Ha sido como volver a mi infancia. De pequeña, antes de empezar en la escuela, solía acompañar a mis padres de gira y estuve tras bambalinas, en mi cochecito, en muchas de estas ciudades. Esta vez me tocó venir como músico, haciendo coros y tocando piano, así que dentro del sentimiento de nostalgia descubrí toda una nueva faceta de mi profesión.
Durante los ensayos en los estudios Ojalá. Foto: Kaloian.
Antes de partir, nos pasamos un mes entero ensayando todos los días en los estudios Ojalá. El grupo, a pesar de llevar bastante tiempo sin tocar juntos, remontó el repertorio rápidamente con alguna que otra nueva adición. Durante este proceso comenzamos a armar el esqueleto de lo que sería el programa de los conciertos.
Se prepararon casi 4 horas de música. De hecho, hacíamos la broma de que con todas las canciones que montamos se podían hacer dos conciertos completamente distintos.
Por supuesto, uno ya tiene una idea de cuál va a ser el orden del programa desde antes del primer ensayo. Sin embargo, nunca se sabe hasta que se empieza a tocar. Y, aun después de planificarlo, a lo largo de la gira se hicieron un montón de ligeros cambios. O sea, podríamos decir que el programa resultó una guía general, más no definitiva.
Foto: Kaloian.
Por mis estudios tengo un poco más de experiencia práctica en tocar música académica, lo cual en estos casos tiene una dinámica bastante diferente. En resumen, nunca había tenido la experiencia de tocar tantas veces en público un mismo concierto y descubrí que es verdaderamente enriquecedor. Frente a una audiencia se descubren cosas nuevas de las piezas y mientras más se ejecutan, más se enriquece la interpretación.
Cada concierto es una experiencia completamente distinta. La manera en que nos escuchamos, la energía del público, la voz, todo se siente diferente a medida que pasan los días.
Foto: Kaloian.
Mi participación en los conciertos, a excepción de algunos coros, fue en un pequeño aparte familiar para homenajear a compañeros de papá que lamentablemente ya no se encuentran entre nosotros. Cantamos “Créeme” juntos, como lo solían hacer Vicente [Feliú] y su hija Aurorita; “Es más, te perdono”, de Noel [Nicola], a quien me cuentan que conocí muy chiquita, y la mítica “Yolanda”, de Pablo [Milanés]. Esta sección del concierto se concibió de una forma muy orgánica.
El preludio de estos pequeños “apartes” comenzó en España, tras el fallecimiento de Eduardo Aute. Papá y yo habíamos ensayado alguna vez “Dentro”, para un homenaje que se le hizo, donde nunca la llegamos a tocar y a mí siempre me gustó mucho su canción “Albanta”. Tanto así que me la aprendí al piano y mi mamá me grabó un videíto cantándola, para mandárselo a los Aute (nuestra familia española). Unos meses después, cuando los conciertos de España en 2021, justo saliendo de la pandemia, papá decidió incluir estas dos canciones para recordar a Eduardo. Esa fue la primera vez que tocamos juntos.
Malva con Niurka González, su madre. Foto: Kaloian.
Después, en 2022, de golpe fallece Vicente y en los conciertos de México tocamos “No es fácil” y “Créeme”. En 2023 lo siguió Pablo, y en el concierto en la Isla de la Juventud cantamos “Yolanda”.
Silvio Rodríguez y Malva Rodríguez interpretaron a dúo la canción “Créeme”, homenaje a Vicente Feliú en México en 2022. Foto: Kaloian.
Esta vez no sabíamos si se iban a hacer todas las canciones como parte del programa, si irlas alternando entre concierto y concierto o ponerlas como bises. Sin embargo, desde que las tocamos juntas por primera vez en el concierto de la Escalinata de la Universidad de La Habana, supimos que no podíamos hacerlo de otra manera. Como dice papá: “Hay canciones que debemos seguir cantando”, y decidimos hacerlo desde la familia.
Muchas personas me preguntan qué se siente tocar con mis padres. En verdad lo disfruto mucho. Es una experiencia muy enriquecedora como músico, ya que ambos son excelentes profesionales. Precisamente por eso también puede llegar a ser un poco intimidante, pero a eso me sobrepongo.
Todo el asunto de “irse de gira” a lo mejor puede sonar muy glamuroso, pero les confieso que, cuando llevas un mes trabajando fuera de casa, con una maleta y lavando ropa en las bañaderas de los hoteles —el servicio de lavandería suele ser carísimo—, se extraña el hogar. Sin embargo, la compañía ha sido una fortuna inmensa.
Silvio y Malva Rodríguez saliendo a escena. Foto: Kaloian.
Se sentía como estar en una residencia estudiantil (muy bien equipada) con un montón de compañeros y amigos que al final terminan convirtiéndose en familia. Se crean bromas internas a partir de anécdotas del día a día y eso hace que el tiempo transcurra más rápido.
Malva Rodríguez al piano, Silvio Rodríguez y Niurka González. Foto: Kaloian.
En los momentos libres, a veces a deshora, se emprendieron pequeñas odiseas en busca de pizza y helado, se celebraron cumpleaños, campeonatos de juegos y hasta despojos místicos. Por eso, a pesar de estr moviéndonos constantemente de un lado a otro, apenas sin tiempo para adaptarnos, cada sitio se parecía un poco a casa, porque estábamos todos juntos.
Durante la visita a Lucía Topolansky, compañera del fallecido expresidente uruguayo Pepe Mujica. Foto: Kaloian.
Me llenó de afectos y ternuras conocer a gente que quiere tanto a mi papá. Eso es algo que no notaba de pequeña, o no lo entendía, pero ahora sí. El pensar que cada persona que va a los conciertos tiene una historia que la conecta con su música. Poder ver y comprender cómo todo ese amor es resultado de años y años de arduo trabajo; de tratar a los demás con respeto y de ser consecuente. Ver el resultado de su labor me inspira mucho a seguir estudiando y aprendiendo.
Las manos de Silvio y Malva. Foto: Kaloian.
Para mí es un privilegio muy grande poder trabajar con mi familia y vivir todas estas experiencias juntos: Oliver, Jorgito, Jorge Reyes, Emilio, Rachid, Maykel, Olimpia, Enzo, Jurek, Amin, Abdito, Frank, Juli, Fer, Horacio, Héctor, Romina, Silvia, Kalo, Martín y, por supuesto, mis padres Niurka y Silvio. Fui la más joven del grupo, y aún estoy sacándole un provecho tremendo a aprender de músicos tan talentosos, disciplinados y, sobre todo, bellas personas.
Mm
“Un equipo tan maravilloso como este, al que pueda llamar también familia”. Foto: Kaloian.
Aunque extrañé mi casa y, sobre todo, mi piano, el haber llegado al final de este viaje me resulta un tanto agridulce. Estamos cansados, pero felices. Espero algún día poder lograr que salir de gira, más que una experiencia, sea mi trabajo, y poder rodearme de un equipo tan maravilloso como este, al que pueda llamar también familia.
Malva, esta pianista de 21 años en eterna formación, pretende levantar la mirada del teclado y pensar “en voz alta” sobre el mundo artístico y musical que la rodea. ¡Bienvenidos a este espacio de reflexiones y delirios musicales!
En Más allá de un piano quiero contarles lo que significa para mí ser músico, desde las anécdotas más cotidianas hasta las más especiales. Intentaré llevar a palabras conciertos, eventos escolares y alguna que otra reflexión aleatoria, con la esperanza de poner mi granito de arena en darle visibilidad a este hermoso universo artístico y cultural cubano que cada día luchamos por preservar y enriquecer.
Ya que terminó el verano y regresó la rutina, comenzaré con un tema tan cotidiano para algunos como peculiar para otros: ¿Cómo pasamos las vacaciones los músicos?
La respuesta es “un poco como todo el mundo”, por supuesto. No estamos ajenos a divertirnos, despertarnos un poco más tarde de lo que acostumbramos y pasar tiempo con nuestros seres queridos. Sin embargo, hay un detalle que a menudo sorprende (sobre todo a padres de niños que acaban de entrar a un conservatorio y se están adentrando en ese estilo de vida que es tocar un instrumento): el estudio constante. Sí, en las vacaciones se estudia y, para los músicos, hay varios tipos de vacaciones (aclaro que es mi experiencia, mi percepción, que para mis propios compañeros puede resultar tan cercana como lejana: cada músico, así como cada persona, es diferente).
Están las vacaciones normales. Recesar y estudiar probablemente la misma cantidad de horas que durante la escuela; pero, por supuesto, es mucho más fácil porque hay más tiempo libre y el trabajo se siente menos.
Luego están las vacaciones que lo son solo por el hecho de no ir a la escuela, dado que, ya sea por tener un evento extraescolar (conciertos, cursos de verano, concursos, ensayos), por tener que aprovechar más el tiempo libre y poder cumplir después planes que no te permitirán estudiar o simplemente porque eres una persona en extremo disciplinada… te pasas el día estudiando. Y cuando digo “el día” me refiero a las legendarias 8 horas. Este es un mérito tan alto, que quienes lo alcanzan merecen el respeto de todos. Tener la capacidad de estudiar 8 horas en una jornada o, peor aún, mantener tal ritmo de estudio así por días es una hazaña que requiere tanto de resistencia como de planificación y disciplina. No sé si lo recomiendo; con los años he aprendido que no es tan importante el tiempo de estudio como la forma en que se aproveche.
Aun así, sigue siendo práctica común entre los músicos convertir las horas de estudio en medallas, y llevarlas con orgullo para que todo el mundo vea cómo nos esforzamos y cuánto compromiso tenemos con nuestro instrumento.
Por último, están las vacaciones que el resto de los mortales conoce, en las que no se estudia. Para un músico activo constan, si acaso, de “una semana, repartida en los dos meses de receso. Un día por aquí, dos por acá.” Son muy necesarias; por mucho que amemos lo que hacemos, tomar distancia y refrescar contribuye al eterno proceso de búsqueda y aprendizaje.
Imagino que algunos se pregunten por qué estudiar en vacaciones. ¿No se supone que el punto de tener vacaciones es todo lo contrario?
A lo mejor piensan que tiene que ver con la vocación del artista, que no podemos estar ni un día despegados de nuestro instrumento; que el mismo estudio para nosotros es un receso y un deleite que no se compara con ninguna otra actividad…
Pues no. La respuesta es cien por ciento práctica, instrumental (nunca mejor dicho) y nada romántica. Mediante el estudio creamos una serie de reflejos automatizados necesarios para el dominio del repertorio y, para que una acción se convierta en reflejo, requiere repetición y tiempo (horas de estudio). Estudiar un instrumento es como hacer ejercicio. Si paras mucho tiempo, comienzas a perder músculos, te oxidas, e incluso comienzas a perder progreso o, lo que es lo mismo, retrocedes. Por supuesto, hay instrumentos para los cuales esto es más terrible. Por ejemplo, a los instrumentistas de viento se les deteriora el sonido a los días de no tocar. Pero yo, que soy pianista, les cuento que nosotros, aunque no tengamos ese problema, tenemos otros.
Antes de salir de vacaciones la gran mayoría ya tiene su nuevo repertorio; piezas que nos deben salir fluidas e (idealmente) de memoria para el curso siguiente. Para eso hay que estudiar. No queda otra.
Los instrumentistas en desarrollo no podemos permitirnos estar una gran cantidad de días sin tocar nuestro instrumento. Estaríamos perdiendo un tiempo valioso en el cual construir y consolidar habilidades para toda la vida; habilidades que nos facilitarán el proceso de aprendizaje.
Así que quien conozca a algún músico o tenga un amigo que está aprendiendo a tocar un instrumento seriamente, sepa que existe la posibilidad de que esta persona conciba su día en tiempo de estudio. Si dice: “Hoy no tengo que hacer nada” en realidad quiere decir: “Hoy puedo distribuir mis horas de estudio como me plazca” y, cuando lo invitan a esas salidas que empiezan a las 5 de la tarde y acaban por la noche, si quiere tener un buen día de estudio debe levantarse a las 9, para empezar a tocar a las 9:30 o 10 de la mañana. Hacer una primera tanda de dos o tres horas, parar para almorzar y luego estudiar una o dos horas más (sobre todo si es pianista) para poder disfrutar sin culpa de ese tiempo con amigos.
Esta lógica, quizá extraña para algunos, es la vida de un músico clásico, de academia, de esos que tocan Bach y Beethoven, Chopin y Liszt y, de vez en cuando, se fajan con algún compositor contemporáneo. Esa hermosa cotidianidad es la que nos permite después pararnos sobre un escenario y dar lo mejor de nosotros haciendo lo que más nos gusta: música; y es lo que hace de esta profesión, más que un trabajo o afición, un estilo de vida.
En el caso de Malva Rodríguez, no se trata solo de llevar la música en la sangre, lo cual es una verdad indiscutible si hablamos de la hija de los maestros Silvio Rodríguez y Niurka González, pero esta joven pianista supera los márgenes de la herencia y vive este arte como un descubrimiento personal, una elección constante.
—De hecho, no siguió a pie juntillas la ruta de ninguno de sus padres: cantautor y flautista. Desde segundo grado eligió el piano, ¿por qué?
—Verdaderamente, no escogí el piano en segundo grado: le dije a mi mamá que yo quería tocar piano cuando tenía tres o cuatro años y ella me puso a dar clases, después paré como a los seis, y de siete a ocho estuve estudiando cello. Cuando me tocó, en segundo grado, hacer las pruebas de la escuela de música, uno siempre pone dos posibles instrumentos, pero yo sabía que quería regresar a tocar piano, entonces siento que haber tenido esa incursión, después dejarlo, probar otra cosa, siento que me hizo tener más confianza en la decisión que estaba tomando en aquel momento. Yo disfruto mucho mi día a día sentándome a estudiar en el piano, me gusta mucho como suena, me gustan sus posibilidades técnicas, el repertorio es infinito, maravilloso, bello…
«Escogería de nuevo el piano, por todas las posibilidades que me ha dado de tocar con mis amigos, tocar con mis padres, toda la versatilidad que tiene el instrumento, que yo mañana podría decir: ya no quiero tocar más música clásica, pues hay diez mil repertorios posibles, porque es un instrumento muy versátil».
—Has crecido entre músicos, y buenos músicos. ¿Te exigen mucho en casa?
—Sí, pero no demasiado. En mi opinión, es la exigencia que tendría cualquier persona que se dedica a la música y quiere transmitir el respeto y compromiso con su profesión. La música es divertida, pero también es una disciplina que debe ser afrontada con seriedad y siempre buscando hacer un buen trabajo en cada cosa que uno haga.
—¿Consideras a tus padres una influencia en tu carrera?
—Diría que, sobre todo, en el sentido de la ética de trabajo, la importancia que se le da a los detalles, la constancia, porque tanto mi mamá como mi papá son personas muy trabajadoras, que siempre me han enseñado que la disciplina y el esfuerzo son muy importantes. Mi papá todavía va todos los días a trabajar al estudio. Y ahora que también he empezado a cantar un poco, mi profesora me dice que en algunas cosas tengo influencias de mi papá, también es la persona que más he escuchado cantar en toda mi vida, así que es lógico. Por mi mamá, por supuesto, también estoy muy influenciada.
«La música para nosotros es una forma de vida, no es una cosa que hacemos puntual en un momento equis, en mi casa todo el tiempo se está hablando de música y uno ni se da cuenta».
—Últimamente has incursionado en el canto. ¿Qué tan en serio te tomas esa faceta?
—A mí me gusta cantar, me parece muy bonito saber controlar tu voz, les tengo mucho respeto y aprecio a las personas que lo saben hacer bien, no me considero una de ellas, pero realmente cuando voy a cantar, me lo tomo muy en serio, ensayo, me aprendo lo mejor posible lo que voy a cantar... En estos últimos años empecé a recibir clases de canto porque pensé: bueno, si voy a hacer esto de vez en cuando, aunque sea esporádicamente, yo quiero darle el tiempo y el respeto que se merece. Yo no soy, ni me considero, cantante de profesión, pero bueno, lo disfruto de vez en cuando y es una faceta diferente que también me ha dado la posibilidad de participar en proyectos bonitos, siempre muy cercanos, muy familiares; hasta ahora siempre lo he hecho con personas que quiero mucho, que considero familia.
—¿Cómo te ves en el futuro?
—A mí me gustaría verme tocando mucho, principalmente música clásica, haciendo música de cámara, quizás cantando de vez en cuando… Me encanta hacer música y compartirla, disfruto la cotidianidad de eso y la magia que hay en prepararse, en superarse, o sea, yo no estoy estudiando piano y mirando un objetivo, una meta; yo estoy disfrutando el proceso de ir perfeccionando, mejorando mis habilidades artísticas en todos los ámbitos que decida explorar, siempre con el piano como centro de mi universo.
«De vez en cuando edito videos, estuvo la época del maquillaje, ahora estoy empezando a escribir críticas y crónicas, que también me gusta mucho, lo disfruto, pero no hay un objetivo y un lugar al que yo quiera llegar, estoy disfrutando el proceso. Hay cosas que me gustaría hacer, por ejemplo, tocar con orquesta, hacer alguna gira, viajar tocando y, como te decía, seguir perfeccionando cada vez más mis habilidades con el piano, mejorar mi primera vista, son objetivos que me propongo, pero es simplemente irme moldeando y perfeccionando. Si existiera una cosa que quiero ser, es artista, yo quiero ser una artista, comunicar y compartir lo que yo hago, encontrar conexiones con la gente a través del arte, a través de la música».
Foro La Tercera Orilla por la Paz y la Educación en Cali, Valle del Cauca, Colombia.
Recital de piano de Malva Rodríguez, los días 4 y 5 de septiembre de 2024.
Un espacio de diálogo donde líderes, artistas, académicos y activistas se reunirán para compartir perspectivas y experiencias en la construcción de una cultura para la paz.
Próximo viernes 31 de marzo a las 7:00 p.m. en la Iglesia de Paula.
Concierto De padres e hijos: Celebrando a la familia Bach.
Flauta: Niurka González Núñez
Clave: Malva Rodríguez González
Programa
Sonata en Sol Menor para flauta y clave obligado BWV 1020 Johann Sebastián Bach (1685-1750)
Allegro
Adagio
Allegro
Partita en la menor para flauta sola BWV 1013 Johann Sebastian Bach (1685-1750)
Allemande
Corrente
Sarabande
Bourrée anglaise
Sonata en la menor para flauta sola Wq 132 Carl Philipp Emanuel Bach (1714-1788)
Poco Adagio
Allegro
Allegro
Hamburguer Sonata Sol Mayor Wq 133 Carl Philipp Emanuel Bach (1714-1788)
Allegretto
Rondo
Familia
La relación entre Johann Sebastian Bach y su hijo Carl Philipp Emanuel fue cercana y muy importante para ambos. Carl Philipp fue el segundo hijo más famoso de Johann Sebastian, después de Johann Christian Bach.
Carl Philipp Emanuel Bach fue criado en un ambiente musical muy rico y tuvo una educación musical de primer nivel gracias a la tutela de su padre. Se sabe que durante su juventud, el joven compositor trabajó como copista para su padre y que también fue clavecinista en la orquesta de la corte de Berlín.
A pesar de que la relación entre padre e hijo era cercana, también tuvieron sus roces, las sempiternas contradicciones entre generaciones. Por ejemplo, se cuenta que fueron las críticas de su padre lo que compulsó al joven a dejar su puesto en la orquesta de la corte de Berlín y buscar oportunidades en otras ciudades.
Carl Philipp Emanuel Bach desarrolló su propio estilo musical, conocido como la "sensibilidad" o " Empfindsamkeit", que a menudo se describe como una reacción al estilo más riguroso y formal de su padre, esto sin soslayar que la influencia del progenitor fue determinante y significativa en su carrera.
El repertorio escogido
La primera obra de este concierto, la Sonata en Sol menor BWV 1020 de Johann Sebastian Bach es una obra musical hermosa y fascinante que ha sido ampliamente valorada por su complejidad y belleza musical.
Esta sonata está escrita para flauta y clavecín obligado, consta de tres movimientos y es considerada por muchos como una obra maestra de la música barroca. La complejidad y la riqueza de su contrapunto, la belleza de sus melodías, y la interacción entre la flauta y el clavecín la hacen una obra de gran valor artístico. Además, el misterio acerca de su autoría resulta muy interesante y pertinente, especialmente para este concierto. Y es que, durante muchos años, esta sonata fue atribuida de forma errónea a Carl Philipp Emanuel Bach debido a un error cometido por el editor y musicólogo alemán Wilhelm Rust en el siglo XIX, quien encontró una copia con la firma “C. P. E. Bach”. El error de Rust se mantuvo durante varias décadas y la sonata se conoció como la "Sonata de C. P. E. Bach", hasta que en la década de 1950 se descubrió un manuscrito autógrafo de Bach padre, que incluía la obra con el número de catálogo BWV 1020. A partir de ese momento, se reconoció la autoría de Johann Sebastian y se eliminó la atribución errónea a su hijo.
Las obras para flauta sola
Resulta curioso que padre e hijo hayan escrito una sola obra para flauta sola en la misma tonalidad: la menor, aunque difieren en muchos aspectos.
En términos de estilo, la Partita en La menor de J.S. Bach sigue el estilo barroco, mientras que la Sonata Wq 132 de C.P.E. Bach pertenece a un estilo más avanzado, porque la obra de Carl Philipp se sitúa en el estilo del “Empfindsamkeit”. La música barroca es más ornamental y melódica, mientras que la música preclásica es más estructurada y basada en motivos temáticos.
En cuanto a la estructura, la Partita en la menor, completamente en el espíritu de fines del siglo XVII, principios del XVIII consta de cuatro movimientos. La misma sigue la forma de suite Allemande, Corrente, Sarabande y Bourrée Anglaise. Cada movimiento es una danza barroca tradicional, y se caracterizan por su complejidad y belleza melódica. Por otro lado, la Sonata Wq 132 de C.P.E. , que fue la única obra para flauta que fue impresa y publicada en vida del compositor, es una sola pieza con tres movimientos: Poco Adagio, Allegro y Allegro. Cada movimiento tiene una estructura temática clásica, con secciones claramente definidas y un desarrollo cuidadosamente diseñado.
La Sonata de Hamburgo
No resulta para nada casual que, como cerrando un ciclo la sonata que finaliza este programa sea en Sol Mayor, de dos movimientos alegres, muy bien estructurados. Fue escrita como indica su nombre en Hamburgo, cuidad en la que Carl Philipp sustituyó a Telemann como maestro de capilla y donde falleció a la edad de 74 años. Los aportes de Carl Philipp en la evolución de la sonata son indiscutibles y la estructura formal de esta con la que terminamos el concierto lo demuestra con creces.
Malva Rodríguez González (2003)
Egresada del conservatorio Manuel Saumell bajo la tutela de la profesora Hortensia Upmann. En 2019 recibe el Título de Oro de la Escuela Nacional de Arte en la clase del profesor Aldo López Gavilán. Laureada en los concursos Amadeo Roldán de piano en 2014, 2016 y 2018. En 2020 obtiene el Segundo Premio en el Primer Concurso Latinoamericano “América para todos” modalidad online en la Categoría Joven Pianista Latinoamericano. En 2021 obtiene el Segundo Premio en la Rocky Mountain Piano Competition modalidad online y el Segundo Premio en la 2a edición del Concurso Latinoamericano “América para Todos” en la categoría de Joven Virtuoso Latinoamericano, Medalla de Bronce en el Trinity Music Competition modalidad online, el galardón joven interprete en el Concurso de Iberorquestas Juveniles y el Primer Premio en la Tiziano Rossetti International Music Competition, así como mención por su participación destacada en los concursos Villa-hermosa y 3a International online-competition Piano Art. A lo largo de su formación ha alternado su labor como solista con una activa colaboración en formatos de cámara.
En mayo de 2022 fue invitada a participar en el VI Encuentro de Jóvenes Pianistas realizando un recital en la Sala Cervantes. Actualmente cursa el primer año del ISA (Instituto Superior de Arte) y es alumna de la profesora Liana Fernández.
Niurka González Núñez (1977)
Solista del Centro Nacional de Música de Concierto y profesora Auxiliar del Instituto Superior de Arte. Primer premio en el concurso Conservatorio Superior de Paris, Diploma de Oro en el Instituto Superior de Arte y Master en Ciencias en la Universidad de La Habana en Gestión del Patrimonio Musical. Ha sido merecedora de la orden Chevalier des Arts et des Lettres, la Orden por la Cultura Nacional, el Premio Batuta, Premio a la excelencia Interpretativa en el Cubadisco, el Premio Espiral Eterna que otorga la oficina Leo Brouwer, entre otros. Se ha presentado en numerosos países de Europa, América, Asia y el Caribe donde ha realizado tanto recitales como clases magistrales. Ha grabado varios discos en solitario con repertorio cubano y universal. Su labor la ha llevado a compartir con destacadas agrupaciones y solistas de diferentes latitudes. Niurka es Artista Sankyo desde 2021 y toca con una flauta Handmade de 14K.
‼️Gala por el aniversario 75 de CMBF Radio Musical Nacional (Oficial) , el aniversario 60 del fallecimiento de #ErnestoLecuona y el aniversario 125 del natalicio de #FedericoGarcíaLorca
👉 Se presentarán bajo la dirección artística de Daniel Noriega.
➡️ Milagros de los Ángeles (soprano)
➡️Kirenia Corzo (soprano)
➡️Eugenio Hernández (tenor)
➡️David Sánchez (barítono)
➡️Niurka González (flauta)
➡️Igor Urruchi (clarinetista 🇪🇦)
➡️Lianne Vega (piano)
➡️Dúo Ondina
➡️Art-Trío
➡️Coro de cámara Vocal Leo
➡️Banda Nacional de Conciertos
➡️Patricia Hernández (Primera bailarina del Ballet Laura Alonso)
📆 Domingo 2 de abril
⏰ 5:00 pm
🎭 Teatro Martí
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#CNMC #CubaEsMúsica #CubaEsCultura Centro Nacional de Música de Concierto CUBA
Instituto Cubano de la Música.
Programa Cultural de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana
Banda Nacional de Conciertos de Cuba
viernes, diciembre 24, 2021
Malva Rodríguez González: Quiero llenar al mundo de mi música (+Fotos y Videos)
«Doy gracias por haber nacido rodeada de música, que me acompaña, anda conmigo, desde mucho antes de venir a este mundo. Yo sé que la música será siempre parte esencial de mi vida. Hasta el final. Me conmueve escucharla, interpretarla, hacerla mía», le confiesa a JR la joven ganadora del segundo premio en el Concurso Latinoamericano de Piano América para Todos
Malva Rodríguez González, joven cubana ganadora del segundo premio en el Concurso Latinoamericano de Piano América para Todos.Autor: SREPublicado: 13/02/2021 | 09:41 pm
Fueron cuatro las piezas con las cuales Malva Rodríguez González obtuvo el segundo premio en la categoría de Joven Pianista, en el Concurso Latinoamericano de Piano América para Todos: Preludio y fuga en Do menor del tomo I BWV 847, de Johann Sebastian Bach; el primer movimiento Allegro assai de la Sonata en Fa Mayor KV 280, de Wolfgang Amadeus Mozart; Canción sin palabras N. 1 op. 30 (Contemplation), de Felix Mendelssohn, y Playground, de Aldo López-Gavilán.
En un momento en que la pandemia nos mantenía aislados en nuestras casas, y mientras Malva se preparaba para el último examen de tercer año de la Escuela Nacional de Arte (ENA), la noticia del certamen que por vez primera organizaba la Sociedad de Pianistas y Profesores de Latinoamérica y el Caribe se convirtió en otro estímulo para que esta joven, que este 11 de enero arribó a los 18 años de edad, intentara mover hacia la zona de la perfección el exigente programa que llevaba trabajando hacía meses.
«Mira, no estaría mal que te grabaras y te presentes, te va a venir muy bien», la estimuló su mamá, la reconocida flautista Niurka González, cuando le mostró la convocatoria, y Malva no lo pensé dos veces. «Al programa que estaba estudiando solo debía incluirle el Allegro assai, que había tocado un año atrás en la escuela. Sin embargo, se trataba de un concurso online en el que el jurado está convencido de que has envidado tu mejor toma, y uno siempre quiere que quede muy bien, incluso impecable. En las competiciones en directo puede hasta que admitan que“pellizques” una nota, si la pieza te sale bien de arriba a abajo.
«En las bases del concurso estaba establecido que las cuatro obras debían interpretarse sin exceder los 20 minutos y filmarse sin cortes. Me preparé con esmero; y mi profesor, Aldo López-Gavilán, estuvo conmigo hasta en el momento de la grabación. Quedó en la segunda toma.
«Fue muy interesante, y extraño, pues lo que te cuento sucedió en noviembre, mientras el veredicto se dio a conocer un mes después..., me tomó por sorpresa... Compartí premio con un argentino y disfruté la oportunidad de comunicarme con el resto de los concursantes a través de videollamadas por Zoom, y hasta creamos un grupo de WhatsApp donde nos hacíamos muchas preguntas y muchas bromas. Se te expanden los horizontes cuando logras intercambiar con otros pianistas de tu misma edad, buenísimos todos como instrumentistas, y bondadosos al punto de apoyarnos unos a los otros. Ellos fueron los primeros en felicitarme cuando se publicaron los resultados».
—Te recuerdo muy pequeña en La Colmenita, pensé que tal vez te dedicarías a la actuación...
—La experiencia me encantó. Es que es muy divertido, te relacionas todo el tiempo con muchos niños, aprendes jugando y se te desarrolla el lado extrovertido... Empecé en La Colmenita con cinco o seis años, pero después entré en la escuela de música y a mi mamá le pareció que iba a ser demasiado para mí, porque el estudio de un instrumento (y ella lo sabe perfectamente) constituye un compromiso muy serio si el interés es dominarlo bien, entonces tuve que decidirme, pero la actuación es otra de mis pasiones. Cada vez que se me presenta un chance, como ocurrió con la más reciente temporada de De amores y esperanzas, hago todo lo posible por no dejarla pasar.
La experiencia de La Colmenita me encantó.
—¿Fue el piano el primer instrumento que te atrajo?
—Pues sí. Es que teníamos uno en la casa y veía cómo todos lo tocaban menos yo: me sentaba una y otra vez, mas no conseguía sacarle una nota. ¡Y yo quería! ¡Mucho! Así que mi mamá me llevó con la maestra Hortensia Upmann. Las primeras clases se desarrollaron como si se tratara de un taller donde cantábamos, bailábamos y nos relacionábamos con la música. En prescolar empecé a dar piano, sin embargo, fue una carga muy fuerte para mi edad, tan grande que no mostraba ningún interés. Yo observaba a mis amiguitos que llegaban de la escuela, hacían sus tareas y luego tenían todo el tiempo libre, pero no era mi caso.
«Entonces mi mamá decidió que lo mejor era esperar. Transcurrió como un año y apareció el celo, que me encanta: es precioso con ese sonido tan profundo y tan sentimental. Comencé a estudiarlo con la profesora Amparo del Riego, hasta que hice las pruebas de captación en la Escuela Elemental de Música Manuel Saumell. Podía escoger dos instrumentos, y en ese momento recuerdo haber pensado: “Ojalá que lo consiga con el piano”, porque me había quedado con esa cuenta pendiente.
«Es un camino muy largo, uno se inicia muy chiquitico, así que los padres juegan un papel primordial en esa etapa porque aún no posees el hábito de estudiar, y en los dos o tres primeros años resulta difícil. Recuerdo a mi mamá preguntándome: “¿Estás segura de que es lo que quieres? Pues de lo contrario te sacamos de la escuela”. Pero mi respuesta nunca cambió. Quería estar ahí, aunque a veces me fuera complicado. Es que me fascinaba».
—Y ya en esa etapa aparecieron los concursos, ¿no?...
—Sí, cursaba quinto grado y tercer año de piano cuando participé en el primero. Obtuve tercer lugar. En estos certámenes uno gana muchísimo desde todos los puntos de vista: te toca preparar un programa que debes llevar a un nivel verdaderamente alto, lo cual significa que pasas tiempo puliendo cada detalle, sacándole la esencia a cada pieza.
«Yo he sentido que esas tres ediciones del Concurso Nacional de Piano Amadeo Roldán en las que he competido y el Latinoamericano de Piano América para Todos me han convertido en mejor músico, pero, además, en alguien más responsable, más centrado, que, sobre todo, ama cada día más la música. Entre un certamen y otro la diferencia se percibe. Eso es lo más importante de los concursos, y poder compartir con mis compañeros, conocer a otros estudiantes de otras escuelas...
Estudio 23 Op.740, de Carl Czerny, interpretado por Malva Rodríguez González.
—Entonces, ¿no es problema no alcanzar el primer lugar?
—En lo absoluto, te lo juro. Para mí lo que vale es el crecimiento personal, la experiencia vivida. Nunca he sido una persona competitiva, me gusta participar, me parece divertido. Nunca me ofusco ni me presiono pensando que tengo que ganar un premio, no le veo sentido, porque, además, los resultados dependen de muchos factores. Si uno solo se centra en coger el primer lugar y no lo consigue puede ser después muy frustrante, y entonces sí que es un problema.
Recital de ganadores del Concurso Latinoamericano de Piano América para Todos, en la categoría: Joven Pianista.
—¿Cómo te fue con el pase de nivel? Complicado, ¿verdad?
—Mira, no creo que sea tan complicado como estresante. No olvido que cuando llegaba a los repasos el ambiente se sentía muy cargado... Ufff... ¡¡¡Candela!!! (sonríe). Todo el mundo repasaba todo el tiempo, todo el mundo estaba muy concentrado en estudiar...
—Pero si se la pasan haciendo exámenes, ¿por qué ese temor?
—Porque, como su nombre lo indica, se trata de pasar a un nivel superior, de subir un escalón más alto, y para poder conseguirlo debes presentarte ante un jurado que no te conoce, que si acaso escuchó hablar de ti o leyó una nota en un papel, pero es el que decidirá tu futuro. Los exámenes de la escuela son con profesores que saben qué tipo de alumno eres, si en verdad te has desarrollado entre una prueba y otra, o que enseguida comprenden si te pusiste nervioso «porque normalmente no eres así». A ello le sumas que la presión no es solo por el instrumento sino también por materias como Apreciación musical, Solfeo...
«Esta última es una asignatura que a mí me pone muy nerviosa, porque depende de habilidades, no hay un contenido que aprendas de memoria y listo: problema resuelto. No. Debes ser capaz de tomar dictados melódicos en el momento, poder cantar una partitura a primera vista... Es intimidante, la verdad, aunque si se estudia a conciencia no hay por qué preocuparse... No obstante parece que conseguir esa tranquilidad es imposible...».
—Hortensia Upmann, Aldo López-Gavilán..., profesores de lujo...
—He sido muy afortunada. Hortensia me dio clases en todo mi nivel elemental. Me marcó tremendamente porque fue ella quien me puso las manos en el piano. Es una persona muy buena y dulce, con una manera de enseñar muy singular; todos sus alumnos se caracterizan por lograr un sonido muy especial, y es que desde edades muy tempranas la maestra pone mucho tesón en enseñar cómo deben colocarse las manos para que el sonido salga profundo y bonito.
«En esa etapa también desempeñó un papel fundamental Aimée Herrera, alumna de Hortensia y por tanto muy familiarizada con su método de enseñanza. Aimée es el complemento perfecto: acababa por consolidarlo todo, y ese acompañamiento cuando eres pequeño y todavía estás aprendiendo a estudiar, es genial, una bendición.
«Ahora soy alumna de Aldo López Gavilán, un maestro espectacular, buenísimo, y un maravilloso intérprete, uno de los pianistas cubanos en activo más renombrados a nivel nacional e internacional. Sus clases son muy amenas y, al mismo tiempo, muy enriquecedoras. Siento que en estos años de nivel medio he avanzado un mundo en mi carrera».
—Aún te queda cuarto año de la ENA, ¿te ves como concertista?
—Me encanta tocar y disfruto enormemente cuando me presento en cualquier lugar, un bienestar que fui adquiriendo con el tiempo porque al principio me daba pánico... Mira, a veces la vida es incierta y uno no puede adivinar lo que pasará mañana, aunque de todos modos a tu pregunta quiero responder que sí, que me veo como concertista.
—Te lo preguntaba porque a muchos de tus compañeros les interesa el jazz, la música popular, la composición...
—Si yo me voy a dedicar al piano es para ser concertista. Reconozco los valores de la música popular, mas no me cautiva tanto como la clásica. Yo lo que quiero es tocar, tocar mucho, y no únicamente como solista sino también junto a mis amigos en dúos, tríos..., hacer música de cámara...
—El pasado año se dio a conocer el videoclip Danzón para la espera, de Silvio Rodríguez, tu papá, en el cual te descubrimos como realizadora...
—Editar es como un hobby, lo hago desde que estaba en quinto o sexto grado, cuando me daba gusto ideando videos en los que mostraba lo que me llamaba la atención, algo cómico, o mis recuerdos, y hasta les ponía ciertos elementos para que resultaran más atractivos... Cuando mi papá terminó el disco Para la espera se me ocurrió utilizar una de sus canciones para realizar con mi teléfono un video más hogareño, más íntimo, que se fijara en lo lindo de lo cotidiano. Coincidió con que Fabiola Brown Viqueira se quedaba en casa con nosotros, una amiga de Puerto Rico a quien la pandemia le impidió, como a muchos, graduarse, en su caso de ballet. Es ella la que sale bailando. Se lo enseñé a mi papá y quiso compartirlo con todos.
«Cuando en la familia se necesita algo de edición relativamente sencillo, pues yo con tremendo gusto me encargo, como hice, por ejemplo, con Ensayo en cuarentena (fragmentos Habana Concierto) Contradanza, donde aparecen José María Vitier y mi mami».
Danzón para la espera, de Silvio Rodríguez, nos descubrió las inquietudes de Malva como realizadora.
—Hablando de videos me viene a la mente ese donde cantas junto a Liuba María Hevia…
—Me alegra haber tenido esa oportunidad cuando formaba parte de La Colmenita. Según me cuentan, Liuba andaba buscando un niño o niña que cantara con ella en Liuba canta a Teresita, escuchó a varios chiquillos y me eligió. Ya la conocía de antes, pero ella no me reconoció. El disco se grabó finalmente y mi voz está en las canciones: Vinagrito, Dame la mano, Zafirito y Tía Jutía…
«Cuando llegaron los conciertos para la presentación de Liuba canta a Teresita, ya había cumplido diez años y me invitó a cantar en el Karl Marx. ¡Hermoso recuerdo! Hace poco me encontré con un video de esa actuación que no sabía que existía, y hasta me emocioné. Ahí me escuchas cantando: Vinagrito es un gatico... Hace tiempo ya, pero no olvido esa felicidad... Me gusta mucho cantar. Me la paso cantando...».
—¡Y actuar!
—¡Y actuar! Como en el video Con los hilos de la luna, también de Liuba, y en De amores y esperanzas, en un capítulo de esta última temporada, aunque también tuve una pequeña aparición en la primera, como nieta de un personaje que interpretaba Verónica Lynn. Y, bueno, Raquel González, la directora, me llamó esta vez para darme el rol de Diana, una muchacha epiléptica, cuya mamá la maltrataba. Con Diana me la pusieron difícil porque tuve que representar un ataque epiléptico. No dormía viendo videos para observar cómo se producen las convulsiones; yo lo quería hacer bien: por la obra y por respeto a quienes padecen esa enfermedad.
Malva en la primera temporada de la serie De amores y esperanzas como nieta de Verónica Lynn.
—¿Ha sido demasiado peso para ti ser hija de Silvio y de Niurka?
—Yo me siento la hija más feliz y bendecida del mundo. Obviamente cuando chiquita no me daba cuenta de esa circunstancia, tal vez porque ni entonces ni ahora han dejado un solo instante de darme amor, como hacen todos los papás con sus hijos. La diferencia, en todo caso, la establecen algunas personas por la manera como te tratan; o cuando llego a un lugar donde no me conocen y piensan que me comportaré de cierta forma porque se han conformado una idea de mí sin haberme conocido, pero la verdad es que ser hija de mis padres no marca ninguna distinción, aunque me sé afortunada porque he vivido al lado de unas personas muy especiales, maravillosas, geniales en sus carreras, quienes me han enseñado a ser buena de corazón. Ambos me colman de superorgullo.
«Los dos constituyen un referente para mí. No solo por lo que me dicen, sino por lo que hacen. Mi mamá es superestudiosa y disciplinada, entregada, que adora su instrumento y me adora. Y mi papá, otro amor, es superperfeccionista y supertrabajador. Esas influencias alrededor mío me han ayudado mucho, tanto en mi carrera, como en la persona que soy. Doy gracias por ello.
«Y por haber nacido rodeada de música, que me acompaña, anda conmigo, desde mucho antes de venir a este mundo. Protegida por el calorcito que me aseguraba la barriga de mi madre, disfrutaba escuchándola tocar la flauta o siendo parte de los conciertos donde cantaba mi padre... Yo sé que la música será siempre parte esencial de mi vida. Hasta el final. Me conmueve escucharla, interpretarla, hacerla mía».
—¿Te has atrevido en la composición?
—Solo he compuesto dos o tres canciones, que he cantado con mis amigos... Nada serio. Sería tan feliz si en algún punto de mi vida recibo el regalo de poder incorporar esa otra faceta, pero sé que la composición es un oficio que exige no únicamente talento y dedicación, sino además tener una gracia, un don especial... Ahora, cuando me despierta la inspiración, me levanto muy sigilosa, me siento muy calladita en el piano intentando rozar apenas el pedal para probar esa idea que no me deja dormir, y con la misma vuelvo a la cama...
—¡Pero si tienes al maestro en casa...! ¿No vas corriendo a enseñarle?
—Debes creerme cuando te digo que me tocó el padre más padre del mundo, pero es una clase de compositor tan grande que intimida su poquito (sonríe)... No, no, es una broma... ¡Claro que se las muestro!, y él me dice lo que más le gusta, me da dos o tres consejos... Es muy dulce, la verdad...
—¿Te has imaginado ya graduada?
—Por supuesto, me veo estudiando y trabajando sin parar... Tocando sin parar... Me gustaría mirar hacia atrás al pasar de los años y quedarme asombrada por todo lo que conseguí hacer, por como supe aprovechar cada segundo. Quiero llenar al mundo de mi música.
Lista para tocar en uno de los conciertos por los barrios de Cuba, convocados por el trovador Silvio Rodríguez. Foto: Iván Soca
Habanera melancólica unió a Malva con su mamá, Niurka González, y con su profesor, Aldo López-Gavilán.
Desde pequeña le encantó actuar, como se aprecia en el videoclip Con los hilos de la luna, de Liuba María Hevia.
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Margot Martínez Arroyo
Domingo 14 febrero 2021 | 04:42:06 pm.
Esa niña dulce de La Colmemita se ha convertido en una joven inteligente, talentosa y perseverante. Sus padres y su abuela con razón se sienten muy orgullosos. Un futuro prometedor. Muchas felicidades!!!
Fascinante las palabras. Siento muy cercana esta niña, claro y es que yo supe de música hace unos años atrás cuando conocí la obra de su padre. Luego su madre digna de admiración, con un talento descomunal. Malva es hija de genios sí, pero tiene lo suyo. Creo que va a dar nos mucho, que maravilla. Le deseo felicidad.
Malva además de tener padres genios es ella misma un genio también, además de todas esas facetas de las que se habla es una excelente creadora de efectos de maquillaje de efectos especiales
Que enorme se ve venir esta niña! En México te arroparemos cuando desees. Nos gusta que la buena música no muera y siga su curso, me gusta que no sienta sombra de carga sino de arrullo y que ve la vida sorprendida y encariñada. Haz lo que te apasiona... & gracias por compartir.
Fui maestra de Malva en la disciplina Apreciación Musical. Creo, que fui su maestra en todo el Nivel Elemental. Leer toda esta entrevista no me produjo la misma sensación que me producen otras. Malva ha demostrado una honestidad indiscutible. Fui testigo de todo lo que aquí dice. Y su educación en la familia también ayudó mucho. Quizás tuvo algún miedo al fracaso pero como lo trataron sus padres hizo de ella una persona sana psicológicamente. Yo pude probar en esos 7 años que así fue. Niurka también fue mi alumna en Nivel elemental y parte en Nivel Medio. Su autoexigencia fue un desafío para mí como maestra. Con Malva me pareció diferente. Malva fue una niña especial. Siempre mostró ser una exigente en querer aprender más y me exigía a mí en mi preparación de mis clases pero siempre olvidaba que era hija de quienes era. Niurka me enseñó mucho como alumna. Malva me enseñó mucho como persona. Fueron sensaciones diferentes al enfrentarme al aula. Esa Malva que aquí habla es la que conocí. Es una persona muy especial. Nunca percibí celos con otros, ni deseos de competencia. Verdaderamente me felicito por haber tenido estudiantes como ella. Gracias por mostrar al público sus reflexiones de preguntas necesarias para exteriorizar lo que ella es.