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lunes, septiembre 14, 2026
jueves, septiembre 10, 2026
Ojalá… Kuba Blokeorik Gabe’:
una marcha en Bilbo denunciará el «asedio» de EEUU contra la isla
Los conciertos que Silvio Rodríguez ofrecerá este fin de semana en Bilbo, serán aprovechados por diferentes colectivos para mostrar su solidaridad con Cuba y denunciar el «asedio» con el EEUU trata de someter a la isla. Han convocado una manifestación a las 19.00 desde el Guggenhei

Coincidiendo con el concierto de Silvio Rodríguez en el Palacio Euskalduna, este sábado 12 de septiembre, a las 19,00 horas, una manifestación denunciará «la grave situación que sufre el pueblo de Cuba, debido al asedio económico y bloqueo energético del gobierno de EEUU, y la inacción de la mayoría de gobiernos ante una violación masiva de derechos humanos que es condenada, cada año, en Naciones Unidas».
Bajo el lema ‘Ojalá… Kuba Blokeorik Gabe’, la marcha convocada por los colectivos Euskal Herria Kuba Ekimena, Hegoak y Euskadi Cuba, saldrá desde la entrada del Museo Guggenheim. Recorrerá el Muelle Evaristo Churruca y llegará al Palacio Euskalduna, donde las y los manifestantes cantarán a coro varios temas del trovador cubano Silvio Rodríguez, cuyo concierto comenzará a las 20,30 horas. Han animado a los participantes a llevar banderas cubanas.
«La política de “máxima presión” contra Cuba, aplicada desde 2019, ha provocado que, en un país que alcanzó notables indicadores de salud, hoy solo se cuente con un tercio de los medicamentos y la mortalidad infantil haya aumentado un 148%; que se sufran cortes de luz y de agua de días completos; que apenas exista transporte público o recogida de basuras; y que hayan aumentado, de manera ostensible, la emigración y la pobreza. Además, el gobierno de Donald Trump ha impuesto, desde enero, un bloqueo petrolero a la Isla y ha conseguido, mediante amenazas y sanciones, destruir las principales fuentes de ingreso de la Isla y forzar la salida de la mayoría de las empresas extranjeras con inversión en el país», denuncian.
Así, las organizaciones convocantes invitan a la ciudadanía vasca a «mostrar su solidaridad con Cuba, del mismo modo que se muestra solidaria con el de Palestina y con otros pueblos sometidos a políticas de imposición y brutalidad, contrarias a toda legalidad internacional». «Porque hoy es Cuba, mañana puede ser cualquier otro país», señalan.
Apoyo a la campaña ‘Argia eta Indarra Kubarentzat’
La manifestación servirá también para apoyar la campaña solidaria ‘Argia eta Indarra Kubarentzat. Contra el Bloqueo, Energía para Cuba’, que recauda fondos para instalaciones de energía solar con destino a centros hospitalarios de la Isla y ha sido respaldada por 130 intelectuales y artistas, referentes de la cultura vasca, como Bernardo Atxaga, Fermin Muguruza, Itziar Ituño, Joseba Sarrionaindia, Eñaut Elorrieta, Jon Maia o Katixa Agirre.
Según han informado, hasta mayo, en una primera fase, la campaña recaudó casi 245.000 euros, a través de 1.255 ingresos de personas y colectivos, y ya ha comenzado el montaje de la primera instalación de energía solar en el Hospital Pediátrico William Soler de La Habana.
Las donaciones se realizan a través de la cuenta: ES35 3035 0134 43 1340059271 (Caja Laboral – Titular Euskadi-Cuba) o mediante Bizum con el código 04713 (antes marcar Donar).
miércoles, noviembre 26, 2025
viernes, noviembre 21, 2025
De gira con mi familia
"Me llenó de afectos y ternuras conocer a gente que quiere tanto a mi papá. Eso es algo que no notaba de pequeña, o no lo entendía, pero ahora sí".
por Malva Rodríguez González
noviembre 12, 2025
Foto: Kaloian.
Desde finales de septiembre salimos de casa para embarcarnos en una gira por cinco países: Chile, Argentina, Uruguay, Perú y Colombia (eso sin contar el concierto que le dio comienzo en La Habana ).
Ha sido como volver a mi infancia. De pequeña, antes de empezar en la escuela, solía acompañar a mis padres de gira y estuve tras bambalinas, en mi cochecito, en muchas de estas ciudades. Esta vez me tocó venir como músico, haciendo coros y tocando piano, así que dentro del sentimiento de nostalgia descubrí toda una nueva faceta de mi profesión.
Durante los ensayos en los estudios Ojalá. Foto: Kaloian.
Antes de partir, nos pasamos un mes entero ensayando todos los días en los estudios Ojalá. El grupo, a pesar de llevar bastante tiempo sin tocar juntos, remontó el repertorio rápidamente con alguna que otra nueva adición. Durante este proceso comenzamos a armar el esqueleto de lo que sería el programa de los conciertos.
Se prepararon casi 4 horas de música. De hecho, hacíamos la broma de que con todas las canciones que montamos se podían hacer dos conciertos completamente distintos.
Por supuesto, uno ya tiene una idea de cuál va a ser el orden del programa desde antes del primer ensayo. Sin embargo, nunca se sabe hasta que se empieza a tocar. Y, aun después de planificarlo, a lo largo de la gira se hicieron un montón de ligeros cambios. O sea, podríamos decir que el programa resultó una guía general, más no definitiva.
Foto: Kaloian.
Por mis estudios tengo un poco más de experiencia práctica en tocar música académica, lo cual en estos casos tiene una dinámica bastante diferente. En resumen, nunca había tenido la experiencia de tocar tantas veces en público un mismo concierto y descubrí que es verdaderamente enriquecedor. Frente a una audiencia se descubren cosas nuevas de las piezas y mientras más se ejecutan, más se enriquece la interpretación.
Cada concierto es una experiencia completamente distinta. La manera en que nos escuchamos, la energía del público, la voz, todo se siente diferente a medida que pasan los días.
Foto: Kaloian.
Mi participación en los conciertos, a excepción de algunos coros, fue en un pequeño aparte familiar para homenajear a compañeros de papá que lamentablemente ya no se encuentran entre nosotros. Cantamos “Créeme” juntos, como lo solían hacer Vicente [Feliú] y su hija Aurorita; “Es más, te perdono”, de Noel [Nicola], a quien me cuentan que conocí muy chiquita, y la mítica “Yolanda”, de Pablo [Milanés]. Esta sección del concierto se concibió de una forma muy orgánica.
El preludio de estos pequeños “apartes” comenzó en España, tras el fallecimiento de Eduardo Aute. Papá y yo habíamos ensayado alguna vez “Dentro”, para un homenaje que se le hizo, donde nunca la llegamos a tocar y a mí siempre me gustó mucho su canción “Albanta”. Tanto así que me la aprendí al piano y mi mamá me grabó un videíto cantándola, para mandárselo a los Aute (nuestra familia española). Unos meses después, cuando los conciertos de España en 2021, justo saliendo de la pandemia, papá decidió incluir estas dos canciones para recordar a Eduardo. Esa fue la primera vez que tocamos juntos.
Malva con Niurka González, su madre. Foto: Kaloian.
Después, en 2022, de golpe fallece Vicente y en los conciertos de México tocamos “No es fácil” y “Créeme”. En 2023 lo siguió Pablo, y en el concierto en la Isla de la Juventud cantamos “Yolanda”.
Silvio Rodríguez y Malva Rodríguez interpretaron a dúo la canción “Créeme”, homenaje a Vicente Feliú en México en 2022. Foto: Kaloian.Esta vez no sabíamos si se iban a hacer todas las canciones como parte del programa, si irlas alternando entre concierto y concierto o ponerlas como bises. Sin embargo, desde que las tocamos juntas por primera vez en el concierto de la Escalinata de la Universidad de La Habana, supimos que no podíamos hacerlo de otra manera. Como dice papá: “Hay canciones que debemos seguir cantando”, y decidimos hacerlo desde la familia.
Muchas personas me preguntan qué se siente tocar con mis padres. En verdad lo disfruto mucho. Es una experiencia muy enriquecedora como músico, ya que ambos son excelentes profesionales. Precisamente por eso también puede llegar a ser un poco intimidante, pero a eso me sobrepongo.
Todo el asunto de “irse de gira” a lo mejor puede sonar muy glamuroso, pero les confieso que, cuando llevas un mes trabajando fuera de casa, con una maleta y lavando ropa en las bañaderas de los hoteles —el servicio de lavandería suele ser carísimo—, se extraña el hogar. Sin embargo, la compañía ha sido una fortuna inmensa.
Silvio y Malva Rodríguez saliendo a escena. Foto: Kaloian.
Se sentía como estar en una residencia estudiantil (muy bien equipada) con un montón de compañeros y amigos que al final terminan convirtiéndose en familia. Se crean bromas internas a partir de anécdotas del día a día y eso hace que el tiempo transcurra más rápido.
Malva Rodríguez al piano, Silvio Rodríguez y Niurka González. Foto: Kaloian.
En los momentos libres, a veces a deshora, se emprendieron pequeñas odiseas en busca de pizza y helado, se celebraron cumpleaños, campeonatos de juegos y hasta despojos místicos. Por eso, a pesar de estr moviéndonos constantemente de un lado a otro, apenas sin tiempo para adaptarnos, cada sitio se parecía un poco a casa, porque estábamos todos juntos.
Durante la visita a Lucía Topolansky, compañera del fallecido expresidente uruguayo Pepe Mujica. Foto: Kaloian.
Me llenó de afectos y ternuras conocer a gente que quiere tanto a mi papá. Eso es algo que no notaba de pequeña, o no lo entendía, pero ahora sí. El pensar que cada persona que va a los conciertos tiene una historia que la conecta con su música. Poder ver y comprender cómo todo ese amor es resultado de años y años de arduo trabajo; de tratar a los demás con respeto y de ser consecuente. Ver el resultado de su labor me inspira mucho a seguir estudiando y aprendiendo.
Las manos de Silvio y Malva. Foto: Kaloian.
Para mí es un privilegio muy grande poder trabajar con mi familia y vivir todas estas experiencias juntos: Oliver, Jorgito, Jorge Reyes, Emilio, Rachid, Maykel, Olimpia, Enzo, Jurek, Amin, Abdito, Frank, Juli, Fer, Horacio, Héctor, Romina, Silvia, Kalo, Martín y, por supuesto, mis padres Niurka y Silvio. Fui la más joven del grupo, y aún estoy sacándole un provecho tremendo a aprender de músicos tan talentosos, disciplinados y, sobre todo, bellas personas.
Mm“Un equipo tan maravilloso como este, al que pueda llamar también familia”. Foto: Kaloian.
Aunque extrañé mi casa y, sobre todo, mi piano, el haber llegado al final de este viaje me resulta un tanto agridulce. Estamos cansados, pero felices. Espero algún día poder lograr que salir de gira, más que una experiencia, sea mi trabajo, y poder rodearme de un equipo tan maravilloso como este, al que pueda llamar también familia.
“La más joven del grupo”. Foto: Equipo Ojalá.
martes, octubre 14, 2025
jueves, octubre 09, 2025
viernes, octubre 03, 2025
"Venga la esperanza”: Silvio Rodríguez lleva su canto de luz a una Habana desamparada
| Silvio en las escalinatas de la Universidad de La Habana.Daniel Mordzinski |
| El público espera al concierto de Silvio en las Escalinatas de la Universidad de La Habana. Daniel Mordzinski |
martes, septiembre 30, 2025
Hacer memoria siempre con amorSilvio, los públicos, la histórica escalinata de la Universidad de La Habana iluminaron la tarde noche plagada de emociones. / JOSÉ M. CORREA
| Silvio, los públicos, la histórica escalinata de la Universidad de La Habana iluminaron la tarde noche plagada de emociones. / JOSÉ M. CORREA |
Sahili Tabares
Había que estar allí. La convocatoria corrió rauda de voz en voz en las universidades, los barrios y las calles habaneras. El concierto fue un preámbulo a la gira por Chile, Argentina, Uruguay, Perú y Colombia. Los jóvenes universitarios tendrían la primicia. Ver, escuchar, disfrutar el arte de quien defiende ser un trovador, aunque lo acompañen formatos orquestales en discos o para actuar en vivo, como ocurrió en esta oportunidad: otorgándole ternura a una experiencia única.
Los públicos pedían canciones eternas. Alguien sostuvo un cartel a modo de sentir popular: ¡Te amo, Silvio! Y antes de entonar Ala de Colibrí, él mismo sacó su cámara a fin de dejar constancia del acontecimiento. Estar alerta incentivó al fotorreportero José Manuel Correa Armas, quien supo colocarse en el preciso lugar tras pensar la composición de la imagen y captar instantes decisivos de notable expresividad.
Lo sabe Correa, en fotografía, el detalle más pequeño puede devenir un gran tema. Y supo ubicarse para “ver” al trovador con su guitarra, apartando la molestia del atril, a los públicos enarbolando banderas de Cuba, Chile y Palestina; y en el ámbito universitario vibró la voz de Silvio denunciando el genocidio israelí; ofreció el homenaje a nuestro José Martí con la carga de su ideario y versos del inolvidable Wichy Nogueras; poco recordado o no tanto con la sistematicidad que lo merece.
En todo momento el trovador defendió hacer memoria. Entonó temas de su disco Quería saber, estrenado en 2024. Su elocuencia da fe de virtudes imprescindibles. Mantenerse con los pies en la tierra. Una vez nos dijo en exclusiva con BOHEMIA: “Cantar da dolores, alegrías; a la vez enseña mucho de la vida”. Por eso rechaza la conformidad, escruta en la realidad cotidiana. Imposible olvidar su confesión: “Creo que el trovador, en su intención de hacer poesía y bucear en la realidad, en las complejidades del mundo, en no hacer una canción barata y no plegarse a la canción de consumo, le hace una contribución cultural y ética a la sociedad”.
Artista de probadas raigambres, inquieta, pregunta, hace pensar. Sensible, culto, revolucionario, desgrana convicciones propias. De ningún modo por causalidad realizó giras por las prisiones y los barrios. Fue al encuentro del pueblo: su razón de ser y hacer.
En el concierto, volvió a temas emblemáticos: La maza, Ángel para un final, El necio… Y recreó otra esperada primicia, un tema inédito de su futuro disco homónimo Cualquiera que nace en Cuba. Incansable, nunca deja de crear. Para Silvio, el tiempo rueda a una velocidad increíble. Una vez nos aseguró: “Yo me siento Cuba”. Nunca se aparta de pedir: “Venga la esperanza; porque puede llegar de cualquier color: verde, roja, o negra, pero con amor”.
La fortuna de tenerlo cerca y ahora mostrar el registro captado por Correa, quien persiguió la luz y supo apropiarse de ella, nos motivó a seguir recordando días después del concierto. En algunos momentos han llamado a Silvio el hombre de las mil canciones, el trovador de las multitudes, quizás porque en su bagaje cultural, en la aprehensión, lideran conceptos entrañables. Cierta vez nos comentó: “José Zacarías Tallet reconoció que hay poesía hasta en la catalina de una bicicleta. Creo que la poesía puede estar en todas partes”.
En el viaje autoral dio riendas sueltas a lo vivencial. Durante ese proceso redescubrió lo íntimo sin ocultar pasiones. Supo establecer diálogos para estar cerca de cada ser humano en el concierto. Músicas de compromiso y lealtad llevó al escenario. Durante ese acto, la palabra más que voz individual devino la necesaria fuerza colectiva. Invitó a entonar canciones de larga data en el corazón.
Sí, hay que hacer memoria. Para él, “la principal fortaleza de la cultura cubana es su propia existencia, su origen, su autenticidad y su eclecticismo”. Él vale y brilla, sincero, espontáneo. Educa el gusto para hacer memorable todo lo que despierta el oído, el alma y la conciencia.
Hacer evocación es estar en el presente. Clama por la justicia al pueblo palestino; acaricia la brújula para seguir andando, funda caminos; patentizará en su gira por Latinoamérica lo nuestro, las esencias de la Patria que anidan la riqueza de un repertorio propositivo rico en símbolos.
Pensémoslo. Silvio construye textos para las músicas. Considera la canción un todo. Y en ese todo influyen la inspiración, el acervo sólido, la sabiduría conquistada sin prisas. Su poética tiene colores de palabras y versos. Tal vez por eso el trovador persistente es un buen lector; sabe atrapar la luz, las sombras y los matices.
Además del encuentro de abrazos fuertes; incluso en la oscuridad de la escalinata, que alumbraron el arte de Silvio y una representación de sus públicos, el concierto invitó a hace memoria siempre con amor.
Crónica del concierto de Silvio Rodríguez en La Habana
Fotografías del laureado fotógrafo cubano, Roberto Chile
“Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno.”
Con esta sentencia de José Martí, tomada de su ensayo Nuestra América, inició Silvio Rodríguez un concierto histórico en la escalinata de la Universidad de La Habana. No fue casualidad: esas palabras, que hace más de 134 años buscaban fundar una ética de libertad y prosperidad. El concierto se desarrollo ante mas de 10 mil asistentes, la mayoría jóvenes de entre 17 y 25 años, y con el presidente Miguel Díaz-Canel en primera fila.
El repertorio abrió con Alas de colibrí, América y Sueño con serpientes, antes de internarse en temas como La Virgen de Occidente, Viene la cosa, Para no botar el sofá, Nuestro después, La bondad y su reverso, Casiopea, Tonada del albedrío, Eva, El Escaramujo, Quien fuera, La era está pariendo un corazón.
Hubo dedicatorias entrañables: una canción ofrecida a Pepe Mujica y su compañera Lucia Topolansky - a quienes ovacionamos efusivamente - y momentos de comunión total con Ángel para un final, El necio, Ojalá, Cualquiera que nace en Cuba, La maza y Venga la esperanza. Cada tema fue celebrado como una confesión compartida, un acto de memoria viva.
Uno de los momentos de mayor peso simbólico fue la interpretación de “Yolanda” de Pablo Milanés, “Crèeme” de Vicente Feliú y “Te perdono” de Noel Nicola, con Silvio, son reconocidos como los cuatro principales fundadores de la Nueva Trova Cubana. Los tres han pasado a otro plano terrenal, y al evocarlos, Rodríguez convirtió su voz en tributo y continuidad. No se trató de nostalgia: fue un gesto de vigencia, una confirmación de que la trova todavía late como conciencia cultural y política.
El concierto también sirvió de punto de encuentro para la Tropa Cósmica, comunidad internacional de seguidores que viaja desde distintos países para reunirse en torno a la figura de Silvio. Llegamos mexicanos, centro y sudamericanos, europeos. Historias de amistad y solidaridad —un lagunero avecindado en Holanda, Doris, dama cubana apoyada en la atención de una grave enfermedad gracias a la colecta global en la que colaboró el propio Silvio y la generosidad y solidaridad de uno de los mejores cirujanos cardiovasculares del norte de México, el Dr. Felipe Rendón del Hospital Universitario de Monterrey, México.
Así, la hermosa noche en La Habana no fue solo un recital: fue un acto de afirmación cultural y de esperanza. Con Martí como faro y con la memoria de la Nueva Trova latiendo en cada acorde, Silvio Rodríguez – quien portó una “Kufiya, símbolo de la lucha por Palestina-” volvió a demostrar que su poesía y música no pertenecen al pasado: se canta, se vive, se hereda, trasciende lo artístico y se vuelve tejido humano.
Aún palpitando el concierto de Silvio
y sus compañeros de oficio en la escalinata de la Universidad de La Habana.
“Los que están lejos se sienten cerca”, dijo Silvio antes de despedirse dirigiéndose a quienes estaban en lo alto de la colina, cerca del Alma Máter y el rectorado. También iba para muchos que no pudieron estar en la escalinata, para quienes ni siquiera estaban en Cuba y siguieron en concierto desde transmisiones en vivo hechas con los celulares en alto. La metáfora se hizo realidad.
Lo vivido en la escalinata el viernes fue una verdadera cura colectiva para el alma. Cuba atraviesa tiempos muy difíciles: crisis, migraciones, desesperanza.
Sin embargo, la noche del 19 de septiembre quedará grabada como un bálsamo en la memoria de quienes estuvimos allí y de aquellos que, desde diversas latitudes, también suspiraron.
Acá les va esta galería más que de fotos de sentimientos.
Seguimos la gira. Próxima estación: Santiago de Chile.
Más fotos de su página de facebooksábado, septiembre 27, 2025
Hacer memoria siempre con amor
Había que estar allí. La convocatoria corrió rauda de voz en voz en las universidades, los barrios y las calles habaneras. El concierto fue un preámbulo a la gira por Chile, Argentina, Uruguay, Perú y Colombia. Los jóvenes universitarios tendrían la primicia. Ver, escuchar, disfrutar el arte de quien defiende ser un trovador, aunque lo acompañen formatos orquestales en discos o para actuar en vivo, como ocurrió en esta oportunidad: otorgándole ternura a una experiencia única.
Los públicos pedían canciones eternas. Alguien sostuvo un cartel a modo de sentir popular: ¡Te amo, Silvio! Y antes de entonar Ala de Colibrí, él mismo sacó su cámara a fin de dejar constancia del acontecimiento. Estar alerta incentivó al fotorreportero José Manuel Correa Armas, quien supo colocarse en el preciso lugar tras pensar la composición de la imagen y captar instantes decisivos de notable expresividad.
Lo sabe Correa, en fotografía, el detalle más pequeño puede devenir un gran tema. Y supo ubicarse para “ver” al trovador con su guitarra, apartando la molestia del atril, a los públicos enarbolando banderas de Cuba, Chile y Palestina; y en el ámbito universitario vibró la voz de Silvio denunciando el genocidio israelí; ofreció el homenaje a nuestro José Martí con la carga de su ideario y versos del inolvidable Wichy Nogueras; poco recordado o no tanto con la sistematicidad que lo merece.
En todo momento el trovador defendió hacer memoria. Entonó temas de su disco Quería saber, estrenado en 2024. Su elocuencia da fe de virtudes imprescindibles. Mantenerse con los pies en la tierra. Una vez nos dijo en exclusiva con BOHEMIA: “Cantar da dolores, alegrías; a la vez enseña mucho de la vida”. Por eso rechaza la conformidad, escruta en la realidad cotidiana. Imposible olvidar su confesión: “Creo que el trovador, en su intención de hacer poesía y bucear en la realidad, en las complejidades del mundo, en no hacer una canción barata y no plegarse a la canción de consumo, le hace una contribución cultural y ética a la sociedad”.
Artista de probadas raigambres, inquieta, pregunta, hace pensar. Sensible, culto, revolucionario, desgrana convicciones propias. De ningún modo por causalidad realizó giras por las prisiones y los barrios. Fue al encuentro del pueblo: su razón de ser y hacer.
En el concierto, volvió a temas emblemáticos: La maza, Ángel para un final, El necio… Y recreó otra esperada primicia, un tema inédito de su futuro disco homónimo Cualquiera que nace en Cuba. Incansable, nunca deja de crear. Para Silvio, el tiempo rueda a una velocidad increíble. Una vez nos aseguró: “Yo me siento Cuba”. Nunca se aparta de pedir: “Venga la esperanza; porque puede llegar de cualquier color: verde, roja, o negra, pero con amor”.
La fortuna de tenerlo cerca y ahora mostrar el registro captado por Correa, quien persiguió la luz y supo apropiarse de ella, nos motivó a seguir recordando días después del concierto. En algunos momentos han llamado a Silvio el hombre de las mil canciones, el trovador de las multitudes, quizás porque en su bagaje cultural, en la aprehensión, lideran conceptos entrañables. Cierta vez nos comentó: “José Zacarías Tallet reconoció que hay poesía hasta en la catalina de una bicicleta. Creo que la poesía puede estar en todas partes”.
En el viaje autoral dio riendas sueltas a lo vivencial. Durante ese proceso redescubrió lo íntimo sin ocultar pasiones. Supo establecer diálogos para estar cerca de cada ser humano en el concierto. Músicas de compromiso y lealtad llevó al escenario. Durante ese acto, la palabra más que voz individual devino la necesaria fuerza colectiva. Invitó a entonar canciones de larga data en el corazón.
Sí, hay que hacer memoria. Para él, “la principal fortaleza de la cultura cubana es su propia existencia, su origen, su autenticidad y su eclecticismo”. Él vale y brilla, sincero, espontáneo. Educa el gusto para hacer memorable todo lo que despierta el oído, el alma y la conciencia.
Hacer evocación es estar en el presente. Clama por la justicia al pueblo palestino; acaricia la brújula para seguir andando, funda caminos; patentizará en su gira por Latinoamérica lo nuestro, las esencias de la Patria que anidan la riqueza de un repertorio propositivo rico en símbolos.
Pensémoslo. Silvio construye textos para las músicas. Considera la canción un todo. Y en ese todo influyen la inspiración, el acervo sólido, la sabiduría conquistada sin prisas. Su poética tiene colores de palabras y versos. Tal vez por eso el trovador persistente es un buen lector; sabe atrapar la luz, las sombras y los matices.
Además del encuentro de abrazos fuertes; incluso en la oscuridad de la escalinata, que alumbraron el arte de Silvio y una representación de sus públicos, el concierto invitó a hace memoria siempre con amor.
Sociedad e ideales. Divagaciones después de un concierto
En vez de imaginarnos como los nuevos judíos errantes, el pueblo de la maldita circunstancia del agua por todas partes, el elegido para pruebas supremas, podríamos empezar por ubicarnos en ese mundo del que somos parte, no excepción.
por Rafael Hernández
septiembre 24, 2025
Hace unos días, sentado en la escalinata de la Universidad de La Habana, en espera del concierto de Silvio, me vino a la mente lo mucho que ha llovido desde que supe de él por primera vez.
Una amiga que enseñaba en el viejo Departamento de Filosofía de la UH, y colaboraba con la televisión, me había recomendado un programa que ponían los domingos por las tardes titulado “Mientras tanto”, y que conducía un joven trovador muy original y ajeno a los cantautores de moda.
Aunque me pareció entonces que carecía de lo que llaman “una buena voz”, sus letras tenían un raro élan poético; y decían cosas, más allá de penas y alegría. En un modo distinto al que se asociaba (y se asocia todavía) con “el gusto de los jóvenes”.
Versos como “hay un grupo que dice que lo haga reír/dicen que mi canción no es así, juvenil/que yo no me debiera poner a cantar/porque siempre estoy triste, muy triste”. O como “El insecto agonizaba/yo empezaba a canturrear/la canción más solitaria/que haya escrito sin llorar.” O con una actitud resuelta: “pero mientras tanto, yo tengo que hablar, tengo que vivir, tengo que decir lo que he de pensar…yo tengo que hablar, cantar y gritar/la vida, el amor, la guerra, el dolor”.
Además de estas letras a contracorriente, las melodías tenían una cierta magia, igual que su manera de entonarlas.
Un día, por allá por 1973 o 1974, siendo profesor de Literatura y jefe de Relaciones Internacionales en la Escuela de Lenguas Extranjeras, me tocó organizar una “actividad cultural” para conmemorar un aniversario de la Revolución de Octubre, o algo parecido. Recuerdo que estaban todos los profesores soviéticos, a quienes la directora quería agasajar especialmente. Lo que se me ocurrió fue invitar a Silvio, que ya era muy conocido, a cantar para nosotros.
A los jóvenes profesores nos encantaron sus interpretaciones esa noche. No estoy muy seguro de que lo fueran para todos los extranjeros, por la complejidad de sus letras y estilo peculiar, incluido lo que hoy llamaríamos su look.
Para nadie es un secreto que, en las universidades cubanas de la época, las melenas y las barbas no eran políticamente correctas, y más bien se asociaban con los hippies. Y aunque Silvio no tenía una cabellera o unas patillas frondosas, sus jeans desgastados y sus sandalias sin medias no les gustaron a la directora ni probablemente a los profes soviéticos.
Tampoco ese estilo suyo, y algunos de sus gustos musicales, se avenían con la imagen que por entonces promovían los medios. Su programa en la TV se había cancelado por desavenencias como esas. De ahí que hubiera decidido alejarse un tiempo, como tripulante del buque pesquero Playa Girón, a un largo viaje trasatlántico, donde siguió escribiendo y cantando para la marinería. Después de cuatro meses, regresó con un montón de canciones, entre las que quedaron “Ojalá”, “Resumen de noticias”, “Cuando digo futuro” y “Playa Girón”, dedicada a aquellos marinos del buque.
Un dirigente amigo mío dice que eso de “caer en desgracia” no se aplica aquí en Cuba. Y que los llamados “tronados” en realidad son sancionados o demovidos, término de la jerga política nuestra que ya reconoce como cubanismo la Real Academia.
A mí apenas me han “trasladado a otras funciones”, pero sí tengo una noción de lo que significa “caer en desgracia”, así que me vinieron a la mente, sentado en la escalinata de la UH la otra noche, aquellos años de ostracismo mediático que Silvio vivió, cuando solo Haydée Santamaría y Alfredo Guevara le ofrecieron amparo.
Luego de que Silvio leyera el fragmento de Martí donde dice que para ser libre hay que ser no solo culto, sino próspero; y sobre todo luego de haber declarado de entrada que había retornado a la Universidad de La Habana (tengo entendido que después de 20 años de ausencia) como un gesto hacia los estudiantes de la FEU, quienes hace poco protestaron contra el alza de las tarifas de Etecsa para datos móviles, compartiendo con la multitud literalmente apretujada en la escalinata coreando su nombre, ante un público que incluía a la plana mayor del gobierno, se me ocurrió que para Silvio haber “caído en desgracia” había contribuido a su integridad política y artística.
Y que en lugar de destilarla en resentimiento o ruptura, había acendrado en él sus convicciones personales, transformadas en canciones que han podido compartir las más diversas generaciones, clases sociales, culturas, gustos, posturas políticas, dentro y fuera de esta isla, como quienes las coreaban aquella noche.
Regresando a mi casa junto con mi hija, venía pensando en el significado de aquel encuentro entre un creador que se ha mantenido fiel a su estilo artístico renovador y a su identidad política, en medio de una sociedad cubana en crisis no solo económica, sino ideológica. Una sociedad que suele pintarse en una especie de derrumbe a cámara lenta, despedazada por polaridades y desgarramientos irremediables, carente de ideales y sumida en una especie de apagón espiritual.
Lo que vivimos esa noche no borró esa crisis y esas tensiones, naturalmente. Pero sí reveló que un estímulo genuino podía sacar a flote lo que tanta gente diferente, dentro y fuera de aquella compacta escalinata, comparte hoy como legado del cual enorgullecerse, valores que defender e ideales que reivindicar.
Separar lo estético en esas canciones y su contenido, como si en ellas se pudiera sentir solo la emoción de la melodía y no lo que dicen, es tan forzado como separar al artista de sus ideas y su ejemplo como cubano. Sería ignorar que parte de la admiración que aún despierta aquí y ahora tiene que ver con su ejemplo cívico, su coraje y, para decirlo con una frase muy controvertida, su continuidad renovada.
Por contraste, también este encuentro representaba un paréntesis de lucidez colectiva en torno a lo que nos une, en medio de una situación caracterizada por la confusión ideológica y el descreimiento. Un momento de claridad en medio de esa neblina, cuya desorientación tiene consecuencias más profundas que la crisis económica y los malestares cotidianos, porque no nos deja vernos.
En efecto, ahora que la cubanía se confunde con cubanidad, la identidad con la adhesión a ciertos hábitos de vida y consumo, el rostro de la nación se minimaliza en los amigos de la escuela y los seguidores de las redes, el futuro con un grupo demográfico indiferenciado llamado “los jóvenes”, las utopías individuales se aprecian por encima de las colectivas, la reflexión sobre la circunstancia desciende a telenovela, memes o realismo sucio, y la sociedad cubana se expende como una infusión de miseria y de silencio… En esta circunstancia, la recuperación del sentido de lo real y la vuelta a los ideales cobran un sentido particular.
Claro que siempre ha habido una brecha entre el concepto de república con todos y para el bien de todos y su ejercicio político y social en cada lugar y momento, entre el orden institucional de un Estado de derecho y el impulso vivo de una democracia radical, entre el estandarte de la igualdad y el acceso palpable al bienestar y la prosperidad de todos, entre el sentido de la patria y el arraigo adonde uno vive. Y a veces esa brecha rebasa la de la fosa de Bartlet. Aquí en esta ínsula y más para allá.
De esas brechas hablaba el Martí maduro, poniéndonos delante de un espejo, cuando en “Nuestra América” empezó precisamente por criticar al “aldeano vanidoso”, ese que “cree que su aldea es el mundo”. Da lo mismo si es el Vedado o Hialeah, Mantilla o Coral Gables.
Si uno mira al mundo circundante, tan globalizado como se dice, donde la patria se tiene por una idea anacrónica o evanescente, según algunos profetas, una especie de licuado transnacional, la nación a la que se pertenece sigue siendo un vínculo de fondo, que rebasa las fronteras, y resurge donde quiera.
En vez de imaginarnos como los nuevos judíos errantes, el pueblo de la maldita circunstancia del agua por todas partes, el elegido para pruebas supremas, podríamos empezar por ubicarnos en ese mundo del que somos parte, no excepción.
Si lo intentáramos, sería más probable que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos aprendieran que vivir en ese mundo no equivale a dejar atrás quiénes somos, donde quiera que “fijemos residencia”, porque esa patria sigue siendo una palpitación que nos vincula.
Por experiencia propia y por la de otros, he aprendido que no hay educación política y cívica como la de viajar. Entrar en contacto con otras culturas, no tan afines a la nuestra, o en absoluto afines. Lo saben quienes han ejercido como diplomáticos, marineros, corresponsales o cronistas de viajes, cooperantes civiles o militares, o han ido a estudiar y sobre todo a trabajar en alguna parte.
Lo que definitivamente transforma esa visión, lo que la dota de un ancla, es compartir la cotidianidad de quienes residen en otra parte, trabajar, entrando en relación con “los nativos”, y con los otros que llegan como nosotros, mirándose en esa multitud diversa y diferenciada donde uno intenta arraigarse, y donde la patria de origen, la que cada cual lleva (o no lleva) adentro, sigue siendo la única raíz y el tronco común, no importa dónde se esté.
Quiero terminar estas divagaciones suscitadas por Silvio, recordando que la patria de sus canciones no se reduce a un acta donde consta el amor que nos une, ni a una utopía colectiva que se intenta revivir, o a una sesión de sueños rotos que se reparan. Es también, y sobre todo, un espejo de nosotros mismos.
Una de las canciones que cantó en la escalinata dice precisamente que todos los nacidos en Cuba pueden llamarse cubanos, “aunque les guste la uva/más que el plátano manzano”. Aunque entre ellos haya que diferenciar al “cubano falsificado/y el cubano original/ el cubano insubordinado/y el cubano editorial”. Así como al “cubano de las sardinas” y el “cubano tiburón”.
La cubanía no consiste nada más en haber nacido aquí; ni compartir ideales requiere tampoco idealizarnos, parece decirnos Silvio.
miércoles, septiembre 24, 2025
Silvio Rodríguez: canto de soberanía y dignidad viva
| Silvio Rodriguez en el Auditorio Municipal Villa de Vallecas, Youtube. |
Así lo anunció hace unos días en sus redes sociales; su próxima gira por América Latina comenzaría en Cuba, en la escalinata de la Universidad de La Habana
María Teresa Felipe Sosa 22/09/25 |
Actualizado: 22/09/25 | 13:15
El concierto que trascendió la música
A las siete en punto de la noche del pasado 19 de septiembre, en la emblemática escalinata de la Universidad de la Habana, la voz de Silvio abrió con Alas de colibrí. La nostalgia y la poesía se entrelazaron de inmediato, devolviendo a los allí presentes, la certeza de que el tiempo puede suspenderse cuando las canciones tocan fibras profundas. Quienes estuvieron allí dicen que revivieron los años de la Nueva Trova, con la misma pasión y la misma intensidad. Ser testigos de que uno de los pilares vivos de aquel movimiento, aún compartiera su canto, es un privilegio que pocos pueblos pueden darse.
Incluso el presidente de Cuba asistió, diluido entre la multitud como un cubano más. Ese detalle, aparentemente menor, revela el carácter profundamente popular del concierto; ni tribuna oficial ni acto ceremonial, sino pueblo fundido en canción.
Dicen que Silvio, antes de empezar, levantó su cámara para guardar en una imagen a la multitud que lo esperaba, jóvenes en su mayoría. Luego se acomodó en su silla, y con apenas los primeros acordes de su guitarra, nos recordó que todavía se puede amar a esta isla, con todos sus defectos.
Uno de los asistentes relató que, desde el inicio, Silvio habló de los ausentes en el concierto, refiriéndose a los tres trovadores inmensos que fueron Noel Nicola, Vicente Feliú y Pablo Milanés, que ya no están, y a los que rindió homenaje con sus canciones más emblemáticas.
Lo afirmo con orgullo, lo que ocurrió, el pasado viernes en Cuba, trasciende lo musical para erigirse como el acontecimiento cultural más significativo de la Cuba de los últimos años
El trovador compartió piezas de su más reciente disco Quería saber, entre ellas Botar el sofá, .Nuestro después y Viene la cosa, canciones de una contundente crítica social y política. Más tarde, en complicidad con el pueblo, regaló algunos de sus himnos eternos: El necio, con esa estrofa que tantas veces se ha convertido en declaración de vida —“la necedad de vivir sin tener precio”—; Ángel para un final, el más terrible y feroz de sus cantos; la imprescindible Ojalá; La era está pariendo un corazón; para despedirse con un Venga la esperanza sin importar que venga del pasado siglo o del actual.
La ética irreductible de Silvio
Y es que la singularidad de Silvio Rodríguez reside en una tríada ética irreductible. La coherencia como brújula, la dignidad como destino, la lealtad como fuerza vital.
Cuba ha parido gigantes, sí,pero la trayectoria de Silvio es la de permanecer siempre. Frente a la diáspora fácil o el silencio cómplice, él optó por la resistencia. Cargó, y carga aún, con el peso de la utopía—el dolor y la esperanza de su pueblo—, transformando su obra más allá del arte, en un proyecto político y moral. Y lo poderoso es que logra instaurarse en una fidelidad que no es la de la sumisión, es la de una obstinación luminosa que engrandece su figura hasta lo simbólico.
El acontecimiento cultural de la Cuba actual
Lo afirmo con orgullo, lo que ocurrió, el pasado viernes en Cuba, trasciende lo musical para erigirse como el acontecimiento cultural más significativo de la Cuba de los últimos años.
Y su trascendencia y belleza radica en su poder de convocatoria unificadora. Logró lo que parecía una quimera en estos tiempos de fractura; aglutinar, en un mismo canto, a la Cuba múltiple, a la Cuba de todos los colores y credos. Él fue el catalizador. En su figura—necia, irreductible, fidelista— se condensa la ética de la no renuncia. En su voz habita la columna vertebral moral de la Revolución, la impronta de Fidel Castro, la convicción de que la soberanía no es una opción, es la condición indispensable para un mañana viable y entonces, lo más sublime, el cierre. Tras el agradecimiento del trovador, la respuesta orgánica del pueblo. Esas voces alzadas en un coro unánime—"Gracias, Silvio"— fue el instante en que la historia devino eufonía. Fue el pueblo, en su totalidad, erigido en canción.
El fracaso de la contrarrevolución
Por eso incomoda. La contrarrevolución esperaba otro desenlace. Un Silvio crítico hasta la ruptura, un trovador que abjurara de su historia, un símbolo fracturado que pudieran ondear como bandera. Pero lo que vieron fue distinto; fue un pueblo cantando con su poeta, acompañado incluso por el presidente, su esposa y sus hijos, integrados como uno más en el público. Ese gesto desarma.
Incapaces de aceptar la verdad, fabricaron la mentira: que fue un mal concierto, que Silvio ya no es referente moral ni artístico. Sin embargo, las imágenes y testimonios los contradicen; miles de jóvenes cantando, llorando, estremecidos.
Uno de esos testimonios basta para desmontar cualquier calumnia:
“Llegué casi a la hora de comenzar y estaba bien atrás. Me ericé cuando empezó leyendo a José Julián (José Martí), el Héroe Nacional de Cuba. Disfruté de la emoción de los que estaban a mi lado. Canté Yolanda completa. Aguanté las lágrimas hasta Ángel para el final. Grité para que tocara Ojalá. Lo sentí muy cerca cuando dijo: ‘Los de lejos se sienten cerca’. Puedo contar tantas cosas… ustedes no me entenderían”.
Ese “no me entenderían” define el abismo, los detractores nunca podrán comprender lo que significa que un pueblo entero se funda en canto, emoción y dignidad compartida.
Canto de soberanía
A Silvio, se le cuestiona con ligereza, por su cercanía al proceso revolucionario liderado por Fidel, siendo constantemente foco de crítica por parte de quienes no han podido ni querido comprenderlo en toda su complejidad. Silvio es ese, sí; pero también es el trovador que ha llevado su música a prisiones de toda Cuba, que ha ofrecido cientos de conciertos en barrios periféricos. Lo siguen quienes nacieron décadas después de sus primeras canciones, en contextos radicalmente distintos, pero que reconocen esa coherencia rara de encontrar en sus canciones sus vivencias actuales.
La semilla de Silvio—de ideas, de guitarra y de patria— echó raíces hace décadas. Hoy florece en canciones que acompañan luchas, sostienen esperanzas y dan sombra a generaciones enteras
Silvio incomoda, y quizás ahí radique su mayor valor. No ha sido complaciente con nadie. No canta para agradar, sino para expresar una verdad que a veces duele, otras reconcilian, pero siempre invita a pensar. Demonizarlo dice más de quienes lo atacan que del propio trovador.
La contrarrevolución puede enfadarse, mentir o despreciar. Nosotros, mientras tanto, seguiremos cantando. Y dentro de unos días, cuando Silvio recorra Sudamérica y llene plazas y teatros con la misma pasión, quedará demostrado una vez más, el trovador de Cuba sigue siendo lo que siempre fue para los pueblos.
Grandeza auténtica. Dignidad viva.
La semilla de Silvio—de ideas, de guitarra y de patria— echó raíces hace décadas. Hoy florece en canciones que acompañan luchas, sostienen esperanzas y dan sombra a generaciones enteras.
A Silvio lo quiere mucha gente dentro y fuera de Cuba. Porque es la encarnación sonora de un proyecto de país. Porque su canto es, en sí mismo, un acto de soberanía. Gracias por eso
La Habana fue otra: cantó Silvio Rodríguez
Miles de jóvenes siguen teniendo de referente a Silvio Rodríguez y eso es ya una victoria de la consecuencia y de la cultura. Pero Silvio nos miraba a todos pidiéndonos más, nos volvía a comprometer frente a la dureza de las derrotas, de los imperios asesinos, de las promesas incumplidas y de todo lo que ya no pudo ser
Concierto de Silvio Rodríguez en La Habana - Foto: Kaloian Santos Cabrera / OnCubaNews
Pedro Jorge Velázquez
23/09/25 |Actualizado: 23/09/25 | 18:15
No pararon los viejos automóviles, remendados mes tras mes para que sigan rodando; no bajaron los precios de los huevos ni del pan: «ese señor rudimentario», no recogieron los basureros de Centro Habana ni los mendigos dejaron de registrarlos para alimentarse, no hubo corriente eléctrica en la mayoría de barrios del país; pero cantó Silvio Rodríguez, y todo lo que se ha ido perdiendo tras la guerra económica más brutal de la historia de Occidente, volvió a brillar, volvió a ser de color azul como todos los unicornios que buscamos, volvió a llamarse verdad.
Silvio pertenece a una Cuba que se añora cada día: la de aquellos grandes esfuerzos que ni las más feroces campañas de propaganda podían opacar. Era la Cuba de las luces y las sonrisas, de la rebeldía triunfante y las barbas, de los riesgos y las gestas cotidianas, de las locuras y los sueños, de la lucha de la mujer y por la mujer, del humilde y por el humilde.
Foto: Kaloian Santos Cabrera / OnCubaNews
Es la Cuba que hoy sostenemos a fuerza de recuerdos y esperanzas, nostálgicos de lo que podía haber sido cuando vemos el declive del optimismo, la incertidumbre económica, las migraciones masivas, el aumento de la desigualdad y la inflación, el bloqueo tajante y sonante, la desconexión del cubano común por opinar y ser parte de las soluciones, la falta de creatividad y carisma de la mayoría de los “líderes”, las justificaciones que van y vienen, la desconfianza que va creciendo: inercia para mal.
Pero todo volvió con él.
Y todo fue otra vez lo real maravilloso.
"Gracias a los invisibles imprescindibles que a fuerza de duro trabajo montan y desmontan todo esto para que nos juntemos y cantemos y nos suban las ganas de continuar estudiando, trabajando y amando. Gracias a los que están, sí; pero también a muchos que no están"
Esta isla, cada vez más agotada, aún luce un pueblo resiliente y capaz de asumir el rol y el precio que le ha tocado pagar. Y estaba allí otra vez ese pueblo reviviendo el país de los cambios, de los campesinos alegres llegando a La Habana, de los obreros organizando los debates en sus fábricas, de los adolescentes enseñando a leer y a escribir; del estudio, el trabajo y el fusil contra fusil; del cine llegando a las montañas, del primer país del continente que proclamó el aborto legal y gratuito, del primer latinoamericano en volar al espacio, de los jabs de Stevenson, del salto de Sotomayor y de la nueva trova. El universo de la revolución.
Todo eso lo trajo, él, con su voz.
Él que lo ha vivido.
Llegó manejando el auto con su familia y la puerta casi no podía abrirse de tanta gente cerca. Se paró en medio del escenario con una cámara fotográfica e hizo la primera foto al público –incluso antes de la primera canción– como un gesto de entrega de quien siente y piensa: ‘lo más importante no soy yo, sino este público que me acompaña’.
Kaloian Santos Cabrera / OnCubaNews
Y tal cual lo dijo:
«Quiero dar gracias a todas y todos ustedes por estar aquí (...) gracias a los invisibles imprescindibles que a fuerza de duro trabajo montan y desmontan todo esto para que nos juntemos y cantemos y nos suban las ganas de continuar estudiando, trabajando y amando. Gracias a los que están, sí; pero también a muchos que no están»
¿Se refería a nuestros muertos o a aquellos que decidieron emigrar? ¿O ambos, o a todos? Desde ese momento se notaba que Silvio venía a debatir con nosotros, a darnos una guerrilla, a clavarnos un montón de dagas en nuestros prejuicios, a forcejear con nuestros fanatismos y a llenarnos de responsabilidades.
Y lo hizo frente al mismo presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, quien decidió ir a cantar y ver el concierto junto al público; y frente a muchas otras personalidades de la política, la cultura y el arte, la ciencia, los medios de comunicación y el deporte en Cuba; frente a miles de estudiantes y jóvenes, frente a sus amigos y su familia.
Son 78 años entregados a la creación y al arte que conforman pueblos. Un pueblo no es una masa inerte; sino aquel que, como decía Mariátegui, sabe ir por la conquista del pan y de la belleza
Comenzaba así su concierto, dejando fluir su inconformidad tras un fragmento del texto que José Martí escribiera en 1884 (Nueva York) bajo el título “Maestros Ambulantes”:
“Los hombres han de vivir en el goce pacífico, natural e inevitable de la libertad, como viven en el goce del aire y de la luz. Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”.
Silvio había dado, antes de este, 3 conciertos en la escalinata de la Universidad de La Habana. Según recuerda el trovador y promotor cultural Fidel Díaz, el primero fue junto a Pablo Milanés en 1984 para 40 mil personas; el segundo, en 1985 con Afrocuba, presentando el disco Causa y Azares con Santiago Feliú de invitado; el tercero en 2005 con el formato Trovarroco y Niurka González en una noche de lluvia.
Además, recuerda también una ocasión menos mencionada, en 1997, durante el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en la que Silvio cantó junto a una constelación de trovadores: Vicente Feliú, Sara González, Amaury Pérez, Gerardo Alfonso, Santiago Feliú, Irene García…
Ahora, en su quinta ocasión cantando frente al Alma Mater, se llenaba otra vez la escalinata, aunque hubiesen pasado unos cuantos calendarios y a Silvio le hayan crecido las arrugas de sus manos. Son 78 años entregados a la creación y al arte que conforman pueblos. Un pueblo no es una masa inerte; sino aquel que, como decía Mariátegui, sabe ir por la conquista del pan y de la belleza.
Kaloian Santos Cabrera / OnCubaNews
Y no solo nosotros, los cubanos y cubanas que lo queríamos ver y escuchar por una vez más –en mi caso, por primera– sino cientos de foráneos que no querían perderse la mística de ver a Silvio cantando en su patria: la belleza para ellos y para nosotros era eso. Y nada más. A La Habana llegaron personas de toda América Latina y de otros continentes para el concierto.
Allí, justo a mi lado, me encontré con su bandera a la joven hondureña Monica Seoany que me contó su sueño: «Desde que tenía 8 años, escuchaba a Silvio Rodríguez. Me acostaba escuchando "Testamento" y trataba de entenderlo desde esa edad. Siempre quise venir a Cuba, pero fue hasta ahora que me vine a estudiar y estoy haciendo realidad mi sueño de verlo».
Era el sueño de muchos y estábamos ahí.
Al cierre de este último verso, Silvio cantaría «La era está pariendo un corazón». La gente lloraba por Palestina
La esposa de Silvio, Niurka González (flauta y clarinete) es una de las instrumentistas más grandes del continente y su más pequeña hija, Malva Rodríguez, es una talentosa estudiante de piano que lo acompañó (piano y voz) en casi todo el concierto. Vestían de negro como él. Combinaban también en cada acorde y en las miradas cómplices.
Kaloian Santos Cabrera / OnCubaNews
Su pulóver llevaba una pequeña bandera cubana en el lado izquierdo del pecho que es –justicia poética– el lado del corazón. De un momento a otro, sin que lo previéramos, Malva colocó en su sobria y humilde forma de vestir la kufiya palestina, prenda con la que dio el resto de su concierto y leyó, con una fuerza de reclamo en la mirada, el poema “Halt!”, de Luis Rogelio Nogueras.
«…pienso en ustedes, judíos de Jerusalén y Jericó,
pienso en ustedes, hombres de la tierra de Sión,
que estupefactos, desnudos, aterrados
cantaron la hatikvah en las cámaras de gas;
pienso en ustedes y en vuestro largo y doloroso camino
desde las colinas de Judea
hasta los campos de concentración del III Reich.
Pienso en ustedes
y no acierto a comprender
cómo
olvidaron tan pronto
el vaho del infierno».
Kaloian Santos Cabrera / OnCubaNews
Al cierre de este último verso, Silvio cantaría «La era está pariendo un corazón». La gente lloraba por Palestina.
“Aprendiz” decía su gorra negra, la misma definición que usa en sus redes sociales. Sí, Silvio usa redes sociales –está en Facebook e Instagram como Zurrón de Aprendiz, también tiene canal en YouTube y cuenta en Spotify– porque siempre ha sabido ser aliado del desarrollo tecnológico, como lo es del amor. También comparte debates cotidianos en un blog digital llamado “Segunda Cita”.
El artista no descansa sobre su ya inmensa –en cantidad y calidad– producción musical, sino que busca formas nuevas de intercambiar y sigue creando discos como “Para la espera” (2020) y “Quería saber” (2024).
Algunas de esas últimas canciones fueron interpretadas por Silvio y su grupo en La Habana: “Viene la cosa” y “Para no botar el sofá” vienen a resumir, desde la canción, la actual postura crítica de Silvio frente a la realidad en sí, pero también frente a las formas en que se expresa –se tensa, se complejiza y se dirige– esa realidad. Dardos intelectuales que definen toda su obra musical.
Kaloian Santos Cabrera / OnCubaNews
Se escondía por completo el sol en La Habana y Silvio creó un espacio para homenajear a tres imprescindibles de la nueva trova cubana: interpretó “Créeme” de Vicente Feliú, “Te perdono” de Noel Nicola y “Yolanda” de Pablo Milanés, esta última a voces con su hija Malva.
También habló al público de su amistad con Pepe Mujica y Lucía Topolansky. Dedicó una canción que escribió para Pepe ("Más porvenir") que, sin dudas, será un éxito cuando llegue a Montevideo.
Otra, dedicada al Che Guevara (“Tonada del Albedrío”) para recordar que sus principios siguen siendo los mismos y su consecuencia será hasta la muerte:
«Dijo Guevara el hermoso
Viendo al África llorar
En el imperio mañoso
Nunca se debe confiar»
“Yo me muero como viví”, “Venga la esperanza”, “Ángel para un final”, “¿Qué cosa fuera?”, eran frases en carteles que levantaban los jóvenes para pedirle sus canciones preferidas. Complació casi a todos, incluso cantando clásicos como "Ojalá" y "La Maza", las cuales parecían fuera del repertorio de la noche, pero que no paraban de pedirle los participantes:
– ¿Quieren La Maza? Esa es larguísima. Se van a aburrir – bromeaba el maestro desde el escenario, antes de interpretarla y dejarnos con ganas de 20 canciones más.
Kaloian Santos Cabrera / OnCubaNews
* * *
La Habana (Cuba) fue el comienzo de una gira que incluirá también conciertos especiales en Santiago (Chile), Buenos Aires (Argentina), Montevideo (Uruguay), Lima (Perú), Cali y Medellín (Colombia). En todos estos países, los boletos se agotaron en pocas horas y en algunos hubo que abrir nuevas fechas, prueba de que Silvio se extraña y la canción de autor sigue viva.
Muchos advierten que puede ser la última gira de Silvio por la región, tal como decían que este debe ser su último concierto en La Habana. Silvio no lo ha planteado así, pero su público lo dice y siente con temor a no poder verlo cantar una vez más.
Hay otros que ante ese miedo se aventuran a un viaje por todos los países de esta gira para verlo en cada parada, como es el caso de los integrantes de la "Tropa Cósmica", un grupo digitalmente articulado que incluye seguidores de todas las edades y de varios países de América Latina.
Por ahora, La Habana fue otra ciudad y dejó que la poesía diera su batalla. Al final, Silvio presenta a su grupo, agradece y se despide alzando sus brazos, pero mira otra vez a su costado y siente que algo falta, vuelve a tomar la guitarra por última vez para cantar «Venga la esperanza» y cerrar con este llamado universal.
Kaloian Santos Cabrera / OnCubaNews
Allí, al ritual de esa última canción no sabíamos si lo que estábamos viviendo era real. Se encendían los flashes de los celulares, nos abrazábamos, sonreímos y llorábamos, se sentía a Silvio como una transfusión en sangre de verdades que necesitábamos escuchar, de críticas que se han postergado demasiado y de la fuerza que emanan las ideas para continuar.
¿Por qué Silvio nos hace conectar así? Para Kaloian Santos, su fotógrafo y amigo que lo ha seguido por años en cientos de conciertos «la clave está en que no vive en una burbuja. Sufre los mismos cortes de luz y agua, las mismas migraciones de amigos y seres queridos que cualquiera en Cuba. Su realidad no es lejana a la de la gente. Y, más allá de lo cotidiano, sus canciones hablan de lo universal, de lo que todas las generaciones enfrentan». (OnCuba News)
Silvio nos miraba a todos pidiéndonos más, nos volvía a comprometer frente a la dureza de las derrotas, de los imperios asesinos, de las promesas incumplidas y de todo lo que ya no pudo ser: «Toca seguir»
Nos adheríamos entonces, a ese canto, como un nuevo –y quizás único respiro– para unirnos en nuestras diferencias y seguir conformando una sociedad distinta, superadora del capitalismo, pero rica en el desarrollo humano.
Miles de jóvenes siguen teniendo de referente a Silvio Rodríguez y eso es ya una victoria de la consecuencia y de la cultura. Pero Silvio nos miraba a todos pidiéndonos más, nos volvía a comprometer frente a la dureza de las derrotas, de los imperios asesinos, de las promesas incumplidas y de todo lo que ya no pudo ser: «Toca seguir».
El público gritaba “Gracias Silvio” al unísono mientras él bajaba las escaleras.







