicente Trigo por Delirando de Vicente Trigo
-Claudia Cepero por Gataza de Melaine Santilier
Video del año
-X Alfonso ft Silvio Rodríguez // Sueño con serpientes // Dir: X Alfonso
-Raúl Paz // Habana // Dir: Felo
-Vicente Trigo // Delirando // Dir: Vicente Trigo
-Ibeyi // Aset // Dir: Corry Van Rhijn y Roman Pichon Herrera
-Milo J ft Silvio Rodríguez //Luciérnaga // Dir.: Teresa Carrill
Video más popular
-# 1. Charly & Johayron & Nick Jam // Magia // Dir.: Nandirectedit
-#2. Wisin ft Dany Ome & Kevincito El 13 // Extrañarte más // Dir.: Jessy TerreroAset, de las hermanas
-#3. Papushi //¿Dónde estás amor?// Dir.: Papushi
-#6. Ya Ice Dilan feat Jip Music Global & Dj Honda // Ay, negri // Dir.: Freddy Loons
-#7. Maikel Blanco y Salsa Mayor y // Cepillo y pasta // Dir.: Freddy Loons
-#13. Bebeshito // Fácil // Dir.: La Fórmula
-#16. Payaso x Ley ft Rowell Urban, Befocus Music & Ernesto Losa // Un tin // Dir.: Ale Velon y Kovak
-#17. Dale Pututi ft Nesty & Tito El Bambino // Los Despechaos // Dir .: Los Datway
-#21. Yuly y Habana C // Farándula // Dir. Rafe Águila
-24. Alexander Abreu y Havana D' Primera // Fantasía // Dir.: Freddy Loons
Silvio, un marino catalán y lo trascendente
"El público experimentaba un espacio de comunión en una era de salvajismo; vi gente que salía llorando de los conciertos y otros muchos (entre los que me incluyo) que ya veníamos llorados de dentro".
por Ariel Dacal Díaz
octubre 21, 2026
El icónico trovador Silvio Rodríguez en el Liceu de Barcelona, en el que repasó sus grandes éxitos y presentó temas de su último álbum, 'Quería saber', aparecido en 2024. Foto: EFE/Quique García
Padezco una hermosa y entrañable amistad (hermandad) con un capitán de barco catalán. Nos conocemos desde hace treinta años.
Ambos disfrutamos, también, de una fina admiración por la existencia y trascendencia de Silvio Rodríguez.
Francesc Oliveras Nolis —para mí, El Cata— es un hombre de una profundísima sensibilidad, privilegio que solo muestra a gente cercana, y no siempre.
En este último mes, El Cata compartió conmigo sus experiencias en los conciertos recientes de Silvio Rodríguez, desde Barcelona hasta Madrid.
El modo en que narraba sus vivencias me pareció de tal hondura y belleza que le pedí una suerte de “entrevista” para contarlo en esta columna.
Aquí queda la voz de sus historias, de sus sensaciones, de sus certezas en ese misterio que es elegir a Silvio.
Soy un fan bastante tardío de Silvio. En mi casa se escuchaban cantautores, preferentemente catalanes: Llach, Raimon, Maria del Mar Bonet… Así como en Cuba la dicotomía era entre los de Silvio y los de Pablito, en Cataluña era entre los de Llach y los de Serrat, y mis padres eran de los primeros.
Mi hermano me propuso ir a un concierto de Silvio a principios de los 90 en Barcelona, pero no lo acompañé porque lo conocía de refilón. De hecho, en 1996 estuve en la presentación en la Casa de las Américas del libro Canciones del mar, con los textos que escribió durante sus singladuras en el pesquero Playa Girón, y le pedí a Silvio que le dedicara el libro a mi hermano pequeño.
¡Y eso que yo soy marino mercante! ¡O sea, que lo escribió para la gente de mi gremio! El 96 y el 97 los pasé parasitando en Cuba, que es de las cosas más productivas que he hecho, y allí lo empecé a escuchar a fondo. Fue una época en que escuché a muchos trovadores, pero el paso y el poso del tiempo han hecho que mis gustos trovadictos se dividan en dos categorías: Silvio y los otros.
He ido a tres de los conciertos de esta gira. He repetido un poco por vicio y un poco por necesidad. En el primer concierto de Barcelona no sabía si podría llegar a tiempo: soy práctico de puerto y tenía la maniobra de un crucero en un pueblo (con mar) a 120 km de Barcelona, horas antes del concierto. Al final, la cosa fue rápida, llegué a tiempo y hasta me reubiqué sigilosamente en las primeras filas de platea, aprovechándome de las sobras del amor.
El 5 de septiembre fui a Zaragoza, que queda cerca de Barcelona; lo que me movió principalmente fue que, si se trataba de un adiós, fuera un adiós consciente. Al último, en Madrid, quise ir porque era la presunta despedida. Fue un poco caótico porque el día del viaje a Madrid, en Barcelona se anunció la posible entrada de un medicán (fenómeno meteorológico inédito aquí), o sea que la situación tenía evocaciones cubanas: se cancelaron muchos trenes. Pero al final se pudo llegar. Éramos bastantes los catalanes que fuimos a Madrid, ya que las entradas en Barcelona volaron en un santiamén.
El Liceu de Barcelona es acogedor e histórico. Silvio hubiera llenado más de cinco Liceus si hubiera querido. Es el teatro operístico de Barcelona, donde a finales del siglo XIX un anarquista lanzó una bomba a la platea, sabiendo que todos los que morirían eran burgueses… Y ahora Silvio nos cuenta allí mismo que la era está pariendo un corazón. Algo hemos ganado. En Madrid, la puesta en escena era de estrella de rock: pantallas gigantes, espacio inmenso. Y en Zaragoza, un intermedio y Zara gozando.
Más allá de las cuestiones anecdóticas y contables, estos conciertos de Silvio fueron espacios de tiempo que inducían a un estado meditativo: se mezclaba la introspección personal con un sentimiento que quiero creer que era colectivo. En la meditación, la repetición sutil de los mantras provoca que la mente se sumerja en un estado meditativo.
El hecho de repetir concierto y canciones tiene un efecto no idéntico, pero sí semejante al de la meditación. La experiencia se repite, pero no es igual y no sabes en qué momento la música te va a colmar o la emoción te va a desbordar. En un concierto puede ser una estrofa la que te mate y en otro concierto otros versos los que te rindan. He estado en otras giras de Silvio y no las viví de esta manera.
Diría más bien que Silvio era para mí un amigo íntimo que te hablaba al calor del hogar. Estos conciertos los he sentido de forma muy viva; puede que tenga algo que ver el momento personal de uno, pero por los comentarios que he oído tengo la percepción de que muchos lo sentimos igual.
Soy muy fan de Bruce Springsteen, lo sigo desde los 12 años y he ido a casi 60 conciertos suyos. Es un músico que se cuida mucho y da en cada concierto todo lo que puede dar un rockero de casi 80 años y un poco más. No deja decepcionado a ninguno de sus seguidores.
Sus giras también tienen una razón de ser: la última es una denuncia del trumpismo. La diferencia es que en un concierto de Bruce quiero que me toque los himnos que me marcaron y quiero recordar que de alguna manera todavía soy el niño que un día fui. Con Silvio la experiencia es más catártica; me convida a creerle cuando dice futuro.
Lo que más me impresionó de la gira de Silvio fue la calidad de los conciertos. Normalmente, los músicos decaen con el paso del tiempo. Los Rolling Stones tocan hoy el mismo repertorio que a finales de los 60. Los cantautores normalmente envejecen mejor que los rockeros, pero Silvio es un caso excepcional (objetivamente, seas o no seas fan): mantiene la voz, es exquisito en el tratamiento musical de sus canciones; cada canción que forma parte del repertorio está allí por algo (sea nueva, vieja o rejuvenecida).
La mayoría de los músicos de larga trayectoria dan a su público lo que quiere (los himnos) e intentan introducir alguno de sus nuevos temas para sentirse todavía creadores. Silvio va más allá, teje las nuevas canciones con las viejas, para que el todo tenga un sentido que trascienda las partes.
Y el resultado es el que es: el público experimentaba un espacio de comunión en una era de salvajismo; vi gente que salía llorando de los conciertos y otros muchos (entre los que me incluyo) que ya veníamos llorados de dentro. Toda regla tiene su excepción, pero mi impresión (no es que sea la persona más empática del mundo) es que tocó la fibra del público de forma general y apabullante.
Todo lo que dice y canta Silvio tiene una relevancia política. Pero, a excepción de la denuncia explícita del genocidio contra el pueblo palestino con la recitación del poema Halt! de Luis Rogelio Nogueras, los conciertos de Silvio son espacios donde cualquier persona con un mínimo de sensibilidad se puede sentir cómoda e interpelada. Lo que él defiende por encima de todo es una forma de ver el mundo.
Por supuesto que en todos los conciertos hubo gritos de apoyo a la revolución cubana y a Fidel, y en contra del bloqueo y el imperialismo yanqui, e incluso alguno gritó que también quería su AKM. Pero la experiencia vivida quedó muy lejos de ser un acto de propaganda; fue un acto de poesía que impregnó a los dichosos que anduvimos por allí.
Yo fui al último concierto de Serrat (que estuvo muy bien, al punto) y le dije adiós. Fui al último concierto de Sabina (a quien le pusieron el atrezo suficiente para que se pudiera despedir como Dios manda, aunque le faltara voz, físico y hasta algo de entendimiento) y le dije adiós.
Al de Silvio también iba principalmente para decirle adiós. Pero la impresión fue que Silvio nos vino a decir hola. Y si realmente nos dijo adiós, no hay mejor manera de decirlo; lo dijo a la manera en que lo hacen los grandes, como Allende en su último discurso radial desde La Moneda o el Martin Luther King de “I have a dream”.
El apagón que hizo reír a Silvio Rodríguez y una gira histórica: carta emocionada a un trovador
Diez conciertos por España dejaron imágenes que van más allá de los aplausos. Un libro y una serie de encuentros humanos inesperados conformaron un viaje difícil de olvidar
PorDaniel Mordzinski
21 Oct, 2026 08:18 a. m. ESP
Permitíme ser yo quien te dé hoy una canción: una canción en prosa, hecha de afecto y, sobre todo, de fotografías; seguro que no tienen el genio de tu rima, ni el timbre de tu voz, pero te aseguro que contienen toda la fuerza de la memoria y del corazón.
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La música encuentra siempre un resquicio para entrar en la vida de uno y volverse compañera indispensable de todo lo que sueñas, amas y sufres. He viajado a tu lado durante cinco semanas por ocho ciudades de España y diez conciertos; estas palabras que te escribo, todavía con el rumor de los aplausos y la emoción de la despedida, vienen de más atrás, de muy lejos. Un recuerdo antiguo y dulce me transporta a una Argentina que se debatía entre el miedo y la nada, en esos tiempos de carencias y de sueños, tus temas eran bálsamo y me aportaban un ancla de afecto, poesía y amor.
Ni en mis más osados sueños de juventud hubiera podido imaginar entonces que, con casi medio siglo de retratos literarios en mis pupilas, tendría la fortuna de hacer un libro, mano a mano, contigo.
La gira constó de cinco semanas por ocho ciudades de España y diez conciertos
Durante la gira, gracias a tu complicidad, presenté “Silvio Rodríguez, diario de un trovador”. Y hoy atesoro una colección, como retratos, de momentos inolvidables. La primera presentación fue en Cálamo, la maravillosa librería de Ana y Paco, en Zaragoza, junto a la gran Irene Vallejo. Me emociona recordar cuando te vi llegar, acompañado de Niurka y Malva; el público tardó unos segundos en asimilarlo.
Y, como si la noche quisiera añadir su propia anécdota, en mitad del acto se fue la luz. Hubo un instante de desconcierto, hasta que, entre risas, dijiste: “Ya me siento como en La Habana”. Y entonces, entre aplausos y carcajadas, continuamos la charla.
En Bilbao, tras la presentación, junto a Edurne Portela y José Ovejero, un muchacho de dieciséis años llamado Aner se acercó para pedirme que le dedicara el libro. Me contó que había trabajado duro durante todo el año para poder asistir a los conciertos de la gira. Al enterarte, quisiste conocerlo.
El escritor Aurelio Serrano me acompañó con maestría en la librería El Faro de Lola, en Murcia. Al día siguiente, después de la prueba de sonido, te retraté en una librería de libros usados. Apenas cruzamos la puerta ya no hubo manera de sacarte de allí. Posaste junto a María, la librera, y terminaste marchándote feliz, cargado con una pila de libros. En A Coruña, repetimos junto a José Edelstein, en la preciosa librería Conto Muito, de Esther. Y cómo olvidar Sevilla y la emotiva y generosa presentación que me regaló Fernando Iwasaki, en el Gallo Rojo, contando y cantando.
El azar me llevó hasta El Extranjero, una simpática librería sevillana, cuyo librero, Manuel, nos contó que era fan tuyo y tu música, la banda sonora de la librería.
La última presentación del libro fue en la mítica Alberti, de Madrid; junto a Lola Larumbe y siempre acompañado de Elisa. Juan Gabriel Vásquez terminó retratándome a mí con conmovedores palabras.
Silvio Rodríguez en Bilbao
La gira 2026 de Silvio Rodríguez por España queda grabada en un caleidoscopio de imágenes, pero sobre todo, es una fotografía de tu manera de ser y de estar, del hecho de que tus canciones logren tocar el alma de la gente y que seas un músico comprometido con las causas sociales sin abandonarte al rumor de la caja registradora y de los aduladores.
Hoy quiero escribirte un “Gracias” gigante por invitarme a este viaje, por permitirme trabajar a tu lado con total libertad creativa, junto a un grupo de músicos y técnicos virtuosos. Gracias Niurka, Malva, Jorgito, Rachid, Maykel, Jorge, Oliver, Olimpia, Frank, Enzo, Amin, Mirtha y Antonio.
Te doy una canción y de la luz sales tú, Silvio, en forma de talismán para quienes saben que la poesía, el amor y las utopías son armas cargadas de futuro.
Silvio del otro lado del Atlántico
En algunas de estas ciudades hacía diez años que el cantautor no subía a un escenario; en otras habían pasado tres lustros. Yo lo sigo desde acá, saltando de un lugar a otro a través de una pantalla.
septiembre 25, 2026
Aprendiz. Silvio Rodríguez, detrás del telón, antes de salir a los bises. Foto: Daniel Mordzinski.Desde mi casa en Buenos Aires, 5 horas a la zaga, sigo la gira española de Silvio Rodríguez. Voy poco a poco, de pedacito en pedacito, por cada parada, cada escenario en cada ciudad. Consulto el horario de las presentaciones, leo las notas de la prensa local —aunque en este océano digital apenas sobreviven mapas o fronteras—. Sigo tantas publicaciones en redes sociales que el algoritmo (ese dios) me devuelve, una tras otra, imágenes, videos y comentarios de cada concierto.
Si esto fuera poco, tengo el privilegio de repasar las fotografías de mi querido amigo y colega Daniel Mordzinski,
con la familiaridad que transmite quien deja una huella íntima. Daniel es un narrador excelso de cuanto ocurre delante y detrás del telón.
Celebro todo eso. Y, sobre todo, celebro que siga habiendo teatros, microestadios y hasta plazas de toros repletos de gente que escucha canciones. Miles de personas reunidas alrededor de unos versos, una guitarra, una melodía.
Basta detenerse en los microvideos en las redes sociales para entenderlo. Un señor mayor ni siquiera intenta esconder las lágrimas mientras canta. Un joven entona a voz en cuello una canción junto a quien, presumiblemente, es su padre. Una muchacha cierra los ojos, suspira, se deja llevar. Edades distintas, historias distintas, atravesadas durante unos minutos por los mismos versos.
Las escenas se repiten de ciudad en ciudad. Ocurrió en Barcelona, donde comenzó la gira el 1 de septiembre; después en Zaragoza, Bilbao, Valencia y A Coruña. Cambian los teatros, las plazas, las edades, incluso los acentos, pero abajo, entre el público, algo permanece.
El formato de la gira 2026: Silvio Rodríguez, voz principal y guitarra; Jorge Aragón, desde el piano, la orquestación y los arreglos; Niurka González, con la flauta y el clarinete; Jorge Reyes, en el contrabajo; Rachid López, en la guitarra; Maykel Elizarde, en el tres; Oliver Valdés, en la batería; Malva Rodríguez, entre teclados y coros. Foto: Daniel Mordzinski.
La gorra
Hay un detalle que se repite en cada concierto de Silvio desde hace años y que, sin proponérselo, se ha vuelto emblema: una gorra negra con la palabra “Aprendiz” sobre la visera. Se la obsequiaron tiempo atrás y tiene una gracia lúdica: las letras son intercambiables, se pueden desarmar y volver a montar para formar cualquier palabra. Entre todas las combinaciones posibles, Silvio Rodríguez eligió esa.
Al borde de los 80, con 6 décadas de canciones a la espalda, sigue llamándose aprendiz. En un oficio donde una trayectoria como la suya suele convertirse en pedestal, Silvio parece seguir mirando su obra como un terreno que aún puede revisar, desarmar y volver a armar. Un poco como su gorra.
Un bigote con historia
Esta vez hay, además, un bigote que no pasa inadvertido. Tiene su swing. Recuerda al de Pedrito Calvo, el de Los Van Van, en los 80, cuando cantaba aquel hitazo de “¿Y qué tú crees?” en Los pájaros tirándole a la escopeta, icónica comedia del cine cubano. Por cierto, en las primeras escenas de la película suena “Imaginada”, en la voz del propio Silvio acompañado por El Tren de la música cubana.
Pero la memoria, si uno la deja caminar, retrocede más. A finales de los 70, un Silvio casi treintañero llevaba un bigote parecido. Ese mostacho estaba de moda.
El trovador escribió en sus notas para Érase que se era —el disco doble que este 2026 cumple veinte años— que ese estilo de bigote, “a la Régis Debray”, el filósofo francés cuyo nombre quedó ligado a Cuba y a la guerrilla del Che, lo tuvo Eduardo Castañeda, amigo suyo, joven revolucionario que lo usó antes de Debray y el cantante de Los Van Van en La Habana.
Así que ese corte que ahora asoma bajo la gorra de aprendiz tiene su historia. Una pequeña genealogía que, tirando del hilo, termina trayendo al escenario a varios Silvios de otras épocas.
Un viaje sin nostalgia
Cuesta describir, incluso para quienes están in situ, lo que producen estas canciones en vivo; expresar la dimensión de que Silvio, en plenitud, pueda escoger entre cientos de composiciones propias y armar un programa que se recorre como un viaje de principio a fin. Sin demasiada parafernalia.
Canciones, básicamente.
Un universo que, verso a verso, melodía a melodía, ha construido desde que era casi un niño y que millones de personas terminaron haciendo suyo.
“La mayoría de mis canciones están basadas en experiencias personales”, ha dicho el cantautor más de una vez. Tal vez por ahí haya una pista. Nacieron de experiencias suyas y terminaron mezclándose con las experiencias de los demás. Uno las escucha y recuerda un amor, una pérdida, una ciudad, una época, una bronca, una esperanza. Es “el mundo Silvio”: un territorio enorme donde cada cual termina encontrando un rincón propio. “¡Vengan los buenos a comer de este helado gigaaaaaante!”, podríamos cantar.
Durante más de dos horas, una veintena de canciones va y viene por su larga carrera sin respetar demasiado la cronología. Más o menos, este viene siendo el repertorio: “Historia de las sillas”, “Ala de colibrí”, “Noche sin fin y mar”, “Sueño con serpientes”, “Virgen de Occidente”, “Viene la cosa”, “Nuestro después”, “En cuál de esos planetas”, “Me acosa el carapálida”, “Más porvenir”, “Adónde van”, “Eva”, “Quién fuera”, “Escaramujo”, “Pequeña serenata diurna”, “Canción del elegido”, “La era está pariendo un corazón”, “El necio”, “Venga la esperanza”, “Ojalá” y “Por quien merece amor”. Según la noche, entran y salen otros clásicos: “Te doy una canción”, “Rabo de nube”, “El reparador de sueños…”.
Lo interesante es cómo conviven. Una canción escrita hace cuarenta o cincuenta años puede aparecer al lado de otra reciente y la distancia entre ambas se acorta enseguida. El repertorio entero empieza a funcionar en presente.
Ahí está una de las razones de su vigencia. Son canciones llenas de amor y desamor, preguntas, certezas, dudas, hasta obsesiones. Algunas acompañaron momentos históricos muy precisos y después siguieron caminando. Y uno vuelve a ellas porque todavía encuentra algo que sirve para explicar lo que nos pasa y llamamos, por comodidad, vida cotidiana.
Concierto en el Roig Arena de Valencia. Foto: Daniel Mordzinski.Tres canciones. Tres piedras angulares
Me detengo en tres clásicos que Silvio ha incorporado a esta gira: “Historia de las sillas”, con la que —hasta donde alcanzo a seguir— abre cada presentación; “Me acosa el carapálida”, que aparece casi a mitad del programa; y “Por quien merece amor”.
Las tres nacieron en circunstancias muy concretas. Y escucharlas hoy produce cierto estremecimiento porque varias de aquellas preguntas siguen dando vueltas.
Si las tomáramos como puntos de anclaje, desde ellas podría contarse una parte del presente que vivimos —en Cuba, España o cualquier punto cardinal—: los obstáculos del camino, los poderosos empeñados una y otra vez en asfixiar a los desposeídos (Cuba, Palestina) y, frente a eso, el amor. El amor entendido de muchas maneras: solidaridad, refugio, compañía, resistencia.
Siempre he sostenido que “Por quien merece amor” es una especie de manifiesto de principios de Silvio, tanto o más, incluso, que “El necio”.
En Unicornio (1982) aparece “Por quien merece amor”. Silvio cuenta en las palabras que acompañan el disco que la escribió a fines de 1981, cuando Estados Unidos desplegaba maniobras navales alrededor de Cuba bajo el argumento de frenar un supuesto apoyo cubano a la lucha de liberación de El Salvador y, en general, a Centroamérica.
La canción entra de lleno en aquella discusión, pero lo hace desde otro lugar. Si esa solidaridad existía, parece preguntar, ¿qué sentimiento la movía?
Y ahí aparece el amor. Otra vez.
Martí, Wichy y una kufiya
En la misma cuerda aparece “Maestros ambulantes”, el ensayo de José Martí al que Silvio recurrió para abrir los conciertos de su gira anterior.
Desde aquella primera noche, en la escalinata de la Universidad de La Habana, hubo algo que me llamó la atención. Silvio tomó una de las frases martianas más repetidas —”Ser culto es el único modo de ser libre”— y leyó lo que seguía.
Martí decía, además, que en lo común de la naturaleza humana hace falta cierta prosperidad para poder ser bueno. Más adelante aparece otra de esas imágenes suyas capaces de meter un mundo en unas pocas palabras: las verdades fundamentales caben en el ala de un colibrí.
Y entonces Silvio canta “Ala de colibrí”.
La poesía vuelve a aparecer en otro momento del concierto. Silvio recita “Halt!”, de Luis Rogelio “Wichy” Nogueras, como gesto de solidaridad con Palestina. El poema termina con aquella imagen terrible del hedor del infierno y la imposibilidad de comprender cómo pudo olvidarse tan pronto.
Silvio termina de recitar. Su hija, la pianista Malva Rodríguez, se acerca. Le coloca una kufiya sobre los hombros.
La belleza, en familia
Hay un momento de la noche que merece un aparte.
Por única vez, Silvio deja la guitarra y camina hacia un costado del escenario. Allí lo esperan la flautista Niurka González y Malva. Los tres, en familia, interpretan “La belleza”, de Luis Eduardo Aute.
Niurka, Malva y Silvio interpretando “La belleza” en homenaje a Luis Eduardo Aute. Foto: Daniel Mordzinski.
Para buena parte del público, es uno de los momentos más emotivos del concierto. Imagino que para ellos tres la canción carga además con otra historia. Aute fue un hermano de la vida para Silvio, testigo y cómplice de la relación de amor entre él y Niurka, y una suerte de duende para Malva.
Verlos me devuelve a marzo de 2008, en La Habana. Durante una semana se celebró allí al Aute escritor, cineasta, pintor y cantautor. Recuerdo especialmente la inauguración de una retrospectiva de sus pinturas y esculturas psicodélicas en el Museo Nacional de Bellas Artes.
Entre toda aquella gente estaba Malva, que apenas levantaba un metro del piso. Secreteaba algo con Aute y se reían. Él le seguía el juego como un niño más y, durante un rato, parecía haberse olvidado de que era el protagonista de la velada.
“(…)
Reivindico el espejismo
de intentar ser uno mismo,
ese viaje hacia la nada
que consiste en la certeza
de encontrar en tu mirada
la belleza…”
Complicidad. Malva y Luis Eduardo Aute, 2008. Foto: Kaloian.
La épica de otra coda
Un concierto de Silvio es también la oportunidad de detenerse en la excelencia de los músicos que tiene alrededor, con muchos de los cuales trabaja desde principios de este siglo. Decir que lo “acompañan” siempre me ha parecido poco. La palabra les queda chica. Ellos participan en la construcción de las canciones y cada uno encuentra un espacio para decir algo con su instrumento.
Hay elementos de lo colectivo y también de lo familiar en esa manera de tocar. Y eso resulta coherente con Silvio y con una obra donde la palabra, los matices y la búsqueda permanente de la belleza han ocupado siempre un lugar central. Las individualidades dialogan. De esa conversación sale buena parte de lo que escuchamos sobre el escenario.
Jorge Aragón, desde el piano, la orquestación y los arreglos; Niurka González, con la flauta y el clarinete; Jorge Reyes, en el contrabajo; Rachid López, en la guitarra; Maykel Elizarde, en el tres; Oliver Valdés, en la batería; Malva Rodríguez, entre teclados y coros. Cada cual aporta lo suyo a esa arquitectura sonora y, entre todos, vuelven a meterse en canciones que llevan décadas sonando. Las estiran, las mueven de lugar, las renuevan. A veces las llevan bastante lejos de donde uno las recuerda.
“Me acosa el carapálida” y “Por quien merece amor” son dos buenos ejemplos. Vuelvo a ellas, ahora desde lo musical, porque son estrenos dentro del programa preparado para esta gira y, a mi juicio, están entre sus puntos más altos por el trabajo de orquestación y por lo que consigue la banda al interpretarlas.
Meterse con estos temas tiene sus riesgos. Son dos canciones instaladas con mucha fuerza en el imaginario “silviófilo”: por las letras, por las melodías y también por aquellas tremendas orquestaciones que Hilario Durán concibió junto a músicos de la orquesta de la EGREM. “Por quien merece amor” apareció en el LP Unicornio, publicado en 1982; “Me acosa el carapálida”, en el tercer volumen de Tríptico, de 1984.
Ahí está el desafío —y supongo que también la gracia— para Silvio, para Jorge Aragón y para estos músicos: agarrar canciones así, icónicas, y volver a entrarles.
La banda de Silvio en 2026 tiene un formato muy diferente, bastante más reducido que las formaciones con las que grabó ambas piezas a principios de los ochenta. Ahora aparecen además como protagonistas instrumentos que entonces no estaban, entre ellos el tres cubano. Aragón tuvo que pensar las canciones para los músicos que tiene delante y distribuir entre ellos elementos que hace cuatro décadas estaban en otras manos, otros instrumentos y una formación mucho mayor. El resultado termina siendo una orquestación propia, respetuosa de aquellas primeras versiones, pero construida para esta banda.
Jorge Aragón, desde el piano y los arreglos. Foto: Daniel Mordzinski.
En “Me acosa el carapálida”, por ejemplo, se toma aquel motivo de teclado de Hilario Durán y se reparte entre el piano, la flauta, el tres y el Fender Rhodes. Ese piano eléctrico, de sonido cálido, redondo y ligeramente metálico, aporta otro color. Para Malva, encargada de los teclados incluso, hay pasajes de cuerdas y hasta de Hammond B3, con ese timbre de órgano tan reconocible en la música popular.
Malva Rodríguez, entre teclados y coros. Foto: Daniel Mordzinski.
Ahí se empieza a entender “la cocina” de estas nuevas orquestaciones.
“La canción que más disfruto ahora mismo es ‘Por quien merece amor’. Está de bis y casi siempre terminamos con esa. ¡Muy fuerte cuando se hace! Recuerda el final: ‘Por quien merece… aaamooor’. Y ahí viene la melodía de la coda”, me cuenta emocionado el propio Jorgito desde el otro lado del Atlántico.
Y sí. Hay que escuchar esa coda. Pero vayamos desde el principio.
Entra Maykel punteando y empieza a zigzaguear entre el rasgueo leve de la guitarra de Silvio y los acordes de Rachid. El piano de Jorgito la abraza de principio a fin. Jorge Reyes sostiene desde abajo y Oliver Valdés administra la batería sin quemar cartuchos demasiado pronto. Malva frasea con los teclados y, sobre todo en la segunda parte, por momentos trae a la memoria los sintetizadores de aquella primera grabación.
La canción va creciendo. Cuando aquello finalmente explota, Oliver saca todo su arsenal.
Maykel Elizarde, en el tres, y Rachid López, en la guitarra. Foto: Daniel Mordzinski.
Oliver Valdés, en la batería. Foto: Daniel Mordzinski.
Enzo Estrada maneja la consola de sonido. Foto: Daniel Mordzinski.
Y después está otra versión de “Por quien merece amor” que llevo metida en la cabeza: la de aquel mítico concierto de Silvio en el Estadio Nacional de Chile, el 31 de marzo de 1990, ante unas 80 mil personas, acompañado por Irakere bajo la dirección musical de Chucho Valdés. La orquestación de este tema estuvo a cargo de Diego Valdés. Ahí resalta una línea de tres trompetas, dos saxofones, trombón y flauta. Todo desemboca en una coda que, después de escucharla durante tantos años, uno casi espera que aparezca cada vez que llega el final de la canción. Aquel concierto quedó registrado en Silvio Rodríguez en Chile, publicado por EGREM en Cuba en 1991.
En esta extraordinaria versión de 2026, cuando llega ese momento, aparece Niurka. Ella y su flauta contra el mundo. Tan tierna como vehemente, con esa mezcla de delicadeza tímbrica y fuerza interpretativa que hace que lo difícil, en sus manos, parezca fácil.
Se acabó la discusión.
La maestra se mete en ese espacio que uno tiene asociado a los metales y encuentra un camino propio. Lo importante, orquestalmente, es que su flauta no necesita imitar literalmente a los metales que uno recuerda de otras versiones. Ocupa parte de esa función —llevar hacia arriba la tensión melódica de la coda— con un material tímbrico completamente diferente. Frente al peso, el ataque y la masa que puede producir una sección de metales, la flauta tiene menos cuerpo, pero mucha movilidad y penetración en el registro agudo.
Niurka González, con la flauta y el clarinete. Foto: Daniel Mordzinski.
Quizás sea esa una de las claves de su enorme talento: viene de una formación clásica rigurosa y se mueve por la música popular con una naturalidad tremenda. Una canción escuchada tantas veces, devenida himno, todavía guardaba lugares por donde transitar.
Vi además un pequeño video grabado desde la primera fila durante el concierto de Zaragoza. En “Por quien merece amor”, Silvio se estremece con la entrada de la banda, gesticula y sonríe. La escena me llevó inmediatamente a aquel concierto con Irakere: Silvio, extasiado, girándose también para disfrutar de lo que estaba ocurriendo detrás de él. Son apenas unos segundos. A mí me bastan.
El “Por quien merece amor” de esta gira española termina levantando vuelo por otro lado. Tiene su propia épica.
Así que, señoras y señores: el que pida más es un goloso.
La banda y un ritual que se repite antes de salir a escena. Foto: Daniel Mordzinski.
Hay además una perlita para curiosos. El bajista de aquellas primeras grabaciones de estudio, tanto de “Me acosa el carapálida” como de “Por quien merece amor”, fue Jorge Narciso Reyes Hernández. Escúchenlo, sobre todo, en el epílogo de esta última, entre los violines, el sintetizador, la batería y la entrada de los metales. Sí, el mismo maestro Jorge Reyes que ahora, más de cuatro décadas después, está ahí sobre el escenario, con su carisma, pulsando las cuerdas del contrabajo.
Jorge Reyes, en el bajo. Foto: Daniel Mordzinski.
Las mismas canciones, otras orquestaciones que conservan la memoria de aquellas primeras versiones. Dar con estas analogías me encanta.
Algo parecido me pasa con “Óleo de mujer con sombrero”. Escucho aquella primera versión —prefiero llamarla así antes que “la original”— de 1978, en Al final de este viaje, y después pongo la grabación de 2015 de Amoríos. Disfruto las dos. Cada una tiene su vida, su tiempo, su respiración.
Creo que acaso entiendo mejor lo que hace Silvio desempolvando estas canciones, inquieto, buscando renovar la lista de temas gira tras gira, arropando sus temas una y otra vez con nuevos sonidos. Una buena canción nunca deja de moverse. Y puede volver a sorprender.
Y para contar con esa seguridad de los músicos sobre el escenario, hay otra parte de la banda que el público apenas ve. Cada músico necesita escuchar con precisión lo que está ocurriendo mientras toca. De esas referencias que llegan a sus monitores se ocupa Olimpia Calderón (con la asistencia de Frank Martínez). Hacia la sala, la responsabilidad cambia de manos: al fondo del recinto, rodeado de canales, faders, pantallas y señales, Enzo Estrada maneja la consola. Ellos son los alquimistas del sonido.
Olimpia Calderón y Frank Martínez en los controles de referencia. Foto: Daniel Mordzinski.
Qué dice la prensa
También he ido siguiendo el rastro que deja la gira en la prensa española. Y es curioso ver cómo cada ciudad termina encontrando sus propias palabras para contar, más o menos, lo que está pasando.
En Barcelona, La Vanguardia presentó a Silvio Rodríguez “entre el grito y los silencios”, mientras Público resumió la noche con una frase rotunda: “La lucha no para”. La agencia EFE lo llamó “tótem de la canción” y abrió su cable con una frase que me guardé: “Pocos cantautores han escrito versos más bellamente revolucionarios y estrofas tan subversivamente tiernas como Silvio Rodríguez”.
Zaragoza tuvo las suyas. Heraldo de Aragón habló del “eterno trovador cubano” y Cancioneros, una de las principales webs dedicadas a la canción de autor hispana, lo definió como “artista incombustible”.
En Bilbao apareció uno de esos titulares que dan ganas de felicitar al que lo escribió. El Correo tituló: “Silvio no encuentra aún su unicornio, pero revoluciona los “corasones”. Y Naiz encontró otra imagen hermosa: “La guerrilla sentimental de Silvio Rodríguez”.
Después vino Galicia. Más de siete mil personas en el Coliseum de A Coruña y titulares que hablaban del “sonido de los recuerdos y la libertad”, de “voz impecable, destreza instrumental y compromiso social en plena forma”.
Cada publicación entra por un lugar diferente y termina tropezando, de una manera u otra, con la misma pregunta que me acompaña mientras escribo esta crónica a la distancia: ¿cómo unas canciones que llevan décadas rodando pueden seguir sonando tan metidas en el presente?
Equipazo. Foto: Daniel Mordzinski.Muy cerca, en la distancia
Del otro lado del Atlántico, cierro esta crónica mientras la gira sigue andando.
En algunas de estas ciudades hacía diez años que Silvio no subía a un escenario; en otras habían pasado tres lustros. Yo lo sigo desde acá, saltando de un lugar a otro a través de una pantalla: un video de treinta segundos que alguien sube a Instagram, la crónica de un diario, una foto, un titular, un señor llorando mientras canta, una chica emocionada, la sorpresa bienvenida de orquestaciones de algunos temas… Y las canciones en el medio de todo.
Quizás desde tan lejos sea difícil medir la dimensión de lo que está pasando. Así que sigo haciendo lo mismo que al principio: juntando pedacitos. Y atesorándolos para mi deleite y la historia.
Final del concierto en Bilbao. Foto: Daniel Mordzinski.
"No sólo publicar lo que está de moda”: llega libro con los 50 años de Alerce, el sello de la otra música.
De Silvio Rodríguez y el Canto Nuevo a Congreso, Fulano y Los Tres, la discográfica construyó una identidad propia en la música chilena. El periodista David Ponce recorre esa historia en un libro que reúne 174 entrevistas, fotos inéditas y rescata episodios poco conocidos de su trayectoria. Como el día en que la familia rechazó una millonaria oferta para vender la discográfica.

Era una presencia tan intimidante como insólita. Hacia la segunda mitad de los setenta, en las oficinas de la discográfica Alerce, en el centro de Santiago, era habitual la presencia de agentes de la CNI. Uno de ellos se atrevió a presentarse y conoció al fundador del sello, Ricardo Garcia y su socio, el músico y gestor Carlos Necochea. Con ellos cruzaba la calle para ir a tomarse unas vainas e incluso se llevaba -sin pagar- discos del sello para venderlos por su cuenta. Eran tiempos en que la música de raíz estaba en la mira de la dictadura de Pinochet y dedicarle energías rayaba en la temeridad. “Los CNI estaban ahí permanentemente”, recuerda Viviana Larrea, la hija del fundador y actual directora del sello. “Ellos se transformaron en una parte más de lo que había que hacer todos los días, había que pasar por el lado de estas personas y todo lo que significó, desde el principio, el trabajo lleno de temor pero al mismo tiempo, de una gran valentía”.
Alerce, el sello de “la otra música” apareció en 1976. El mismo año en que se inició la Vicaría de la Solidaridad, comenzaba a circular un billete de 100 pesos y en Washington era asesinado el excanciller Orlando Letelier. La disquera surgió desde el impulso de Ricardo García (el seudónimo de Juan Osvaldo Larrea García), un hombre que acumulaba larga trayectoria como discjockey y personalidad de radio que se había ganado un nombre por derecho propio. Pero fue la obra que marcó su vida hasta su muerte en 1990.
El medio siglo de existencia se marca con una revisión a si historia con el libro Alerce, cinco décadas de música popular chilena, de la autoría del periodista musical David Ponce. Un trabajo acucioso que recorre la historia del sello en voces de protagonistas de la época y una exhaustiva revisión a los archivos de prensa y los de la propia discográfica. El trabajo gráfico es sobrio pero destaca el color de los artes y las notables fotos -muchas inéditas- tomadas de los lentes de Claudio Mateluna, Antonio Larrea, Juan Carlos Berteló y Miguel Opazo. Además, para el autor significa una aventura que también conecta con el de una generación. “Alerce primero lo experimenté como auditor, o sea, yo siendo niño y joven compré y escuché discos de Alerce partiendo por Silvio Rodríguez, a fines de los 70, comienzos de los 80, El Canto Nuevo, que es súper importante como movimiento”.

En realidad, el impulso inicial era celebrar los 40 años, en 2016. Así Ponce comenzó a trabajar en las primeras entrevistas y visitas periódicas al archivo. Pero el tiempo mantuvo su marcha inexorable y el autor pronto notó que acumulaba mucho material. Entonces tomó cuerpo la perspectiva de estirarlo para coincidir para la celebración del medio siglo. “A medida que avanzamos nos dimos cuenta que quedaba algún tiempo para que se cumplieran los 50 años en el 2026, así que finalmente cuadró para que lo termináramos este año y ya lo presentáramos. Fue tomando tiempo porque es un proceso que duró harto porque un libro así no se puede hacer en poco tiempo. Y creo que este es el momento en el cual este libro tenía que salir”, dice el autor. En total realizó la friolera de 174 entrevistas, incluyendo a personajes que alcanzaron a dar su testimonio antes de fallecer, como Patricio Manns, Julio Zegers y Claudio “Pájaro” Araya. “Me parece que eso es un gesto que restituye memoria”.
Los primeros capítulos ofrecen un acabado perfil de Ricardo García el fundador del sello. Un poco para marcar su lugar en la historia, pero también para dar cuenta de que incluso antes de levantar Alerce, ya era una persona muy relevante en el ámbito cultural chileno; fue conductor del popular programa Discomanía, como heredero de Raúl Matas, además de gestor e impulsor de la Nueva Canción Chilena, movimiento cuyo nombre se le atribuye a él. En el libro es recordado por una serie de personalidades como Miguel Davagnino, Sergio “Pirincho” Cárcamo, Jorge Coulon, Horacio Salinas, entre muchos otros. “Este libro es también una suerte de homenaje a él”, dice Viviana Larrea. “Es algo que no se ha hecho, su figura está como muy borrada de la memoria, entonces creo que este libro también se constituye como en una apertura de conocimiento de su figura para muchas personas, algo absolutamente necesario”.
No solo García tiene su espacio. El libro también traza a sus aliados en la gesta de Alerce, como el músico y gestor Carlos Necochea. “Él fue el primer compañero de ruta de Ricardo García en la creación del sello, fue el primer director artístico. Ricardo García era el director general y Necochea era el director artístico encargado del repertorio, de generar las grabaciones”, explica Ponce. “Y en ese sentido, Necochea tiene un rol súper importante porque él había sido protagonista de la nueva Nueva Canción Chilena, como integrante de Los Curacas, entonces él representa este eslabón entre Alerce con la época de fines de los sesenta, el sello Dicap, la época de la Unidad Popular”.
La investigación de Ponce también presenta a otros personajes más recónditos, pero muy importantes para la historia de Alerce, como el gestor cultural Guillermo Haschke, quien estaba avecindado en Francia y fue clave para vincular al sello con los músicos que estaban en el exilio y a su vez, para abrir espacios para artistas locales que viajaban a Europa. Su testimonio está en el libro, gracias a los oficios de Viviana Larrea. “Guillermo Haschke fue un gran amigo de mi padre”, dice la actual directora del sello. “Un hombre súper cercano a la historia de Alerce, él era un ingeniero que se dedicaba a la aeronáutica, pero siempre estuvo muy vinculado a la cultura y con él comienza este intercambio de posibilidades de encuentro de Ricardo García con los músicos del exilio. Y Guillermo además hizo algo muy interesante que fue conseguir el Teatro Olympia de París para llevar algunos músicos de Chile, incluso llevó a Lucho Barrios, porque él era como medio bohemio y le gustaba el bolero. Se graba ahí un disco y luego se publica por Alerce, Lucho Barrios en el Olympia de París”.
El libro recorre la historia del sello en toda su amplitud. Asociado a la música popular y a movimientos como el Canto Nuevo, también tuvo una profusa producción de música para las infancias e incluso pensado para los colegios. En efecto, el disco Rondas Infantiles (1979), grabado por un coro de niños y niñas del Colegio Latinoamericano de Integración, es uno de los títulos más vendidos en la historia de Alerce. “Se hicieron muchos discos de música para niños y también se hicieron muchos discos que se llaman Folclore en mi Escuela, justamente para colegios”, apunta Viviana Larrea. “En esa época en que se hicieron esos discos, los niños en los colegios bailaban folclor chileno, no reggaetón. Son discos hermosos, discos que tienen una función didáctica pensadas para los niños”.

Además de música para los niños y artistas vinculados al Canto Nuevo -un movimiento que tiene mucha presencia en el libro-, Alerce tuvo una apertura hacia el rock, que le permite exhibir un catálogo robusto con el espesor de nombres como Congreso, Fulano, De Kiruza, Los Tres y hasta Jorge González (con el notable Mi Destino: confesiones de una estrella del rock). Es decir, a entender del autor, una arista que dice mucho del sello. “Incluso antes de que Viviana asumiera la dirección del sello en los años 90, Alerce empezó a grabar rock a fines de los años 80”, dice. “Y es interesantísimo ver cuál fue la postura de Alerce respecto de eso, porque era justamente la época en que estaba de moda lo que se llamaba el rock latino, grupos como Soda Stereo, Los Enanitos Verdes, en Chile Los Prisioneros. Alerce tuvo una postura siempre fiel a sí misma de tomar esa música pero desde otros bordes”. Por ello su primer disco de rock fue el único álbum de Corazón Rebelde, banda formada por jóvenes hijos de chilenos en el exilio a imagen y semejanza de The Clash. “Alerce tuvo siempre, en toda su historia, una mirada de qué es lo que queremos publicar. No simplemente publicar lo que está de moda, no solamente buscar una especie de Soda Stereo como para replicar eso, sino al revés. incluso como ir a contrapelo de lo que está de moda y poner música más alternativa, pero uno agradece que ese repertorio que tiene a Fulano, el primer disco de Los Tres, a Jorge González”.
El libro propone una mirada larga cruzando desde los años noventa hacia el siglo XXI e incluso hasta nuestros días. En los bullentes años de la transición, cuando las multinacionales eran los grandes controladores de la industria, movieron ofertas para comprar Alerce. Es una de las historias poco conocidas que rescata el libro. “Hubo una oferta de 1 millón de dólares”, recuerda Viviana Larrea. “Fue BMG, después vino EMI, pero esa no avanzó tanto como la BMG que avanzó bastante. Por supuesto que es un un momento como de un sismo que se produce ahí, porque la oferta era muy importante. Pero por otro lado aparece lo emocional y el deseo de continuar el trabajo que había iniciado mi padre, poniendo tanta fe, tanta confianza, tanta valentía en que lo que hacemos es importante y que había que hacerlo. Entonces, ahí hubo una discusión. Después, mi mamá decía, pero piénsalo bien, porque yo era la que ponía más obstáculos a la venta. Piénsalo bien. Y yo le dije, mamá, no tengo nada que pensar. Y mi mamá me dijo: prefiero a mi hija que el millón de dólares”.
Esa historia de alguna forma ilustra el firme credo de Alerce en mantener en activo esa mirada muy particular de la industria musical. Por eso el libro llega hasta hoy, para dar cuenta que todavía trabajan con artistas. “Eso es súper importante decirlo, porque hay como una especie de idea de que Alerce ya no estamos trabajando o que esto es lo que hicimos. Pero no, nosotros estamos trabajando con grupos nuevos, estamos trabajando con gente que propone otras cosas, otros estilos. Y estamos trabajando con muchos artistas jóvenes fundamentalmente a través de plataformas, porque son escasas las situaciones en que hacemos discos nuevos en formatos físicos. Por eso, para mí, este libro es fundamental para nosotros. Ahí está nuestra historia, ahí está toda la memoria, está todo lo que sucedió, de hoy hacia atrás. Entonces tenemos la oportunidad de que David siga escribiendo la historia de sello Alerce, porque continúa.









