El cantautor cubano conquistó y emocionó en su gira 'Quería Saber'. Demostró no sólo que es trovador y político, sino que es un músico sublime que se acompaña de los mejores
Un momento del concierto de Silvio Rodríguez en Fibes. | CTCarmen del Toro/Andalucía Información/Viva Sevilla.
27/09/26 |21:07Actualizado: 27/09/26 | 21:20| Tiempo de lectura: 4 min.
Trovador y político, sí, pero sobre todo, músico. Silvio Rodríguez arribó el fin de semana a Fibes y dejó buena cuenta de que es un trovador, que es exponente de la Nueva Trova cubana, pero también político, porque aunque su gira tenga como “excusa” su disco ‘Quería Saber’, de sus más de 500 canciones escogió las que más carga política tenían, porque como él dijo una vez “todas las canciones son políticas”. Pero insisto, es trovador, es político, pero sobre todo, músico.
El superviernes sevillano también ofrecía la cita de Silvio Rodríguez en Fibes, en Sevilla Este, a donde es difícil llegar si vives al otro lado de la ciudad. Pero las entradas estaban agotadas y los dos días, viernes y sábado, hubo lleno. Porque el que fue a ver al trovador de casi 80 años (79 tiene ahora) buscaba a Silvio: al trovador, a la Cuba revolucionaria, al político que le canta las verdades a la injusticia, a la guerra, pero también al amor. Al músico capaz de hilar las letras más hermosas del mundo con un mensaje político que no deja indiferente a nadie.
El público, entregado pero a la vez respetuoso con el octogenario, iba esperando las grandes canciones de siempre entre las nuevas de ‘Quería saber’. Escuchaban, tarareaban y a veces acompañaban al trovador, pero pocas veces, porque todos querían oír de sus labios esa letra que revolotea en la memoria colectiva de muchas generaciones. Y aplaudían a rabiar cuando finalizaba, esperando, quizás, que le tocara ya el turno a ‘En el claro de luna’ o ‘Unicornio azul’, que nunca sonaron, aunque daba igual porque las que cantó emocionaron.
Emocionó cuando tocó, con su hija Malva al piano, ‘La Belleza’ de Luis Eduardo Aute; levantó a los más revolucionarios cuando recordaba a Pepe Mújica; y se ganó que el público se levantara entre aplausos, bandera palestina incluida, cuando recitó el poema ‘Halt!’ de Luís Rogelio Nogueras tras su visita a Auschwitz en 1979: “Pienso en ustedes, judíos de Jerusalén y Jericó, / pienso en ustedes, hombres de la tierra de Sión, / que estupefactos desnudos, ateridos / cantaron la hatikvah en las cámaras de gas; / pienso en ustedes y en vuestro largo y doloroso camino / desde las colinas de Judea / hasta los campos de concentración del III Reich. / Pienso en ustedes / y no acierto a comprender / cómo / olvidaron tan pronto / el vaho del infierno”.
‘Sueño con Serpientes’, ‘Pequeña serenata diurna’, ‘Escaramujo’, ‘Ala de colibrí’, ‘Te doy una canción’ y muchas más resonaron en el auditorio de Fibes, con un público entregado y al que el trovador le regaló un ‘Ojalá’ que todos canturrearon entre peticiones de bises esperando que llegara hasta las tres horas, como en el mítico concierto de hace veinte años en el Auditorio Rocío Jurado de la Cartuja. Se encogía de hombros el trovador tras el segundo bis aplaudiendo al público.
Pero decía que además de trovador y de político, Silvio Rodríguez es músico y como tal se rodea de un elenco de profesionales que multiplican exponencialmente sus temas y sus letras, con una calidad sonora extraordinaria, que recuerdan a aquellas bandas que tocaban en los primeros festivales de jazz de San Sebastián. Destacaba entre todos su mujer, Niurka González, a la flauta y al clarinete, pero no se quedaba atrás el resto: Emilio Vega en vibráfono; Jorge Aragón y Malva Rodríguez en piano; Jorge Reyes en contrabajo; Rachid López en guitarra; Maykel Elizarde en tres; y Oliver Valdés en batería.
Y porque es un músico imprescindible en la historia del trovar y porque se rodea además de profesionales como la copa de un pino, a Silvio Rodríguez había que verlo en su gira por Sevilla. Y recibir, desde el alma, una, cualquiera, de sus canciones. “Te doy una canción y digo patria / Y sigo hablando para ti / Te doy una canción como un disparo / Como un libro, una palabra, una guerrilla / Como doy el amor”.
Silvio Rodríguez emociona en Sevilla con dos noches de música, poesía y memoria
Redacción Metal Hammer
Qué manera de llorar a gusto.
No fue un concierto, fue una reunión entrañable de miles de personas (más de tres mil cada noche) que puso de manifiesto que hay valores que van más allá de la música. A ambos lados del escenario se respiraba unión, justicia social, dignidad y respeto.
Más de dos horas de concierto compartido, tres mil caras de felicidad cantando al compromiso, a la poesía y a la memoria histórica.
Un placer consumado para muchos sevillanos que lo han visto por primera vez o que suman citaciones de cada gira. Este querido trovador cubano consigue una conexión que va más allá de la música o el compromiso social, que congrega no sólo a público de todas las edades sino de todos los estilos y gustos musicales. Y todos salieron de Fibes con una sonrisa en la cara, irradiando júbilo en su ruta de retorno.
Silvio se ponía sus cascos y cantaba con la misma voz característica que tantas veces nos ha acompañado en nuestros auriculares, altavoces, coches… tantos y tantos años de sensibilidad revolucionaria, desde cuando queríamos cambiar el mundo cuando teníamos 20 años hasta cuando queremos seguir cambiándolo a pesar de nuestro medio siglo.

El calor de la ciudad no sólo se respiraba en la calle, latía en cada golpe de palmas. Toda la platea se deshacía en aplausos no sólo al final de cada tema, sino también al inicio, sobre todo de los míticos. Tanta era la emoción que aplaudían hasta durante la canción, cuando los versos estaban cargados de significado, como en la «Canción del Elegido» o «La Era está pariendo un corazón». Fue tal el clamor del público que Silvio hizo hasta tres bises («Te doy una canción», «El reparador de sueños», «Unicornio azul»).
Banda sonora de al menos siete décadas de generaciones, sus fieles seguidores mostraban su agradecimiento no sólo con aplausos. En cuanto se hacía un silencio al inicio de una canción, alguien del público aprovechaba para agradecerle la aportación que ha hecho a nuestras vidas (“Silvio, estoy aquí junto al amor de mi vida, y tu música nos ha acompañado siempre. Gracias, Silvio”), o para alabar a sus compañeros (“¡Niurka, eres una crack!”), entre otros muchos gritos, como el de “Cuba libre», banderas de Palestina, carteles reivindicando paz y libertad… Silvio mueve y remueve. No sólo es música con significado, es una cultura, un movimiento, una ideología que va más allá de la política. Es la defensa de unos valores fundamentales que no deben perderse de vista en ningún momento de nuestras vidas.
Silvio nos lo recuerda. Valores como la integridad: “Me vienen a convidar a arrepentirme, a que no pierda, a indefinirme, me vienen a convidar a tanta mierda” o la prestada de Aute “viva la revolución de ser uno mismo”. El propósito: “Qué cosa fuera la maza sin cantera”. La libertad: “la libertad tiene alma clara y sólo canta cuando va batiendo alas” o “Eva deja de ser costilla”. El compromiso: “Te doy una canción como un disparo, como un libro, una palabra, una guerrilla, como doy el amor” La lucha: “iba matando canallas con su cañón de futuro” o “la era está pariendo un corazón, no puede más se muere de dolor, hay que acudir corriendo pues se cae el porvenir”. La responsabilidad: “qué debiera decir, qué fronteras debo respetar si alguien roba comida y después da la vida”.
El respeto: “si no creyera en quien me escucha, en lo que duele, en lo que quede, en los que luchan”. La lealtad por los ideales: “el que siga un buen camino tendrá sillas peligrosas que lo inviten a parar… siempre vale la agonía de la prisa aunque se llene de sillas la verdad”. La importancia de la curiosidad y de cuestionarse las cosas: “saber no puede ser un lujo … si saber no es un derecho, seguro será un izquierdo”. El amor “quien fuera corazón”, de amistad: “mi unicornio azul ayer se me perdió” y la empatía “soy un hombre feliz y quiero que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad”
Además de más de una veintena de canciones, Silvio nos leyó dos poemas, un fragmento de Maestros ambulantes del cubano José Martí, sobre la importancia de la educación y la cultura para conseguir la libertad, y otro del poeta cubano Luis Rogelio Nogueras, Halt!, que escribió tras visitar el campo de concentración de Auschwitz en 1979. Durante la lectura de este poema, su hija Malva Rodríguez, que acompañaba al piano, percusión y coros, le cubrió la espalda con un pañuelo palestino. Cómo se puede olvidar tan pronto ese horror.
Sevilla despidió a los queridos músicos cubanos con su aplauso de sevillanas maneras que Silvio acompañó con un aflamencado gesto de brazos para luego unirse al aplauso rítmico.
Te esperamos de nuevo, Silvio.
























