sábado, octubre 03, 2026

Pedro pastor telonero del concierto en Madrid

 


La solidaridad con Cuba vuelve a las calles de Murcia antes del concierto de Silvio Rodríguez

La concentración del Movimiento de Solidaridad con Cuba denunció el bloqueo estadounidense y reivindicó la soberanía de la isla en un momento marcado por la grave crisis energética y el endurecimiento del cerco contra Cuba.

La solidaridad con Cuba volvió este jueves a las calles de Murcia. Antes de que Silvio Rodríguez subiera al escenario de la plaza de toros, las inmediaciones del recinto acogieron una concentración convocada por el Movimiento de Solidaridad con Cuba en la Región de Murcia para denunciar el bloqueo de Estados Unidos y defender al pueblo cubano frente a la ofensiva económica y política contra la isla.

Durante el momento de mayor afluencia, alrededor de un centenar de personas participaron en la movilización, que estuvo acompañada de banderas cubanas y consignas de apoyo a la Revolución. El lema elegido resumía el carácter de la convocatoria: «Con Cuba y su Revolución, ahora y siempre».

La concentración se produce en un momento especialmente duro para la población cubana. La isla atraviesa una grave crisis energética, agravada durante este año por las restricciones estadounidenses al suministro de petróleo. Los apagones se han convertido en una realidad cotidiana y en septiembre Cuba sufrió un nuevo colapso general de su sistema eléctrico que dejó al país a oscuras durante más de 30 horas. La propia empresa eléctrica cubana señaló entonces que la recuperación se veía dificultada por la falta de combustible para la generación termoeléctrica.

La crisis energética no se queda en la falta de electricidad. Los cortes afectan al transporte, al bombeo y suministro de agua, a la conservación de alimentos, a la actividad industrial y agrícola y al funcionamiento de servicios esenciales. En La Habana, los apagones han llegado a superar las 20 horas consecutivas en determinados momentos.

Para el movimiento de solidaridad, esta situación no puede entenderse al margen del bloqueo estadounidense. La Administración Trump ha endurecido durante 2026 la presión económica sobre Cuba y ha utilizado el acceso al combustible como una herramienta de presión política. El propio Donald Trump ha reconocido públicamente la existencia de un bloqueo petrolero estadounidense que ha agravado la escasez de combustible de la isla, mientras su Administración continúa reclamando cambios políticos en Cuba.

Desde la Asociación de Amistad con Cuba «Miguel Hernández» de Alicante, presentes en la concentración, denuncian que «Cuba está sufriendo un bloqueo total por parte de EE.UU.» y califican la actual política de Washington como un intento de «rendir al pueblo cubano por hambre, carencias de todo tipo y desesperación». La asociación sostiene que el objetivo no es únicamente dificultar el comercio exterior, sino hacer recaer sobre la población las consecuencias de una política de asfixia económica.

La organización alicantina ha puesto además en marcha una campaña de solidaridad material bajo el lema «Energía para Cuba». Según la información publicada por la propia asociación, ya ha adquirido ocho kits fotovoltaicos de cinco kilovatios destinados a consultorios médicos de familia del municipio de Guamá, en Santiago de Cuba, y prepara el envío de un contenedor de 40 pies con material sanitario, medicamentos, ropa de cama, bicicletas y otros suministros.

El proyecto contempla también el envío de un sistema fotovoltaico de 16 kilovatios al Instituto Nacional de Angiología y Cirugía Vascular de La Habana, con el objetivo de garantizar el suministro eléctrico de los quirófanos cuando se producen cortes de corriente. La asociación calcula que el material tiene un coste aproximado de 14.500 euros y que el transporte del contenedor puede superar los 10.000 euros debido, entre otras dificultades, a las restricciones que encuentran las empresas que operan con Cuba.

La organización denuncia que más de 7.000 contenedores con mercancías destinadas a Cuba permanecen abandonados en Jamaica y otros puertos del Caribe después de que empresas navieras hayan rechazado transportarlos hasta la isla. Se trata, según explica la asociación, de una de las consecuencias menos visibles del bloqueo: incluso cuando organizaciones solidarias consiguen reunir medicamentos, material sanitario u otros productos, hacerlos llegar a Cuba se convierte en una nueva batalla.

«El bloqueo golpea de lleno a la solidaridad», denuncia la asociación, que ha lanzado un llamamiento para completar los fondos necesarios para hacer posible el próximo envío. Su campaña pretende convertir la solidaridad política en ayuda material ante una situación energética que está afectando directamente a hospitales y otros servicios esenciales.

La concentración de Murcia se inscribe precisamente en esa tradición de solidaridad internacionalista. No fue únicamente una convocatoria vinculada a la presencia de Silvio Rodríguez en la ciudad. El concierto sirvió como punto de encuentro, pero fuera de la plaza de toros el mensaje fue político: denunciar el bloqueo, defender la soberanía cubana y reclamar el fin de las medidas de presión que, según los colectivos solidarios, están trasladando el coste de la confrontación política directamente a la población.

Mientras el público comenzaba a entrar para asistir al concierto del trovador cubano, las banderas de Cuba ocupaban la calle. La movilización recordó que detrás de la música y de la figura de Silvio Rodríguez existe también una historia de resistencia, solidaridad y defensa de la soberanía de un pueblo sometido desde hace décadas a las políticas de presión de la principal potencia imperialista.

Desde Murcia, el movimiento de solidaridad volvió a lanzar un mensaje claro: frente al bloqueo, solidaridad; frente al aislamiento, internacionalismo; frente a la injerencia, soberanía.

Daniel Mordzinski desvela en Murcia las historias detrás de sus fotografías de Silvio Rodríguez:

 «Lo que es muy importante como fotógrafo es sentir que no me tengo que autocensurar»

El fotógrafo argentino presentó este martes en la librería El Faro de Lola ‘Silvio Rodríguez. Diario de un trovador’, un libro construido durante años de giras, encuentros y momentos compartidos con el cantautor cubano, a solo dos días de su concierto en la Plaza de Toros de Murcia.

La historia de Daniel Mordzinski con Silvio Rodríguez empezó mucho antes de que ambos se conocieran. Empezó en París, en un pequeño piso sin ascensor, con un cassette de Memorex que un amigo dominicano le regaló por su cumpleaños. Aquel recuerdo, contado ayer martes en la librería El Faro de Lola de Murcia, sirvió para abrir una conversación que fue mucho más allá de un libro de fotografías.

Mordzinski presentó junto a Aurelio Serrano ‘Silvio Rodríguez. Diario de un trovador’, una obra que recoge años de encuentros, viajes, conciertos y momentos compartidos con el músico cubano. La presentación tuvo lugar apenas dos días antes del concierto que Silvio Rodríguez ofrecerá este jueves en la Plaza de Toros de Murcia.

«Una de las magias de los temas de Silvio es que se aman a primera vista», explicó el fotógrafo al recordar aquel primer contacto con sus canciones. Desde entonces, dijo, algunas de ellas han viajado con él durante décadas.

Las escucho por primera vez y las hago mías y las termino tarareando», contó Mordzinski, que recordó especialmente una actuación en el Teatro Martí de La Habana en la que escuchó por primera vez ‘Noche sin fin y mar’. «Dije: “No puede ser”. Y desde entonces cruza mares y viaja conmigo ahí donde voy».

Un ‘no’ de Silvio que terminó en una historia de años

Uno de los momentos más celebrados de la presentación fue el relato de cómo consiguió realizar el primer retrato de Silvio Rodríguez.

Ocurrió hace unos 14 años, durante una feria del libro en Santo Domingo. Mordzinski tenía una exposición de retratos de escritores y Silvio actuaba en el marco de la feria. El fotógrafo decidió intentar llegar hasta su camerino.

«Con lo travieso que soy, rápidamente identifico la entrada de artistas, colada real», relató entre risas. Consiguió llegar hasta la puerta, pero allí le frenaron.

Cuando finalmente logró hablar con Silvio, se presentó y le dijo que quería fotografiarlo. La respuesta fue un «no, gracias».

Mordzinski llevaba entonces tres décadas retratando escritores y aseguró que nunca nadie le había rechazado una fotografía. «Me daba mucha bronca que el primero fuera un poeta de la música», recordó.

Pero no se marchó sin intentarlo una segunda vez. «Disculpa, qué mal momento elegí. Muy torpe lo mío, pero antes de ir a sentarme y disfrutar del concierto quería decirte que soy 50% argentino, 50% francés y 100% cubano».

Público asistente a la presentación de ‘Silvio Rodríguez. Diario de un trovador’, con Daniel Mordzinski y Aurelio Serrano, en la librería El Faro de Lola de Murcia | Dominic D. Skerrett.

La respuesta de Silvio cambió completamente la escena: «Te espero mañana a las 9:30 en el hotel».

Para Mordzinski, aquella experiencia resume una forma de entender su oficio: «Es también una lección de aferrarte cuando quieres algo».

De Borges y Cortázar a Silvio

La conversación recorrió también los comienzos profesionales de Mordzinski como fotógrafo y algunos de los encuentros que marcaron su trayectoria.

Con 18 años, en plena dictadura militar argentina, participó en el rodaje de un documental sobre Jorge Luis Borges. Allí, casi de manera accidental, acabó realizando uno de sus primeros retratos del escritor.

Mordzinski recordó especialmente una pregunta que Borges le hizo cuando le explicó que quería fotografiarlo: «¿Y por qué me quieres fotografiar, Daniel?».

«Porque he leído algunos cuentos suyos y me dan ganas de llevarme un pedacito de usted a mi casa», le respondió.

Aquel encuentro le dejó una enseñanza que, décadas después, sigue reivindicando: «La humildad es un rasgo muy importante de todo creador y de todo ser humano».

También recordó cómo, ya instalado en París, buscó en la guía telefónica el número de Julio Cortázar y se atrevió a llamarlo para invitarlo a la inauguración de su primera exposición.

«Nunca hice nada. En realidad no soy nadie, pero mañana inauguro la primera exposición de mi vida y sería el pibe más feliz del mundo si pudieras acompañarme», le dejó dicho en el contestador.

Cortázar apareció al día siguiente. «Esta anécdota habla mucho más del gran cronopio que de mí. Habla de su generosidad», explicó.

«No hay un método»

Aurelio Serrano preguntó a Mordzinski por el llamado ‘método Fotinski’, una manera de trabajar con escritores y artistas que parte de conocerlos, leerlos y buscar una relación de confianza antes de disparar la cámara. La respuesta del fotógrafo fue clara: «Sinceramente, no hay un método».

«Lo que hay es una manera de aferrarse a los deseos, a lo que crees», señaló.

Daniel Mordzinski y Aurelio Serrano, durante la conversación mantenida ante el público de El Faro de Lola | Dominic D. Skerrett.

Para Mordzinski, la preparación está en leer y conocer a la persona que va a retratar, pero el momento de la fotografía pertenece a la improvisación. «Me preparo muchísimo en el sentido de que leo mucho, pero a la hora del encuentro improviso, improviso rabiosamente».

En ese aprendizaje también tiene un peso importante el periodismo. «Me siento deudor del periodismo, del buen periodismo», afirmó.

De esa profesión aprendió, entre otras cosas, a entrar en un lugar y observarlo rápidamente: «¿Dónde están las ventanas? ¿De dónde viene la luz? ¿Cuál es el rincón que tiene mayor potencial visual?».

Pero también aprendió algo que considera fundamental: «No dejarme intimidar ni por un Premio Nobel, ni por un deportista Balón de Oro, ni por un señorito con corona».

Entrar en la casa de Silvio

Una de las partes más personales del encuentro llegó al hablar del trabajo realizado para el libro. Mordzinski contó que, cuando comenzó a preparar el proyecto en La Habana, pidió algo aparentemente sencillo: entrar en casa de Silvio Rodríguez.

Niurka González le explicó entonces que ningún fotógrafo profesional había entrado antes en su vivienda.

«Claro, porque me estaban esperando», respondió Mordzinski entre risas.

La confianza construida durante años permitió que el fotógrafo pudiera alejarse del retrato convencional y buscar momentos cotidianos.

«Me fascina la total libertad creativa con la cual me ha dejado trabajar Silvio», afirmó.

Esa libertad también está presente en las numerosas «travesuras visuales» que Mordzinski ha realizado durante la gira. «Siempre respetuosas», matizó.

Para el fotógrafo, la confianza es precisamente lo que permite que una fotografía funcione.

«Lo que es muy importante como fotógrafo es sentirme que no me tengo que autocensurar», explicó.

Silvio, su familia y una gira convertida en familia

Mordzinski habló también del equipo que acompaña al trovador cubano y de la relación que mantiene con sus músicos y técnicos.

«Es una familia, un grupo muy unido en lo musical, en lo emocional y en lo afectivo», señaló.

Entre ellos destacó especialmente a Niurka González y a Malva Rodríguez, hija de Silvio, que participa en la gira.

El fotógrafo recordó además el concierto celebrado en las escalinatas de la Universidad de La Habana, ante un público muy joven que cantaba las canciones de Silvio de principio a fin.

«Era un público jovencísimo que se sabía todas las letras de memoria y cantaba a coro con Silvio», relató.

También habló de su visita a San Antonio de los Baños, lugar de nacimiento del músico, y de cómo incluso allí volvió a producirse una de las situaciones que ya se han convertido en una constante de su relación: que alguien lo confundiera con el propio Silvio.

Una canción para cerrar la noche

La presentación terminó con una pequeña actuación musical del dúo murciano Carey, que interpretó la canción de ‘Quien fuera’ Silvio Rodríguez ante el público de El Faro de Lola.

La música sirvió como cierre para una tarde en la que las fotografías quedaron en un segundo plano para dejar paso a las historias que hay detrás de ellas: los encuentros, los viajes, las casualidades, la amistad y una relación profesional que con los años se ha convertido también en una relación de confianza.

«Las canciones de Silvio han sido tan importantes en mi vida que lo que me han dicho de él es: yo quiero formar parte de este maravilloso momento que nos toca vivir», resumió Mordzinski.

Y ese «maravilloso momento» tendrá este jueves una nueva parada en Murcia, cuando Silvio Rodríguez llegue a la Plaza de Toros de la ciudad. Dos días antes, en El Faro de Lola, el público pudo conocer algunas de las historias que hay detrás del hombre y del artista que aparecerán sobre ese escenario.



Las palabras infinitas de Silvio Rodríguez

 El mítico artista cubano ofreció en la plaza de toros de Murcia un concierto a la altura de su extraordinaria trayectoria



Silvio Rodríguez, este jueves, en Murcia.
 Javier Carrión / AGM


Alberto Frutos

Cartagena

02/10/2026 Actualizado a las 07:20h.

La palabra. Tan poderosa y terrenal. Tan liviana y furiosa. Tan propia y universal. Tan callejera y nocturna. Tan de nieve y tan de sal. Tan penetrante y acogedora. Tan revolucionaria y tradicional. La palabra. Tan sedosa e hiriente. Tan desnuda y adornada. Tan sanadora y escurridiza. Tan frágil e indestructible. Tan rigurosa e impertinente. Tan linda y embrutecida. La palabra inmensa que todo (y a todos) desborda, que se apodera del lugar para ser así silencio y mirada asombrosa y quietud que provoca que los dedos se crucen para que nada (ni nadie) la rompa. La palabra delicada que todo (y a todas) enamora, que sobrevuela las ciudades y los rincones prohibidos y las ventanas rotas y los espejos que caminan del revés y las gaviotas que no saben de brújulas. 

La palabra que se hace canción. La palabra que permanece. La palabra que no tiembla mientras todo apunta al derrumbe. La palabra que atraviesa campos de tiempo, décadas de historia, barro y océano, dunas y nieve hasta acomodarse en algunos de los vagones varados a su suerte en las estaciones de la melancolía y la pasión. La palabra que conecta generaciones cuando se escribe, se canta y se recuerda desde la garganta pintada de lirio y flor de mariposa de Silvio Rodríguez, el maestro que brindó en Murcia un concierto exquisito para estrenar el mes de octubre.

Brillaba todavía el sol, con cierta timidez, eso sí, cuando el artista cubano apareció sobre el escenario de la plaza de toros acompañado por su hija Malva Rodríguez (piano y coros) y su esposa Niurka González, realmente impresionante con la flauta y el clarinete, quienes, junto a Jorge Aragón (piano), Rachid López (guitarra), Maykel Elizarde (tres cubano), Jorge Reyes (contrabajo) y Oliver Valdés (batería y percusión), arroparon con acierto constante las distintas piezas que se fueron sucediendo, empezando por, casi nada, 'Historia de las sillas', 'Ala de colibrí' y 'Sueño con serpientes'. Un trío de clásicos que marcó el tono, el alma, el ritmo y el corazón de una velada en la que los últimos discos de Silvio tuvieron un papel prácticamente anecdótico, estando representados exclusivamente por 'Viene la cosa', de 'Para la espera' (2020), la sobresaliente 'Nuestro después', de 'Quería saber' (2024) y 'Virgen de occidente', tema que formará parte de un próximo trabajo, pero que ya presenta formas de clásico.

Así, entre sentidos recuerdos a los poetas cubanos José Martí y Luis Rogelio Nogueras a través de tremendos fragmentos de, respectivamente, sus obras 'Maestros ambulantes' y 'Halt!', así como al inolvidable Luis Eduardo Aute, con quien compartió no pocos escenarios, con una versión de 'La belleza' que nos dejó un nudo de terciopelo anclado en el pecho, Rodríguez completó una noche cuya huella quedó impresa con arena del más hermoso pasado. Y es que, a pesar de que el propio artista asegurase recientemente en LA VERDAD que su intención en estos conciertos no es resumir una carrera que supera ampliamente las cinco décadas, lo cierto es que el repertorio pasó por la práctica totalidad de sus trabajos más emblemáticos, prestando especial atención a sus dos primeros discos, los excelsos 'Días y flores' (1975) y 'Al final de este viaje' (1978).

Del primero, además de la citada 'Sueño con serpientes', sonó una deslumbrante 'Pequeña serenata diurna', mientras que del segundo lo hicieron las estremecedoras 'Canción del elegido' y 'La era está pariendo un corazón' y una 'Ojalá' que sonó a lo que siempre fue y será, es decir, a una de las canciones más bonitas del mundo.

Un honor al que también se acercan, y de qué manera, otras sublimes composiciones que redondearon la velada como 'Eva', 'Escaramujo', la celebradísima, con razón, 'Quién fuera' o, sobre todo, una 'Unicornio' interpretada a guitarra y voz que detuvo el tiempo hasta convertirlo en un sobrecogedor suspiro colectivo.

Cerca de dos horas después de su inicio, la noche concluyó con 'Por quien merece amor', broche de oro gracias a su prodigiosa melodía y otro texto para enmarcar: «Mi amor es mi prenda encantada, es mi extensa morada, es mi espacio sin fin. Mi amor no precisa fronteras; como la primavera, no prefiere jardín». 

Canciones. Palabras. Tan poderosas y terrenales. Tan eternas e infinitas cuando nacen del puño y letra de Silvio Rodríguez. Míralas, todavía tiritan en el aire, como nuestra emoción tras vivir un concierto de esos que no se olvidan.


Silvio Rodríguez, amor y revolución en Murcia

El cantautor cubano, a sus 79 años, ofreció en la Plaza de toros de Murcia un recital de dos horas marcado por la intimidad, la memoria y las canciones que han acompañado a varias generaciones

¿Ya nos sigues?

Entre lágrimas furtivas, fue uno de los conciertos más sosegadamente bellos que se hayan presenciado por aquí. Volver a ver en directo a Silvio Rodríguez era una experiencia largamente esperada. Pertenece por méritos a esa jerarquía angélica de elegidos que se pueden permitir el lujo de hacer lo que les da la gana, a sabiendas de que cualquier espíritu sensible va a tomar buena nota de los guiños. Muy a pesar suyo, Silvio es un maestro.

Si bien es una grata sorpresa que conserve su prodigiosa voz, en todo lo demás, el cantante se mantiene fiel a sí mismo de manera inconfundible y maravillosa. Su origen cubano le ha llevado a ser un artista revolucionario, en lucha por la libertad y la cultura, pero él es humilde en el sentido más orgulloso de la palabra, el de los que saben que todos somos seres fugaces y que estamos aquí, en este vértigo, solo de paso. Su retablo de melodías es esplendoroso; interpreta canciones de protesta y romance, extraídas de toda su discografía.

El trovador cubano repasó algunas de sus canciones esenciales, desde Ojalá y Unicornio hasta La belleza, acompañado por un grupo de músicos de gran precisión

Apareció tocado con una gorra donde se leía aprendiz, aunque anoche fue maestro a la hora de expresar lo que siente y desea, aquel "cúmulo de verdades esenciales que caben bajo el ala de un colibrí", como escribió José Martí en el ensayo Maestros ambulantes, del que leyó un fragmento al poco de comenzar con Historia de las sillas, dulce preámbulo a Ala de colibrí'("hoy me propongo fundar un partido de sueños"). Cierta euforia colectiva secundaba algunos versos de un cancionero en el que el anhelo de libertad siempre converge con la delicadeza; espectáculo poético del que pocos podemos salir indemnes, ilesos. Con Sueño con serpientes, llegó el primer estallido de emoción.

Silvio es un hombre de su tiempo, y desde la acción le surgen crónicas, canciones, testimonios. Su lenguaje varía según el timbre de la vida, pero siempre hay un viento épico rondándolo. Lo primero que impresiona es la integridad de su voz, como si no hubieran pasado los años. Lo segundo, el grupo que le acompaña, formando con él un semicírculo, con bellos arreglos de cuerdas y una percusión extendida. Los presentó como el trío Trovarroco, además de la flautista-clarinetista Niurka González Núñez, su hija Malva Rodríguez -voz y teclas-, y el percusionista Oliver Valdés; músicos jóvenes que sonaron compactos y precisos.

Lo paradójico y lo contradictorio añadían un encanto indescifrable. Silvio se mostró contenido; cantando es impuro, conciso y prolijo, simple y profundo, descarnado, sutil y directo. Conserva intactos el don de la música y la poesía, aunque en días como ayer no estuviera totalmente fino de voz, y desgranó canciones sin fecha de caducidad que permanecen en la memoria: Unicornio azul, Canción del elegido, Ojalá… pero, por encima de credos políticos, contó allí su universo poético, ese en el que caben días y noches, soles y lunas, aventuras terrestres y extraterrestres.

El concierto dejó también espacio para la actualidad: Palestina, el recuerdo de Pepe Mujica y Lucía Topolansky

Un universo tan grande que cabe en lo que da de sí el espacio iluminado por un foco de luz. El público las coreó, pero, eso sí, respetuosamente, en un tono más bajo (no como las adolescentes que gritan en los conciertos de Alejandro Sanz), y aplaude cuando no canta para no perderse una sola frase. Y es que pocos autores son capaces de escribir canciones de amor como él, dándolas "como un disparo, como un libro, una palabra, una guerrilla, como doy el amor" (lástima que se dejara fuera Te doy una canción, pese a que se la pidieron). Detrás de esa máscara de tipo corriente se esconde una sensibilidad a flor de piel.

Suena a utopía, a algo imposible. A sus 79 años, ofreció una actuación serena y cercana, sostenida por un repertorio que ha acompañado a varias generaciones y que mantiene intacta su capacidad de reunir al público alrededor de una misma emoción.

La belleza

La velada transcurrió por algunos de sus títulos esenciales: Pequeña serenata diurna (en la que canta "soy un hombre feliz", y tiene protagonismo el clarinete), Quién fuera, Escaramujo (una reflexión poética sobre la búsqueda del conocimiento y la comprensión del mundo)... Cada canción activaba un reconocimiento inmediato entre los asistentes, que respondían con especial intensidad a una obra en la que conviven la intimidad, la reflexión social, la ternura y la mirada crítica, rasgos que han convertido a Silvio en una de las voces fundamentales de la Nueva Trova y de la canción iberoamericana.

Uno de los momentos de mayor conexión llegó con La belleza, interpretada de forma conmovedora, tan solo acompañada por la magistral flauta de Niurka González, su esposa, y el piano de Malva Rodríguez. Se escuchó un grito de "¡Viva la revolución!" y un "¡Aute, te queremos!", dedicado al autor de la canción. Siguieron Virgen de occidente (nacida con vocación de clásico), Viene la cosa (donde bromea con el término que en Cuba se utiliza para referirse a la nefasta situación política sin mencionarla) y En cuál de esos planetas, antes de Más porvenir, que dedicó a dos personas extraordinarias: Pepe Mujica y su compañera, Lucía Topolansky.

Con Me acosa el carapálida apuntó al imperialismo, mientras La era está pariendo un corazón miró al genocidio palestino recitando antes de cantarla el poema Halt!, del cubano Luis Rogelio Nogueras, escrito tras su visita a Auschwitz en 1979: "Pienso en ustedes, judíos de Jerusalén y Jericó... y no acierto a comprender cómo olvidaron tan pronto el vaho del infierno". La emoción era total. A solas con su guitarra interpretó ¿A dónde van?. Si la belleza aturdía momentáneamente, el sentimiento devolvía rápidamente a la realidad.

El recital acabó con Por quien merece amor (dejando la sensación agridulce de algunas canciones ausentes) entre aplausos y lágrimas, marcado por la sensibilidad, el encanto, la sutileza y la memoria, pero sobre todo emocionó con las canciones que han hecho soñar con un mundo mejor a varias generaciones. El cantautor que hizo poesía de la lucha demostró ayer que la palabra y la música, cuando son universales, nunca envejecen. Silvio Rodríguez devolvió la esperanza.

Murcia vivía el primer atardecer de octubre a la vez que la plaza de toros de la ciudad abría sus puertas para recibir a los espectadores de Silvio Rodríguez, el "Aprendiz de Brujo". A su vez, frente a esas puertas, se daban cita decenas de personas para pedir fin al bloqueo que mantiene Estados Unidos sobre Cuba, patria del "Aprendiz". Era la previa de lo que iba a llenar el ruedo un rato después.

Seis décadas de Silvio Rodríguez 'a golpe de himno' en la plaza de toros de Murcia

Silvio recitó los poemas 'Maestros ambulantes' de José Martí, para reivindicar la importancia de la educación y la cultura; y 'Halt!' de Luis Rogelio Nogueras, para recordar el horror del holocausto


MURCIA, 2 Oct. (EUROPA PRESS) -

Es imposible quedarse con unas pocas canciones de Silvio Rodríguez (Cuba, 1946) después de 59 años sobre los escenarios y 21 discos de estudio, el último en 2024 ('Quería saber') y el siguiente, según anunció el propio cantante, en camino. El concierto de Murcia, dentro de su tour por España de 2026, es buen ejemplo de ello: porque, a pesar de cantar algunos de sus grandes himnos, el público se quedó con ganas de más.

Alexis Díaz-Pìmienta, escritor, repentista y maestro de décimas, fue el encargado de abrir la noche junto a su hijo Alex, mientras el coso de La Condomina se iba llenando a la espera de que el reloj diera las 20.30 horas. Unos minutos después aparecía entre aplausos el cantante cubano junto a un elenco de músicos entre los que se encontraba su mujer Niurka (flauta y clarinete) y su hija Malva (coros, teclados). También Jorge Aragón (piano), Rachid López (guitarra), Maykel Elizarde (tres), Jorge Reyes (contrabajo), Emilio Vega (vibráfono) y Oliver Valdés (batería/percusión).

La emoción estaba muy contenida en esas primeras canciones (Viene la cosa, Sueño con serpientes, Nuestro después, En mi calle, Me acosa el Carapálida, Más porvenir o ¿A dónde van?) pero con 'La belleza', canción de Luis Eduardo Aute, se encaró una parte central llena de himnos, de reivindicaciones y de poesía. Temas como Eva, Quien fuera, Escaramujo, Pequeña serenata diurna o Canción del Elegido pusieron al público en pié en varias ocasiones.

Silvio recitó dos poemas durante su concierto. El primero 'Maestros ambulantes' del escritor José Martí, para reivindicar la importancia de la educación y la cultura para poder ser libres; y el otro de Luis Rogelio Nogueras (1944-1985), poeta cubano que falleció con apenas 40 años. El cantante leyó 'Halt!', escrito por Nogueras tras visitar el campo de concentración de Auschwitz, con su pañuelo palestino, en el que fue uno de los momentos más emocionantes de la noche, ya que el poema dio paso a otra de sus icónicas canciones 'La era está pariendo un corazón'.

Tras los versos del poema de Nogueras, con ese final "no acierto a comprender/ cómo olvidaron tan pronto/ el vaho del infierno", el cantante cubano encaró esta última parte del concierto con una selección que bien podría ser una llamada a la esperanza: 'El necio' dio paso a 'Venga la esperanza', 'Ojalá' o 'Unicornio Azul'. Y cuando parecía que el concierto había terminado, Silvio volvió a aparecer para despedirse de Murcia con 'Te molesta mi amor'.