domingo, marzo 01, 2026

Sentimiento Mordzinski


Durante más de cuatro décadas ha tejido, casi sin estridencias, el mapa visual más completo de la literatura en español. Lo llaman "el fotógrafo de los escritores".

por Kaloian Santos,febrero 21, 2026


Silvio Rodríguez y Daniel Mordzinski. Foto: Kaloian.

El día que conocí al fotógrafo Daniel Mordzinski, en 2018, durante una prueba de sonido de Silvio Rodríguez en un microestadio de la ciudad de Córdoba, lo escuché pronunciar una frase que, con el tiempo, entendí como una clave de su oficio. Miraba en la pantalla las imágenes recién tomadas y dijo, casi en voz baja: “Siento que esa puede ser la foto”. No había euforia ni grandilocuencia en su tono. Era, más bien, una constatación íntima. En otra ocasión, frente a otra serie, sentenció lo contrario: “Ahí no está. No la siento”.

Lo decía sin énfasis, como quien reconoce algo que ocurre en un plano difícil de traducir en palabras. Con los años —y para mi fortuna— volvimos a cruzarnos en distintos escenarios y compartimos trabajos, conversaciones, silencios de set. Una y otra vez le escuché repetir la misma idea: sentir o no sentir una foto.

Desde entonces me acompaña esa certeza esquiva: hay un instante en que la fotografía parece anunciarse antes de ser examinada con detenimiento. Late. Se impone como una intuición nítida que antecede al análisis técnico y a la edición rigurosa. Como si, antes de convertirse en imagen definitiva, ya supiera que lo es.

Daniel Mordzinski. Foto: Kaloian.

No se trata de un asunto puramente técnico. La luz, el encuadre y la experiencia son herramientas indispensables, pero no bastan. Lo decisivo ocurre antes: en la conversación, en el silencio compartido, en esa espera que parece improductiva y que, sin embargo, va preparando el terreno. Mordzinski no se limita a retratar; establece un vínculo. Escucha. Acompaña. Se instala en la escena sin violentarla. Su cámara no irrumpe: permanece. Y en esa permanencia hay una ética muy propia.

Esa manera de entender el oficio atraviesa su más reciente libro, Silvio Rodríguez. Diario de un trovador, publicado por Editorial Planeta y presentado en el Hay Festival Cartagena 2026 con la participación del propio Daniel; Silvio, de manera virtual desde La Habana; y el actor cubano Jorge Perugorría como maestro de ceremonias. El volumen trasciende la idea de un simple cuaderno de viajes: es un recorrido afectivo por conciertos, ciudades y encuentros que, a lo largo de una década, fueron consolidando una relación.

El libro no nació de una estrategia editorial ni de un contrato apresurado, sino de la reiteración de los encuentros. Así lo explicó Silvio durante la charla: fue algo que “creció a partir de los viajes y las coincidencias”, desde aquel primer cruce en República Dominicana hasta las giras compartidas por España, Argentina, Chile, México y otras estaciones latinoamericanas. El trovador subrayó cómo esas coincidencias sedimentaron un vínculo que dejó de ser únicamente profesional para convertirse también en personal.

Foto: Kaloian.

Con el tiempo, la acumulación de imágenes comenzó a insinuar una forma. Daniel enviaba fotografías después de cada viaje; muchas, recordó Silvio, estaban atravesadas por un humor cómplice que los retrataba sin solemnidad. Hasta que llegó la propuesta directa: “Un día Daniel me dijo que quería que hiciéramos un libro”. Y remató con ironía: si un fotógrafo como él te propone algo así, “hay que ser bobo para decir que no”.

Desde el lado de Mordzinski, la aproximación tuvo desde el inicio un carácter narrativo. Confesó que creció escuchando a Silvio y que siempre consideró sus cancioneros como verdaderos poemarios, porque en cada canción habita una pieza de poesía autónoma. Acompañarlo en conciertos, en la intimidad familiar y en diálogos con otros creadores le permitió comprender que cada retrato era apenas un fragmento de una historia mayor. “Toda fotografía contiene un relato”, explicó. A él le interesa, sobre todo, ese territorio invisible que rodea la imagen: lo que ocurre antes y después del clic, cuando la vida aún fluye y la memoria comienza a tomar forma.

Hablar de Daniel Mordzinski (Buenos Aires, 1960) es hablar de una paciencia convertida en archivo. Durante más de cuatro décadas ha tejido, casi sin estridencias, el mapa visual más completo de la literatura en español. Lo llaman —con justicia, aunque la etiqueta resulte insuficiente— el “fotógrafo de los escritores”.

Por su lente han pasado figuras mayores como Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa, pero también voces emergentes que, gracias a su mirada, encontraron un primer retrato a la altura de su obra. Más que acumular rostros, Mordzinski ha construido una memoria afectiva de la cultura iberoamericana, donde cada imagen es el resultado de un vínculo y cada disparo, la síntesis de un encuentro.

Foto: Kaloian.

Cuando Daniel afirma “siento que esa es la foto”, el verbo no es casual. Antes que mirar, percibe. Detecta el instante en que el personaje público se repliega y asoma la persona. Sabe que la verdad rara vez coincide con el gesto más espectacular; suele habitar en un ademán mínimo, en una mirada distraída, en una respiración que se afloja. Ese momento es frágil y breve. Requiere paciencia.

En su aproximación hay una voluntad explícita de no invadir. No busca imponer una pose ni fabricar una escena. Observa, ajusta lo indispensable y espera. Esa economía no responde solo a la técnica, sino al respeto. No dispara por ansiedad ni por acumulación: fotografía cuando percibe que algo genuino está ocurriendo. Esa contención es, en el fondo, una postura moral.

Confieso algo detrás de escena de este libro. 

Entre las muchas cosas que admiré de Daniel Mordzinski —de estar a su lado, de sostener gustosamente la tela negra sin fin, de armar un set improvisado en los lugares más inverosímiles para un retratista— hubo una lección silenciosa que entendí con el tiempo: Daniel no gasta sus balas. Digo mejor: no desperdicia sus disparos. No fotografía por ansiedad. Espera. Observa. Se mueve apenas lo necesario. Y cuando siente que “ahí podría estar la foto”, entonces sí: ahí sucede. Esa economía no es técnica: es ética. Es una forma de relacionarse con el otro. De no invadir. No atropellar el instante. De ahí proviene, creo, ese “sentir” del que habla. No es intuición mágica; es atención sostenida. 

Y luego está el retratado de este libro: Silvio Rodríguez. Poco dado a las fotos. Más bien introvertido, sencillo, humilde hasta el hueso. No es de quienes se entregan fácilmente al lente. Su territorio es la canción, detrás de una guitarra o una cámara, no en la pose. Pero cuando se compromete, cumple. Y con Daniel algo se relaja: se distiende el gesto, baja la guardia, aparece una respiración más auténtica. ¿Por qué Daniel lo logra? Porque no va en busca del ícono, sino del ser humano. Porque no se impone sobre el personaje. Porque sabe esperar el momento en que el trovador deja de ser figura pública y vuelve a ser hombre. Y eso, en alguien como Silvio, no es poca cosa. 

Daniel Mordzinski tira fotos durante un ensayo. Foto: Kaloian.

Pero también hay cómplices en esas fotos que ahora componen este libro. Cómplices invisibles que sostienen el clima. Pienso en Niurka González. Soy testigo de que, así como es virtuosa con la flauta, lo es como aliada. Cada vez que a Daniel se le ocurría una foto, cada vez que proponía un encuadre “alocadamente” hermoso o pedía un gesto más, Niurka era esa otra pata de la mesa que proponía el momento justo. Una complicidad decisiva.

Porque las grandes fotografías rara vez son un acto solitario. Aunque el disparo lo haga una sola persona, alrededor hay una red de gestos, silencios y complicidades que lo hacen posible. En Silvio Rodríguez. Diario de un trovador se siente: no son imágenes arrancadas; son imágenes concedidas. Y quizás ahí esté la clave. Las fotos, entonces, no solo se hacen: se tejen.

Foto: Kaloian.

En este libro, además, la palabra ocupa un lugar central. Silvio aporta fragmentos de diarios, comentarios a las fotografías y versos que dialogan con las imágenes. Aquí no se cumple el lugar común de que “una imagen vale más que mil palabras”: texto y fotografía se complementan hasta formar una unidad. El sentimiento que Daniel invoca no es una intuición mística, sino el resultado de una atención sostenida.

                                                                     Foto: Kaloian.

En el prólogo, el propio Silvio recuerda un encuentro fortuito en París y agradece a Daniel con palabras que revelan algo más que admiración profesional: hablan de admiración mutua. Ese vínculo explica por qué las imágenes no parecen arrancadas, sino concedidas. No hay asalto ni captura forzada, sino un consentimiento tácito.

Foto: Kaloian.

                                                      Foto: Kaloian
               
                                                                  

                                                                 Foto: Kaloian.



Foto: Kaloian.

Foto: Kaloian.

Foto: Kaloian.

Después de recorrer el libro, la frase inicial adquiere otro sentido. La foto “está” o “no está” según la calidad de la relación que la precede. La cámara es apenas el instrumento; lo decisivo ocurre en el intercambio humano. El sentimiento del que habla Mordzinski no es un arrebato inexplicable: es la consecuencia de haber estado verdaderamente presente.

Foto: Kaloian.

La pregunta, entonces, deja de ser cómo fabricar una imagen con emoción y se transforma en algo más simple —y, a la vez, más complejo—: cómo situarse frente al otro. Daniel parece haber encontrado su respuesta en la paciencia, en la humildad y en una atención que convierte el oficio en una forma de vida. Existe, sin duda, un “sentimiento Mordzinski”, del mismo modo que existe un instante decisivo a lo Cartier-Bresson: un punto exacto e irrepetible en el que la imagen no solo se compone, sino que se siente. Silvio Rodríguez. Diario de un trovador es prueba elocuente de esa certeza.

Entre el espanto y la ternura-Coral por Cuba


 

Conmemorando dos cumpleaños

 




Acto solidario con Cuba en Madrid.



 

 

La celebración por el 83 cumpleaños de Pablo Milanes en La Habanam

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 Perfil de El diablo Díaz











"Fue un niño caprichoso dotado de un espíritu salvaje y sofisticado"





Pablo Milanés: un trovador excepcional

 

Imagen tomada de Radio Nacional de Colombia

Pablo Milanés se ha inscrito en la historia de la música cubana por su labor fundacional, como parte del Movimiento de la Nueva Trova, que trascendió las fronteras de nuestro país para convertirse en bandera del Movimiento de la Nueva Canción en Latinoamérica.

Su labor trascendió del acompañamiento imprescindible de la guitarra, hasta las exploraciones tímbricas que caracterizaron su paso por el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC.

La obra del reconocido cantautor, es fiel testimonio de su actividad creadora; fiel heredera de la tradición trovadoresca de una María Teresa Vera, a quien admiraba; o con las inflexiones filinescas que marcaron su repertorio desde muy joven. Una y otra vez reaparece su voz potente, en solitario o asumiendo las segundas voces en dúos ocasionales, evidenciando la independencia adquirida en su recorrido por las nóminas de los cuartetos vocales.

Pocos trovadores han sabido mezclar de manera excepcional el lenguaje cotidiano del pueblo con las poéticas, metáforas o imágenes que recrean las más diversas facetas del acontecer, acercando su música a los públicos más disímiles; lo mismo en una canción con la más rígida estructura, que en acercamientos a géneros bailables como la rumba o el son.

Una extensa discografía en la que prevalece el acompañamiento de su agrupación, con la que muestra una relación que se refleja en cada una de las interpretaciones o arreglos realizados por el maestro Miguel Núñez, garantiza la popularidad y aceptación de los temas de siempre, aunque ya no podamos aplaudirlo en los escenarios o corear las canciones que le dieron a conocer en sus diversas etapas creativas.

Cargadas de poesía las canciones de Pablo no suelen detenerse a describirnos las virtudes de algunas mujeres que conforman su historia, ni siquiera a exaltar los valores de las mismas, más bien tratan de colocarnos en su piel, de hacernos comprender su posición, para poder asumir el significado o la dimensión que adquirió cada una en su vida, llámese Yolanda, Sandra o aquella que prefirió compartir con algo o alguien, que bien pudo ser una causa, más que un rival.

Esta expresión de sentimientos se manifiesta no solo hacia la mujer compañera de pasiones y trabajo, apoyo de sus días y sueños, también es reflejo del amor a la madre, aquella que fue capaz de hacerlo humano y mejor, mujer entrañable, “cuyos ojos no son luceros que alumbran la madrugada, pero si le miran siente, que le tocan con sus manos”.

La canción política y patriótica también se hace notar en el repertorio de Pablo Milanés: Hombre que vas creciendo, Amo esta Isla o Pobre el Cantor dan fe de su compromiso con el pueblo y con toda Latinoamérica, que se vio reflejada en su canción a Nicaragua o la seguridad de pisar las calles de Santiago de Chile para cantar en una plaza liberada.


El legado de Pablo Milanés ha quedado registrado en una extensa discografía que incluye sus más de seiscientas composiciones, agrupadas en decenas de álbumes, compilaciones, colaboraciones y audiovisuales, que reflejan su trayectoria desde las primeras grabaciones en los Encuentros de Música Latinoamericana, celebrados en La Casa de Las Américas, hasta el álbum póstumo, que contó con la colaboración de Alejandro Sanz, Andy Montañez y Diego Torres entre otros reconocidos intérpretes.

En su catálogo de fonogramas, destaca un primer álbum en solitario, dedicado a la musicalización de versos de José Martí en 1973, un disco que resalta por la presencia de los códigos trovadorescos con un acercamiento personal a obra del maestro.

En un contexto cercano al movimiento de la canción política, resulta lógica la selección de esta temática, que no se distancia del abordaje propio del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. En la misma línea creativa se ubica Canta a Nicolás Guillén dos años después, en el que emplea una mayor diversidad genérica.

De los finales de la década del 70 e inicios de los 80, hay que mencionar dos discos emblemáticos por constituirse en una muestra de su estilo forjado y definido a partir de las influencias del feeling y la trova tradicional. Caracterizados por la poética de sus textos y la belleza de sus líneas melódicas, No me pidas y Años, resultan imprescindibles cuando se hace referencia a su creación.

Al hablar de la discografía de Pablo Milanés no pueden dejar de mencionarse los volúmenes Feeling, que destacan por la sencillez de la tímbrica, con predominio de la guitarra como acompañamiento, en los que se incluyen boleros, bossa nova y otros géneros, en todos los casos con el tratamiento habitual de esta modalidad que se implementó esencialmente en la trova cubana de los años 40 y 50 del siglo pasado, pero se extiende hasta nuestros días. Una selección de temas cubanos y foráneos en los que predominan los acordes disonantes y la flexibilidad en el tratamiento del metroritmo.

Con su agrupación definitiva, los finales de los años 80 y 90 salieron al mercado un grupo de producciones discográficas a cargo de Pablo Milanés con una sonoridad amplia y excelencia en el tratamiento de las orquestaciones, generalmente a cargo del pinareño Miguel Núñez. En esta etapa destaca la obra Orígenes, introspectiva y filosófica, donde se le canta a sus preocupaciones, tormentos y la realidad que le rodea, con la acostumbrada belleza de las líneas melódicas, entre los temas incluidos aparece Sandra, una reflexión íntima sobre su realidad emocional.

Los volúmenes Querido Pablo y Pablo querido son una muestra de la acogida y repercusión de la obra del reconocido trovador, con la participación de figuras reconocidas del universo musical. Estos álbumes recogen una selección de las obras más populares e importantes de su catálogo, adaptadas magistralmente al estilo de cada uno de los intérpretes.

En el catálogo discográfico de Pablo Milanés pueden nombrarse algunas joyas singulares, que marcaron historia no solo por su calidad musical o su realización, sino por el impacto emocional y social de las mismas. Dentro de este selecto grupo pueden mencionarse el álbum con las presentaciones en vivo del artista y Silvio Rodríguez en Argentina; Canción de otoño con el acompañamiento exclusivo de José María Vitier y Pablo y Lynn Milanés, que recoge un concierto en vivo de padre e hija con sus mejores canciones.

Una novedad en el legado fonográfico del destacado trovador es Stándars de jazz de 2019, que expone otra faceta de uno de los intérpretes más importantes de la cancionística cubana del siglo XX. En este disco aparecen versiones de importantes temas del género, popularizados por figuras como Nat King Colle o Frank Sinatra; para ello contó con la participación de jóvenes instrumentistas del jazz cubano.

Ante la imposibilidad de nombrar los discos relevantes y toda la producción de Pablo Milanés con su sello discográfico PM Records, bastaría la recomendación de la compilación realizada con todo su catálogo, que incluye más de 50 CD y DVD realizado por Bis Music, en la que se rescatan cubiertas originales, notas discográficas, fotos y datos de los archivos de grabación.

viernes, febrero 20, 2026

Juan Grabois se reúne con Silvio Rodríguez en Cuba y expresa su solidaridad contra el asedio de Trump


El diputado nacional de Argentina Humana, Juan Grabois,con el cantautor cubano Silvio Rodríguez. Foto: Cortesía
En medio de la crisis humanitaria que enfrenta Cuba por el bloqueo energético total dispuesto por el gobierno de Estados Unidos, el político argentino viajó a La habana para recuperar experiencias y manifestar su apoyo al pueblo cubano

El diputado nacional Juan Grabois, miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores de la cámara baja, viajó al país caribeño, a la ciudad de La Habana, con el objetivo de llevar su compromiso y solidaridad y la de su espacio político, Argentina Humana, frente al asedio que atraviesa actualmente el pueblo cubano. 

El viaje que realizó el diputado surge luego de que Donald Trump firmó hace algunas semanas un decreto (Orden Ejecutiva 14380) que dispone un bloqueo energético absoluto sobre Cuba.

A través de sus redes sociales, el dirigente publicó un video en donde muestra su encuentro con el cantautor Silvio Rodríguez con el mensaje: “Con Silvio en La Habana, en defensa de la paz y la soberanía de todos los pueblos latinoamericanos. Le pregunté qué canción refleja mejor la época... y se puso a recitar:” con un video en donde se ve a Silvio lee en voz alta la canción “Me Acosa el Carapálida”. 

Me Acosa el Carapálida”. 

El dirigente expresó la importancia de que América Latina se mantenga como un territorio de paz y que se respete la soberanía de todos los países. La visita mantiene una continuidad con las Misiones de Solidaridad entre los pueblos que impulsó su organización en Bolivia (2019), Colombia (2021), Ecuador (2022), Perú (2023).

El dirigente expresó la importancia de que América Latina se mantenga como un territorio de paz y que se respete la soberanía de todos los países.

El diputado sostuvo que su visita no tenía carácter ideológico “no voy a condenar ni a aplaudir a ningún gobierno, voy a mirar, escuchar, tender puentes útiles y defender principios que nos enseñó el Papa Francisco. Voy a poner mi granito de arena para intentar romper el aislamiento que es un crimen contra el derecho humanitario, afectando a la población. Un verdadero “castigo colectivo” de los que habla la Convención de Ginebra”. 

“Fui invitado a Cuba en otras ocasiones, pero esta vez me siento en la responsabilidad de aceptar aquella invitación por lo mismo que hice en otras crisis de la región: llevar solidaridad concreta, defender la paz y sostener una política latinoamericanista que no se arrodille ante el matonismo internacional que propone Donald Trump”, insistió.

También resaltó su interés particular en recuperar experiencias concretas sobre el aprendizaje de los niños, niñas y adolescentes que puedan servir para aplicar ante la crisis educativa que enfrenta nuestro país.  En ese sentido, visitará experiencias de salud para aprender sobre su sistema,el cual es reconocido mundialmente por su excelencia y alcance.

Este lunes, Grabois publicó en Diario Red un artículo sobre la situación apremiante de Cuba. “No hay ningún argumento, ningún objetivo ideológico, político o económico que pueda justificar someter a un pueblo a la hambruna. Así como sucedió en palestina, está sucediendo en Cuba. Los latinoamericanos, empezando por nuestros gobernantes, tenemos que evitarlo. Combatir el bloqueo es una obligación moral de todas las personas de buena voluntad”..

“Cuba no ha realizado acción alguna que ponga en peligro la integridad territorial, la seguridad nacional o la estabilidad institucional de los Estados Unidos. La asimetría de fuerzas entre ambos Estados es gigantesca”, escribio.

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