"la cultura es el mejoramiento del ser humano" Email oficial de Silvio: ojala@cubarte.cult.cu Email de este Blog:tropandaluz@yahoo.es
martes, septiembre 08, 2026
miércoles, septiembre 02, 2026
La rueda de la fortuna
Estoy seguro que fue en Enero del 2007. Estaba de visita en Cuba el músico inglés Gordon Matthew Thomas Summer más conocido por Sting.
El Instituto de la Música había organizado una recepción para agasajar al cantante británico. Sería en el Club Habana, y habían tomado a bien invitar para la ocasión a músicos que tuvieran que ver, supongo, con la influencia inglesa y a otros indiscutidos cultores de la música cubana. Y yo no era ni muy "inglés" ni muy "tradicional". Yo tampoco era un conocedor de la obra de Sting. Solo había escuchado un par de canciones de Police, el tema de Arma Letal que hacía junto a Erick Clapton, "Its Probably Me" y me había encantado el documental y el disco "Bring On The Night". Así que simplemente no me invitaron, y punto.
Una tarde-noche de ese Enero del 2007 recibí una llamada de Santiago Feliú. Sin preguntar cómo estaba ni darme las buenas noches (así era él cuando estaba cabrón, Jjjj) me espetó:
- T....t...te invitaron a.....la descarga con Sting?-
Le respondí que no, y acto seguido escuché su diatriba contra el Instituto por lo sesgada de la selección de invitados y por lo que se cocinaba secretamente. Yo me desayunaba de todo y entre risas y consejos le hice una proposición.
- Me vienes a buscar y nos vamos juntos al Club Habana, y a ver quién se va a atrever a cuestionar nuestra presencia.-
Creo que lo pensó un poco, pero al final decidió que "el no iba donde no lo invitaban".
Luego, ya más calmado y contando con la solidaridad de otro des-invitado empezamos a hablar de una de sus grandes pasiones, el cine.
Creo que el día anterior a la llamada en la televisión cubana habían puesto "And Now....Ladies and Gentlemen" , una película Franco-Inglesa del director Claude Lelouch.
Coincidimos en que nos había gustado la trama un poco enrevesada entre lo onírico y lo real y que de seguro había que verla otra vez para entenderla mejor.
Alabamos las actuaciones de Jeremy Irons en el papel de "Valentín" el ladrón de joyas y de la entonces treintañera cantante y actriz francesa Patricia Kaas como "Jane Lester" la cantante de Jazz. Nos gustó a ambos la banda sonora compuesta por Michel Legrand y estuvimos hablando un rato de Claudia Cardinale, que también formaba parte del Reparto del Film, nuestra fantasía sexual de los 70s.
Otra feliz coincidencia es que a los dos nos había llamado poderosamente la atención una sentencia que parecía resumir la escencia del Film.
El personaje de Jane Lester quiere dejar de ser uno de los puntos de un triángulo amoroso (el trompetista y las dos cantantes) y decide dejar el Club de Jazz donde canta (vean la película).
Con su amiga la cajera (Soleil el personaje, interpretado por Silvie Loeillet) sostienen una filosófica conversación acerca de las mentiras, y ese personaje insignificante (la cajera) que ni siquiera aparece en los créditos principales, es la que, como un látigo, suelta un axioma que todavía retumba en mi cabeza, y que como les conté es la escencia del Film:
"Sabes que me dijo el último mentiroso con el que estuve?, que las mentiras son solo sueños pillados infraganti"
A Santiago y a mi nos había gustado tanto la frase que habíamos decidido lo mismo; ponerla en una canción.
Pasó el tiempo, no sé si por fin Santiago fue a la descarga con Sting. Recuerdo que ví un montón de fotos de la recepción (a veces Sting como atormentado mira a otra dirección), el caso es que un día fui a ver a mi amigo a una presentación suya en "El Sauce". Al final del concierto le pregunté si ya había hecho la canción con la frase de marras.
-N...no, no he p....podido encontrar una b...buena r....rima para Infraganti - me dijo con su característico hablar.
- Ah, pues yo sí - le dije retándolo de alguna manera.
- Y....y, cuál -
-Santi - le respondí a rajatablas.
- Y...y, si. P...pero no me voy a...a hacer una canción a....a mi mismo.
Creo que los trovadores nos dedicamos todo el tiempo canciones a nosotros mismos, pero volvió a pasar el tiempo y me olvidé del axioma y de la rima.
Hasta el 12 de febrero del 2013. Así me salió:
"Si yo con mi lira y todo mi empeño le hubiera contado al Santi... qué ciertas mentiras son como los sueños que son pillados infraganti..que suene, que suene un dúo de mentirosos en los trenes y andenes, y sobre todo, que suenen..."
PD: hoy sale en las plataformas digitales una versión de la Rueda de la Fortuna, definitiva y con las guitarras de Leodán Brito Guzmán . Espero que la disfruten y recuerden al Zurdo Tenorio, al Capitán Cannabis.
lunes, mayo 25, 2026
jueves, octubre 09, 2025
lunes, agosto 25, 2025
sábado, febrero 01, 2025
Concierto de Frank Delgado en apertura de Festival “Longina canta a Corona”
Jueves, 09 Enero 2025 07:25
En el centro cultural La Luna Naranja, de Santa Clara, se desarrolló el concierto del cantautor y trovador Frank Delgado.
Con la picardía de un cubano de pura cepa, dio rienda suelta a su imaginación, a su música, a su obra, y por tanto a un lenguaje desenfadado que le permitió, con mucha rapidez, comunicarse de inmediato con todo el público, sin distinción de edad, ni sexo.
La mayor cita de la trova sucede en Santa Clara y rinde homenaje a una de las más grandes compositoras cubanas: Marta Valdés.
Conciertos, descargas, peñas, homenajes y espacios para teorizar, distinguen también las intensas jornadas musicales y artísticas, del Longina 2025.
viernes, mayo 24, 2024
La historia de Frank contada por sus guitarras
9 min read
Apr 10, 2024
| La única certeza que tiene Frank Delgado es que el hippie que se instaló en él en los 70 se ha negado a marcharse… |
Por Yuliet Pérez Calaña
Alguna vez soñé que estaba en un cuarto lleno de guitarras y estas me hablaban. Me levanté pensando lo volaísimo que sería poder entrevistar, además de a los músicos, a sus instrumentos. Por eso cuando tuve en frente a Frank Delgado, el cantautor que más ha marcado mi vida con su obra, teniendo tanto que decirle y preguntarle, solo me salió un: «Cuéntame de tus guitarras», lo que resultó un recorrido apasionante por la historia de sus casi 300 canciones y más de 2 000 conciertos.
La Salvadoreña
Así llama Frank a su primera guitarra profesional, una Ovation americana con cuerdas de nylon que llegó a su vida de la manera más inesperada.
Entre 1983 y 1985, en una de sus presentaciones, Frank conoció al trovador Gonzalo Rodríguez, un salvadoreño refugiado político en México, que quedó tan conmovido con la canción «Los amores guerrilleros» que terminó en su casa grabándola.
«Los amores guerrilleros nacieron en Morazán, en Chalate o en El Cerro y se fueron a las lomas con sus sueños de palomas de tener un lindo cielo», decía en una de sus estrofas este tema que compuso Frank a los 21 años y que ha cantado muy poco.
En 1987, el trovador recibió la guitarra junto con la noticia de que Gonzalo había muerto de neumonía, no sin antes encargarle a su esposa localizarlo y entregársela.
Cuando Frank tuvo su Ovation solo había, que él supiera, tres en Cuba. Dos de ellas se habían juntado el 18 de enero de 1986 en la Casa del Joven Creador con Santi, Gerardo, Varela y Frank en el Concierto por la ilusión. Una era de Noel Nicola (que la prestó para la ocasión) y la otra de Santiago Feliú (aunque las cuerdas de esta eran de acero) y la tercera la tenía Moncada.
Muy pronto la salvadoreña comenzó a ser codiciada y se volvió promiscua. Pasó por las manos de Polito, Vanito, Athanai, David Torrens y el propio Santiago, quien repitió varias veces.
A este último, Frank siempre se la entregaba con un stand para que no la dejara tirada porque Santi era tan talentoso como descuidado con la guitarra. De hecho, en un concierto en el Mella, la dejó encima de una banqueta y Frank, desde afuera, miraba asustado cómo se tambaleaba, hasta que no aguantó más e irrumpió en medio del escenario a rescatarla, ante un público que no entendió nada y alguien que le susurraba a sus espaldas: «ssssss no te la lleves…no te la lleves que la tiene que usar en la próxima canción».
La salvadoreña es una guitarra a la que Frank le tiene mucho cariño, aunque su sonido sea un tanto plástico y le resulte incómodo tocarla por «resbalosa». ¿Resbalosa? «Sí porque es cóncava…imagínate tú…barrigona ella y barrigón yo claro que íbamos a chocar».
La Japonesa
En 1993 Frank se fue con Silvio Rodríguez de gira por España. Él con la salvadoreña, que cada día estaba más pesada y le daba muchísimo dolor en el hombro y Silvio con dos japonesas de la marca Takamine, una oficial y otra de repuesto. A Frank le encantaron porque tenían un sonido muy cercano a la guitarra real.
De la gira volvió con dinero suficiente para comprarse un Nissan Sentra, carro muy de moda entonces. Isacc Delgado tenía el suyo y casi todos los músicos de Pablo Milanés también. Pero para eso necesitaba una carta de autorización que debía firmar Carlos Lage…bueno, en realidad necesitaba un epistolario completo: del CDR, del trabajo, del sindicato…en fin, cambió de planes y le entregó 1 100 dólares a Maikel Bárzaga — quien le compraba los instrumentos a Silvio — y este le trajo una Takamine de Estados Unidos en 1995.
La Japonesa es la guitarra de Frank con más heridas de guerra. La primera la sufrió un día antes de estrenarla en un concierto en Casa de las Américas. En el ensayo la tenía montada en su stand y un utilero comenzó a trabajar cerca, movió los instrumentos de percusión y estos le cayeron encima, abriéndole un agujero en el frente. Frank no lo podía creer, lleno de ira y hasta con una lagrimita asomada le cayó atrás al tipo, pero nadie más lo ha vuelto a ver.
Así mismo, al día siguiente, se grabó con la Takamine mi disco preferido y el de muchos: Trovatur. En él casi todas las canciones están en un tono más bajo; precisamente uno de los motivos por los que Frank prefiere a la Takamine: le permite afinar como si cantara en «Mi» cuando en realidad no es así.
La nueva guitarra se convirtió muy pronto en la más viajera de la colección. Inició periplo en los carnavales de Río de Janeiro, un lujo que quiso darse Frank con un dinero que había ganado en otra gira de 10 meses por España.
Luego lo acompañó a Argentina, donde se instalaron un largo tiempo con Gabriela (sí, la de la canción), un amor del trovador. Desde la terraza de su casa, con una vista hermosísima, en una hamaca paraguaya e inspirado por todo lo que había aprendido de música brasileña, Frank compuso la mayoría de las canciones del disco La Habana está de bala (1997) y El adivino (1999). Recuerda este como el mayor período creativo de su carrera.
Del 95 al 2006 la Takamine recorrió con Frank por Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, México, Paraguay y Estados Unidos.
Silvio resultó, sin dudas, la principal influencia para que Frank comprara su Takamine. En realidad ellos se han influenciado mutuamente. El 15 de abril de este año, Rodríguez — creyendo que era el cumple de Delgado — , le dedicó un post donde confesaba que un amigo le decía que imitaba a Frank y que eso le gustaba, porque siempre ha querido parecerse a lo bueno.
Claro, tampoco se le puede quitar el mérito de la llegada de la Takamine a ese espécimen que abunda mucho en este país: el burócrata procastinador de firmas, que lo hizo cambiar los planes de palo pa’ rumba; o mejor, de carro pa’ guitarra.
La Polaca
A mediados de los años 70, casi todos los sábados, Frank llegaba de los «Camilitos» directo para la casa de Cristina la holandesa, su vecina del reparto Flores. Tenía cuatro hijos contemporáneos con él, pero no eran ellos el motivo de la visita, sino su guitarra. Frank pasaba muchas horas tocándola y sus días más felices sobrevenían cuando lo dejaban llevársela a casa. Entonces inventaba todo tipo de excusas para no devolverla.
A Migdalia, su madre, ese apego a algo que no era de él le molestaba, pero se había percatado de la pasión que sentía por el instrumento. Así, le compró una guitarra polaca en una tienda nacional que le costó entre 30 y 40 pesos. Cuando Frank, que estaba en 12 grado, llegó de la escuela al campo, la encontró sobre la cama. Le pareció bella y perfecta aunque era de caja muy fina, madera muy dura y cuerdas de acero. Esto último le asentaba muy bien a las canciones en inglés, sus preferidas por entonces. Una era «No sugar tonight», de la banda canadiense The Guess Who y que él llamaba “«o me endulces el café»… muy fácil de tocar, pues solo debía mover el dedo en dos direcciones. Eso sí, para poner la cejilla se precisaba una fuerza descomunal.
La polaca le fortaleció a Frank los dedos como ninguna y se los destrozó también. Mientras los muchachones del barrio criaban callos en las manos en otros menesteres, Frank lo hacía sacándole acordes a aquel guitarrón, con el cual se podía matar de un golpe a cualquiera. Así nacieron sus primeras canciones…, todas de amor: «Canción a una muchacha», «Retrato», «Amor maduro», «Reproche», «Por nada», «Descarga Metropolitana», «Soy amante al recuerdo», «Parece», «Retorno»…
Con 15 años Frank escribió letras como esta de Recuerdo de una calle, que es mi preferida de los 70: «Y así fui consumiendo las horas y mis ansias/ y tal vez fui cediendo terreno en la distancia/ y fue apenas legible mi pensamiento entonces/ por el recuerdo terrible de tu busto de bronce».
La polaca era una guitarra muy comunista. Frank la vestía con calcomanías alegóricas al primer congreso del PCC, Girón, Che, Camilo, la amistad Cuba-Rusia y se la llevaba los domingos a pasear al Cubanaleco, actualmente el círculo social habanero Otto Parellada, y en aquellos años el templo de los hippies y los adoradores del rock.
Como él y sus amigos no pertenecían a ningún sindicato entraban por la playita de 110, saltaban el muro de Hijas de Galicia y el siguiente para unirse a aquel hervidero de guitarras, radios, melenas, ganas de cantar y fumarse el mundo.
Los asistentes se reunían por piquetes. Había uno que sobresalía por su swing: «Los chicos de la flor», y había otros elementos sueltos como Frank, que iban de grupo en grupo, guitarra en mano, esperando que alguien les pidiera acompañamiento musical, aunque eso sucedió muy pocas veces.
El Cubanaleco tenía sus personajes, por ejemplo, Frankestein, un hippie muy poco agraciado, a quien, sin embargo, todos respetaban porque tenía un pelo larguísimo y vigoroso que el Frank «camilito», casi rapado, miraba con envidia. Y también un trovador del que no recuerda el nombre, que cantaba los estribillos más locos que ha oído en su vida: «Yo a ti te conozco por el sarro de tus dientes». Fue a él a quien Frank vio tocar la guitarra al revés antes que a Santiago Feliú.
Uno de los más populares era Yimmy, un negro fortachón y simpático, muy solicitado por los piquetes para que cantara en inglés (o lo que creía y les hacía creer que era inglés). Fue de él de quien escuchó, por primera vez, que la canción «Copacabana», de Barry Manilow, no era de la famosa playa brasileña y sí del Copacabana Yatch Club de Miramar. En un inicio pensó que deliraba, después comprobó que era cierto. Yimmy cantaba un blues muy famoso en aquel lugar que decía: «Negraaa, yo me voy para Niuyork, a beber cóctel y a bailar el rock».
A finales de los 80, Frank le regaló la polaca a su amigo Boris para que enseñara a tocar a sus hijos. En el 2005, en una fiesta, se la reencontró ya muy deteriorada, incluso con algunas cuerdas de menos, pero con las calcomanías intactas. Fue muy emotivo porque, justo al lado de su primera guitarra, encontró dormido a su hijo Sebastián. Actualmente no sabe si ya está en desuso o sigue por ahí, destrozándole los dedos a algún joven con sueños de cantautor.
Hasta hace muy poco, Migdalia conservaba, repleta de hilos, botones y retazos de telas, la caja de cartón donde vino la polaca, como un recordatorio de lo bien que hizo en comprársela, pues ha visto a su hijo desenamorarse de todo lo que se ha enamorado alguna vez, menos del instrumento. Por eso cree que la guitarra es su pasión verdadera.
La única certeza que tiene Frank es que el hippie que se instaló en él en los 70 se ha negado a marcharse. Con 60 años y dueño de una obra imprescindible dentro de la música cubana, a quien la radio, la televisión y las instituciones culturales le deben promoción, premios, reconocimiento, diplomas y gladiolos, Frank se ha definido en días más recientes como «un hipibano, una canción clandestina, un corazón en la mano» y, a veces, solo quisiera «volver al Cubanaleco a encontrase con los chicos de la flor…,el pelo largo y cantar unas baladas suaves»…, aunque volver al Sauce, a discotembear con Luis Alberto García, no estaría nada mal.
viernes, abril 19, 2024
Crónicas de concierto de Frank Delgado en Casa de América
Con Frank Delgado en sus 45 años de vida artísticos
Este viernes 12 de abril, mi amigo Frank Delgado estuvo de celebración y lo hizo con un concierto en Casa de las Américas para festejar sus 45 años de vida artística. La presentación tuvo lugar justo entre dos fechas importantes para él y para mí: el cumpleaños 61 de Carlos Varela, el pasado día 11, y en la víspera del día 13, fecha correspondiente a los 72 años de que viniese al mundo nuestro hermano mayor, Bladimir Pascual Zamora Céspedes, quien si bien ya no está físicamente de este lado, sigue acompañándonos de cierto modo.
No sé con exactitud cuándo conocí a Frank. Quizá fue en algún festival de la FEU entre 1981 y 1982, en los que él intervenía en representación de la CUJAE mientras que yo lo hacía a nombre de la Universidad de La Habana. Tal vez fue en uno de los tantos conciertos llevados a cabo en el anfiteatro del parque Almendares allá por 1979 o a inicios de los 80 cuando ya yo andaba por la colina universitaria.
O quizá me lo presentó el querido Bladimir (siempre me gustaba decirle por su segundo nombre de Pascual y que él detestaba) Zamora Céspedes, el caimanero mayor, al término de un espectáculo de trova y poesía bajo el nombre de “Ejercicios del corazón”, del que Blado era algo así como la columna vertebral y donde Frank era uno de los participantes, junto con el también trovador Alejandro Zayas Bazán y la poeta matancera Jacqueline Fong, por aquellos lejanos días estudiante de la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana.
Lo cierto es que, aunque me considero alguien con excelente memoria, claro que no al punto de la de nuestro hermano Humberto Manduley, precisar ese dato me resulta imposible. Lo que sí puedo asegurar es que a 45 años de conocer la cancionística de mi amigo pinareño devenido habanero, a cada rato me sorprendo tarareando una de las muchísimas canciones de este ingeniero, que un día renunció a ejercer la profesión que había estudiado, para dedicarse en cuerpo y alma al quehacer trovadoresco.
Lo anterior lo pude comprobar una vez más este viernes durante su concierto en la Sala Che Guevara de Casa de las Américas, donde me sorprendía al darme cuenta de que me sabía de memoria los textos de la mayoría de las canciones interpretadas por Frank. Fue curioso, porque mientras le oía, pensaba en anteriores presentaciones, sobre todo las efectuadas en ese propio espacio durante los 90, y obligatoriamente evocaba el recuerdo de amores y amistades de aquellos tiempos que en la actualidad se han desperdigado por vaya uno a saber qué rincón del mundo. Del público de esa época tres décadas atrás, apenas hoy pude saludar a unos pocos.
Al pensar en el hecho de que Frank Delgado estuvo montones de años entregándonos canciones, muchas de las cuales son imprescindibles para acercarse a lo ocurrido en Cuba en un pasado reciente, me parece imposible aceptar que sea cierto que durante una larga temporada de destacadísimo trabajo como trovador, él no pudiese grabar ni tan siquiera un disco con los sellos cubanos (si se exceptúa un casete de la colección “A guitarra limpia”, llevado a cabo por el Centro Pablo), dado que las instituciones manejaron con resquemores el carácter problémico de la propuesta del creador, por lo cual le respondían que no a los proyectos presentados en diferentes etapas.
Una probable explicación a que entre nosotros sucedan cosas así tiene que ver con que el modelo cultural de nuestro país, a pesar de que en su formulación se ha distinguido por ser explícito, no siempre ha resuelto las vías ejecutivas más eficientes para su realización porque, como dijera Carlos Rafael Rodríguez en su intervención durante el IV Congreso de la UNEAC en 1988: (…) lo que nos han faltado no son las definiciones y las líneas de políticas (…). De lo que hemos carecido es de la capacidad para ponerlas en práctica. Lamentablemente, hay que decir que lo expresado por Carlos Rafael Rodríguez hace 36 años sigue ocurriendo a esta altura de abril de 2024.
Recuerdo que cuando yo trabajaba en Radio Metropolitana como conductor y guionista en un programa especializado sobre música que heredé de Humberto Manduley, en repetidas ocasiones discutí con el entonces director de la radio provincial de La Habana porque aquel funcionario prohibía que en la red de emisoras bajo su mando se pusieran canciones de Frank. Yo le argumentaba que en ese propio tiempo en mi desaparecida (gracias a la censura del director del periódico) columna “Los que soñamos por la oreja”, en Juventud Rebelde, escribía comentarios y reseñas acerca de los discos y conciertos realizados por el mismo trovador que él censuraba en sus predios. Por supuesto que el “pobre hombre” de la Dirección Provincial de Radio de La Habana (de cuyo nombre ahora ni puedo acordarme) y yo nunca nos entendimos.
Sucede que la prohibición de difusión ejercida en una época contra Frank Delgado o la llevada a cabo en dependencias del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) en relación con disímiles figuras de la música cubana o del panorama internacional, siempre ha sido por medio de una “Lista negra”, nunca oficial sino oficiosa, y preferentemente transmitida por vía oral a los directivos que han debido ejercer la política diseñada por una instancia carente de rostro pero que, con sus presiones desde las alturas, censura, limita o silencia, al creer que para la crítica de la manera de pensar de determinadas zonas de la comunidad artística lo mejor es anularla, por medio de la repetición de estrategias que ya fracasaron en el pasado, sin percatarse de que por dicho camino lo que hacen es favorecer lo que en teoría aspiran a combatir. El caso de la enorme popularidad de la cancionística de Frank Delgado es vivo ejemplo de lo anterior.
Los problemas imputables al tema de la promoción musical en nuestro país, mil y una veces debatidos en los congresos de la Asociación Hermanos Saíz y de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba con resoluciones y acuerdos que jamás llegan a concretarse en el quehacer cotidiano de la radio y la televisión, tal vez pudieran explicar las razones por las cuales los más recientes fonogramas registrados por Frank Delgado con discográficas estatales, a saber Mas, Archivos descalcificados y Santi & Frank (este último llevado a cabo con Santiago Feliú) no han figurado o lo han hecho apenas en la rotación establecida en la programación de las dependencias del ICRT.
En el presente, vale comentar que a tono con los cambios de nuestra realidad y el auge de los llamados emprendimientos, Frank Delgado actúa mucho más en el circuito de bares privados que en las dependencias oficiales, al punto de que hacía doce años no daba un concierto en la Casa de las Américas.
Pero volviendo a los 45 años de vida artística de este hijo ilustre de Consolación del Sur, me parece que fue ayer el momento en que yo era un estudiante de periodismo y me aprendía de memoria canciones suyas como “Cima”, “Son de la suerte”, ”El duende y la lavandera”, “Dos habaneras”, “Son de la muerte”, “Juanita me da jaqueca”, “Miami, luces y sombras”, “Soñar despiertos”, “Orden del día” o “Senderos”, todas composiciones típicas de la filosofía popular. Sin embargo han transcurrido montones de años desde entonces y este 12 de abril de 2024, mi buen amigo ha dado un concierto memorable en Casa de las Américas, donde interpretó viejos y nuevos temas pero que tienen de común el sello particular que él le impregna a cada una de sus composiciones.
Debo confesar que, dada la cercanía en edad que tengo con Frank, seriamente me preocupa el hecho de que ya casi lo pueden jubilar y atenderlo en un hospital por una especialidad como la de Geriatría”. Como que él me lleva apenas 24 meses, en un abrir y cerrar de ojos lo acompañaré en ese cada vez más nutrido grupo cubano de la tercera edad y aunque ya casi somos dos viejos cagalitrosos, ambos podemos gritar a los cuatro vientos lo que Frank Delgado asegura en el tema “Hipibano” y que este viernes cantase en el concierto de autohomenaje por sus 45 años de carrera artística:
“Yo soy un hipibano,
una canción clandestina,
un corazón en la mano,
viviendo en la comuna
de las mentes desnudas
que no tienen salario.
Yo soy un hipibano
que quería mostrar
que era posible, mi hermano,
parar guerras con flores
y expandir con el humo
el alma del ser humano.”
lunes, abril 08, 2024
Frank Delgado en Casa
En concierto donde el reconocido cantautor cubano estará celebrando sus 45 años de Trova.
abril 8, 2024
Foto: Frank Delgado / Facebook.
Frank Delgado se presentará este próximo viernes 12 de abril, a las 6:00 p.m., en la Casa de las Américas. Un concierto donde el reconocido cantautor cubano estará celebrando sus 45 años de Trova.
Cuándo: Viernes 12 de abril, 6:00 p.m.
Dónde: Casa de las Américas, Calle 3ra esquina G, Vedado, Plaza de la Revolución
Cuánto: Entrada libre
viernes, marzo 29, 2024
Frank Delgado:canciones que transciende en el tiempo.
https://www.5septiembre.cu/frank-delgado-canciones-que-trascienden-en-el-tiempo/
lunes, enero 01, 2024
Video de concierto Frank Delgado en Matanzas y primera actividad del año.
lunes, diciembre 25, 2023
miércoles, noviembre 29, 2023
Hoy “Mi primera tarea”:
Desear feliz vida y feliz día a uno de mis sagrados maestros: Silvio Rodríguez!!!
MUCHAS FELICIDADES SILVIO QUERIDO‼️ ❤️
No se me ocurre nada mejor que empezar el día escuchando este disco, dónde canté para tí tu "Unicornio" en la tarde de un día como hoy 😌
Aquel memorable Concierto en el Centro Pablo por tu cumpleaños 60 😍
Un conciertazo lleno de luz, amor y canciones que siempre nos han acompañado, que devino en dos discos entrañables! 🫂
Antes, siempre te escribía por mail este día 🥹 y siempre amablemente y agradecido me respondías con mucho cariño 🥰
Ahora, ni computadora tengo! jjj 🤭
Por eso va por aquí este abrazo que sé que de algún modo te llegará 🎊
Por más canciones y mucha vida trovador de trovadores! 🥂
Que pases muy bonito día! ❤️💙
FELICIDADES SIEMPRE SILVIO RODRÍGUEZ! 🥰😊🙋
Zurrón del Aprendiz - Silvio Rodríguez
Frank Delgadosábado, noviembre 25, 2023
Frank Delgado: trovatur en Madrid
Foto: Larry Martínez
Larry Martínez Díaz
11.10.2023
8 min. de lectura
Para los que crecimos escuchando, cantando y sobre todo viviendo las canciones de Frank Delgado en los siempre cercanos años 90, es muy probable que la figura del artista nos remita directamente a aquella orilla, en donde soñamos, amamos, padecimos y de la que, según parece, indetenidamente muchos nos alejamos.
Lo curioso es que Frank, ese joven incansable que ya cruza los sesenta, y que en ciertos períodos se ha instalado en mi pasado como recuerdo de mi etapa de estudiante, no paró jamás de escribir canciones y nunca perdió el contacto directo con su público, que se iba renovando década tras década. El trovatur de La Habana devino así en carismático anfitrión de diversos espacios de descarga y encuentros de la canción de autor; recuérdese su peña en el Anfiteatro del Parque Almendares, La Máquina de la Melancolía en El Sauce o las más recientes presentaciones en La Casa de la Bombilla Verde, un punto ya de visita obligada para la bohemia habanera.
Debo admitir que a diferencia de los que como yo, todavía practicamos en Cuba el poco recomendable ejercicio de pedalear las lomas de Santos Suárez, la principal dificultad para asistir asiduamente a las presentaciones de Frank, o a otros espacios, ha sido la cada vez más irregular o casuística frecuencia del transporte público patrio.
Ya podrán imaginarse entonces la emoción que sentí cuando supe que el cantautor estaba de gira por diversas ciudades de España bajo la coordinación de Gillen García, máximo impulsor del proyecto de La Bombilla Verde y compañero de ruta de Frank Delgado en esta ocasión; y que además,realizarían una parada el día 4 de octubre en Madrid, capital donde temporalmente resido y que tiene , entre otras cosas, una poderosa red de trenes, metros y autobuses urbanos.
La cita madrileña tendría lugar en un mítico bar situado en el número 8 de la Calle Libertad, uno de los centros más reconocidos para la canción de autor iberoamericana de los últimos tiempos. Por allí han pasado figuras mitológicas como Juan Antonio Canta, Javier Krahe, Jorge Drexler, Ismael Serrano, Lichis, o exponentes más jóvenes del movimiento local, como es el caso de Marwan (que estuvo presente entre el público, por cierto). Numerosos artistas cubanos también han dejado su huella en este sitio, gente como Gema y Pavel, la tropa de Habana Abierta, y el propio Frank, quien luego me comentó que actuó por primera vez allí en el año 93; aunque según parece, debido también a dificultades en la transportación (en este caso aérea, ja) no se presentaba en esta sala desde entonces.
A instantes de iniciarse mi reencuentro con uno de mis ídolos, los responsables del local aseguraron que ya todas las entradas habían sido vendidas en días previos y que era imposible acceder al recinto, que se encontraba completamente lleno (situación que a la postre resultó muy cierta). En ese momento reparé en que muchos de los que comenzábamos a angustiarnos en voz alta éramos cubanos y que, por supuesto, no era la primera vez que habíamos vivido experiencias similares en conciertos de Frank, Pablo Milanés, Carlos Varela, o como la más cercana presentación en el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes de Pedro Luis Ferrer. Al parecer estos nombres llevan inevitablemente a Cuba consigo, por donde quiera que vayan, y debo admitir que todos nos sentimos un poco como en casa, confraternizando ante una ya familiar puerta cerrada.
Foto: Larry Martínez
El café Libertad 8 dispone en su parte delantera de una barra que, según parece, cumple la doble función de amenizar las previas de los conciertos y servir de consuelo a los que no alcanzan a cruzar la puerta del fondo que da acceso a la pequeña sala de espectáculos, donde ya Frank esgrimía los acordes iniciales de su show, entre aplausos y saludos.
Fue en el umbral de esa puerta y tras la extraña promesa de mantenerla semicerrada que pude comenzar a disfrutar del concierto. Fue desde allí que sentí atravesar sin permiso de nadie la melodía de Mi mapa, que invadió todo el recinto y seguramente cruzó la Gran Vía, y hasta podría asegurar que recorrió todo Madrid en ese instante. Dadas las circunstancias, consideré demasiado arriesgado abandonar mi puesto y salir a la calle para comprobarlo.
Luego, y como es costumbre en Frank, fueron sucediéndose las canciones acompañadas de anécdotas, o viceversa, y de esa manera suya desfilaron temas más recientes de su catálogo como Educación Formell, o la nunca envejecida Yuneisi (aunque el autor haya preferido llamarla Cuando te vi) para luego irrumpir Harry Potter. Creo que ya para esa altura, el propietario del lugar había decidido abrir de par en par la locación, cortesía —en parte— del calor abrasador que imperaba en la abarrotada sala, o embrujado acaso por las contagiosas metáforas que disparaba el anfitrión de la noche.
Entonces llegó el turno de la muy bien acogida Cubañolito, a la que el artista dedicó algunos comentarios explicativos para los nacionales por nacimiento que se encontraban presentes.
Fue después de interpretar este tema, o de que todos gritáramos sin el menor respeto por el tímpano ajeno, “es-pa-ño-lito, asere qué bolá”, cuando Frank volvió a sumergirnos en la complicidad, para comentar algunos detalles del proceso de creación y grabación de su proyecto discográfico El Feliciano, concebido durante la pandemia.
De este último trabajo presentó dos títulos, la homónima El Feliciano y Carrito loco, desgarradora despedida del autor a su viejo automóvil Lada.
Ya más tarde, poco o nada importaba que Trovatur hubiese sido escrita tres décadas atrás y que para transitar ahora sobre las altas notas requiriese el apoyo espontáneo de todos los presentes. Juntos entonamos este himno en un ejercicio febril de karaoke colectivo.
Tampoco ofreció respiro emocional al presentarnos sin anestesia La otra orilla. Que nadie se extrañe ni acompleje, si en sintonía con la euforia de estos cantos a las tantas orillas que tiene nuestra isla, más de una lágrima brotara. O si, resguardados por la oscuridad de la sala, algunos no supimos, o tampoco quisimos, frenar el llanto silencioso tras detectar los primeros compases de Utopía, sin duda una de las más sutiles obras de su repertorio.
Foto: Larry Martínez
Para los finales, sonó con renovada fuerza Cuando se vaya la luz, mi negra (o Blues del apagón), tema que ha adquirido una incuestionable vigencia en los últimos años. Es más que probable que Frank quisiera interpretar esta pieza como una obra arqueológica, ilustrativa de una lejana etapa que los más jóvenes no alcanzaron a conocer, pero ya sabemos que el apagón, ahora rebautizado como afectación, ha vuelto para quedarse, quién sabe hasta cuándo.
Luego llegó el momento para recordar a Pablo Milanés, quien prestara su voz a la grabación del tema Boleros de vitrola, del disco Más. Y tras la solicitud de algún presente, Frank versionó al ídolo con el título Amor, en uno de los momentos más memorables y emotivos de la noche.
Para finalizar por todo lo alto llegó el turno de Orden del día, cerrando a todo tren la parte musical de una noche que, para mi asombro, no terminaba. Todos querían después saludar y abrazar al artista, que no dejó a ningún asistente sin una foto, una sonrisa, o un apretón de manos. También disfruté del beneficio de su tiempo, y pude constatar las buenas vibras que lo van acompañando en esta gira, y hasta alcancé a conocer de primera mano qué calles eran aquellas por las que tanto pedaleó en Santos Suárez y también en mi natal Luyanó.
A la salida del lugar, dos o tres horas después de las que hubiera podido predecir y con las estaciones de metro y tren ya cerradas, fui en busca del último autobús que transita hacia las afueras de Madrid en horario nocturno, equivalente en cierta medida a nuestra casi extinta confronta, que aquí le denominan el búho. En la parada, una muchacha me aseguró que acababa de irse una y la próxima tardaba casi toda la madrugada en venir. Me eché a reír, para su asombro. Ella no podía imaginar la cantidad de contenes y bancos a los que ya me había sometido un tal Frank Delgado, en largas noches de espera, tras sus conciertos. Solo que en esta ocasión no me dirigía hacia mi casa, más bien venía de ella.
LARRY MARTÍNEZ DÍAZ.














































