jueves, septiembre 03, 2026

Crónicas del concierto en Barcelona(actualizado)

 Cronica Fotográfica de Juan Miguel Morales

Silvio Rodríguez, entre el grito y los silencios

El trovador cubano mandó un mensaje de amor y reivindicación que no olvidó a Palestina 

Silvio Rodríguez, anoche saludando al público del Liceu Mané Espinosa

Sergio Lozano Barcelona/La vanguardia

Si lvio Rodríguez se dejó en casa el kaláshnikov para aparecer anoche en el teatro del Liceu, primera etapa de su gira peninsular. El cantautor, que el pasado marzo recibió el arma que había reclamado para defender a Cuba de Estados Unidos –una imitación sin poder de fuego, en realidad– prefirió subir al escenario con la máquina de matar fascistas, como llamaba Woody Guthrie a su guitarra.

Probablemente nunca antes se habían escuchado en el Liceu gritos de “viva Fidel, viva Cuba Libre”, que alguien lanzó desde el segundo piso y fueron respondidos con aplausos por el público antes de que Joan Isaac y Sílvia Comes celebraran una pequeña previa con versiones del músico cubano que incluyó Cua de núvol, Et dono una cançó, y Oli d’una dona amb barret.

El protagonista hizo su aparición luciendo una gorra donde se leía “aprendiz” en la frente, aunque anoche fue maestro a la hora de expresar lo que siente y desea para su maltrecho país y para el mundo. Aquel “cúmulo de verdades esenciales que caben bajo el ala de un colibrí” como escribió José Martí en el ensayo Maestros ambulantes, del que leyó un fragmento al poco de comenzar para seguir con Ala de colibrí.

“Hoy me propongo fundar un partido de sueños” entonó el viejo músico como carta de presentación, reflejo de un espíritu libre y sólido al mismo tiempo, defensor de los ideales comunistas de la revolución, pero crítico al tiempo con ella. O como dijo Martí al poco de comenzar la velada: “Se necesita ser bueno para ser feliz” pero también “se necesita ser próspero para ser bueno”. 

Candidez en la voz -entera a sus 79 años- y terciopelo en las guitarras se mezclaron anoche con la entrega de los asistentes, afiliados todos a la poesía de Rodríguez, donde no se sabe cuándo termina el amor y dónde comienza la reivindicación. La excepción fue un grupo de seis manifestantes que a la puerta de teatro, y rodeados por un cordón policial que les doblaba en número, exhibieron pancartas y lanzaron proclamas contra el castrismo entre la curiosidad de los turistas y el rechazo del público que hacía cola. Los asistentes, tildados de “charos” y “perroflautas” por el pequeño grupo, reaccionaron entre la indiferencia, algunos puños al aire y otras tantas peinetas, que no dejan de ser un puño con el índice alzado.

Con ‘Me acosa el carapálida’ apuntó a EE.UU., mientras ‘La era está pariendo un corazón’ miró al genocidio palestino

No llegó el ruido al interior del Liceu, atento a la Historia de las sillas, presto a corear en susurros, con vergüenza de novicio, Quién fuera o Pequeña serenata diurna, con esas letras que tanto pueden hablar de amor como de política, o de ambas cosas a la vez. No es de extrañar que tras los ritmos tropicales de Virgen de occidente -que formará parte de su próximo disco- cantara Viene la cosa, pieza de su último disco donde bromea con el término que en Cuba se utiliza para referirse a la política sin mencionarla. 

Acompañado por siete músicos con la omnipresente flauta a cargo de su esposa, Niurka González, y la hija de ambos, Malva, en las voces, Rodríguez no se movió de la silla durante toda la actuación, que navegó por arreglos suaves, añadidos de jazz y aromas del son cubano, sobresaliente en Escaramujo. Cantó aquella Eva que, liberada, “deja de ser costilla”, así como el recuerdo del Abel Santamaría que en Canción del elegido va “matando canallas con su cañón de futuro”. Y no se olvidó de EE.UU., destinatario que la salsera Me acosa el carapálida, ni del orgullo de ser El necio, con aire de jazz idóneo para un teatro.

Con la misma voluntad fue que el trovador, en lo más explícito de una noche donde también recordó a Pepe Mujica, se enfundó la kufiya (el pañuelo palestino blanco y negro) y leyó el poema Halt!, de Luis Rogelio Nogueras, quien, tras visitar Auschwitz reprochó al pueblo judío por cómo “olvidaron tan pronto el vaho del infierno”. Ató el lamento a La era está pariendo un corazón, y logró así un momento de máxima emoción.

A solas con su guitarra interpretó ¿A dónde van?, y cantó La belleza de Aute con esa voz que en el reproche lleva también el perdón y arranca aplausos incluso con los silencios.

Silvio Rodríguez, eterno trovador revolucionario, enternece al Liceu de Barcelona

PorNewsroom Infobae

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02 Sep, 2026 01:30 a. m. ESP

Guillermo Cabellos

Barcelona, 2 sep (EFE).- Pocos cantautores han escrito versos más bellamente revolucionarios y estrofas tan subversivamente tiernas como Silvio Rodríguez. Este martes, el eterno trovador cubano, de regreso a Barcelona una década después de su último concierto en la capital catalana, demostró en el Liceu por qué es uno de los tótems de la canción.

Así, sin mediar palabra, la cita comenzó con 'Historia de las sillas', pieza a la que siguieron las líneas que el revolucionario cubano José Martí escribió en el ensayo 'Maestros ambulantes', dulce preámbulo a 'Ala de colibrí', incisión iniciática en un cancionero en el que el anhelo de libertad siempre converge con la delicadeza.

En esas mismas coordenadas conviven 'Noches sin fin y mar', improvisada por un imperceptible problema técnico, o 'Sueño con serpientes', primer corte de la velada cantado en dúo con los casi 2.300 fieles que abarrotaban el Liceu.

El público, algo distante de la demografía burguesa que habitualmente habita el teatro, no dejó de aprovechar los silencios para lanzar consignas como "¡Cuba sí, yankees no!" o "¡Viva Cuba, viva Fidel!", en contraste con los eslóganes con los que media docena de manifestantes anticastristas recibieron a los asistentes en La Rambla.

 No sorprendió a nadie, porque el activismo revolucionario de Silvio Rodríguez (San Antonio de los Baños, Cuba, 1946) es una arista más de una personalidad tan amable como políticamente decidida.

De hecho, el músico fue noticia el pasado marzo, cuando recibió de manos del ministro de las Fuerzas Armadas de Cuba, Álvaro López Miera, el fusil Kaláshnikov que exigió en su blog para defender la isla si era atacada por los Estados Unidos.

Por contra, en el Liceu, empuñando su guitarra y flanqueado por un tres cubano, un piano, una guitarra, un teclado –a cargo de su hija Malva–, un clarinete, una batería y un contrabajo, Rodríguez encadenó 'Virgen de occidente', que verá la luz en su próximo álbum; 'Viene la cosa', de su reciente 'Quería saber' (2024) y 'La bondad y su reverso', todo bajo el manto jazzero que imponía la banda.

 En un tramo marcado por sus trabajos más cercanos, también tuvieron su hueco 'En cuál de esos planetas' y 'Más porvenir', dedicada a su amigo Pepe Mujica, expresidente de Uruguay.

Pero no todo iba a ir de novedades. 'Me acosa el Carapálida' devolvió Barcelona al 1984 en que salió 'Tríptico (Volumen tres)'; y '¿A dónde van?', presentada en solemne soledad, recogió el 'Mujeres' de 1978; mientras que en un aparte, acompañado únicamente de la flauta de Niurka González y el piano de Malva Rodríguez, el cubano invocó a Luís Eduardo Aute a través de 'La belleza', que levantó gritos de revolución en platea y palcos.

Con la tríada formada por 'Eva', 'Quién fuera' y 'Escaramujo', el Liceu se animó, coros y vítores mediante, en un repecho que ya funcionó como llano por el que fluyeron sin resistencia 'Pequeña serenata diurna' y 'Canción de elegido', antes de que el trovador tuviera un recuerdo para el pueblo palestino recitando el poema 'Halt!' de Luis Rogelio Nogueras y entonara 'La era está pariendo un corazón' y 'El necio' envuelto en una kufiya.

Sin hacerse de rogar, el bis rompió desde el primer tema, porque 'Ojalá' arrancó con un suspiro a la altura de la canción, su leyenda y ese "disparo de nieve" –o de Nievi, que cada cual escoja su versión–, antes de cerrar el Gran Teatre del Liceu con 'Por quien merece amor', última punzada en Barcelona, primera parada de una gira española que llevará al cubano por Zaragoza, Bilbao, València, A Coruña, Sevilla, Murcia y Madrid.

Dejando fuera himnos como 'Unicornio', 'Rabo de nube', 'Te doy una canción' u 'Óleo de mujer con sombrero' –estas tres últimas fueron cantadas en catalán por Joan Isaac y Sílvia Comes como aperitivo–, Silvio Rodríguez se despidió del teatro entre una larguísima ovación, mientras observaba, metido debajo de una gorra en la que se leía 'Aprendiz', cómo ondeaban banderas cubanas, esteladas y retratos del Che.

Silvio Rodríguez enternece al Liceu de Barcelona (+ Fotos)

Por: Juan Miguel Morales López
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Pocos cantautores han escrito versos más bellamente revolucionarios y estrofas tan subversivamente tiernas como Silvio Rodríguez. Este martes, el eterno trovador cubano, de regreso a Barcelona una década después de su último concierto en la capital catalana, demostró en el Liceu por qué es uno de los tótems de la canción.

Así, sin mediar palabra, la cita comenzó con Historia de las sillas, pieza a la que siguieron las líneas que el revolucionario cubano José Martí escribió en el ensayo Maestros ambulantes, dulce preámbulo a Ala de colibrí, incisión iniciática en un cancionero en el que el anhelo de libertad siempre converge con la delicadeza.

En esas mismas coordenadas conviven Noches sin fin y mar, improvisada por un imperceptible problema técnico, o Sueño con serpientes, primer corte de la velada cantado en dúo con los casi 2.300 fieles que abarrotaban el Liceu.

El público, algo distante de la demografía burguesa que habitualmente habita el teatro, no dejó de aprovechar los silencios para lanzar consignas como “¡Cuba sí, yankees no!” o “¡Viva Cuba, viva Fidel!”, en contraste con los eslóganes con los que media docena de manifestantes anticastristas recibieron a los asistentes en La Rambla.


No sorprendió a nadie, porque el activismo revolucionario de Silvio Rodríguez (San Antonio de los Baños, Cuba, 1946) es una arista más de una personalidad tan amable como políticamente decidida.

De hecho, el músico fue noticia el pasado marzo, cuando recibió de manos del ministro de las Fuerzas Armadas de Cuba, Álvaro López Miera, el fusil Kaláshnikov que exigió en su blog para defender la isla si era atacada por los Estados Unidos.

Por contra, en el Liceu, empuñando su guitarra y flanqueado por un tres cubano, un piano, una guitarra, un teclado –a cargo de su hija Malva–, un clarinete, una batería y un contrabajo, Rodríguez encadenó Virgen de occidente, que verá la luz en su próximo álbum; Viene la cosa, de su reciente Quería saber (2024) y La bondad y su reverso, todo bajo el manto jazzero que imponía la banda.



En un tramo marcado por sus trabajos más cercanos, también tuvieron su hueco En cuál de esos planetas y Más porvenir, dedicada a su amigo Pepe Mujica, expresidente de Uruguay.

Pero no todo iba a ir de novedades. Me acosa el Carapálida devolvió Barcelona al 1984 en que salió Tríptico (Volumen tres); y ¿A dónde van?, presentada en solemne soledad, recogió el Mujeres de 1978; mientras que en un aparte, acompañado únicamente de la flauta de Niurka González y el piano de Malva Rodríguez, el cubano invocó a Luís Eduardo Aute a través de La belleza, que levantó gritos de revolución en platea y palcos.



Con la tríada formada por Eva, Quién fuera y Escaramujo, el Liceu se animó, coros y vítores mediante, en un repecho que ya funcionó como llano por el que fluyeron sin resistencia Pequeña serenata diurna y Canción de elegido, antes de que el trovador tuviera un recuerdo para el pueblo palestino recitando el poema Halt! de Luis Rogelio Nogueras y entonara La era está pariendo un corazón y El necio envuelto en una kufiya.

Sin hacerse de rogar, el bis rompió desde el primer tema, porque Ojalá arrancó con un suspiro a la altura de la canción, su leyenda y ese “disparo de nieve” –o de Nievi, que cada cual escoja su versión–, antes de cerrar el Gran Teatre del Liceu con Por quien merece amor, última punzada en Barcelona, primera parada de una gira española que llevará al cubano por Zaragoza, Bilbao, València, A Coruña, Sevilla, Murcia y Madrid.

Dejando fuera himnos como Unicornio, Rabo de nube, Te doy una canción u Óleo de mujer con sombrero –estas tres últimas fueron cantadas en catalán por Joan Isaac y Sílvia Comes como aperitivo–, Silvio Rodríguez se despidió del teatro entre una larguísima ovación, mientras observaba, metido debajo de una gorra en la que se leía Aprendiz, cómo ondeaban banderas cubanas, esteladas y retratos del Che.


(Con información de EFE)










(


 Silvio Rodríguez, la lucha no para


El cantautor cubano convierte el Gran Teatre del Liceu de Barcelona en un acto de reivindicación política.



Silvio Rodríguez durante el concierto de este martes, 1 de septiembre, en Barcelona.Daniel Mordzinki




Paco Peris


Barcelona02/09/2026 14:21Actualizado a02/09/2026 17:32


"Te doy una canción


Es como un disparo


Como un libro, una palabra


Una guerrilla


Cómo doy el amor".


Cantar con el puño en alto. Cantar convencido de que una canción todavía puede ser una forma de resistencia, un vehículo poderoso para desvelar la mirada, mantenernos alerta y combatir la amnesia contemporánea. Una voz contra la injusticia, la violencia, la infamia y el olvido.

Silvio Rodríguez sigue cantando todo aquello que muchos han dejado de creer, de defender o, simplemente, de recordar. Lo hace tercamente, desde hace más de medio siglo, con palabras cargadas de amor y de rabia, de rebeldía y de esperanza. Canciones que hablan de un mundo que podría ser diferente y de la necesidad de no resignarnos.

"Prefiero hablar de cosas imposibles, porque de lo posible se sabe demasiado".

En las Ramblas, antes del concierto, un puñado de manifestantes anticastristas ya gritaban consignas antiwoke y daban algunas pistas de cómo iría la velada. El concierto transformó el templo de la burguesía catalana en un acto a favor de las libertades, de los oprimidos y de los olvidados. Un teatro que tembló con gritos como "¡Viva Fidel!", "¡Cuba sí, nazis no!" o "¡Viva la revolución!", justo antes de que Joan Isaac y Sílvia Comes subieran al escenario para cantar unas versiones en catalán de las canciones de su querido amigo Silvio.

Entre el público, muchas canas. Hombres y mujeres que descubrieron aquellas canciones a finales de los años setenta, cuando este país salía de una dictadura y los anhelos de libertad, justicia y transformación social encontraban en las palabras del trovador cubano un espejo al otro lado del Atlántico.

Y es cuando aparece Silvio, con vaqueros y una gorra donde se puede leer "Aprendiz". La gente se levanta, Silvio con el puño alzado, banderas de Cuba y Palestina, reproducciones del Che Guevara. Una fiesta revolucionaria en toda regla. Y él, en el escenario, con su guitarra, su herramienta para matar fascistas, como la de Woody Guthrie.

"Iba matando canallas

con su cañón de futuro".

El cantante cubano, figura imprescindible de la canción de autor latinoamericana, inició este martes en Barcelona su nueva gira. El regreso llega tras la publicación de Quería saber, el álbum editado en 2024, y con Silvio Rodríguez celebrando más de cincuenta años de trayectoria musical. Cinco décadas que han convertido su voz y su guitarra en una parte inseparable de la historia de la canción de autor.

Poco después de comenzar el concierto, el cantante leyó un extracto del ensayo Maestros ambulantes, de José Martí, "el apóstol" de la nación cubana y fundador del Partido Revolucionario Cubano: "Se necesita ser bueno para ser feliz", pero también "se necesita ser próspero para ser bueno", recordó Silvio, en clara alusión al bloqueo que sufre su pueblo desde hace más de sesenta años.

Silvio representa el espíritu de lucha y de resiliencia, el símbolo de un artista comprometido, infatigable y coherente, una figura que se hace más grande con el tiempo. Por eso la gente lo ama y lo respeta, no sólo por lo que canta, sino por ser como es: un hombre íntegro que no ha renunciado a sus principios morales ni políticos.

"Dicen que me arrastrarán por sobre rocas cuando la revolución se venga abajo... yo me muero como viví".

Acompañado por siete músicos, por la omnipresente Niurka González, su mujer, a la flauta y el clarinete, y por Malva, la hija de ambos, a las voces y los teclados, Silvio hizo un amplio repaso de su larga carrera musical. Las que Niurka González más fuerza eran los grandes clásicos, coreados con emoción por buena parte del público. Las lágrimas hablaban de muchas cosas a la vez. De los sueños que un día creímos posibles, de las utopías que hemos ido dejando por el camino, de la distancia enorme entre aquello que imaginábamos y la realidad del presente. Vivimos tiempos extraños, atrapados demasiado a menudo en un pensamiento binario que nos obliga a escoger bando, a desconfiar del cambio, a tener miedo de perder aquello que tenemos. Y, casi sin darnos cuenta, acabamos renunciando a imaginar algo mejor. La nostalgia de los sueños perdidos.

"Las revoluciones no son perfectas, son necesarias".

Silvio Rodríguez creció en una Cuba convulsa, herida por las desigualdades, la dependencia económica y décadas de intervencionismo norteamericano. Nació en 1946, trece años antes del triunfo de la Revolución. Fulgencio Batista sería la última expresión de aquel mundo. La dictadura, la represión, la corrupción y la subordinación a los intereses económicos extranjeros acabarían alimentando un malestar que venía de mucho más lejos.

"Pero la vida no vale nada


Si la dejas morir de a poco


si no la defiendes con el alma".

La banda de Silvio Rodríguez este martes, 1 de septiembre, en Barcelona.Daniel Mordzinki

El concierto transitaba entre la música, las emociones y la lucha. Silvio también leyó el poema Halt!, de Luis Rogelio Nogueras, quien, tras visitar Auschwitz, conmovido por el horror, interpelaba al pueblo judío preguntándose cómo "olvidaron tan pronto el vaho Halt infierno". Y más canciones: A dónde van La canción del elegido Ojalá, La belleza, de Aute, Por quien merece amor, El reparador de sueños el Necio Venga la esperanza...

Él creyó que la cultura podía participar en la construcción de un mundo diferente. Que una guitarra y una voz podían llegar allí donde no llegaban los discursos. Que la poesía todavía era capaz de interpelar la conciencia.

"Lo más terrible se aprende enseguida

Y lo hermoso nos cuesta la vida".

Sus canciones no mueren porque siguen habitándonos. Son refugio contra la desesperanza, memoria de las utopías humanistas que hemos ido dejando por el camino y recordatorio de una idea tan sencilla como incómoda: que resignarnos no es una obligación y que todavía podemos imaginar y construir un mundo más justo, más digno y mejor.

"Yo sólo quiero cantar

Pero no importa la suerte

Que Pueda Correr Una Canción.

Unos dicen que aquí

Otros dicen que allá

Y sólo quiero decir

Yo sólo quiero cantar

No importa que luego

Me suspendan la función".


Silvio Rodríguez: ¡Gracias Barcelona!

Radio Cadena Agramonte03/09/202602 minutos


España, 3 sep.- ¡Gracias Barcelona!, publicó Silvio Rodríguez en su sitio oficial Zurrón del Aprendiz, luego del éxito total de su primer concierto, este miércoles en el Liceu de la ciudad capital de Cataluña, al que acudieron miles de personas, luego de un lustro sin llegar a aquellos escenarios.

A pesar de que algunos extremistas trataron de boicotear la presentación del fundador de la Nueva Trova cubana, los amantes de la obra de Silvio acudieron a disfrutar de un concierto que comenzó con la antológica Historia de las Sillas y continuó con temas tan conocidos como Alas de Colibrí, Sueño con serpientes, Quién fuera, Escaramujo, Pequeña serenata diurna, Canción de elegido, ¿A dónde van? y Ojalá, entre otras más recientes incluidas en su amplio repertorio.

Numerosos medios de prensa de España, Europa y América Latina dan cuenta hoy del inicio de la gira del trovador por la Península Ibérica que se extenderá hasta el cuatro de octubre venidero y que lo llevará a siete ciudades más, además de Barcelona, donde las canciones, el amor y la esperanza pudieron más que el egoísmo y el fundamentalismo de los que odian a Cuba.

En el mes de mayo último, en su propio sitio oficial y en sus redes sociales el autor de Unicornio invitaba a los españoles a compartir su gira y anunciaba que subiría a los escenarios de Zaragoza, Bilbao, Valencia, Coruña, Sevilla, y Murcia para concluir en Madrid el cuatro de octubre.

Niurka González y Malva Rodríguez, además de los músicos habituales en las últimas presentaciones en Cuba y América del Sur, acompañan al trovador que cumplirá en el próximo noviembre 80 años de una vida dedicada hace casi 60 a defender y difundir la canción de autor desde la Nueva Trova en Cuba. (Texto y Foto: Cubasí)


Silvio Rodríguez

Silvio Rodríguez inicia en Barcelona su nueva gira

por Xavier Pintanel el 02/09/2026 

El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

Silvio Rodríguez en el Liceu de Barcelona. © Xavier Pintanel
Silvio Rodríguez en el Liceu de Barcelona.
© Xavier Pintanel

 

Ver a Silvio Rodríguez en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona supone un privilegio añadido al propio concierto. Uno de los grandes teatros de ópera del mundo ofrece unas condiciones de teatralidad y, especialmente, una calidad de sonido difícilmente reproducibles en recintos más amplios o concebidos para múltiples usos. En un artista cuya propuesta sigue descansando esencialmente sobre la palabra, la melodía, los matices de la interpretación y los silencios, esas condiciones no son un detalle menor.

 

Fue allí donde Silvio Rodríguez inició el 1 de septiembre su nueva gira por el Estado español y donde, a punto de cumplir 80 años, volvió a demostrar que su manera de estar sobre un escenario apenas necesita artificios. Su voz continúa siendo sólida, aunque dosifique lógicamente los agudos, y mantiene una notable solvencia tanto como cantante como a la guitarra.

 

Tampoco ha cambiado demasiado su actitud escénica. Rodríguez sigue siendo parco en palabras, con intervenciones breves y escasas, y prefiere que sean las canciones —o, como sucedió en distintos momentos de la noche, los textos que decide recitar— las que expresen sus opiniones. Silvio ha sido siempre más lírico que épico. No es un hombre de conciertos construidos alrededor de grandes gestos: sale al escenario, canta una canción detrás de otra y eso es prácticamente todo. Que no es poco cuando esas canciones constituyen un repertorio como el suyo.

 

La calidez de la noche llegó en buena medida desde una platea que acompañó un concierto cuyo desarrollo fue dibujando un leve pero constante crescendo hasta alcanzar un tramo final en el que se sucedieron algunas de sus composiciones más conocidas.

 

Antes de que Silvio apareciera sobre el escenario, sin embargo, el Liceu reservaba una primera sorpresa. Joan Isaac y Sílvia Comes ofrecieron un pequeño concierto como invitados del propio Rodríguez. Ambos habían grabado en 2019 Cita amb àngels, un disco construido a partir de canciones del trovador cubano adaptadas al catalán por ellos dos.

 

Su presencia adquiría además un significado particular: Silvio incorporaba a la apertura de su concierto una interpretación de sus propias canciones en la lengua de la ciudad que lo recibía, un gesto de generosidad y respeto que permitió escuchar Expedición, Rabo de nube, Te doy una canción y Óleo de mujer con sombrero convertidas en Expedició, Cua de núvol, Et dono una cançó y Oli d'una dona amb barret.

 

Joan Isaac y Sílvia Comes. © Xavier Pintanel
Joan Isaac y Sílvia Comes.
© Xavier Pintanel

 

A las ocho y media, puntualmente, Silvio Rodríguez apareció sobre el escenario para comenzar un recorrido de 22 canciones acompañado con extrema solvencia de Jorge Aragón (piano), Niurka González (flauta y clarinete), Jorge Reyes (contrabajo), Rachid López (guitarra), Maykel Elizarde (tres), Oliver Valdés (batería) y su hija Malva Rodríguez (coros y teclado); y que arrancó con la histórica Historia de las sillas.

 

Muy pronto llegó también uno de los elementos que se repetirían a lo largo de la noche: la política aparecería, pero no a través de discursos explícitos. Rodríguez prefirió recurrir a la poesía y a su propio cancionero.

 

Antes de Ala de colibrí, recitó un fragmento de Maestros ambulantes, el ensayo de José Martí en el que aparece la afirmación "Las verdades fundamentales caben en el ala de un colibrí". Un texto que sirvió para introducir una primera referencia directa a la situación que atraviesan actualmente los cubanos a raíz de las políticas impulsadas por el presidente estadounidense Donald Trump y que es un auténtico llamamiento a la paz, la convivencia, la bondad y la cultura.

 

Después llegaron Noche sin fin y mar y el clásico Sueño con serpientes, antes de recuperar una de las singularidades de su repertorio: Virgen de Occidente, una canción que lleva interpretando desde hace cerca de cuatro décadas pese a haber permanecido inédita discográficamente. El propio Rodríguez anunció desde el escenario que finalmente formará parte del nuevo disco que está grabando con los Trovarroco.

 

El presente discográfico apareció a continuación con Viene la cosa y Nuestro después, las dos únicas canciones seleccionadas de Quería saber, su último álbum. Tras ellas recuperó En cuál de esos planetas, una composición antigua que había retomado para Amoríos.

 

La amenaza estadounidense volvió entonces a aparecer a través de Me acosa el carapálida, una canción cuya escucha actual devuelve inevitablemente sus versos al presente. Solo habría faltado, para hacerla más explícita, rebautizarla como Me acosa el caranaranja.

 

A continuación llegó Más porvenir, la canción dedicada a José "Pepe" Mujica, y en la que recordó también a Lucía Topolansky, su compañera.

 

A partir de ese momento el concierto empezó a adquirir otro carácter.

 

Silvio se quedó solo con su guitarra para interpretar Adónde van, uno de esos momentos en los que la arquitectura del Liceu y sus condiciones acústicas cobraron pleno sentido. Sin necesidad de ampliar la escala, la canción pudo ocupar el teatro desde su propia intimidad.

 

Niurka González, Silvio Rodríguez y Malva Rodríguez interpretan «La belleza» de Luis Eduardo Aute. © Xavier Pintanel
Niurka González, Silvio Rodríguez y Malva Rodríguez interpretan «La belleza» de Luis Eduardo Aute.
© Xavier Pintanel

 

Después llegó uno de los instantes más emotivos de la noche y, literalmente, más familiares. Rodríguez se acompañó únicamente del piano de su hija Malva y de la flauta de su esposa, Niurka González, para interpretar La belleza, de Luis Eduardo Aute.

 

Desde allí comenzaron a aparecer, una detrás de otra, algunas de las canciones más reconocibles de su repertorio. Primero Eva y después Quién fuera, que permitió momentos de lucimiento instrumental de la flauta de Niurka González.

 

Siguieron Escaramujo, Pequeña serenata diurna y Canción del elegido, momento en el que Rodríguez recordó también a Abel Santamaría.

 

La siguiente intervención extramusical volvió a demostrar hasta qué punto Silvio prefiere utilizar las palabras de los poetas antes que convertir el escenario en una tribuna. Esta vez recurrió a Luis Rogelio Nogueras, "Wichy el Rojo", poeta cubano de su generación y amigo personal fallecido prematuramente.

 

Rodríguez recitó Halt!, poema escrito por Nogueras después de visitar el campo de concentración de Auschwitz en 1979. El texto interpela a los "judíos de Jerusalén y Jericó" preguntándoles "cómo olvidaron tan pronto el vaho del infierno". Terminada la declamación, Malva colocó una kufiya alrededor del cuello de su padre y Silvio comenzó a cantar La era está pariendo un corazón. ¿Para qué decir más? Poesía, gesto y canción habían dicho lo suficiente.

 

Silvio Rodríguez con la kufiya palestina. © Xavier Pintanel
Silvio Rodríguez con la kufiya palestina.
© Xavier Pintanel

 

Para entonces el concierto había entrado ya en un territorio en el que resultaba difícil determinar dónde terminaba exactamente el programa previsto y dónde comenzaban los bises. Las entradas y salidas del escenario fueron sucediéndose mientras aparecían canciones que la platea reconocía desde sus primeros acordes.

 

Llegaron El necio, Venga la esperanza y Ojalá, antes de que Rodríguez realizara una última referencia indirecta a la política estadounidense con Por quien merece amor. Compuesta a finales de 1981, cuando el Gobierno de Estados Unidos comenzó a desarrollar maniobras navales de carácter amenazante alrededor de Cuba, la canción regresó al escenario más de cuatro décadas después en un contexto que permitía establecer nuevas correspondencias con el presente. Nada nuevo bajo el sol. Donald Trump había sobrevolado así buena parte del concierto sin que Silvio Rodríguez necesitara pronunciar su nombre.

 

En el Liceu no hubo grandes gestos ni hicieron falta. Hubo un trovador, una guitarra, unos músicos extraordinarios y un puñado de canciones legendarias. Silvio nunca ha necesitado convertir sus conciertos en acontecimientos épicos. Le basta con cantar. Y en un teatro construido precisamente para escuchar, se dobla la maravilla.

 

De izquierda a derecha: Jorge Aragón, Jorge Reyes, Maykel Elizarde, Rachid López, Silvio Rodríguez, Malva Rodríguez, Niurka González y Oliver Valdés. © Xavier Pintanel
De izquierda a derecha: Jorge Aragón, Jorge Reyes, Maykel Elizarde, Rachid López, Silvio Rodríguez, Malva Rodríguez, Niurka González y Oliver Valdés.
© Xavier Pintanel


Videos del concierto en Barcelona(actualizado)..










miércoles, septiembre 02, 2026

El Silvio Rodríguez más íntimo, por Daniel Mordzinski:

sus giras, sus recitales en Cuba y su vida en familia

El fotolibro 'Silvio Rodríguez, diario de un trovador' recoge imágenes y textos del cantautor cubano, abarcando giras, recitales y vida familiar

La obra, una edición de autor para España, estará disponible desde el 3 de septiembre en librerías de Zaragoza y Madrid, y en la próxima gira del artista, que empieza hoy en el Gran Teatre del Liceu

Silvio retratado junto a su mujer Niurka González, flautista y clarinetista de la banda. Buenos Aires, 2018. / Cortesía de Daniel Mordzinski.

Daniel Mordzinski

01 SEPT 2026 14:32

Actualizada 01 SEPT 2026 15:50

El fotolibro 'Silvio Rodríguez, diario de un trovador' 

es un recorrido fotográfico, narrativo y emocional por la década reciente de uno de los cantautores más importantes de la lengua española. Reúne los paisajes esenciales que han marcado su obra: sus giras internacionales, sus recitales en Cuba, sus encuentros con otros creadores y su vida en familia. Desde San Antonio de los Baños, el pueblo que lo vio nacer, hasta los grandes escenarios del mundo, mis fotografías entran en diálogo con los textos de Silvio —algunos tomados de su diario personal— creando un fértil diálogo artístico.

Esta edición de autor exclusivamente para España estará disponible a partir del 3 de septiembre en la librería Cálamo de Zaragoza, en la librería Alberti de Madrid y durante los conciertos de la gira, que empieza esta noche en el Gran Teatre del Liceu. 'Silvio Rodríguez, diario de un trovador' es un libro imprescindible para todos los amantes de la música, la fotografía y la palabra. Un talismán para quienes saben que la poesía, el amor y las utopías son armas cargadas de futuro.

Silvio y sus músicos Gijón, 2016. / Cortesía de Daniel Mordzinski.

­SILVIO RODRÍGUEZ: EL HOMBRE QUE AMABA SU RÍO

La música encuentra siempre un resquicio para entrar en tu vida y volverse compañera indispensable de todo lo que sueñas, amas y sufres. Un recuerdo antiguo y dulce me transporta al París de los años setenta y a las melodías de aquel tiempo. Yo tenía 18 años, había dejado atrás a la dictadura militar argentina para llegar a París, la patria de los que no teníamos una, carecía de visa y mi francés era tan pequeño como mi presupuesto para subsistir.

Fue en Francia que me sentí latinoamericano por primera vez, allí descubrí la gran literatura de América Latina y conocí a jóvenes de mi continente. Eric Genao fue el primer amigo latinoamericano que tuve en París. Nos conocimos en el restaurante universitario Mabillon, donde por menos de 4 francos se comía un menú completo y balanceado, Eric me hizo descubrir la literatura dominicana y me transmitió la idea de que literatura y música eran las dos alas de un mismo pájaro.

Silvio retratado junto al río que lo vio nacer en San Antonio de los Baños. Cuba, en 2025. / Cortesía de Daniel Mordzinski.

El 28 de febrero de 1978, en mi pequeña bohardilla del sexto piso (sin ascensor ni baño) de la Av. De la Motte-Picquet, Eric me regaló un casete con las canciones de su músico favorito.En la tarjeta J, llevaba escrito con letra pequeña y prolija, los nombres de los temas: 'Ojalá', 'La era está pariendo un corazón', 'Óleo de mujer con sombrero''. El álbum era 'Al final de este viaje'. El músico, Silvio Rodríguez. Yo escuchaba al gran trovador cubano soñando convertirme en director de cine, escritor o fotógrafo. Uno de mis vecinos de piso, Won, monje budista, educado y estudioso, me escuchaba cantar a Silvio, y con dos golpecitos tímidos en la pared, me decía: " Daniel, baje la voz, por favor". Yo me disculpaba y, al rato, me dejaba llevar por la música y volvía a cantar.

Silvio jugando con sus mascotas en su casa La Habana, 2018. / Cortesía de Daniel Mordzinski.

Un día, saliendo de mi cuarto me crucé con Won. Mi vecino me miró fijo, como si llevara tiempo preparando sus palabras, levantó teatralmente su mano izquierda, haciendo el típico gesto de la Victoria y, en un español con marcado acento cantó:

“soy feliz

soy un hombre feliz”

En esos esos tiempos de carencias y de sueños, los temas de Silvio fueron bálsamo y me aportaron un ancla de afecto, poesía y amor.

Ni en mis más osados sueños de juventud imaginé que, con casi medio siglo de fotografía en mis pupilas, tendría la fortuna de hacer un libro, mano a mano, corazón a corazón, junto a Silvio Rodríguez. El trovador no cesa de canturrearme ahí dentro, muy profundo:

soy feliz

soy un hombre feliz

Silvio retratado frente al Palacio de la Moneda Santiago de Chile, 2018. / Cortesía de Daniel Mordzinski.