martes, septiembre 08, 2026

Ojalá que no vuelvan a pasar diez años: Silvio Rodríguez se reencuentra con Zaragoza

Más de 3.000 personas arroparon este sábado al histórico trovador cubano en el Príncipe Felipe, el mismo escenario en el que había actuado por última vez en Aragón en abril de 2016. Dos horas de concierto para recorrer una obra que lleva décadas uniendo poesía, amor, compromiso y revolución.

GLADYS SENDIC/Arainfo org.

06 septiembre, 2026. 17:19

 

Silvio Rodríguez, en una imagen de 2025 de su blog segundacita.blogspot.com.

Diez años, cuatro meses y 21 días después, Silvio Rodríguez volvió a cantar en Zaragoza. Y lo hizo en el mismo lugar. El Pabellón Príncipe Felipe recibió este sábado al cantautor cubano en una de las primeras paradas de una gira que supone su regreso a los escenarios del Estado español.

Más de 3.000 personas acudieron a una cita largamente esperada con uno de los nombres fundamentales de la canción latinoamericana. Dos horas de concierto que, para quienes esperaban desde hacía una década volver a encontrarse con Silvio en Aragón, supieron a poco: “Una maravilla. Dos horas que supieron a poco”, resumía a AraInfo una de las personas asistentes.

A punto de cumplir 80 años, Silvio Rodríguez volvió a demostrar que sus canciones se resisten a convertirse simplemente en memoria. Porque pocas discografías contienen tantos versos instalados desde hace décadas en la memoria colectiva. “Ojalá”, “Unicornio”, “La maza”, “Óleo de mujer con sombrero”, “Playa Girón” o “Te doy una canción” forman parte de un repertorio en el que conviven la poesía y la política, la intimidad y la observación del mundo, la ternura, la crítica y el compromiso.

El concierto zaragozano permitió reencontrarse con una obra que ha atravesado generaciones ante un público que había esperado más de diez años para volver a escuchar a Silvio en directo en Aragón. Antes del trovador cubano subió al escenario Ángeles González, encargada de abrir la noche.

Diez años después, el mismo escenario

La anterior actuación de Silvio Rodríguez en Aragón había tenido lugar el 15 de abril de 2016. También entonces fue el Pabellón Príncipe Felipe el escenario elegido. Más de una década separa, por tanto, las dos últimas visitas aragonesas de uno de los fundadores y máximos exponentes de la Nueva Trova cubana.

El concierto de este sábado fue además la segunda parada de su “Tour España 2026”, iniciado el 1 de septiembre en Barcelona y que durante septiembre y octubre recorrerá ocho ciudades: Zaragoza, Bilbo, València, A Coruña, Sevilla, Murcia y Madrid, además de la capital catalana.

Silvio llegó acompañado de una amplia formación de músicos habituales: Rachid López a la guitarra, Jorge Aragón al piano, Malva Rodríguez al piano y voces, Niurka González a la flauta y clarinete, Jorge Reyes al contrabajo, Maykel Elizarde al tres, Emilio Vega al vibráfono y percusión y Oliver Valdés a la batería y percusión.

La gira llega después de la publicación en 2024 de “Quería saber”, su último álbum de estudio, y cuando el músico de San Antonio de los Baños se acerca a los 80 años manteniendo una actividad creativa que comenzó hace más de seis décadas.

Una trova que sigue mirando a Cuba

Tampoco puede separarse la obra de Silvio Rodríguez de Cuba ni de la Revolución que ha atravesado su vida y buena parte de sus canciones. El músico tenía 12 años cuando triunfó la Revolución cubana en enero de 1959 y nunca ha escondido su compromiso con ella.

Precisamente semanas antes de comenzar esta gira volvió a pronunciarse sobre la durísima situación que atraviesa la isla tras décadas de bloqueo estadounidense. “Es casi un milagro que Cuba exista”, afirmó en una entrevista publicada en agosto, en la que defendió que “el proceso cubano habría sido muy diferente (en el sentido de mejor) si no lo hubieran fustigado y tergiversado tanto”.

Silvio reivindicó al mismo tiempo la necesidad de recuperar “el sentido prístino de la Revolución”: “Una revolución del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Una posición que no modifica su defensa de la soberanía de Cuba frente a Estados Unidos. “Pedir un fusil para defender la soberanía de mi patria es mucho más viejo: forma parte de mi configuración molecular, de mi consistencia atómica”, aseguraba.

Meses antes había dejado otra declaración difícil de separar de la dimensión política que siempre ha acompañado a su obra: “El mundo está dirigido por un régimen autoritario, belicista y ladrón. Y no es Cuba”.

Más de medio siglo después de empezar a escribir canciones, Silvio sigue defendiendo que la canción puede servir para mirar el mundo y discutirlo. Este sábado volvió a hacerlo en Zaragoza ante más de 3.000 personas. Habían pasado más de diez años desde la última vez. Dos horas después, para muchas de ellas, el deseo era inevitable: ojalá que no vuelvan a pasar otros diez.

“Gracias Silvio!”, el homenaje continúa una semana después



El reencuentro tendrá una suerte de epílogo una semana después. El próximo sábado 12 de septiembre, a las 19:00 horas, el Centro Cívico Río Ebro –edificio Fernández Ordóñez– de Zaragoza acogerá “Gracias Silvio!”, un homenaje al trovador cubano en la previa de su 80 cumpleaños y apenas siete días después de su regreso a la ciudad.

Sobre el escenario estarán Leandro Piragini y María Arreche a las voces, Danilo Sepúlveda a las guitarras, Nico Cassinelli al piano, teclado y dirección musical, Jaime Lobo al bajo y José Antonio López (batería).

La cita quiere celebrar una obra que desde los años 70 ha atravesado profundamente a varias generaciones, especialmente en Latinoamérica y el Estado español. Con casi una treintena de álbumes publicados y más de un millar de canciones escritas, la influencia de Silvio Rodríguez ha desbordado ampliamente las fronteras de Cuba.

“Gracias Silvio!” propone recorrer diferentes momentos de esa extensa producción creativa con un repertorio que combinará grandes éxitos, caras B y algunas piezas que todavía permanecen inéditas. Un homenaje a su vida y a su obra en Zaragoza cuando faltan apenas unas semanas para que, el 29 de noviembre, Silvio Rodríguez cumpla 80 años.

Videos Concierto Zaragoza




 



K

Fotos concierto de Zaragoza.





 ¡Gracias Zaragoza!!!






FOTOS: Silvio Rodríguez. Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza, 5/9/26 – Por Luis Lorente

Ángela González triunfa en Zaragoza como telonera de Silvio Rodríguez



festivalea.es

Ángela González firmó una actuación memorable en Zaragoza al abrir el concierto del legendario trovador cubano Silvio Rodríguez.

Lejos de intimidarse ante el público de una de las mayores referencias de la música en español, la artista defendió su repertorio con la cercanía, naturalidad y emoción que caracterizan su directo, metiéndose al auditorio en el bolsillo desde el primer acorde y transformando su intervención en una actuación estelar con entidad propia.

La complicidad entre ambos artistas trascendió el propio escenario. Al iniciar su espectáculo, Silvio Rodríguez dedicó sus primeras palabras a agradecer la participación de Ángela, marcando el inicio de una velada de gran carga emotiva. Durante el encuentro privado entre bambalinas, el cantautor cubano elogió el talento de la joven malagueña, sellando el momento con un abrazo y el regalo de un libro dedicado, en un hito inolvidable para una creadora que siempre lo ha tenido como referente.

Este triunfo en tierras aragonesas llega en un periodo de clara consolidación para la artista, quien se encuentra presentando los temas de su trabajo “La Recena” y ofreciendo adelantos de su próximo álbum, “Ya no es tan gracioso”, el cual cuenta con la producción de Carlos «Avatar» (productor habitual de El Kanka). Tras su reciente paso por festivales de referencia como el Sonorama Ribera y el Festival Gigante, así como una exitosa gira internacional por Uruguay —donde agotó entradas— y Ciudad de México, Ángela González suma un nuevo logro a una trayectoria en constante expansión que continuará sumando fechas por toda la geografía española

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Apagón' en la presentación del libro sobre Silvio Rodríguez en Zaragoza


El cantautor cubano, que ofrece un concierto este sábado en el Príncipe Felipe, asistió al acto del fotógrafo argentino Daniel Mordzinski

Silvio Rodríguez: "A veces las canciones son desahogo y tienen la virtud de acompañar"

Ocio y Cultura

Noticia

04 sep 2026 - 14:53

Heraldo.es

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Daniel Mordzinksi, Silvio Rodríguez e Irene Vallejo, en la presentación de 'Diario de un trovador'.Toni Galan

Llenazo total este jueves en la librería Cálamo de Zaragoza para la presentación de Silvio Rodríguez. Diario de un trovador, la nueva edición del libro que el fotógrafo argentino Daniel Mordzinksi ha dedicado al cantautor cubano. La obra es un recorrido fotográfico, narrativo y emocional por la última década de vida del artista cubano. 

La presentación, en la que participó la escritora aragonesa Irene Vallejo, y a la que asistió el propio cantautor, que ofrecerá este sábado un concierto en el pabellón Príncipe Felipe,estuvo llena de anécdotas. La principal es que a poco del comienzo del acto se fue la luz y no regresó durante unos minutos, lo que dio pie a numerosos comentarios sobre la realidad que se vive desde hace tiempo en la isla caribeña. "Así nos sentimos más en casa, es más íntimo", llegó a bromear el fotógrafo, ante la mirada del cantautor, que asistía al acto sentado en la primera fila junto a su familia, y que en varios momentos interactuó con los presentadores, Irene Vallejo y Daniel Mordzinski. Rodríguez elogió el trabajo y la personalidad artística del argentino: "Tienes una imaginación excepcional –dijo–. Y una mirada que está acostumbrada a descubrir. Esa es una de tus mayores virtudes".


Al término de la presentación el músico cubano y el fotógrafo argentino estuvieron firmando ejemplares del libro y de sus discos, incluso Rodríguez acabó estampando su rúbrica en una guitarra que le presentó un admiradora. 

Silvio Rodríguez está actualmente inmerso en una gira de 10 conciertos por España, que arrancó el 1 de septiembre en Barcelona y culminará en Madrid el 4 de octubre. 

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Daniel Mordzinski -el llamado 'fotógrafo de los escritores'- retrata en el libro a Silvio Rodríguez en los paisajes esenciales que han marcado su obra: sus giras internacionales, sus recitales en Cuba, sus encuentros con otros creadores y su vida en familia. 

La sorpresa que Irene Vallejo ha dado a Silvio Rodríguez en Zaragoza con una 'herencia paterna'


El cantautor cubano ha asistido este jueves en la librería Cálamo a la presentación del libro que le ha dedicado Daniel Mordzinski

Ocio y Cultura

Noticia

04 sep 2026 - 12:09

Heraldo.es


Silvio Rodríguez y su familia, en la presentación de la obra en la librería Cálamo.Toni Galan

La presentación del libro 'Silvio Rodríguez. Diario de un trovador' este jueves en la libreria Calamo de Zaragoza ha ofrecido numerosas anécdotas. La librería de la plaza de San Francisco se ha visto insuficiente para acoger al numeroso público que ha querido asistir al acto, que ha estado lleno de emotividad. Tanta, que incluso ha sorprendido al librero. "Silvio acudió a la presentación un poco de incógnito, aunque en la entrevista de HERALDO ya lo anunciaba -relata Paco Goyanes-. El cantautor se ha ido de aquí con la mochilla llena de amor y cariño porque no en vano su música ha sido la banda sonora de acompañamiento para varias generaciones de zaragozanos. Varios de los asistentes han confesado al final que este había sido uno de los mejores días de su vida. La presentación ha sido muy entrañable y él se ha emocionado mucho". 

El libro es un recorrido fotográfico, narrativo y emocional por una década reciente de uno de los cantautores más importantes de la lengua española. En sus páginas, Daniel Mordzinski, el llamado 'fotógrafo de los escritores', retrata a Silvio Rodríguez en los paisajes esenciales que han marcado su obra:

 sus giras internacionales, sus recitales en Cuba, sus encuentros con otros creadores y su vida en familia. 


Esta nueva edición, vendida exclusivamente en España, es el complemento cultural que acompaña a Silvio Rodríguez durante su gira de 10 conciertos por España, que arranca el 1 de septiembre en Barcelona, culmina en Madrid, el 4 de octubre, y tiene una etapa destacada este sábado en el pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza.

La presentación ha ofrecido numerosas anécdotas, la principal un 'apagón' que se ha producido al poco de iniciarse el acto, y que ha servido para recordar los que se sufren habitualmente en la isla caribeña. O el regalo que ha recibido el músico de manos de Esteban Villarrocha, de Teatro Arbolé, un ejemplar del cómic 'El joven Martí. Son de Cuba en España'.Pero quizá la más jugosa, y que ha emocionado al cantautor, la ha protagonizado la escritora aragonesa Irene Vallejo, que presentaba el acto junto al fotógrafo autor del libro.

Terminado el acto, Irene Vallejo ha sacado a la luz un ejemplar de 'Te doy una canción', el primer disco publicado por el músico en España, y que heredó de su padre. Al enseñárselo a Silvio Rodríguez, que ha asistido al acto sentado en primera fila junto a su familia, este ha revelado la historia de la grabación y de su publicación en España. El disco en realidad se titulaba 'Días y flores', pero en España se llamó 'Te doy una canción' porque el tema que le daba el título fue censurado. Según Rodríguez, fueron dos las canciones rechazadas, porque en una se empleaba la palabra 'coño' y en otra 'vil soldado'.

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Esos temas fueron sustituidos por los que finalmente aparecieron, 'Madre' y 'Te doy una canción'. Al acabar la dictadura, las nuevas ediciones del disco incluyeron los temas censurados. El cantautor ha recordado este jueves que ese disco, como otros de cantautores de la época, se publicaron en un momento en el que en América había varias dictaduras militares, por lo que había notables diferencias en su contenido y portadas según los países. 

Silvio llena teatros,mueve sentimientos.


 

¡Gracias Barcelona!.




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Concierto del Liceo visto desde el escenario.


 

🇨🇺 Silvio Rodríguez: Cuando la música y la razón vencen al boicot…


 

Silvio Rodríguez y los cuatro gatos trumpista.


 

Hoy cumplí un sueño:abrazar y charlar con Silvio Rodríguez



 

A Silvio Rodríguez Domínguez lo escuché por primera vez por allá en 2007.


Héctor Trujillo

Yo tendría unos 15 años.

Estaba en secundaria, era inquieto, curioso, medio disperso. Y un día alguien me puso a escuchar a este hombre de voz rara. Rara de verdad.

Algo se abrió ahí.

En esos años internet era otra cosa. Tocaba buscar, escarbar, meterse en foros, seguir enlaces, preguntar. Así terminé encontrándome con silviófilos, silviólogos y, sobre todo, con la que terminó siendo una familia elegida: la Tropa Cósmica.


Me acuerdo de aquellos correos como pequeños tesoros: canciones inéditas, discusiones, historias, afectos y gente que uno ni siquiera había visto y que ya sentía cercana.

Después vinieron los viajes, los encuentros, las amistades. Un poco de locura también. Muchas historias.

Y he tenido una suerte enorme: he podido verlo muchas veces.

La primera fue en 2012, en Cuba, en un encuentro de la Tropa. El Cotorro y Alamar. Más adelante, un par de veces en Buenos Aires, mientras estudiaba mi posgrado. En España, en el homenaje al PCE, en el WiZink con la Orquesta Sinfónica de Cuba y en aquel Ánimo Animal dedicado a Aute.

En su gira más reciente por Latinoamérica lo vi en Medellín y después en Cali, en Cañaveralejo, con todos cantando a pulmón abierto.

Y hoy salgo del Liceu de Barcelona.


Porque me faltaba esto: verlo en un teatro.

Y pienso en aquel pelado de 15 años que escuchó una voz extraña sin sospechar todo lo que venía detrás: las canciones, los viajes, la gente, las conversaciones, los amigos que terminaron siendo familia, los amores, las despedidas, las preguntas y algunas certezas que uno va armando como puede.

Silvio terminó metido en la banda sonora de mi vida adulta sin pedir permiso.

Ha estado ahí desde entonces.

Por eso hoy no tengo una gran conclusión.

Tengo gratitud.

Gracias, Silvio.

Por ser.

Por estar.

Por tu consecuencia.

Gracias, ser de otro mundo.

Gracias, animal de galaxia.

Y yo, qué sé.

Cuando sea grande quisiera ser como tú.

O por lo menos, un tilín mejor. 

Zurrón del Aprendiz - Silvio Rodríguez Niurka González Oliver Valdes Rachid Lopez Daniel Mordzinski | The writers’ photographer Malva Rodríguez González

Desmiento.


 

Concierto de Frank Delgado en Ciudad de Mexico


jueves, septiembre 03, 2026

Crónicas del concierto en Barcelona(actualizado)

 Cronica Fotográfica de Juan Miguel Morales

Silvio Rodríguez, entre el grito y los silencios

El trovador cubano mandó un mensaje de amor y reivindicación que no olvidó a Palestina 

Silvio Rodríguez, anoche saludando al público del Liceu Mané Espinosa

Sergio Lozano Barcelona/La vanguardia

Si lvio Rodríguez se dejó en casa el kaláshnikov para aparecer anoche en el teatro del Liceu, primera etapa de su gira peninsular. El cantautor, que el pasado marzo recibió el arma que había reclamado para defender a Cuba de Estados Unidos –una imitación sin poder de fuego, en realidad– prefirió subir al escenario con la máquina de matar fascistas, como llamaba Woody Guthrie a su guitarra.

Probablemente nunca antes se habían escuchado en el Liceu gritos de “viva Fidel, viva Cuba Libre”, que alguien lanzó desde el segundo piso y fueron respondidos con aplausos por el público antes de que Joan Isaac y Sílvia Comes celebraran una pequeña previa con versiones del músico cubano que incluyó Cua de núvol, Et dono una cançó, y Oli d’una dona amb barret.

El protagonista hizo su aparición luciendo una gorra donde se leía “aprendiz” en la frente, aunque anoche fue maestro a la hora de expresar lo que siente y desea para su maltrecho país y para el mundo. Aquel “cúmulo de verdades esenciales que caben bajo el ala de un colibrí” como escribió José Martí en el ensayo Maestros ambulantes, del que leyó un fragmento al poco de comenzar para seguir con Ala de colibrí.

“Hoy me propongo fundar un partido de sueños” entonó el viejo músico como carta de presentación, reflejo de un espíritu libre y sólido al mismo tiempo, defensor de los ideales comunistas de la revolución, pero crítico al tiempo con ella. O como dijo Martí al poco de comenzar la velada: “Se necesita ser bueno para ser feliz” pero también “se necesita ser próspero para ser bueno”. 

Candidez en la voz -entera a sus 79 años- y terciopelo en las guitarras se mezclaron anoche con la entrega de los asistentes, afiliados todos a la poesía de Rodríguez, donde no se sabe cuándo termina el amor y dónde comienza la reivindicación. La excepción fue un grupo de seis manifestantes que a la puerta de teatro, y rodeados por un cordón policial que les doblaba en número, exhibieron pancartas y lanzaron proclamas contra el castrismo entre la curiosidad de los turistas y el rechazo del público que hacía cola. Los asistentes, tildados de “charos” y “perroflautas” por el pequeño grupo, reaccionaron entre la indiferencia, algunos puños al aire y otras tantas peinetas, que no dejan de ser un puño con el índice alzado.

Con ‘Me acosa el carapálida’ apuntó a EE.UU., mientras ‘La era está pariendo un corazón’ miró al genocidio palestino

No llegó el ruido al interior del Liceu, atento a la Historia de las sillas, presto a corear en susurros, con vergüenza de novicio, Quién fuera o Pequeña serenata diurna, con esas letras que tanto pueden hablar de amor como de política, o de ambas cosas a la vez. No es de extrañar que tras los ritmos tropicales de Virgen de occidente -que formará parte de su próximo disco- cantara Viene la cosa, pieza de su último disco donde bromea con el término que en Cuba se utiliza para referirse a la política sin mencionarla. 

Acompañado por siete músicos con la omnipresente flauta a cargo de su esposa, Niurka González, y la hija de ambos, Malva, en las voces, Rodríguez no se movió de la silla durante toda la actuación, que navegó por arreglos suaves, añadidos de jazz y aromas del son cubano, sobresaliente en Escaramujo. Cantó aquella Eva que, liberada, “deja de ser costilla”, así como el recuerdo del Abel Santamaría que en Canción del elegido va “matando canallas con su cañón de futuro”. Y no se olvidó de EE.UU., destinatario que la salsera Me acosa el carapálida, ni del orgullo de ser El necio, con aire de jazz idóneo para un teatro.

Con la misma voluntad fue que el trovador, en lo más explícito de una noche donde también recordó a Pepe Mujica, se enfundó la kufiya (el pañuelo palestino blanco y negro) y leyó el poema Halt!, de Luis Rogelio Nogueras, quien, tras visitar Auschwitz reprochó al pueblo judío por cómo “olvidaron tan pronto el vaho del infierno”. Ató el lamento a La era está pariendo un corazón, y logró así un momento de máxima emoción.

A solas con su guitarra interpretó ¿A dónde van?, y cantó La belleza de Aute con esa voz que en el reproche lleva también el perdón y arranca aplausos incluso con los silencios.

Silvio Rodríguez, eterno trovador revolucionario, enternece al Liceu de Barcelona

PorNewsroom Infobae

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02 Sep, 2026 01:30 a. m. ESP

Guillermo Cabellos

Barcelona, 2 sep (EFE).- Pocos cantautores han escrito versos más bellamente revolucionarios y estrofas tan subversivamente tiernas como Silvio Rodríguez. Este martes, el eterno trovador cubano, de regreso a Barcelona una década después de su último concierto en la capital catalana, demostró en el Liceu por qué es uno de los tótems de la canción.

Así, sin mediar palabra, la cita comenzó con 'Historia de las sillas', pieza a la que siguieron las líneas que el revolucionario cubano José Martí escribió en el ensayo 'Maestros ambulantes', dulce preámbulo a 'Ala de colibrí', incisión iniciática en un cancionero en el que el anhelo de libertad siempre converge con la delicadeza.

En esas mismas coordenadas conviven 'Noches sin fin y mar', improvisada por un imperceptible problema técnico, o 'Sueño con serpientes', primer corte de la velada cantado en dúo con los casi 2.300 fieles que abarrotaban el Liceu.

El público, algo distante de la demografía burguesa que habitualmente habita el teatro, no dejó de aprovechar los silencios para lanzar consignas como "¡Cuba sí, yankees no!" o "¡Viva Cuba, viva Fidel!", en contraste con los eslóganes con los que media docena de manifestantes anticastristas recibieron a los asistentes en La Rambla.

 No sorprendió a nadie, porque el activismo revolucionario de Silvio Rodríguez (San Antonio de los Baños, Cuba, 1946) es una arista más de una personalidad tan amable como políticamente decidida.

De hecho, el músico fue noticia el pasado marzo, cuando recibió de manos del ministro de las Fuerzas Armadas de Cuba, Álvaro López Miera, el fusil Kaláshnikov que exigió en su blog para defender la isla si era atacada por los Estados Unidos.

Por contra, en el Liceu, empuñando su guitarra y flanqueado por un tres cubano, un piano, una guitarra, un teclado –a cargo de su hija Malva–, un clarinete, una batería y un contrabajo, Rodríguez encadenó 'Virgen de occidente', que verá la luz en su próximo álbum; 'Viene la cosa', de su reciente 'Quería saber' (2024) y 'La bondad y su reverso', todo bajo el manto jazzero que imponía la banda.

 En un tramo marcado por sus trabajos más cercanos, también tuvieron su hueco 'En cuál de esos planetas' y 'Más porvenir', dedicada a su amigo Pepe Mujica, expresidente de Uruguay.

Pero no todo iba a ir de novedades. 'Me acosa el Carapálida' devolvió Barcelona al 1984 en que salió 'Tríptico (Volumen tres)'; y '¿A dónde van?', presentada en solemne soledad, recogió el 'Mujeres' de 1978; mientras que en un aparte, acompañado únicamente de la flauta de Niurka González y el piano de Malva Rodríguez, el cubano invocó a Luís Eduardo Aute a través de 'La belleza', que levantó gritos de revolución en platea y palcos.

Con la tríada formada por 'Eva', 'Quién fuera' y 'Escaramujo', el Liceu se animó, coros y vítores mediante, en un repecho que ya funcionó como llano por el que fluyeron sin resistencia 'Pequeña serenata diurna' y 'Canción de elegido', antes de que el trovador tuviera un recuerdo para el pueblo palestino recitando el poema 'Halt!' de Luis Rogelio Nogueras y entonara 'La era está pariendo un corazón' y 'El necio' envuelto en una kufiya.

Sin hacerse de rogar, el bis rompió desde el primer tema, porque 'Ojalá' arrancó con un suspiro a la altura de la canción, su leyenda y ese "disparo de nieve" –o de Nievi, que cada cual escoja su versión–, antes de cerrar el Gran Teatre del Liceu con 'Por quien merece amor', última punzada en Barcelona, primera parada de una gira española que llevará al cubano por Zaragoza, Bilbao, València, A Coruña, Sevilla, Murcia y Madrid.

Dejando fuera himnos como 'Unicornio', 'Rabo de nube', 'Te doy una canción' u 'Óleo de mujer con sombrero' –estas tres últimas fueron cantadas en catalán por Joan Isaac y Sílvia Comes como aperitivo–, Silvio Rodríguez se despidió del teatro entre una larguísima ovación, mientras observaba, metido debajo de una gorra en la que se leía 'Aprendiz', cómo ondeaban banderas cubanas, esteladas y retratos del Che.

Silvio Rodríguez enternece al Liceu de Barcelona (+ Fotos)

Por: Juan Miguel Morales López
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Pocos cantautores han escrito versos más bellamente revolucionarios y estrofas tan subversivamente tiernas como Silvio Rodríguez. Este martes, el eterno trovador cubano, de regreso a Barcelona una década después de su último concierto en la capital catalana, demostró en el Liceu por qué es uno de los tótems de la canción.

Así, sin mediar palabra, la cita comenzó con Historia de las sillas, pieza a la que siguieron las líneas que el revolucionario cubano José Martí escribió en el ensayo Maestros ambulantes, dulce preámbulo a Ala de colibrí, incisión iniciática en un cancionero en el que el anhelo de libertad siempre converge con la delicadeza.

En esas mismas coordenadas conviven Noches sin fin y mar, improvisada por un imperceptible problema técnico, o Sueño con serpientes, primer corte de la velada cantado en dúo con los casi 2.300 fieles que abarrotaban el Liceu.

El público, algo distante de la demografía burguesa que habitualmente habita el teatro, no dejó de aprovechar los silencios para lanzar consignas como “¡Cuba sí, yankees no!” o “¡Viva Cuba, viva Fidel!”, en contraste con los eslóganes con los que media docena de manifestantes anticastristas recibieron a los asistentes en La Rambla.


No sorprendió a nadie, porque el activismo revolucionario de Silvio Rodríguez (San Antonio de los Baños, Cuba, 1946) es una arista más de una personalidad tan amable como políticamente decidida.

De hecho, el músico fue noticia el pasado marzo, cuando recibió de manos del ministro de las Fuerzas Armadas de Cuba, Álvaro López Miera, el fusil Kaláshnikov que exigió en su blog para defender la isla si era atacada por los Estados Unidos.

Por contra, en el Liceu, empuñando su guitarra y flanqueado por un tres cubano, un piano, una guitarra, un teclado –a cargo de su hija Malva–, un clarinete, una batería y un contrabajo, Rodríguez encadenó Virgen de occidente, que verá la luz en su próximo álbum; Viene la cosa, de su reciente Quería saber (2024) y La bondad y su reverso, todo bajo el manto jazzero que imponía la banda.



En un tramo marcado por sus trabajos más cercanos, también tuvieron su hueco En cuál de esos planetas y Más porvenir, dedicada a su amigo Pepe Mujica, expresidente de Uruguay.

Pero no todo iba a ir de novedades. Me acosa el Carapálida devolvió Barcelona al 1984 en que salió Tríptico (Volumen tres); y ¿A dónde van?, presentada en solemne soledad, recogió el Mujeres de 1978; mientras que en un aparte, acompañado únicamente de la flauta de Niurka González y el piano de Malva Rodríguez, el cubano invocó a Luís Eduardo Aute a través de La belleza, que levantó gritos de revolución en platea y palcos.



Con la tríada formada por Eva, Quién fuera y Escaramujo, el Liceu se animó, coros y vítores mediante, en un repecho que ya funcionó como llano por el que fluyeron sin resistencia Pequeña serenata diurna y Canción de elegido, antes de que el trovador tuviera un recuerdo para el pueblo palestino recitando el poema Halt! de Luis Rogelio Nogueras y entonara La era está pariendo un corazón y El necio envuelto en una kufiya.

Sin hacerse de rogar, el bis rompió desde el primer tema, porque Ojalá arrancó con un suspiro a la altura de la canción, su leyenda y ese “disparo de nieve” –o de Nievi, que cada cual escoja su versión–, antes de cerrar el Gran Teatre del Liceu con Por quien merece amor, última punzada en Barcelona, primera parada de una gira española que llevará al cubano por Zaragoza, Bilbao, València, A Coruña, Sevilla, Murcia y Madrid.

Dejando fuera himnos como Unicornio, Rabo de nube, Te doy una canción u Óleo de mujer con sombrero –estas tres últimas fueron cantadas en catalán por Joan Isaac y Sílvia Comes como aperitivo–, Silvio Rodríguez se despidió del teatro entre una larguísima ovación, mientras observaba, metido debajo de una gorra en la que se leía Aprendiz, cómo ondeaban banderas cubanas, esteladas y retratos del Che.


(Con información de EFE)

 Silvio Rodríguez, la lucha no para

El cantautor cubano convierte el Gran Teatre del Liceu de Barcelona en un acto de reivindicación política.

Silvio Rodríguez durante el concierto de este martes, 1 de septiembre, en Barcelona.Daniel Mordzinki


Paco Peris/Publico

Barcelona02/09/2026 14:21Actualizado a02/09/2026 17:32

"Te doy una canción

Es como un disparo

Como un libro, una palabra

Una guerrilla

Cómo doy el amor".

Cantar con el puño en alto. Cantar convencido de que una canción todavía puede ser una forma de resistencia, un vehículo poderoso para desvelar la mirada, mantenernos alerta y combatir la amnesia contemporánea. Una voz contra la injusticia, la violencia, la infamia y el olvido.

Silvio Rodríguez sigue cantando todo aquello que muchos han dejado de creer, de defender o, simplemente, de recordar. Lo hace tercamente, desde hace más de medio siglo, con palabras cargadas de amor y de rabia, de rebeldía y de esperanza. Canciones que hablan de un mundo que podría ser diferente y de la necesidad de no resignarnos.

"Prefiero hablar de cosas imposibles, porque de lo posible se sabe demasiado".

En las Ramblas, antes del concierto, un puñado de manifestantes anticastristas ya gritaban consignas antiwoke y daban algunas pistas de cómo iría la velada. El concierto transformó el templo de la burguesía catalana en un acto a favor de las libertades, de los oprimidos y de los olvidados. Un teatro que tembló con gritos como "¡Viva Fidel!", "¡Cuba sí, nazis no!" o "¡Viva la revolución!", justo antes de que Joan Isaac y Sílvia Comes subieran al escenario para cantar unas versiones en catalán de las canciones de su querido amigo Silvio.

Entre el público, muchas canas. Hombres y mujeres que descubrieron aquellas canciones a finales de los años setenta, cuando este país salía de una dictadura y los anhelos de libertad, justicia y transformación social encontraban en las palabras del trovador cubano un espejo al otro lado del Atlántico.

Y es cuando aparece Silvio, con vaqueros y una gorra donde se puede leer "Aprendiz". La gente se levanta, Silvio con el puño alzado, banderas de Cuba y Palestina, reproducciones del Che Guevara. Una fiesta revolucionaria en toda regla. Y él, en el escenario, con su guitarra, su herramienta para matar fascistas, como la de Woody Guthrie.

"Iba matando canallas

con su cañón de futuro".

El cantante cubano, figura imprescindible de la canción de autor latinoamericana, inició este martes en Barcelona su nueva gira. El regreso llega tras la publicación de Quería saber, el álbum editado en 2024, y con Silvio Rodríguez celebrando más de cincuenta años de trayectoria musical. Cinco décadas que han convertido su voz y su guitarra en una parte inseparable de la historia de la canción de autor.

Poco después de comenzar el concierto, el cantante leyó un extracto del ensayo Maestros ambulantes, de José Martí, "el apóstol" de la nación cubana y fundador del Partido Revolucionario Cubano: "Se necesita ser bueno para ser feliz", pero también "se necesita ser próspero para ser bueno", recordó Silvio, en clara alusión al bloqueo que sufre su pueblo desde hace más de sesenta años.

Silvio representa el espíritu de lucha y de resiliencia, el símbolo de un artista comprometido, infatigable y coherente, una figura que se hace más grande con el tiempo. Por eso la gente lo ama y lo respeta, no sólo por lo que canta, sino por ser como es: un hombre íntegro que no ha renunciado a sus principios morales ni políticos.

"Dicen que me arrastrarán por sobre rocas cuando la revolución se venga abajo... yo me muero como viví".

Acompañado por siete músicos, por la omnipresente Niurka González, su mujer, a la flauta y el clarinete, y por Malva, la hija de ambos, a las voces y los teclados, Silvio hizo un amplio repaso de su larga carrera musical. Las que Niurka González más fuerza eran los grandes clásicos, coreados con emoción por buena parte del público. Las lágrimas hablaban de muchas cosas a la vez. De los sueños que un día creímos posibles, de las utopías que hemos ido dejando por el camino, de la distancia enorme entre aquello que imaginábamos y la realidad del presente. Vivimos tiempos extraños, atrapados demasiado a menudo en un pensamiento binario que nos obliga a escoger bando, a desconfiar del cambio, a tener miedo de perder aquello que tenemos. Y, casi sin darnos cuenta, acabamos renunciando a imaginar algo mejor. La nostalgia de los sueños perdidos.

"Las revoluciones no son perfectas, son necesarias".

Silvio Rodríguez creció en una Cuba convulsa, herida por las desigualdades, la dependencia económica y décadas de intervencionismo norteamericano. Nació en 1946, trece años antes del triunfo de la Revolución. Fulgencio Batista sería la última expresión de aquel mundo. La dictadura, la represión, la corrupción y la subordinación a los intereses económicos extranjeros acabarían alimentando un malestar que venía de mucho más lejos.

"Pero la vida no vale nada

Si la dejas morir de a poco

si no la defiendes con el alma".

La banda de Silvio Rodríguez este martes, 1 de septiembre, en Barcelona.Daniel Mordzinki

El concierto transitaba entre la música, las emociones y la lucha. Silvio también leyó el poema Halt!, de Luis Rogelio Nogueras, quien, tras visitar Auschwitz, conmovido por el horror, interpelaba al pueblo judío preguntándose cómo "olvidaron tan pronto el vaho Halt infierno". Y más canciones: A dónde van La canción del elegido Ojalá, La belleza, de Aute, Por quien merece amor, El reparador de sueños el Necio Venga la esperanza...

Él creyó que la cultura podía participar en la construcción de un mundo diferente. Que una guitarra y una voz podían llegar allí donde no llegaban los discursos. Que la poesía todavía era capaz de interpelar la conciencia.

"Lo más terrible se aprende enseguida

Y lo hermoso nos cuesta la vida".

Sus canciones no mueren porque siguen habitándonos. Son refugio contra la desesperanza, memoria de las utopías humanistas que hemos ido dejando por el camino y recordatorio de una idea tan sencilla como incómoda: que resignarnos no es una obligación y que todavía podemos imaginar y construir un mundo más justo, más digno y mejor.

"Yo sólo quiero cantar

Pero no importa la suerte

Que Pueda Correr Una Canción.

Unos dicen que aquí

Otros dicen que allá

Y sólo quiero decir

Yo sólo quiero cantar

No importa que luego

Me suspendan la función".

Silvio Rodríguez: ¡Gracias Barcelona!

Radio Cadena Agramonte03/09/202602 minutos


España, 3 sep.- ¡Gracias Barcelona!, publicó Silvio Rodríguez en su sitio oficial Zurrón del Aprendiz, luego del éxito total de su primer concierto, este miércoles en el Liceu de la ciudad capital de Cataluña, al que acudieron miles de personas, luego de un lustro sin llegar a aquellos escenarios.

A pesar de que algunos extremistas trataron de boicotear la presentación del fundador de la Nueva Trova cubana, los amantes de la obra de Silvio acudieron a disfrutar de un concierto que comenzó con la antológica Historia de las Sillas y continuó con temas tan conocidos como Alas de Colibrí, Sueño con serpientes, Quién fuera, Escaramujo, Pequeña serenata diurna, Canción de elegido, ¿A dónde van? y Ojalá, entre otras más recientes incluidas en su amplio repertorio.

Numerosos medios de prensa de España, Europa y América Latina dan cuenta hoy del inicio de la gira del trovador por la Península Ibérica que se extenderá hasta el cuatro de octubre venidero y que lo llevará a siete ciudades más, además de Barcelona, donde las canciones, el amor y la esperanza pudieron más que el egoísmo y el fundamentalismo de los que odian a Cuba.

En el mes de mayo último, en su propio sitio oficial y en sus redes sociales el autor de Unicornio invitaba a los españoles a compartir su gira y anunciaba que subiría a los escenarios de Zaragoza, Bilbao, Valencia, Coruña, Sevilla, y Murcia para concluir en Madrid el cuatro de octubre.

Niurka González y Malva Rodríguez, además de los músicos habituales en las últimas presentaciones en Cuba y América del Sur, acompañan al trovador que cumplirá en el próximo noviembre 80 años de una vida dedicada hace casi 60 a defender y difundir la canción de autor desde la Nueva Trova en Cuba. (Texto y Foto: Cubasí)


Silvio Rodríguez

Silvio Rodríguez inicia en Barcelona su nueva gira

por Xavier Pintanel el 02/09/2026 

El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.


Silvio Rodríguez en el Liceu de Barcelona.
© Xavier Pintanel

 

Ver a Silvio Rodríguez en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona supone un privilegio añadido al propio concierto. Uno de los grandes teatros de ópera del mundo ofrece unas condiciones de teatralidad y, especialmente, una calidad de sonido difícilmente reproducibles en recintos más amplios o concebidos para múltiples usos. En un artista cuya propuesta sigue descansando esencialmente sobre la palabra, la melodía, los matices de la interpretación y los silencios, esas condiciones no son un detalle menor.

 

Fue allí donde Silvio Rodríguez inició el 1 de septiembre su nueva gira por el Estado español y donde, a punto de cumplir 80 años, volvió a demostrar que su manera de estar sobre un escenario apenas necesita artificios. Su voz continúa siendo sólida, aunque dosifique lógicamente los agudos, y mantiene una notable solvencia tanto como cantante como a la guitarra.

 

Tampoco ha cambiado demasiado su actitud escénica. Rodríguez sigue siendo parco en palabras, con intervenciones breves y escasas, y prefiere que sean las canciones —o, como sucedió en distintos momentos de la noche, los textos que decide recitar— las que expresen sus opiniones. Silvio ha sido siempre más lírico que épico. No es un hombre de conciertos construidos alrededor de grandes gestos: sale al escenario, canta una canción detrás de otra y eso es prácticamente todo. Que no es poco cuando esas canciones constituyen un repertorio como el suyo.

 

La calidez de la noche llegó en buena medida desde una platea que acompañó un concierto cuyo desarrollo fue dibujando un leve pero constante crescendo hasta alcanzar un tramo final en el que se sucedieron algunas de sus composiciones más conocidas.

 

Antes de que Silvio apareciera sobre el escenario, sin embargo, el Liceu reservaba una primera sorpresa. Joan Isaac y Sílvia Comes ofrecieron un pequeño concierto como invitados del propio Rodríguez. Ambos habían grabado en 2019 Cita amb àngels, un disco construido a partir de canciones del trovador cubano adaptadas al catalán por ellos dos.

 

Su presencia adquiría además un significado particular: Silvio incorporaba a la apertura de su concierto una interpretación de sus propias canciones en la lengua de la ciudad que lo recibía, un gesto de generosidad y respeto que permitió escuchar Expedición, Rabo de nube, Te doy una canción y Óleo de mujer con sombrero convertidas en Expedició, Cua de núvol, Et dono una cançó y Oli d'una dona amb barret.

 


Joan Isaac y Sílvia Comes.
© Xavier Pintanel

 

A las ocho y media, puntualmente, Silvio Rodríguez apareció sobre el escenario para comenzar un recorrido de 22 canciones acompañado con extrema solvencia de Jorge Aragón (piano), Niurka González (flauta y clarinete), Jorge Reyes (contrabajo), Rachid López (guitarra), Maykel Elizarde (tres), Oliver Valdés (batería) y su hija Malva Rodríguez (coros y teclado); y que arrancó con la histórica Historia de las sillas.

 

Muy pronto llegó también uno de los elementos que se repetirían a lo largo de la noche: la política aparecería, pero no a través de discursos explícitos. Rodríguez prefirió recurrir a la poesía y a su propio cancionero.

 

Antes de Ala de colibrí, recitó un fragmento de Maestros ambulantes, el ensayo de José Martí en el que aparece la afirmación "Las verdades fundamentales caben en el ala de un colibrí". Un texto que sirvió para introducir una primera referencia directa a la situación que atraviesan actualmente los cubanos a raíz de las políticas impulsadas por el presidente estadounidense Donald Trump y que es un auténtico llamamiento a la paz, la convivencia, la bondad y la cultura.

 

Después llegaron Noche sin fin y mar y el clásico Sueño con serpientes, antes de recuperar una de las singularidades de su repertorio: Virgen de Occidente, una canción que lleva interpretando desde hace cerca de cuatro décadas pese a haber permanecido inédita discográficamente. El propio Rodríguez anunció desde el escenario que finalmente formará parte del nuevo disco que está grabando con los Trovarroco.

 

El presente discográfico apareció a continuación con Viene la cosa y Nuestro después, las dos únicas canciones seleccionadas de Quería saber, su último álbum. Tras ellas recuperó En cuál de esos planetas, una composición antigua que había retomado para Amoríos.

 

La amenaza estadounidense volvió entonces a aparecer a través de Me acosa el carapálida, una canción cuya escucha actual devuelve inevitablemente sus versos al presente. Solo habría faltado, para hacerla más explícita, rebautizarla como Me acosa el caranaranja.

 

A continuación llegó Más porvenir, la canción dedicada a José "Pepe" Mujica, y en la que recordó también a Lucía Topolansky, su compañera.

 

A partir de ese momento el concierto empezó a adquirir otro carácter.

 

Silvio se quedó solo con su guitarra para interpretar Adónde van, uno de esos momentos en los que la arquitectura del Liceu y sus condiciones acústicas cobraron pleno sentido. Sin necesidad de ampliar la escala, la canción pudo ocupar el teatro desde su propia intimidad.

 


Niurka González, Silvio Rodríguez y Malva Rodríguez interpretan «La belleza» de Luis Eduardo Aute.
© Xavier Pintanel

 

Después llegó uno de los instantes más emotivos de la noche y, literalmente, más familiares. Rodríguez se acompañó únicamente del piano de su hija Malva y de la flauta de su esposa, Niurka González, para interpretar La belleza, de Luis Eduardo Aute.

 

Desde allí comenzaron a aparecer, una detrás de otra, algunas de las canciones más reconocibles de su repertorio. Primero Eva y después Quién fuera, que permitió momentos de lucimiento instrumental de la flauta de Niurka González.

 

Siguieron Escaramujo, Pequeña serenata diurna y Canción del elegido, momento en el que Rodríguez recordó también a Abel Santamaría.

 

La siguiente intervención extramusical volvió a demostrar hasta qué punto Silvio prefiere utilizar las palabras de los poetas antes que convertir el escenario en una tribuna. Esta vez recurrió a Luis Rogelio Nogueras, "Wichy el Rojo", poeta cubano de su generación y amigo personal fallecido prematuramente.

 

Rodríguez recitó Halt!, poema escrito por Nogueras después de visitar el campo de concentración de Auschwitz en 1979. El texto interpela a los "judíos de Jerusalén y Jericó" preguntándoles "cómo olvidaron tan pronto el vaho del infierno". Terminada la declamación, Malva colocó una kufiya alrededor del cuello de su padre y Silvio comenzó a cantar La era está pariendo un corazón. ¿Para qué decir más? Poesía, gesto y canción habían dicho lo suficiente.

 

Silvio Rodríguez con la kufiya palestina.
© Xavier Pintanel

 

Para entonces el concierto había entrado ya en un territorio en el que resultaba difícil determinar dónde terminaba exactamente el programa previsto y dónde comenzaban los bises. Las entradas y salidas del escenario fueron sucediéndose mientras aparecían canciones que la platea reconocía desde sus primeros acordes.

 

Llegaron El necio, Venga la esperanza y Ojalá, antes de que Rodríguez realizara una última referencia indirecta a la política estadounidense con Por quien merece amor. Compuesta a finales de 1981, cuando el Gobierno de Estados Unidos comenzó a desarrollar maniobras navales de carácter amenazante alrededor de Cuba, la canción regresó al escenario más de cuatro décadas después en un contexto que permitía establecer nuevas correspondencias con el presente. Nada nuevo bajo el sol. Donald Trump había sobrevolado así buena parte del concierto sin que Silvio Rodríguez necesitara pronunciar su nombre.

 

En el Liceu no hubo grandes gestos ni hicieron falta. Hubo un trovador, una guitarra, unos músicos extraordinarios y un puñado de canciones legendarias. Silvio nunca ha necesitado convertir sus conciertos en acontecimientos épicos. Le basta con cantar. Y en un teatro construido precisamente para escuchar, se dobla la maravilla.

 

De izquierda a derecha: Jorge Aragón, Jorge Reyes, Maykel Elizarde, Rachid López, Silvio Rodríguez, Malva Rodríguez, Niurka González y Oliver Valdés.
© Xavier Pintanel