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domingo, enero 15, 2023

Una poetisa y dos poetas sobre Haydée


viernes, 30 de diciembre de 2022

Una poetisa y dos poetas sobre Haydée

Conocí personalmente a Haydée, me parece que a principios de 1968. Supongo que en enero, porque en febrero fue que hicimos la primera actividad en Casa de las Américas. Unos días antes nos habíamos encontrado allí mismo para proyectar el concierto aquel, que según se dice, fue el estreno de la Nueva Trova como movimiento.



Por aquel entonces, el grupito de trovadores que éramos confrontábamos algunas dificultades: por un lado generacionales, y por otro lado, de incomprensiones pudiera decirse que políticas. Luchábamos porque se reconociera la legitimidad de nuestro canto; por probar que era válido ser jóvenes y tener opiniones, aunque algunas de estas opiniones fueran expresadas a veces con cierta desmesura, cosa que al fin y al cabo también suele caracterizar a los jóvenes.


Cuando Haydée se enteró de todo esto y escuchó nuestras canciones, inmediatamente nos llamó para brindarnos la Casa de las Américas como una tribuna o como una sede de nuestras actividades. Esto no sólo nos permitió tener un sitio donde cantar, sino que nos puso en contacto con la cultura de América Latina, y con sus creadores más revolucionarios y comprometidos. Algunos de estos creadores, como Roque Dalton o Paco Urondo, después no sólo trascienden por su calidad artística, sino que son parte de los mártires que abonan la causa de la liberación latinoamericana.



Más tarde nos hicimos muy amigos y comenzamos a trabajar, durante años, en varios proyectos, en diferentes colaboraciones. Hicimos programas de televisión, conciertos conmemorativos, de solidaridad, tanto entre cubanos solamente, como entre cubanos y cantores o artistas de Latinoamérica y el resto del mundo. También hicimos algunos discos y es imposible que se olvide que el primer disco donde quedan registradas canciones de la Nueva Trova fue un disco editado por Casa de las Américas, inspirado y alentado por Haydée Santamaría.



A Haydée siempre le gustaba hacer bromas; siempre estaba haciendo bromas; recuerdo que un 31 de diciembre se disfrazó de fantasma, se cubrió con una sábana y se puso una linterna bajo la barbilla, apagó las luces y se le apareció a Noel que estaba dormido en un sofá.

Con Julio Cortázar


La última vez que vi a Julio Cortázar, estábamos desayunando con Yeyé y ella se puso de acuerdo conmigo para hacerle una broma a Julio, que andaba en bicicleta con su mujer por toda la Habana. La cosa era que yo le tenía que decir a Julio que me hacía falta una bicicleta para ver qué él decía. Le pedí la bicicleta, y él, de lo más amable, enseguida me brindó la suya; y Yeyé como… vaya: muerta de risa.


También recuerdo cuando Vicente Feliú, Augusto Blanca, Lázaro García y Sareskita Escalona cayeron presos en Bolivia y los empezaron a maltratar; se creó una especie de Estado Mayor que Haydée organizó y dirigió personalmente en la Casa. Y desde allí se llamó a todo el mundo para que diferentes personalidades divulgaran la situación y exigieran la liberación de esos compañeros.



La solidaridad y el amor fueron constantes en Haydée.


Yo me siento parte de la obra de Haydée. Creo que lo soy en lo general y en lo particular. En lo general, porque me siento hijo de la Revolución que ella regó con su juventud, con su esfuerzo, con sus lágrimas, con su dolor y por supuesto que también con su alegría y con su esperanza. También porque una vez me dijo que “Fidel era el Sol” y eso se me quedó grabado.


Y en lo particular, porque soy trovador de una generación de trovadores que le deben muchísimo a Haydée.


Muy a menudo, tremendamente a menudo, ante el aplauso de miles de personas o ante cualquier éxito o reconocimiento, me acuerdo de ella, y en ese instante hago un tributo de gratitud y de compromiso a su memoria.


Testimonio de Silvio Rodríguez Domínguez publicado por Casa de las Américas en Homenaje a una Heroína de la Patria. Tomado del blog Cartas desde Macondo.

lunes, agosto 15, 2022

HAYDÉE

Haydée era un alma encantada... Con el don de la belleza, de la humanidad, de lo mejor del espíritu y con el don de la rebeldía. La rebeldía a veces problemática. Por encima de todo era una revolucionaria --si se entiende con profundidad lo que quiere decir esa palabra. Y un ser excepcional. Yo sé que no voy a encontrar otra persona como ella. Era así por sus cualidades pero también por la vida que vivió. La belleza de su vida, la frondosidad, la exuberancia de su vida, la riqueza de su trayectoria y también sus dolores la hicieron así. Era una persona que hablaba en poesía. _La canción del elegido_ trajo discusiones porque algunos decían que era hermética, críptica. Hay muchas cosas que digo en esa canción que son casi literalmente cosas que me dijo Haydée. 

Porque la canción está dedicada a Abel Santamaría, que fue el lugarteniente de Fidel en el asalto al Cuartel Moncada. Ahí hay imágenes de Haydée, y no sólo imágenes, sino también el sentimiento, la forma de ver de Haydée. Ella se preocupó muchísimo porque nosotros nos vinculáramos con América Latina. Discutíamos con ella de todo: la revolución, la vida, el oportunismo, la burocracia, el futuro, los jóvenes, la música, la trova, la cultura, América Latina. De todo y a calzón quitado".


Silvio Rodríguez D. 



#TheLiteracyProject #SilvioMiPrimeraTarea #SaberNoPuedeSerLujo #SilvioRodríguez #Cuba

martes, diciembre 16, 2014

Presentan en La Habana libro dedicado a la heroína Haydée Santamaría

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El historiador Pedro Pablo Rodríguez y la periodista Arleen Rodríguez Derivet durante la presentación de “Haydée, hace falta tu voz”. Foto: Marianela Dufflar.
Arleen Pedro PabloEl libro Haydée, hace falta tu voz, del sello Ojalá, con edición de Camilo Pérez Casal, fue presentado esta tarde en la Casa del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.
La periodista Arleen Rodríguez introdujo al historiador Pedro Pablo Rodríguez, Premio Nacional de Ciencias Sociales, quien realizó la presentación de la obra.
El destacado intelectual se refirió a la heroína del Moncada como una alguien superior a cualquier cargo, dueña de una figura y elegancia espiritual, cuya vida dedicó a servir. “Fue original, auténtica y, por tanto, verdadera”.
Se refirió asimismo a algunos fragmentos del volumen, alejado de lugares comunes y de la retórica del heroísmo; celebró la obra y concluyó expresando que tenemos su voz, la voz de Haydée Santamaría: “tenemos que escucharla, seguirla, recrearla (…) Tengamos todos hoy su voz”.
Estuvieron presentes figuras de la cultura y la política, como Silvio Rodríguez, Roberto Fernández Retamar, René González, Martha Rojas, Augusto Blanca, Ricardo Alarcón, entre otros.
Los ejemplares del libro serán puestos a la venta en la librería Alma Mater y la Red Ateneo. Llegarán gratuitamente a la Biblioteca Nacional, las bibliotecas provinciales y todas las públicas del país, Casa de las Américas, la Casa Museo Abel Santamaría y la casa de la familia en Encrucijada. Los beneficios de esta publicación serán donados a la sala infantil del Hospital de Oncología y Radiobiología de La Habana.
Nota del editor:
Deseo advertir de un error involuntario que aparece en el libro Haydée, hace falta tu voz, Ediciones Ojalá, La Habana, 2014 (ISBN: 978-959-7156-19-2).
La nota al pie al texto de Armando Hart, “La exquisita y maravillosa mujer que conocí”, en la página 26, correctamente debe decir:
*Fragmento de la carta remitida a Vilma Espín, el 18 de diciembre de 2002, con motivo del traslado de los restos de Haydée Santamaría al mausoleo de los mártires del 26 de julio, en el cementerio de Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba.
Martha Rojas
La periodista Martha Rojas hizo una breve intervención al final de la presentación. Foto: Marianela Dufflar.

viernes, abril 04, 2014

Haydee Santamaría, musa inolvidable de Silvio Rodriguez

Quien indague por qué Casa de las Américas nos abrió sus puertas para que cantáramos en febrero de 1968, debe saber que aquel ademán solidario no salió del vacío, y menos porque abundaran noticias felices sobre los jóvenes trovadores. Por entonces era habitual que nos precediera una aureola de conflictivos, palabrita que solía usarse como sinónimo de "ten cuidado con ese". Quizá por ello, antes de la primera invitación a cantar, Haydeé Santamaría en persona se reunió con nosotros y se informó de primera mano de nuestras procedencias y correrías, así como de nuestra forma de entender temas universales y del patio.

¿Qué determinó el interés inicial? Alguien dijo que quien primero le habló a Haydeé de aquel grupo de trovadores fue Santiago Álvarez. Lo creo, porque conocí bien a Santiago. ¿Cómo fue la comunicación inicial con ella? Aunque parezca raro, en cierta medida por nuestro repertorio. Digo que puede parecer extraño porque llegamos por un auspicio del Centro de la Canción Protesta y nuestro arsenal no era pródigo en el tipo de canción que solía clasificarse como tal. Es decir, cuando llegamos frente a Haydeé habíamos escrito escasos temas sobre la guerra en Viet-Nam, la discriminación racial y el antimperialismo. Por su parte, el cantor de la reafirmación revolucionaria era --y es para siempre-- Carlos Puebla. Nosotros desde el inicio fuimos otra cosa. Mezclábamos lo cotidiano con lo trascendente y no eludíamos hablar de los contratiempos de la sociedad en revolución. Lo hacíamos así porque así era nuestra vida, y la vida real es quien suele poner las mejores palabras en una canción. Esto no era conflicto para Haydeé, que siempre nos escuchaba respetuosamente, cantáramos lo que cantáramos. Sólo una vez me preguntó qué quería decir yo con aquello de "me iré a soñar al trueno / de un país desconocido". Fue entonces cuando, obligado a profundizar, le confesé mi secreta aspiración de convertirme en combatiente internacionalista.

Quizá la materia que más fluidamente dejó correr nuestra afinidad fue el Che y la lucha armada. A ella le gustaba hablar de cuando se habían hecho amigos en la Sierra Maestra y a mi me encantaba escucharla, lamentando en silencio no haber tenido edad suficiente para alzarme. En la Sierra él le había prometido que ella lo acompañaría a la hora de la liberación Latinoamericana (ella se apagaba un poco cuando explicaba por qué no habían podido correr la misma suerte). También más de una vez me contó que el argentino decía que lo que más le gustaba de ella era verla "disparando a la redonda", como una rebelde en el seno de los rebeldes. Y supongo que ése debe haber sido otro punto cardinal de nuestra identidad: la convicción de que era necesario seguir siendo insurrectos, para darle continuidad al mejor espíritu revolucionario. Ella era, por derecho histórico, una semejante del Che. Yo, por vocación y edad, émulo del "Gigante" de Martínez Villena. Con tan especial identidad, rápidamente nos volvimos amigos.

Haydeé, como ya he dicho, puso la épica revolucionaria a nuestro alcance, al narrarnos algunos hechos como ella los recordaba y no como parecía pintarlos cierta mitología castradora. Su visión realista y a la vez poética era la anunciación de que el sacrificio era una forma de ascenso en la escala humana. Así que sintiéndonos cada vez más comprometidos, aunque sin ataduras, nos fuimos hermanando y ella dejó de ser Haydeé y se convirtió en Yeyé, como le decían doña Joaquina y sus hermanas Aida y Adita, de las que también nos volvimos familia.

Puede que ahora yo sea algo más cuidadoso que en aquellos tiempos, cuando todo --yo incluso-- era más joven. Por entonces, y aunque mis bríos a veces se pasaran de rosca, no entrar en contradicciones me parecía una cobardía y no ser impetuoso lo consideraba un defecto. Ante tales arranques, Haydeé tenía una capacidad de comprensión y compasión enormes. Sabía leer, donde está escrito, el por qué cada cual es como es. Su dolor de alma, lo trágico de su vida le fueron refinando la ternura hasta lo sublime. Así mismo era capaz de sentarse a discutir con quien fuera y de cantarle las cuarenta al más pinto. Maravillosamente, también tenía la admirable costumbre de no dejar que se hiciera leña del árbol caído. Si tronaban(*) a un compañero, o algo así, Haydeé no admitía que se hablara mal de él, todo lo contrario. Por eso cuando uno la escuchaba resaltar insistentemente las virtudes de alguien, podía casi asegurarse que ese alguien estaba en "capilla ardiente". Ella era como una gran academia de humanidad en un cuerpo pequeño y con voz de flauta. Pero nadie podía equivocarse respecto al carácter que residía en aquel ser que hablaba cantando. Para mi Yeyé fue una argamasa que pegó y contribuyó a que tomaran forma algunas cosas importantes que por entonces todavía me bailaban adentro.

Jamás podré olvidar que cuando en 1980 los trovadores Vicente Feliú, Lázaro García, Augusto Blanca y Saresquita Escalona fueron secuestrados y torturados durante un golpe de estado en Bolivia, Yeyé transformó su oficina de Casa de las Américas en un centro de movilización internacional. Desde allí ideó y ejecutó el rescate de nuestros compañeros y no fue a descansar hasta saber que ya venían de regreso.

La fascinación que ejercía me hizo escribir cientos de palabras con música, con las que intenté un tributo a la proeza de su generación, en la que había brillado su hermano Abel. O sea que de no existir nuestra amistad posiblemente no hubiera escrito algunas canciones, entre ellas "Canción del Elegido". Durante los años en que nos conocimos, en cambio conseguí que me redactara una dedicatoria para el libro "Haydeé habla del Moncada", donde puso: "Silvio, compréndeme y quiéreme".

Puede que esas sean las palabras clave para la canción que le debo. Mas, como se ve, trato de transcribir algo de su memoria al lenguaje común, sin conseguir revelar la magnitud de su presencia.

No quiero dejar de decir que con ella también nos reíamos mucho. A ella le encantaba reír y hacer reír. Si se piensa que los sentidos son tributarios de la personalidad, uno de los esenciales en Yeyé era el del humor, a veces matizado por su maternidad expansiva. No se me olvida un día en que me invitó a comer y que mientras al resto de los comensales se les servía una cena criolla, me puso delante una descomunal tortilla de plátanos maduros. Fue que una vez me oyó decir que me gustaba mucho ese plato.

Un 31 de diciembre, fecha que ella había escogido como su cumpleaños, la vi empolvarse la cara, echarse una sábana por la cabeza y alumbrarse la barbilla con una linterna. Así, después de apagar todas las luces de la casa, se le apareció a Noel Nicola, que roncaba en un sofá. Noel saltó del sueño echando chispas y palabrotas, y al día siguiente estaba apenadísimo por las expresiones que se le habían escapado. Yeyé, cada vez que lo veía, le pinchaba las costillas con un dedo y le soltaba una risita.

La última vez que Julio Cortázar estuvo en Cuba, desayunamos juntos. Habíamos coincidido en algún evento, pero buscando intercambiar otras palabras quedamos en vernos un domingo temprano, en el Hotel Riviera. Yendo para la cita, Haydeé --que también estaría en el desayuno--, me iba explicando la situación: Cortázar tenía una nueva compañera, a la que quería mostrar La Habana. Para que pudiera moverse con comodidad durante su visita, inicialmente se le había brindado un vehículo con chofer, pero Julio, cronopio por antonomasia y enemigo de resultar el más mínimo estorbo, había declinado el carro y a cambio había pedido un par de bicicletas, para recorrer la ciudad.

--Así que, Silvio, en algún momento del desayuno tú tienes que decir que no tienes cómo ir a tus actividades y que necesitas una bicicleta --me iba instruyendo la heroína del Moncada, mientras conducía por el Malecón.

--Y ¿eso para qué, Yeyé?

--Para ver qué dice Julio, chico --y me miraba con los ojitos brillantes.

Torpe como soy, me pasé aquel desayuno desaprovechando los "pies" que Yeyé me ponía en las narices, retrasando el momento acordado. Yo me sentía en conflicto, porque por una parte me daba pena la candidez de Julio y por otra no quería defraudar a mi cómplice, dejando de hacer mi papel. Para no hacer más largo el cuento: cuando por fin logré decir que necesitaba una bicicleta, Julio reaccionó con su bondad proverbial, diciendo que casualmente él tenía dos y que con gusto me prestaba una. Aquel momento fue la eclosión de la mañana: la carcajada de Yeyé, mi cara de tomate y el rostro primero desconcertado de Cortázar, tratando de llegar al entendimiento, hasta que por fin arqueó las cejas y empezó a menear la cabeza, escuchando decir a nuestra amiga:

--¡Oye eso, Julio! ¡Con la escasez de bicicletas que tenemos...!

martes, mayo 26, 2009

El poeta y el trovador: imágenes compartidas

La Ventana, La Jiribilla



En lo que fuera uno de los momentos más estremecedores de la historia de la Casa de las Américas, este viernes 22 su presidente Roberto Fernández Retamar y el trovador Silvio Rodríguez compusieron un memorable recital en homenaje a Haydee Santamaría.

Minutos después de la cinco de la tarde, frente a un público que tomaba los pequeños resquicios desocupados de la sala Che Guevara, se escucharon las palabras del poeta y del trovador, poco antes de que alcanzaran a ser una única y sola voz compartida. Silvio Rodríguez: «Es un homenaje a Haydee Santamaría del poeta Roberto Fernández Retamar y del trovador Silvio Rodríguez, que fuimos y somos todavía sus amigos, y lo queremos hacer en el marco del cincuenta aniversario de la Casa de las Américas».

Roberto Fernández Retamar: «Le agradezco mucho a Silvio que me haya invitado a compartir en este acto, porque es la primera vez en cuarenta y cuatro años ininterrumpidos de trabajo en la Casa de las Américas que hago una lectura de poemas aquí. Así que Silvio es culpable de eso». De golpe, arrancaron los aplausos y comenzó uno de los momentos más memorables de la Casa de las Américas en sus cincuenta años de fundada.

A algunos trabajadores de la institución, que llevan más de cuatro décadas laborando en ella, les pareció el más emotivo e impactante de todos. Ambos, poeta y trovador, se juntaron en un diálogo intenso y estremecedor en el que una canción respondía a un poema y un poema adelantaba una canción.

Fue, justamente, ese peculiar toma y daca, ese compacto tejido de emociones, sentidos, palabra y melodía, lo que hizo de este concierto un momento inolvidable para el público que abarrotaba la sala Che Guevara de la Casa. Hace unos días, mientras los dos cuidaban los detalles de la presentación, se inició una breve conversación en la que salieron a relucir la génesis y el profundo significado de este concierto para ambos. «Somos dos viejos compañeros que nos conocimos alrededor de la Casa de las Américas y estamos evocando eso», declaró Silvio.

Más adelante añadió, «nosotros íbamos a hacer este recital hace algunos años en Argentina, pero no pudimos. Nos habíamos preparado, hicimos todo el programa, lo ensayamos en mi casa una tarde. Cuando me invitaron a ser parte de esta celebración de la Casa por sus cincuenta años de fundada con el homenaje a Haydee, me dije: ¡qué buena ocasión para retomar esta idea con Roberto! Y, además, me mejoraba yo de paso al hacerlo con él; es algo que he estado esperando».

El autor de La gota de rocío, tema que sucedió al poema “A la enamorada desconocida”, ha confesado más de una vez su admiración por la obra poética de Fernández Retamar y la influencia que ella ha ejercido en su creación: «Existe, incluso, el caso de dos canciones que, obviamente, fueron hechas después de leer poemas de Roberto, como Pequeña serenata diurna, inspirado en “El otro”, que trata de decir lo mismo, no tan bien como lo dice Roberto, pero prácticamente es lo mismo: ‘que me perdonen los muertos de mi felicidad’, ‘quién recibió la bala mía’. Fue la manera que tuve de traducir esa idea a la canción.

En el caso de Te doy una canción es “Con las mismas manos”, ‘con las mismas de matar’; es más descarado todavía el fusilazo (risas), porque hasta uso las mismas palabras. «Se trata de hacer una especie de analogía. Es imposible que las canciones y los textos hablen de lo mismo. A veces hasta por contraste, otras por analogía.

Por eso cuando me preguntaron qué título le poníamos al concierto, propuse “Con las mismas manos”, lo dije con alevosía», apuntó Silvio. El epicentro del homenaje a la fundadora de la Casa, estuvo en el poema “Haydee” y en Canción del elegido, de la cual Silvio ha confesado haberla hecho, «prácticamente, con palabras de Haydee». Para Roberto ha sido «honroso hacerlo con Silvio.

Reúne textos nuestros de diversa naturaleza. Silvio ha querido que se llame como un poema de los dos: “Con las mismas manos”. Le agradezco mucho que haya retomado este proyecto que, efectivamente, hace años teníamos y no pudo ser en esa ocasión». “Felices los normales”, Ala de colibrí, “El otro”, Pequeña serenata diurna, “Con las mismas manos”, Te doy una canción, “Los feos”, El gigante, “Tiempo de amantes”, En estos días, “A la enamorada desconocida”, La gota de rocío, “Aniversario”, Te amaré, “Haydee”, Canción del elegido, “A mi amada”, Mujeres, “Otro poema conjetural”, Qué duro ha de ser para el poeta, “Mack the Knife”, A dónde van, “¿Y Fernández?”, Unicornio se alternaron y confundieron para hacernos ver cuán de trovador es el poeta y el poeta de trovador.



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