viernes, febrero 13, 2026

“Mientras más feo luce el panorama, más ganas tengo de crear belleza”

 
  • Berenice Ojeda Jara 07-02-2026

  • En esta entrevista, el legendario trovador repasa su profundo vínculo con Chile y reflexiona sobre la tradición poética de la trova, su oficio y el poder de crear cuando "más feo luce el panorama". Cultura Silvio Rodríguez se define como un trovador del tiempo”, y posiblemente –para algunos admiradores– es un hacedor de canciones que a lo largo de más de seis décadas ha logrado entrelazar emoción y conciencia, con una propuesta musical y poética ligada a ritmos populares, a estructuras versales y estróficas de la tradición hispanoamericana, y al tránsito entre las diversas facetas de las.contradicciones humanas, la intimidad del ser, y “las circunstancias que me tocaron vivir”, como señala en una de sus respuestas.

    Esa sensibilidad y ese compromiso encontró en Chile un lugar especial en su trayectoria musical y vital. Su primera visita data de septiembre de 1972, cuando junto a Noel Nicola y Pablo Milanés, llegó al país invitado por Isabel Parra, y desde ese primer encuentro —con Víctor Jara esperándolo al llegar a Pudahuel— estableció un vínculo profundo con la memoria cultural y política de nuestro país.

    Chile no sólo ha sido escenario de aplausos y cantos, sino también de recuerdos y afectos que a lo largo de los años se han renovado. En 2025, tras siete años de ausencia, Rodríguez regresó a Santiago en el contrexto de una gira latinoamericana que consideró a nuestro país como primer destino, y que posibilitó el reencuentro con antiguos y nuevos públicos. En una serie de emotivos conciertos en el Movistar Arena, interpretó los clásicos de siempre y también sus composiciones más recientes, acompañado de una banda de connotados músicos/as.

    Este regreso no fue sólo musical, fue también un encuentro con personas para él significativas. En Santiago, conversó con figuras como el Presidente Gabriel Boric, a quien calificó como “amigo”, y evocó experiencias compartidas con Víctor Jara, en una visita a la Fundación que resguarda el patrimonio cultural del artista asesinado luego del Golpe de Estado y que dirige su hija, Amanda Jara.

    La trayectoria de Silvio Rodríguez es un mapa de estaciones difíciles de separar; desde los albores de la Nueva Trova Cubana en 1968 —una corriente que combinó raíz popular, compromiso social y exploración lírica— hasta su presencia actual en escenarios de todo el continente, y discos que se han convertido en referentes absolutos del cancionero latinoamericano.

    Trova

    La trova, desde sus orígenes, ha integrado la fusión de música y poesía, y esta poesía ha estado ligada a estructuras versales y estróficas propias de una historia, un idioma y una tradición cultural que se desarrolla en el tiempo (verso endecasílabo, copla octosilábica, décima espinela, romance español). Desde tu oficio de trovador y ‘hacedor de canciones’, cubano, ¿Qué relevancia otorgas a estas formas poéticas, muchas de ellas presentes en tu obra?

    La trova cubana es fusión de música y poesía, no sólo porque haya musicalizado formas literarias habituales en la poesía y versos de poetas; lo es, sobre todo, porque desde el siglo 19, cuando empezó a cuajar esta expresión, los trovadores cubanos partieron de una identificación con lo poético. Tan es así, que los primeros trovadores fueron llamados poetas por sus admiradores.

    ¿Qué autores, dentro de esta línea literaria de la tradición, resuenan particularmente en tu obra? ¿Caben aquí, los cultores repentistas del punto guajiro, por ejemplo?

    A los 20 años titulé un tema “La canción de la trova”, inspirado en la impresión que me causaba la obra de Sindo Garay, uno de los padres de la trova cubana. Ya la trova había evolucionado cuando yo aparecí, sobre todo armónicamente. La mayoría de los grandes autores de boleros y canciones románticas fueron trovadores como César Portillo de la Luz, Marta Valdés, José Antonio Méndez, Ñico Rojas y otros. Recuerdo que por entonces se puso de moda el término cantautor. Creo que fue por influencia del Festival de San Remo y de autores italianos que por entonces componían e interpretaban sus propias canciones (Doménico Modugno, Sergio Endrigo, Gino Paoli). Sin embargo, prácticamente desde que empecé pedí que me presentaran como trovador. Mi identificación, además de por oficio, tenía también cierta razón de clase. Por entonces los trovadores eran los más mal pagados en la radio y la televisión. Aunque a veces en lo que hago asoman referencias del campo, creo que mis derroteros musicales han sido armónica, rítmica y literariamente más urbanos. El punto guajiro, también llamado cubano, es una expresión eminentemente campesina. A menos de 100 metros de mi casa natal, en San Antonio de los Baños, está lo que fue el hogar de Ángel Valiente, uno de los más importantes repentistas cubanos de todos los tiempos. En Cuba es imposible desconocer el repentismo y el punto, porque son expresiones con muchos seguidores; siempre han existido programas de radio y televisión dedicados a esa música.

    Silvio Rodríguez durante el primero de sus cuatro shows agendados en Chile. Foto: Guille Salazar (Red Eyes Concerts, productora. Vía Instagram)


    ¿Esas estructuras versales te sugieren ‘una música’ con características propias o especiales?

    Las formas clásicas de versificar se destacan por su musicalidad. Las he usado, aunque no mucho, porque yo no compongo desde lo escrito. Más bien hago al revés: estructuro una idea musical y después trato de encontrarle las palabras.

    ¿Cómo comprendes hoy el concepto “trovador”? ¿Te consideras portador de una tradición que resguarda y a la vez innova en este oficio?

    Como toda mi generación, me considero un trovador del tiempo y las circunstancias que me tocaron vivir.

    Relación con Chile

    Anunciado tu concierto en nuestro país, –septiembre y octubre del 2025–, la respuesta de tus seguidores fue casi inmediata. Se agotaron rápidamente las entradas para la primera fecha anunciada, obligando la apertura de dos nuevas presentaciones. Este hecho denota la profunda admiración y cariño de nuestro pueblo por tu obra. Si pregunto a la inversa, ¿Qué significa, en el plano afectivo y creativo, Chile para ti?

    Chile fue el primer país Latinoamericano que visitamos Pablo Milanés, Noel Nicola y yo, gracias a una invitación de Gladys Marín. Fue en septiembre de 1972, durante el gobierno de Salvador Allende, a quien tuvimos la suerte de ver de cerca. Fueron tres o cuatro semanas que calaron muy hondo en mi conciencia. Estuve mucho en la Peña de los Parra. Allí vimos a Inti Illimani, Illapu, Tito Fernández, Pato Manns, Payo Grondona. A Víctor Jara lo recogimos una mañana y fuimos con él hasta Valparaíso, a cantar en una universidad. Por aquellos días el sello Alerce empezaba a gestarse en la cabeza de Ricardo García y estallaba la muralística popular en las paredes de la ciudad. Había combates callejeros a diario. Fue un viaje inolvidable, muy subrayado por lo que sucedió justo un año después.

    El año 2004, en Barcelona, participaste en el concierto “Neruda en el corazón”, junto a destacados artistas cubanos y españoles. ¿Qué valor le asignas a la obra de Pablo Neruda? Y ¿Qué otros autores chilenos son significativos para ti?

    Neruda es muy Neruda: una obra poética de proporciones universales, premio Nobel incluso. Siempre me atrajo mucho Nicanor Parra, por esa suerte de aspereza declarada en sus antipoemas. En La Habana, en Casa de las Américas, alguna vez coincidí con Enrique Lihn, y allí también hicimos un programa de televisión con Gonzalo Rojas. Una de las trovadoras cubanas que más quiero, Teresita Fernández, fue una gran divulgadora de Gabriela Mistral.

    Durante tu camino artístico has colaborado en varias ocasiones con artistas chilenos, últimamente con Manuel García y Patricio Anabalón, entre otros. Según esto, ¿cómo observas el proceso creativo del Chile actual?

    No estoy lo suficientemente enterado de lo actual como para atreverme a un criterio. Solo decir que tanto Manuel como el Pato son cantores extraordinarios, ambos con canciones bellísimas, además de muy bien interpretadas.

    Carátula del disco "En Chile", de Silvio Rodríguez

    Carátula del disco “En Chile”, de Silvio Rodríguez

    Trayectoria

    Si pudieras describir, en pocas palabras, tu recorrido artístico desde los inicios hasta la actualidad, ¿qué aspectos, situaciones y emociones relevarías?

    Creo que he sido una persona con una suerte enorme. Por haber nacido donde y cuando nací; por haber escogido un oficio que es como seguir jugando, asumiéndome niño para siempre. Que, para colmo, te aplaudan y te paguen por hacer lo que te vino en gana, puede parecer demasiado.

    ¿Qué intereses creativos tiene el Silvio del 2026?

    Tengo mucho pendiente, varios trabajos discográficos que van cobrando forma lentamente. Me gusta trabajar así, tomando distancia y regresando después a lo mismo. Se van descubriendo variantes, cosas nuevas.

    ¿Qué reflexiones y emociones quedaron en ti luego de la reciente y exitosa gira por Sudamérica, y particularmente sobre el reencuentro con Chile y con algunos amigas/os significativas/os, como Amanda Jara, por ejemplo.

    Además del público chileno, que a mis años es como una especie de familia, vi a familiares que tengo en Chile, vi a gente muy querida. Cierto que fue especialmente lindo el encuentro con Amanda y su gente de la Fundación Víctor Jara. Le hice saber que la había visto pequeñita, cuando fuimos a recoger a su padre para irnos a Valparaíso. Aquel día ella salió a la puerta, le abrazó y le dio un beso.

    Política

    Hace años hablaste de “revolucionar la revolución”, ¿sigues sosteniendo este enunciado? Y ¿cómo comprendes actualmente la palabra “Revolución”?

    También he dicho que le debiéramos quitar la R. Fíjate en cómo quedaría.

    Cuba sigue siendo un referente de resistencia ante los innumerables actos de sabotaje en su contra, incluidas las amenazas de Trump contra la isla y otros países de la región, luego de asumir por la fuerza el control político y económico sobre Venezuela. ¿Cuáles crees son los factores que inciden en la preservación de su porfía, considerando el actual escenario de crisis interna y asedio externo?

    En cierto sentido siempre hemos estado en crisis. Es crítico –muy crítico—plantearse un mundo en el que imperen la piedad y altruismo. Esa es la causa de todo lo que nos sucede.

    Desde lo humano-político: ¿Qué travesuras sueña “El Necio” de Silvio en el presente?

    Hace unos días, en un evento trovadoresco que se hace anualmente en la ciudad de Santa Clara, llamado “Longina”, como la canción de Manuel Corona –uno de los padres de la primera trova–, me preguntaron qué le diría a los jóvenes. Pasando por alto que me aterra ese tipo de preguntas –dicen que “solo da consejos quien ya no puede dar malos ejemplos”–, te voy a responder lo mismo: mientras más feo luce el panorama, más ganas tengo de crear belleza.

    Silvio Rodríguez, “Mientras tanto” y mi oportunidad perdida de quedarme callado


    Fui al primer programa, en vivo, en el estudio 2 de Mazón y San Miguel, uno de los más antiguos de la televisión cubana. De aquella noche solo recuerdo a Silvio, en una silla y con su guitarra.

    por Enrique Román

     febrero 10, 2026


    Silvio Rodríguez en los tiempos de "Mientras tanto".


    La historia se ha narrado muchas veces. En esencia, se trata de que un pequeño grupo de estudiantes de Letras y de Historia, junto a profesores de Filosofía de la Universidad de La Habana, dieron en reunirse cada noche en una misma zona exterior de la mítica heladería Coppelia. Era 1966 y lo que hacía particular aquella “cancha” era que cerraba a las cinco de la mañana. 


    Al grupo inicial se le agregaron rápidamente periodistas, estudiantes de otras carreras, amigos afines y, en algunas ocasiones, las muchachas del ballet de Tropicana, que venían al Vedado luego de concluir su presentación “bajo las estrellas”. Los temas eran lógicos: no solo el arte y la literatura, actual y pretérita, sino los debates filosóficos y políticos del momento, de la intensa década del 60. Si Huxley buscaba inspiración con drogas sicodélicas, nuestra imaginación se estimulaba con una copiosa variedad de helados, especialmente el inolvidable menta chips, el que a juicio de algunos sería el helado típico de la sociedad comunista que todos veíamos como una cercana y alcanzable utopía. 

    La nota firmada por E.R. (Enrique Román) en la página cultural de Granma, bajo la dirección de Jaime Sarusky.


    Así, entre tantos temas, surgió el de la calidad literaria de las canciones. Había auténticos expertos, como el joven Guillermo Rodríguez Rivera, a quien creo recordar como su introductor. Las letras de las canciones de César Portillo y de José Antonio Méndez eran exaltadas y comparadas con la poesía coloquialista. Y en eso estábamos cuando alguien habló de Silvio Rodríguez, un muchachito desconocido que a sus veintiún años (ya estábamos en 1967) había compuesto una gran cantidad de canciones que nunca habíamos oído, pero cuyas letras supimos que respondían a una poética muy personal. 


    Y la noticia —no puedo garantizar que la trajera el propio Silvio, cuya incorporación al grupo creo posterior— de que tendría un programa de televisión, con el nombre de una de sus primeras y más hermosas canciones: “Mientras tanto”. 


    Era mi asunto. Entonces era no solo estudiante de Letras, sino periodista de la página cultural del diario Granma, que dirigía Jaime Sarusky, y hacía crónicas justamente de radio y televisión. Yo era solo un año mayor que Silvio, así que se trataba también de un caso de solidaridad generacional. 


    Fui al primer programa, en vivo, en el estudio 2 de Mazón y San Miguel, uno de los más antiguos de la televisión cubana. De aquella noche solo recuerdo a Silvio, en una silla y con su guitarra, iluminado solo él en un estudio perfectamente oscuro. Y al director, Eduardo Moya, haciendo exhibición de su carácter proverbial. 


    No había mucho espacio en el periódico y debía dar cuenta también de la presentación de Omara Portuondo en un programa clásico, Recital, pero en esa ocasión dirigido por otro frecuentador de Coppelia, el profesor de filosofía devenido director de televisión Jorge Gómez (faltaban varios años para que fundara el grupo Moncada). 

    La nota firmada por E.R. (Enrique Román) en la página cultural de Granma, bajo la dirección de Jaime Sarusky.


    “Dos de TV”, fue el título de la escueta nota, dividida en dos párrafos. Ambos nombres, el de Silvio y el de Jorge, creo que se inauguraban de ese modo en la prensa escrita. Así salieron, sin grandes ambiciones y con el trasfondo gregario que he tratado de narrar. Si el párrafo sobre Recital seguía un esquema convencional, y de reconocimiento a Omara y a Jorge, el de Silvio se movía entre la sorna afectuosa y la información pura: 


    “La figura de la semana, Omara Portuondo, colaboró a que este “Recital” fuera un programa como se han visto pocos últimamente en la televisión cubana. Una mención aparte para la calidad plástica que mantuvo en todo momento su productor (nombre que se daba entonces a los directores), Jorge Gómez, en la imagen, y que tuvo su momento culminante en la interpretación que hizo Omara de Now.” 


    Y llegaba entonces el turno de “Mientras tanto”: 


    “Un muchacho esmirriado, algo mayor que la guitarra con que se acompaña, con menos pelo del conveniente y, a pesar de todo, simpático, anunció que se llamaba Silvio y presentó un nuevo programa, con el mismo título que la canción que acababa de interpretar: ‘Mientras tanto’. Esto, más Teresita Fernández, un poema de Guillermo Rodríguez Rivera y dibujos de Posada. Menos un guion que necesitaba un animador menos frío y más espontáneo y un animador que, en ese momento, necesitaba un guion más frío y menos espontáneo. Por último, una concepción agradablemente informal, con una producción eficaz de (Eduardo) Moya y un buen trabajo de cámaras. Es el saldo de este nuevo programa musical que transmitirá el Canal 4 de TV, los domingos de 8:30 a 9 pm, y del cual tendremos que hablar necesariamente en próximas ocasiones.”


    No hubo próximas ocasiones. La espléndida página cultural de Granma se vio afectada por reducciones de papel y el programa desapareció tempranamente, en episodios que no es del caso relatar aquí. No supe, como se ve, opinar sobre el Silvio que se veía venir y que afortunadamente sí fue visto con claridad por varias y definitivas personalidades: desde Cintio Vitier y Fina García Marruz hasta Aida y Haydée Santamaría y Alfredo Guevara. 


    Para mí, quedó una buena amistad con el trovador, repuesto ya del primer impacto que le causó el adjetivo “esmirriado” y de la descripción subsiguiente. La nota pasó a dormir el sueño eterno y perecedero de los periódicos. 


    Hace poco, a petición de un amigo común, Juanpín Vilar —hijo del inolvidable director Juan Vilar, quien, por cierto, había hecho, por entonces, un paréntesis artístico para ser administrador del Instituto Cubano de Radio y Televisión y firmarme el curioso pase de forma ovoidal que me daba acceso a los estudios— rebusqué en los archivos de Granma y exhumé la nota.   


    Fatal decisión. Cuando la mostré a mi familia, en la que hay más de un simpatizante y amigo de Silvio, recibió un rotundo y airado rechazo. Con expresiones reprobatorias, me echaron en cara que no hubiera descubierto ya entonces al Silvio que venía. Para ellos, Silvio fue siempre apuesto y famoso.  


    Y en la casa del trovador creo que no me ha ido mejor.   


    Su perra, según me anunció él mismo, me espera para darme, 45 años después, el castigo que desde entonces eludí, gracias al sueño tradicional de los archivos periodísticos. 


    *Este texto se publicó originalmente en octubre de 2020 en el blog del autor.Se reproduce con su autorización expresa

    Memoria Solar Feliusa de los Andes


     

    No me arrepiento del sendero que elegi




    Negar a Cuba y su humanista Revolución en virtud de proveer espacios de realización y utilidad, es negar su propia esencia personal.

     Beatriz Corona Rodriguez

    Hay músicos cubanos en contra del Sistema, hay músicos que callan_ que es peor , ni a favor ni en contra- hay músicos que piden invasión, hay otros que piden cambios, hay músicos viviendo fuera de Cuba: los hay patriotas,  los hay anexionistas. Hay músicos cubanos fuera y dentro del país creando o no; unos viven por y para la música, o muchos fuera tienen que ejercer otros oficios, o tristemente no tienen el reconocimiento, el apoyo y el gusto de ser aplaudidos en su terruño o por doquier. Lo más interesante que todos estos músicos invariablemente son/ somos, han sido formados en Revolución, en una carrera que entraña costos elevadísimos , estudios muy caros que sustenta el gobierno, nuestro Sistema socialista por lo cual no tienen ni tuvieron que pagar un sólo centavo. 

    Es un privilegio absoluto para muchos en el mundo que no pueden acceder a esta formación porque no tienen cómo pagar por ello. Es una realidad, por eso y en tres niveles de formación continua, larga carrera, los músicos cubanos pueden competir con resultados de las mejores escuelas de música del mundo, porque existe una Escuela Cubana de Música por el interés desde sus inicios del proyecto revolucionario que así fuese como en todas las disciplinas del Arte. En la especialidad nuestra, la Música se estudia entre 8, 13 s 16 años de formación, transitando desde niños por niveles elemental, medio y superior.  Se habrán olvidado de esta certeza? El Sistema Socialista no los calzó, formó, no los protegió para que fuesen excelentes profesionales? Es además de vergonzoso de una ingratitud a niveles insospechados. 

    Negar a Cuba y su humanista Revolución en virtud de proveer espacios de realización y utilidad, es negar su propia esencia personal. También optar por el silencio resulta sumo inmoral. Seres sin historia? Ningún ser honesto podría permitirse tal desmemoria, triste y apagada evasión por cualquier interés personal sea, o por temor. No es honorable. 

    Viva Cuba, valiente y dadora!! 

    Abajo el Bloqueo!! 

    Hemos vencido y Venceremos!! 🤗🇨🇺♥️

    Homenaje a el nagüito Eduardo Sosa

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    Sosa, nos hablan de un dios...


    El Caimán Barbudo

    5 minutos de lectura

    12 de febrero de 2025


    ¡Verso, nos hablan de un Dios

    Adonde van los difuntos:

    Verso, o nos condenan juntos,

    O nos salvamos los dos!

    Por Fidel Díaz

    Madrugada de este 12 de febrero de 2025 acaba de partir Sosa, otra madrugada, otro 12 de febrero de 2014 partió Santiaguito. Las madrugadas son para trovar, no para morir.

    Ni Santiago Feliú ni Eduardo Sosa se han ido a otra parte que no sea a nosotros mismos. Los medios sacarán el duelo, se inundarán las redes, nos toca que no sean noticia, que sus esencias que están en un puñado de recuerdos, pero sobre todo en sus canciones, sean réplicas incesantes y crecientes de cataclismos. No por ellos, no solo por ellos, si no por todos; porque esas canciones son necesarias para afincarse a la tierra, para hacer el amor como un acto poético, para vivir creciendo. Santi y Sosa no van a morir, podemos morir nosotros si nos dejamos vivir sin ellos.

    Cuando pasa esa dura de saber que se ha ido un viejo amigo uno busca la punta de esa amistad; No puedo precisar pero las primeras historias son de los 90, Sosa y Ernesto eran Postrova, y Palomino el rey de las charlas, su representante. Sacamos una entrevista en Somos Jóvenes, rodamos habanas cuando vinieron como los Matamoros desde el oriente, me hicieron bromas anti industrialistas tras aquel play off en que la Planadora santiaguera nos aplastó en el juego 7. Rodamos “cafetines” descargando.

    Sosa es un santiaguero de pura cepa, por su manera de ser... abierto, sincero –sin darte vueltas y tajante- el trovador directamente heredero de la “vieja” trova del oriente. De gran cultura, podía estar horas disertando sobre diversos aristas de la historia o cultura cubanas sin que decaiga la atención. Y de la trova, y de Santiago... para qué. Analítico agudo de la situación del país, por el que siempre andaba entregado y ocupado; martiano, fidelista.

    Tengo además ese gozo supremo de tener grabada su versión de “Te vi pasar”, en el disco La voz del Diablo Ilustrado, con un sabor trovadoresco sublime, todo nostálgica ternura. Es una canción que compuse inspirada en Ernesto Rancaño, un día en su estudio observándolo pintar, crear y musitando el amor.


    Te vi pasar como algo que no fue

    como si no dejaras nada atrás,

    pero nadie está libre de su ayer:

    somos lo que hemos sido en los demás.

    En el 2003, por el 150 aniversario del natalicio de José Martí, la Asociación Hermanos Saíz convocó a trovadores para hacer un disco con textos musicalizados del Maestro. Asistía a casi todas las sesiones de grabaciones imantadas por los misterios de un estudio. El productor era Emilio Vega. Yo estaba escribiendo los textos para el libro Confesiones y un capítulo serían las impresiones de esas noches madrugadas en los legendarios Estudios de la EGREM de San Miguel.

    Mi recuerdo cardenal de Eduardo Sosa, es el momento de verlo Texto grabar a Martí, obra realmente estremecedora. Aquí el fragmento de ese capítulo, en brindis por la eternidad de mi compañía... por esta vez no digo Industriales (como siempre que nos veíamos) sino Santiago campeón.

    (Fragmento)

    Hasta ese momento todo parecía un juego creativo, una mecánica divertida, que daría un buen disco gracias a (como suele decirse en el mercado discográfico (las habilidades de músicos competentes. En ese preciso instante, sentí que Emilio le daba un punto de giro a lo que hacía y me develaría el trasfondo dramático: la prueba de que no estaba asumiendo un trabajo más y que, detrás del entusiasmo contagioso, estaba el creador debatiéndose entre la duda y la esperanza de todo el que aspira a tocar las nubes (o, a los seres humanos, desde un concepto de arte osado). Se quedó pensativo, reposado en su taburete, con las manos detrás de la nuca, como respirando la atmósfera para que el olfato le dijera si era el momento. Se echó hacia adelante, dio un resoplido, una fuerte palmada y: —¡Vamos a meterle

    ! set pidiendo una silla:

    —Voy a ponerla sentada; Por vez primera, quiero hacerlo como cuando tengo la guitarra entre las piernas.

    Se dio un trago y pidió repasar tres veces para ir calentando la voz: (Vamos, esta es la que vale.

    Vierte, corazón tu pena

    Donde no se llegue a ver.

    Por soberbia, y por no ser

    Motivo de pena ajena.

    Aquella confesión brotaba como una brisa con acento de mar, como un amigo que nos tira el brazo por el hombro invitándonos a la dicha de entregarnos abiertamente, en la más plena pureza. El silencio en la cabina se ensanchaba. Sólo las miradas, intercambiadas fugazmente, hablaban de una cofradía espiritual.

    Yo te quiero, verso amigo,

    Porque cuando siento el pecho

    Ya muy cargado y deshecho,

    Parto la carga contigo.

    Ahora arrullaba dialogando con el verso sujeto. Empezaba a flotar un tremendismo como de padre que mece a la única huella que dejará sobre la tierra. La música pasaba a un segundo aire, como una ola que abandona su niñez. El bombo marcaba un nuevo peldaño hacia la intensidad.

    Tú, porque yo pueda en calma

    Amar y hacer bien, conscientes

    En enturbiar tus corrientes

    Con cuanto me agobia el alma.

    Como en la socorrida secuencia del cine hollywoodense, nos fuimos parando todos —hasta el propio grabador—, y acercándonos a Emilio como para apoyarlo, para reafirmarle: “estamos contigo”, mientras él estiraba los brazos hacia sus lados pidiendo desde el gesto que no se moviera nadie.

    Mi vida así se encamina

    Al cielo limpia y serena,

    Y tú me cargas mi pena

    Con tu paciencia divina.

    Sosa saltaba en su silla, sacaba ahora un torrente de voz que se elevaba endemoniado: desgarramiento puro, como poseído por el sufrimiento del Poeta. Si había algún fallo, se podía perfectamente parar y empezar de arriba o editar; pero había un pavor generalizado ante la posibilidad de que la voz se quebrara, surgiera un ruido o se le escapara una palabra; un misterio sin lógica aparente nos situaba al borde de un abismo: como si fuese imprescindible que aquel joven cerrara ese tema abofeteando todo imposible, como si fuese de vida o muerte un remate ciclónico; como si se librara en su voz un combate total contra las tinieblas del arte, de la historia, de la vida. Vino el respiro de un fraseo y la arremetida final donde la utopía que habíamos puesto en el disco entraba al sendero de otra más abarcadora: la de todos los pobres de esta tierra:

    ¡Verso, nos hablan de un Dios

    Adonde van los difuntos:

    Verso, o nos condenan juntos,

    O nos salvamos los dos!

    Hubo aplausos y abrazos. Sardiñas, a mi lado, se llevó las manos a la cabeza y sintetizó con un seco: “¡Coñó!” Yo tuve un nudo en la garganta hasta que abracé a Sosa: “¡Así se canta, cojones!” Emilio, se había apartado hacia un rincón: aquel mulato ambientaloso, alto y fuerte como una muralla, había sacado su pañuelo y no quería que lo vieran secándose el rostro. Pero era el padre de la criatura y se vio sorprendido por todos; él, que no hacía concesiones ante nada ni nadie, se vio obligado a hacerla ante su machismo. No obstante, trató de suavizar: —Este cabrón me ha hecho llorar.

    El vacío siempre estará repleto de música y de tu inigualable voz que "a mí me gusta compay":

    Magda Resik

     Un año ya... y sigues entre nosotros; hoy se te canta en la "Trova sin traba" de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba - UNEAC donde eras vicepresidente. Y yo puedo volver a escribir estas palabras que te dediqué entonces. El vacío siempre estará repleto de música y de tu inigualable voz que "a mí me gusta compay":



    Al “nagüito” lo va a extrañar Cuba. Es de los artistas elegidos que se han robado el corazón del pueblo. Y no hay más explicación para ese amor desbordado: entender a Eduardo Sosa Laurencio como un cantor que nunca renegó de sus orígenes. Andaba por el mundo sin arreboles, de cubano sencillo y orgullosamente pueblerino, pero todos sabemos que pocas veces le crecen a la nación artistas de su calibre.


    Si ha habido en la contemporaneidad un cultor de las tradiciones musicales patrias, ahí está como el primero Sosa. Y si ha existido en nuestros días un trovador de pura cepa, bien pegadito a la guitarra y al cancionero mayor que nos identifica, él germina como referente inexcusable. Desde Tumba Siete en el lomerío oriental, bajó a los llanos con la influencia de Sindo Garay hasta los tuétanos y los guateques guajiros en la memoria con la cual recreaba sonoridades y melodías.


    Lo descubrimos en los noventa cuando se hizo a la luz con el Dúo Postrova para luego de cinco años en dueto iniciar en solitario una prodigiosa carrera que lo llevó a actuar con los más notables músicos de Cuba y en muy diversos escenarios del mundo. Su voz clara, potente y melodiosa, de una afinación envidiable, nos devolvió el frescor de las lomas, el verdor de las palmas, el rocío mañanero de las montañas con el canto de aves que despiertan al alba.


    Atravesamos el país en un largo viaje y llegamos a Guantánamo, donde soñamos y rogamos, como todos los cubanos, poder volverle a escuchar en el divertimento junto a Pepe Ordás, porque “a mí me gusta compay vivir aquí donde vivo”. Quienes le acompañaron en sus últimas actuaciones en el lomerío guantanamero, describen su alegría en medio de los rigores de la Cruzada Teatral. Con el grupo de artistas que, en su palmaria vocación de servicio, apuestan por brindar sus creaciones a los pobladores de esos intrincados parajes rurales, gozó la dicha de seguir siendo uno más entre sus iguales, rodeado del amor de quienes llegaban agradecidos a escucharle.


    Sosa, nos rondan los poemas de José Martí que supiste cantar de modo sublime y en ellos intentamos encontrar una respuesta a tu vida breve y de suma utilidad. Vuelve como grácil cinquillo la reflexión eterna de la existencia humana, entre la vida y la muerte: “Verso, nos hablan de un Dios a donde van los difuntos. Verso, o nos condenan juntos, o nos salvamos los dos”. Y nos dice el Apóstol en su eterna sabiduría: “Vierte, corazón, tu pena donde no se llegue a ver” porque tu vida Sosa, en martiana procesión “así se encamina/ Al cielo limpia y serena.”


    #UNEAC #LaCulturaEsLaPatria #AHSCuba #CubaEsCultura #ArteFiel

    La guitarra zurda de Santiago Feliu sigue sonando







    sábado, febrero 07, 2026

    "Fusil contra fusil", el himno que Silvio Rodríguez dedicó al Che Guevara Una elegía escrita desde la metáfora sobre tras la muerte del revolucionario argentino

     Luis Abascal/El Plural 


    Una elegía escrita desde la metáfora sobre tras la muerte del revolucionario argentino

    El verdadero significado de 'Ojalá' de Silvio Rodríguez: la historia de manipulación detrás de la icónica canción

    Fusil contra fusil es una de las canciones más densas y simbólicas de Silvio Rodríguez, y también una de las que mejor condensan su forma de entender la canción política: sugerente, poética y profundamente ligada al contexto histórico sin necesidad de recurrir al nombre propio ni a la consigna directa. Escrita en homenaje a Ernesto Guevara, la canción aborda la muerte del Che desde una perspectiva colectiva, casi mítica, y convierte su figura en una idea que se propaga más allá del individuo.

    El contexto en el que nació la canción

    Fusil contra fusil fue compuesta a finales de los años sesenta, en un momento clave tanto para la historia de Cuba como para la trayectoria artística de Silvio Rodríguez.  La muerte del Che Guevara en Bolivia, en octubre de 1967, había sacudido a la izquierda latinoamericana y al imaginario revolucionario global. En Cuba, el Che no era solo un dirigente político o militar: representaba una ética, una forma radical de entender la solidaridad internacional y la lucha contra el imperialismo.


    Silvio Rodríguez, entonces un joven compositor que comenzaba a perfilar lo que después se conocería como la Nueva Trova, escribió esta canción casi de inmediato tras otra dedicada al Che. Él mismo explicó que necesitaba completar aquello que había quedado insinuado en la primera: no el nombre propio del hombre, sino el sentido último de su elección vital. En ese contexto, Fusil contra fusil nace como una respuesta artística al impacto político y emocional de la desaparición del Che, pero también como una reflexión más amplia sobre la violencia, la lucha armada y la desigualdad estructural en el llamado Tercer Mundo.

    Qué dice realmente la letra de la canción

    La letra de Fusil contra fusil está construida como una elegía, pero también como un relato coral. No se centra en la biografía del Che ni en los detalles de su muerte, sino en el significado de su final. Desde el primer verso —“El silencio del monte va preparando un adiós”  —  la canción sitúa la escena en un espacio simbólico: la montaña, el lugar clásico de la guerrilla latinoamericana, convertida en antesala de la muerte.

    El “hombre de este siglo” que “se perdió allí” no es presentado como un individuo excepcional, sino como una figura representativa de su tiempo. Cuando Silvio afirma que “su nombre y su apellido son fusil contra fusil”, está renunciando deliberadamente al nombre propio para subrayar una idea: el Che encarna la decisión extrema de responder a la violencia estructural con la violencia organizada de los oprimidos.

    La canción insiste en esa despersonalización consciente. El cuerpo queda “de la vida allí”, mientras lo que se eleva es el sentido de su acción. El duelo no es íntimo ni privado: “Todo el mundo tercero va a enterrar su dolor”.  
    El luto se expresa con “granizo de plomo”, una imagen que transforma las lágrimas en balas y el llanto en combate.

    Los símbolos y metáforas clave

    Uno de los elementos centrales de la canción es la sustitución del nombre propio por una fórmula abstracta. “Fusil contra fusil” funciona como metáfora de una relación histórica de fuerzas: opresores armados frente a oprimidos armados. Silvio no glorifica la violencia en sí, pero la presenta como consecuencia de un conflicto previo, estructural y desigual.

    La “primera cruz” que despierta la verdad sugiere el nacimiento de un martirologio revolucionario, donde la muerte del individuo inaugura una conciencia colectiva. El acto de “alzar al hombre de la tumba al sol” refuerza esta idea: no se trata de resucitar el cuerpo, sino de repartir el nombre, convertirlo en consigna, en símbolo compartido.



    El uso reiterado de imágenes naturales —el monte, el viento, el sol— conecta la figura del guerrillero con un paisaje latinoamericano que actúa como escenario y como sujeto histórico.

    El mensaje social, político y humano que atraviesa la canción

    Fusil contra fusil articula una lectura del mundo profundamente ligada a los años sesenta y setenta en América Latina: un tiempo marcado por dictaduras, intervenciones extranjeras y movimientos armados de liberación. La canción no plantea una teoría política ni un programa, sino que enuncia una constatación: para muchos pueblos, la violencia no fue una elección estética o ideológica, sino una respuesta a una violencia previa.

    Al evitar el nombre del Che y centrarse en la “conclusión extrema” a la que llega un hombre, Silvio Rodríguez desplaza el foco del héroe al proceso histórico. El Che no es solo Guevara; es una figura que se disuelve en una lucha más amplia, que continúa después de su muerte y que pertenece a muchos.

    Desde el punto de vista humano, la canción también habla del duelo colectivo, de cómo una muerte individual puede condensar el dolor, la rabia y la esperanza de una época entera. No hay consuelo ni promesa, solo la afirmación de que la historia continúa en forma de conflicto.

    Así hablo sobre esta canción el propio Rodríguez, El 9 de noviembre de 2011 al recibir el doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba: "Fusil contra Fusil,  la segunda canción que escribí por Ernesto Guevara, la compuse sólo unos minutos después que la primera. Y es que en La Era me faltaba el nombre y el apellido de quien me había mostrado aquella forma de entender la solidaridad. Pero siempre fui enemigo de lo demasiado explícito. Por preferencias personales pensaba que las palabras de las canciones tenían que parecerse a los tropos poéticos. Por eso en Fusil contra fusil, más que a la persona, mencioné la conclusión extrema a la que había llegado un hombre: que a los fusiles de los opresores podían responder los fusiles de los oprimidos".

    Dentro de la obra de Silvio Rodríguez, 
    Fusil contra fusil ocupa un lugar central como ejemplo temprano de su manera de abordar lo político desde la poesía. No es una canción narrativa ni biográfica, sino conceptual: transforma a Ernesto Guevara en una idea que excede al personaje histórico. En el marco de la Nueva Trova y del imaginario revolucionario latinoamericano, la canción sigue funcionando como una síntesis precisa de una época, de una ética y de una forma de entender la canción como memoria histórica y herramienta de interpretación del mundo.

    A quién pueda interesar:

    Israel Rojas Fiel

    No lucharé ni daré mi sangre por un presidente, ni por un secretario general de ningún partido político. No lucharé por un venerable anciano, ni por su hijo o nieto, ni por su familia. No he luchado por un ser humano en particular. No.

    Yo luché, lucho y lucharé hasta el último aliento por Cuba soberana. Lucharé contra el fascismo y el imperialismo. Para evitar que desaparezca el sueño de Martí y de Fidel: el de una nación donde la ley primera sea el culto a la dignidad plena del hombre, y para que el futuro del país esté en manos de hombres y mujeres de ciencia. Para seguir echando mi suerte con los pobres de la tierra, hasta que desaparezca toda inequidad. Lucharé para que el tráfico de drogas no sea el destino de nuestro territorio. Lucharé por mis hijos, por mis sobrinos y por los hijos de mis hijos. Lucharé porque “Longina”, “Yolanda” y “Marilú”, “Créeme” y “Ojalá”, no sean obras de un período perdido en la utopía de unos románticos, sino la obra viva de un arte vivo. Lucharé por lo que soy y por lo que no llegué a ser, pero quise

    Y cuando la sombra del desaliento intente filtrarse, cuando el peso de la lucha amenace con doblegar las espaldas, recordaré que en cada palma hay un susurro de independencia, que en cada ola que golpea la costa retumba el juramento de Baraguá. Y espero que no aparezca la pantomima cobarde de "negociar" para parecer "inteligentes y modernos". Para esos "sabios" todo mi desprecio de antemano.

    Cuba lleva en la sangre el fuego sagrado de los que soñaron una nación de pie. No hay fuerza opresora que pueda con la roca moral de un pueblo decidido a prevalecer o morir en el intento. Seguiremos en pie, hasta que la victoria final corone nuestros esfuerzos.

    Como escribió el Apóstol: “Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército”.

    ¡Que viva Cuba libre!

    viernes, febrero 06, 2026

    Buena.mañanantenga Febrero


     

    Presentación del libro "Silvio Rodríguez, Diario de un trovador. Cartagena, Colombia


    Página de Facebook de la tropa cosmica colombiana 

    La música de Silvio Rodríguez en la cámara de Daniel Mordzinski: “Los cancioneros de este gran trovador son poemarios”

    El fotógrafo argentino presenta en el Hay Festival de Cartagena su nuevo libro sobre el cantautor cubano, con 149 fotos inéditas del artista de gira por América Latina

    En septiembre del año pasado, en medio de una de las peores crisis que ha vivido Cuba, su famoso cantautor Silvio Rodríguez (San Antonio los Baños, 79 años) ofreció un concierto para su pueblo que, según escribió en su diario, “superó por mucho lo esperado”. Reconoció que su pueblo tiene una “necesidad de cohesión”, de encontrar “un punto de reencuento. Varias generaciones unidas por la necesidad, parecieron identificarse”. Rodríguez, famoso por cantarle a las revoluciones de izquierda del siglo XX, encontró en las escalinatas de La Habana esa noche al menos a tres generaciones. Y con eso, “el jueves partimos” termina su nota, antes de arrancar una gira por América Latina. Daniel Mordzinski, conocido por muchos como el fotógrafo de los escritores y artistas icónicos del continente, lo ha acompañado a sus giras y presenta en el Hay Festival de Cartagena un nuevo libro con 143 fotografías inéditas sobre lo que representa el cubano para Hispanoamérica: Silvio Rodríguez: diario de un trovador.

    “Que te haga un libro de fotografía un fotógrafo como Daniel, sería bobo decir que no”, dice Rodríguez por Zoom, ante un auditorio que lo escucha y donde están el fotógrafo y el actor y director de cine cubano Jorge Perugorría. Admite que no disfruta mucho estar frente a las cámaras, y que ningún otro fotógrafo profesional había entrado a fotografiar a su familia, sus perros, su casa. “No entró ninguno antes porque me estabas esperando a mí”, le respondió el argentino cuando viajó a La Habana hace nueve años, y pidió arrancar por el lugar más íntimo del trovador.

    En un texto que envía a EL PAÍS, el fotógrafo explica su misión. “He querido hacer un recorrido visual, emocional y obligatoriamente sentimental por la vida de uno de los cantautores más importante de la lengua española”, escribe. Es una obra “que revela al trovador en su dimensión más humana y comprometida”, añade el fotógrafo. “Un libro para todos los amantes de la música, la fotografía y la palabra. Un talismán para quienes saben que la poesía, el amor y las utopías son armas cargadas de futuro”.

    En el libro están también las giras internacionales y en Cuba, los encuentros de Silvio con los músicos Luis Eduardo Aute, Vicente Feliú, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina. “Aute fue un defensor de Cuba a capa y espada”, dice el cubano, recordando a su amigo español fallecido en 2020. La conversación en Zoom se enfoca en los músicos y escritores que tocaron el corazón del cantautor, desde Mario Benedetti a Gabriel García Márquez. “No estuvimos muy cerca, pero nos vimos cuantas veces y teníamos una comunicación muy fácil”, cuenta el cubano sobre el escritor del realismo mágico. Una de esas veces fue en un avión en México, en medio de una tormenta, en la que tomaron alcohol para pasar el miedo en medio de una tormenta, contó Rodríguez.

    Las letras de Silvio- a secas, como se le conoce-, son en parte las letras de la historia latinoamericana, insiste Mordzinski en su libro. “Esto no está muerto, no me lo mataron, ni con la distancia, ni con el vil soldado”, cantó por ejemplo en Santiago de Chile, donde fue fotografiado por Mordzinski, en 2018, frente al Palacio de la Moneda. El lugar donde murió el presidente Salvador Allende en 1973 en un violento golpe de Estado.

    Muchas de las fotos del cantautor se entremezclan en el libro con las letras de sus canciones y cortos textos de su diario.

    Poco después Rodríguez viaja a Argentina, y escribe que le hace ilusión llegar a Córdoba, “una de las cunas del Che.” Por eso mismo prepara entonar en su honor a su vida Tonada del Albedrío ―“Dijo Guevara el humano, que ningún intelectual, debe ser asalariado, del pensamiento oficial”― y El Necio en honor a su muerte―“Yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui, Allá Dios, que será divino, Yo me muero como vivi”―.

    Las nuevas revoluciones del siglo XXI persiguen a Rodríguez en las fotos. En un momento Mordzinski mira al público en Buenos Aires y encuentra allí mujeres jóvenes levantando los pañuelos verdes que han representado al rebelde movimiento feminista que ha peleado el derecho al aborto. Rodríguez agarra su diario tras el concierto: “Lo revolucionario se caracteriza por halar hacia delante. La Revolución fue revolucionaria porque empujó al pueblo hacia delante. A lo mejor en este siglo lo revolucionario le corresponda al pueblo”.

    Mordzinski, argentino como aquellas feministas, conoció de Silvio Rodríguez en Paris hace décadas, tras mudarse a la capital de Francia a sus 18 años, durante la dictadura argentina. El día de su cumpleaños en 1980, celebrando con el arquitecto dominicado Eric Genao, “recibí el regalo de un casete con las canciones del último disco de su músico favorito”. Ahí estaban los clásicos como Ojalá y Al final de este viaje. Mordzinski lo cantaba entonces a todo pulmón, al punto que sus vecinos le pedían bajar la voz. “En esos tiempos de carencias y de sueños, los temas de Silvio fueron bálsamo y me aportaron un ancla de afecto, poesía y amor”. En estos nuevos tiempos de carencias, la música de Silvio Rodríguez, para muchos, sigue siendo el mismo bálsamo.