jueves, agosto 07, 2008

Casiopea:analisis

silviofilos

cavernicola
Casiopea siempre me ha parecido una cancion de ciencia ficcion, un extraterrestre que le mandan a al tierra a hacer un trabajo, se confunde entre la gente, se camufla, hace su trabajo y luego se dedica a esperar que vengan a buscarle, pero luego se olvidan de el y le abandonan. Por otro lado tambien me parece una llamada de atencion a los cubanos que dejan la isla, pierden su identidad y se diluyen en otros paises, por eso dice que el mundo propio siempre es el mejor. Ya he visto en algun mensaje que a Silvio le gusta la ciencia ficcion, eso me reafirma un poco. Que les parece? Gracias por leerme un rato


Fernando Cavernicola, Bienvenido al foro, muchas gracias por postear tu impresión de Casiopea; si vemos los comentarios analíticos de otras canciones, decubriremos como esta canción es referida asiduamente...y como no, si aparte de la motivación que esgrime SIlvio para componerla, ésta resulta casi un himno al trabajo silencioso y anónimo de múltiples seres que nos van aportando sus emociones y miradas por un mundo mejor; muchos de ellos añorando el "Volver" a esa suerte de paraiso que refleja Casiopea... Veamos por que caminos nos llevan nuestros analistas, que, sin duda nos sorprenderán.... Amigo, "Cavernicola", (vaya seudónimo, quizás un referente a ese ser que inspiró a Silvio?), nos gustaría saber más de ti; para dialogar se hace necesario conocer a nuestro interlocutor,...para ello te invito a que pases por la Sección "Haganse conocer", y así serás bienvenido, digamos, "oficialmente"....


elborincano Hola cavernicola, bienvenido al foro. Concuerdo plenamente con tu opinión y la de Fernando, solo quiero añadir que cada vez que la oigo la siguiente parte no dejo de acordarme de ET, Si no han visto ese clasico, veanlo pensando en casiopea.


escaramujo Casiopea es a mi juicio el mejor exponente de las ideas del Silvio maduro. El tema que plantea es muy parecido al de Expedición o Se demora. Desde un planeta muy lejano, de una tormenta , en el sol de una noche, el penúltimo mes, el elegido fue enviado para cambiar el mundo, para llevar el amor revolucionario por toda la galaxia (que estaba enferma, grave de ataúd). Como traía el amor quiso ser una gota más de la marea, en el fondo era un grano de arena, una hoja más en un árbol.



Después de cumplir el plan, de esperar con paciencia el triunfo del amor social y la justicia, de mandar la señal a todas partes, Cuba se ha quedado aislada, el extraterrestre no ha obtenido respuesta alguna. Ahora, en el fracaso del comunismo (nadie sabe qué cosa es el comunismo y eso puede ser pasto de la ventura o de la censura) el extraterrestre solitario, abandonado a su suerte, se siente solo en la inmensidad del tiempo y del universo, y quiere regresar a casa, a su Casiopea, a su origen. Pero la señal no llega, ¿alcanzará el amor, al menos,para nutrir a los revolucionarios del futuro?


Reijavo Esta es una canción muy triste, a mi me da mucha pena, pero Silvio la logró muy bien. Podría haber tenido una continuación. Algo muy interesante es que Casiopea, en la mitología griega era muy hermosa. Esto dice Wikipedia: En la mitología griega, Casiopea (en griego Κασσιεπεια o Κασσιοπεια) era la esposa del rey Cefeo de Etiopía y madre con él de Andrómeda, cuya belleza ella ensalzaba por encima de la de las Nereidas. Este orgullo fue la causa de todas sus desgracias, pues Poseidón envió un monstruo al país que devastó sus tierras, y al que Andrómeda iba a ser sacrificada cuando fue salvada por Perseo (Higinio, Fábulas 64). De acuerdo con otras fuentes Casiopea alardeaba de superar a las Nereidas en belleza, y por esta razón se le representaba, cuando era situada entre las estrellas, como vuelta de espaldas... Vuelta de ESPALDAS....tiene sentido, Casiopea le vuelve la espalda al protagonista de la canción.


beto juarez Oye, boricua-en-la-luna, yo no vi ET. Yo veía Alf, pero me sospecho que este bicho extraterrestre no venía precisamente de tan exquisito lugar (una birra para quien se acuerde de qué planeta era Alf). Pienso también en pelis como Hombre mirando al sudeste, o K-Pac. Esto siendo muy serio. Sostengo que como todo creador, Silvio es inspirado por cosas que golpean su snsibilidad. Puede ser una gran obra maestra, como también ver una cometa colgada de un hueco del cielo o un niño paseando de la mano de su madre. Como decíamos a propo de Cayó Una Estrella, por ejemplo. O más recientemente, con El Matador, que para mí nace en Silvio a partir del mito del Minotauro.



El toma esa idea y de allí hace otra cosa. Es como un escultor que tomara una estatua de otro artista, la fundiera y con ese material esculpiera otra obra. Por eso, volviendo a la pregunta: yo no vi ET, pero esto seguro que Silvio la vio (por lo que conozco de la peli, y de Spielberg, esas cosas son las que Silvio disfruta a lo mono) y que le gustó mucho. Además, por algo lo dices tú. Algo hay en esa peli que te recuerda la canción en cuestión, o algo hay en la cacnión que te recuerda la peli. Gracias Reijavo por el dato tan pertinente.



Y ya que estamos, ¿por qué te da tristeza Casiopea? Yo la escucho siempre con el puño izquierdo levantado. Para mí, es radicalmente política. Es decir, habla sobre el asunto de la (im)posibilidad de crear comunidad. Como siempre, como es ya nuestra grata costumbre, la lectura de Escaramujo es sutil e ilumina cosas. Sin embargo de ello, algo en mí es refractario a esa interpretación revolucionaria que él nos da. Casiopea apunta a un malestar ontológico. A eso que alguien llamo "el sentimiento de no estar del todo en ninguna parte, en ninguna sociedad".



Casiopea revuelve algo que excede meros arraigos e identidades regionales o qué sé yo. Se acerca el clásico pataleo adolescente de "nadie me entiende", pero extremado al límite del desgarro existencial. Decía un cubano: "dos patrias tengo, Cuba y la noche". Yo estoy tramitando visa para Casiopea. En serio. Tal vez Casiopea no exista. Tal vez Casiopa sea saber que Casiopea no sólo no existe, sino que NO puede existir. Saberlo como si lo hubiesen esrito en nuestras tripas y sin embargo igual lanzarse al espacio, soltarlo todo y largarse, cumplir la misión, volver el corazón a la utopia y no cejar en el afán de seguir dando coordenadas.


Fernando Concuerdo con esto, sin embargo hay un "NO", con el cual discrepo.... acaso no hay de algo de Casiopea en esta comunidad, yo la percibo, o al menos desde este espacio se ha instalado una estación que no deja de lanzar coordenadas...siento que de un modo u otro, con diversidad de colores, con diferencia de tonos, todos vamos haciendo palpable esa utopía;y fué y es justamente eso lo que me mantiene dentro; creo que de un modo u otro se nos ha encomendado el sueño de lo imposible, que ya lleva varios miles de años... quizás por eso, un poco nuestro lema silencioso, es ":: poco nos importa donde rompa nuestra estación, si cuando rompa, esté rompiendo lo imposible..." Javier, yo aun no puedo definir el sentimiento que me despierta esta canción, solo sé que en ella , algo hay de mi...


escaramujo Y no que hoy, explicando el Modernismo trabajamos este poema de Rubén y me recordó a Casiopea: ¡Torres de Dios! ¡Poetas! ¡[color=green]Pararrayos celestes, que resistís las duras tempestades, como crestas escuetas, como picos agrestes, rompeolas de las eternidades! La mágica esperanza anuncia el día en que sobre la roca de armonía expirará la pérfida sirena. ¡Esperad, esperemos todavía! Esperad todavía. El bestial elemento se solaza En el odio a la sacra poesía, y se arroja baldón de raza a raza. La insurrección de abajo tiende a los Excelentes. El caníbal codicia su tasajo con roja encía y afilados dientes. Torres, poned al pabellón sonrisa.



Poned ante ese mal y ese recelo una soberbia insinuación de brisa y una tranquilidad de mar y cielo...[/color] Ojo Beto, el fracaso revolucionario provoca el pesimismo del individuo, es el individuo el que queda solo en el cosmos, desorientado. Como tu dices, Casiopea habla de ese ser aislado en su nave, no del maravilloso plan que trazó. COmo a Darío sol le queda esperar, mantenerse firme y esperar..


elborincano Beto, La analogia de Casiopea con ET es solo en parte, dejame explicarte algo de la trama, por lo menos lo pertinente, para que puedas ver la relación. Un OVNI llega a un sitio que parece un bosque, y de el salen varios extraterrestres a hacer una mision (desconocida, tomar muestras del terreno, plantas etc.) de momento viene alguien y se van a toda prisa, sin percatarse de que dejan a uno de ellos, que resulta ser el quivalente a un niño. Este es ET. Sigue deambulando, escondiendose de todos hasta encontrar una "aldea", alli finalmente logra hacerse amigo de unos niños.


Luego de un tiempo empieza a extrañar a su familia y trata de hacer contacto haciendo un "telefono" y "enviando coordenadas" Pero nadie contesta su llamada y se va debilitando y enfermando, lentamente, lentamente, deformandose. Lo descubre el gobierno y tratan de experimentar con el hasta que muere ( o eso creen todos) ... Pero entonces ... y el resto se lo dejo para que vean la peli. Esa pelicula tuvo tal impacto que hasta mi profesor de fisica incluyó un problema relacionado en el examen final... Espero entiendan ahora mi conexcion con Casiopea
como dijo Gardel 20 años no son nada ( o son ya 25)


Y si Beto, "[i]Yo seria borincano aunque naciera en la Luna", porque "En la vida todo es ir a lo que el tiempo deshace" (Juan Antonio Corretjer)


beto juarez Comenzaré por seguir la huella de una sugerencia del siempre fecundo Reijavo. El señalaba que la canción podría seguir, tener una continuación. No hay vuelta: la impresión inmediata es que Casiopea acaba abruptamente. Siguiendo la canción desde la música (me refiero a la versión del disco), uno no anticipa, no espera ese final, éste llega y nos toma por sorpresa: es más, la primera reacción de uno es clavarle una mirada recriminatoria al equipo de música: ¿Me habrán vendido un disco dañado? Más curioso aun es que esta sensación de trabajo inconcluso, de final precipitado, de incompletitud, se repita en cada escucha subsiguiente (cuando, en principio, no cabría ya lugar para la sorpresa). Y en mi caso particular son, ya, más de 10 años. Casiopea concluye, digamos por ahora, intempestivamente, “antes de tiempo”. Y si ésta es la sensación generada por la música sola, aislada de la narración, ni qué decir de lo producido por el texto.



Es como si al haber llegado a la frase “Quizás ya no sea yo cuando me encuentren”, Silvio cayó en cuenta que se metió en un atollo, no supo como salir de allí, y se decidió a apresurar el trámite y acabar la canción en tono ambiguo (ése “uh, uh, uh” falsamente coral, ya que no hay coro: todas las voces son del Aprendiz). Duplicando así, como quien no quiere la cosa, la ambigüedad esencial en que Casiopea toma morada (Y Casiopea nos enfrenta también, entre tantas otras cosas, al asunto psi del doble y el fantasma). No es tan así esto del cierre precipitado, obviamente, pero algo hay en la canción que deja en el oyente un inequívoco regusto a proyecto inacabado.



Por todo ello, y algunos otros detalles que iremos viendo, es que me inclino a creer -dado el asunto central de la canción: el bicho humano condenado a ser un proyecto de plenitud siempre inacabado- que tal efecto es deliberado, ya que Casiopea, reflexión trovada sobre el desamparo, sobre la carencia de morada, sobre la imposibilidad de establecer contacto absoluto con el Otro, no habla de otra cosa que del desajuste del individuo con la sociedad (es decir: sus normas), de la asfixia del individuo en (y por) su incompletitud ontológica (“¿Qué necesita un ser humano para no apartarse de sí?”): una canción tal, pues, no podía sino concluir (en el sentido de “dejar de sonar”) depositándonos en el alma y aledaños un sucedáneo de la desazón inexpugnable desde donde Silvio propaga sus señales, sus demandas de rescate a/hacia su “Casiopea” (esas que nadie (le) contesta). De más de una manera, aquel horizonte de sentido que Silvio llama “Casiopea” es una geografía del Deseo, un no-lugar, un territorio definido/demarcado/delimitado por esas llamadas, por ese insensato y a la vez inescapable destino (“Hoy sobrevivo apenas a mi suerte) de enviar al acaso, sin cesar, coordenadas humanas, demasiado humanas: este no-lugar designado “Casiopea” no preexiste al afán de dar coordenadas; antes bien, está edificado con los ladrillos de esas llamadas, tiene el tamaño de la terca esperanza que mueve ese irredento empeñarse en dar señales en espera de una respuesta (im)posible, esa que marque el camino de regreso a la Casa Final. Pero nadie regresa nunca a ningún lugar.



El faro del fin del mundo ha quemado todas sus bombillas. Pensar “Casiopea” como la insensata esperanza que nos invita a seguir, a esperar el día feliz que está llegando. Se es en el mundo a merced, “por obra y gracia”, de la mirada del Otro; se es uno porque hay el otro social que nos constituye en tanto tal, acotando aquellas inicialmente infinitas posibilidades de ser. Esa mirada del Otro nos constituye como sujetos y a la vez nos asigna un lugar en una estructura prefijada, una estructura que es sorda, opaca, a nuestras demandas individuales más propias, menos alienadas. Ya sabemos, desde Freud, que el precio de insertarnos en la sociedad es la pérdida de nuestra amorfa identidad primordial: el exilio de nuestro ser en versiones paródicas y aguadas de nosotros mismos (“mejor ser felices como nuestros padres y hacer de la lástima amores eternos”). No se puede vivir al margen de todo.



Y a la vez, dado el orden del mundo hoy, cómo no buscar una salida a un lugar totalmente otro, un lugar donde uno pueda realmente ser aquello que cada uno es y quiere ser, a salvo de los creadores de robots que colonizan el imaginario del mundo. Cómo no caer presa del impulso de “soltarlo todo y largarse”. Se sabe, “la angustia es el precio de ser uno mismo”. Silvio dice aquella frase del final de Casiopea y uno inevitablemente se queda colgado, esperando algo más, el cierre, el sentido final del periplo (la clave o guía Michelin para transitar por el Universo, se diría). Un plus que no vendrá, como bien sabemos.



Y ya que “Casiopea” es justamente la imposibilidad de respuesta, el horizonte que nos condena a la postergación incesante, en ese mismo momento, en el umbral del silencio que separa Casiopea de la próxima canción del disco (silencio que es tan oscuro como el Cosmos, como el odio de Dios), ocurre que el sujeto de la canción no es más el “yo lírico” de la canción, sino cada uno de nosotros, cada oyente: ya que al tomar residencia en esa conminación a la espera estamos o somos ipso facto llevados, transportados justo a ese punto intermedio entre la nada y el quién sabe desde donde momentos atrás (“un diminuto instante inmenso en el vivir”) el sujeto del enunciado de Casiopea (“Silvio”, digamos; mientras que Silvio es, obviamente, el sujeto de la enunciación) murmuraba: “Por un millón de años esperar, esperar, esperar”.



Ah, las magias parciales del arte de Silvio Rodríguez. Pero me adelanto. Querría intentar primero un acercamiento a Casiopea desde sus afueras. Y de allí avanzar, en la medida de lo posible, hacia el centro de la canción. En todo caso, me parece que es lo menos que se puede hacer: ya que nos aprestamos a entrar en tan elusivo y fantasmal territorio, menester es que merodeemos un poco sus extramuros, sus accesos periféricos. Casiopea sale al mundo en 1995, en el disco Rodríguez, el segundo de la trilogía “hogareña” de Silvio.



Donde antes Silvio hiciera un tríptico dedicado a la Revolución, unos 10 años más tarde viene y nos da un tríptico sobre sí, sobre sus conjeturas y certezas respecto a eso que lo hace llamarse Silvio Rodríguez Domínguez, sobre la suma de causas y azares que lo determina. Este segundo disco está expresamente dedicado a Dagoberto Rodríguez, padre del trovador; quien fuera, nos dice el pelao en una suerte de breve biografía fantástica impresa en lugar prominente en la contratapa: “pensador, campesino, tallador de diamantes”.



Las composiciones de este disco, se nos informa, han sido todas grabadas entre 1992 y 1994 (año en que muere Dagoberto). Y también nos enteramos de que “todos los textos, músicas, arreglos, instrumentos, voces y sonidos de estas grabaciones fueron concebidas y realizadas por Silvio Rodríguez”. Así como es el mismo Silvio quien corre con el crédito por el diseño gráfico y la producción del disco. Poco más y Silvio se pone un kiosco y sale a vender las copias del disco en mano propia. Tanta minuciosidad, tan obsesiva diligencia artesanal, podría hacernos pensar en el chiste del circo pobre, ése en que el dueño del circo cobra los boletos a la entrada de la carpa, ubica a la gente en las graderías, introduce los diversos números artísticos, doma a los leones, vende chiclets y cigarrillos durante los intervalos, sube al columpio a dar saltos mortales, camina por cuerdas flojas, se disfraza de payaso, arroja puñales a ciegas contra blancos humanos, etc. Fechado “Octubre y 1994”, este disco que Silvio dedica a quien le “hiciera ver” que “la vida es bella y en colores” (pero el arte de tapa es de riguroso blanco y negro) está investido -sin lugar a dudas- con una carga extremadamente personal.



Tan personal, que en un exceso propio del barroquismo endémico que padece la isla, el tema Del Sueño A La Poesía tiene por introducción una nada breve sesión de nada discretos ronquidos. No me extrañaría que, jugando a rizar el rizo de la verdad (o de la verosimilitud, que no es lo mismo) hasta las últimas consecuencias, Silvio se haya grabado a sí mismo roncando y que luego haya “pegado” aquellos ruidos inconfundibles como intro a una creación clave: una canción que, quizás, comprima el algebra y el fuego de la obra toda, la opera omnia, de nuestro trovador. Volviendo a Rodríguez.



Queda claro que es un disco en el que Silvio ha querido estar obsesivamente presente en cada uno de sus detalles; una nave hecha a mano, idiosincrática, cuya tripulación es un único hombre. No hay lugar para otros en Rodríguez (Así como en Casiopea el Otro es el lugar al que se dirigen las señales, para configurar esa otredad a la medida de la desolación del solitario aventurero cósmico). El otro, en este disco, sólo tiene espacio como habitante de territorios de ensueño. Rodríguez es, más allá del brillo doliente/dolido de su excepcionalidad músico-poética, una nave a la deriva, una nave precaria arrojada a un espacio mudo, opaco, indiferente (lo que es más cruel que ser arrojado a un medio hostil, claro, ya que la hostilidad es, al menos, una respuesta). Es el testimonio de un autor enfrentando una crisis personal colosal.



La orfandad de Silvio es cósmica, es una orfandad que no sólo es privación o ausencia de padre (sobre todo, de metáfora paterna: de la figura de interdicción que se sitúa como representante de la norma social que instituye el orden del domus familiar), sino también de hermanos, de semejantes. Desde esa nave mandará señales de inusual desgarro, camufladas entre diversos y más o menos pintorescos juegos del oficio. Señales que esbozan el semblante de un tipo aislado, incapaz de hacer contacto con nadie; un tipo que es un cantautor de culto, con más de 25 años de carrera (por entonces), y que sin embargo, a la hora de necesitar incluir una segunda voz en X composición, va y se graba a sí mismo cantando una octava más alto o lo que fuere. (Digresión: No sé ustedes, pero estéticamente esos “caprichos” de Silvio muy rara vez me suenan acertados o al menos agradables: por lo general, dañan las canciones). Este es un disco que se abre con Escaramujo, creación de la que ya hemos hablado, y que cierra con La Vida, canción militantemente whitmaniana donde escuchamos: “La vida de un amanecer, la vida de un crío, de un bosque y de un río, la vida me ha hecho saber (…) La vida que brota de un muerto, la vida que no se murió (…) la vida me ha hecho cual yo”. Casiopea es más que una canción entre las canciones de Dominguez, es el Nudo Gordiano de todo el álbum: el punto de confluencia, o centro irradiador, de la implacable angustia polimorfa que “escarba hondo acá en lo blando” de nuestro querido trovador.



En este disco tenemos canciones fundamentales, en que Silvio mira para atrás y descubre que: “Tocando fondo nací un buen día, tocando fondo ando todavía” (Tocando Fondo) Y también: “El problema no es vivir demostrando a uno que te exige y anda mendigando (…) El problema no es repetir el ayer como fórmula para salvarse, el problema no es jugar a darse, el problema no es de ocasión, el problema, señor, sigue siendo sembrar amor” (El Problema). Y es en este mismo Rodríguez, el disco en que Casiopea sale a buscarnos (perdón, quise decir “a nombrarnos”), que un Silvio maduro de toda madurez, ya más hombre (más mortal) que nunca tras la muerte de su padre, tras la revelación de que de allí en más vivirá a la deriva de la metáfora paterna, se sube sobre sus derrotas una vez más y, reafirmándose, afirma: “Debo leer en el mar la lección de lo inmenso y renombrar el color que la vida me enseña. Debo saber respirar un oxígeno fresco y regresar a ese sol que contigo me espera.



Debo aprender que mañana es un mundo habitable. (…) Debo encontrar la semilla del hijo y del padre” (Debo). El problema es seguir sembrando amor, hallar la semilla del hijo y del padre… Coordenadas, todas ellas, que el trovador lanza hacia su “Casiopea”, claro está. Desde un muy similar no-lugar, desde homóloga intemperie sin fin, Lorca dijo: “Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es mi casa”. Y apenas luego: “porque yo ya no soy hombre, ni poeta, ni nada, tan sólo un pulso merodeando las cosas del otro lado”. Un pulso, un punto en multitud, una luz que vacila… Quizás ya no sea yo cuando me encuentren.



Si bien no tengo acceso a la cantidad de material que, según parece, todos los silviófilos comparten acá, de un modo u otro, vía youtube, uno que otro blog generoso et alia, he podido conocer no pocas versiones en vivo de Casiopea. Me llama la atención que no hayan versiones contemporáneas a la aparición del disco, que todas sean recientes (México y Chile 2005, gira española 2006), que todas sean bastante parecidas. No sé si existe material de 1995 en adelante. De todos modos, esas versiones que conozco son bastante sólidas, con el grato añadido de la explicación previa de Silvio sobre el evento que habría precipitado la composición de la canción (“explicación” muy bonita, ingeniosa en su fraudulencia y qué sé yo, pero que no “explica” nada y que pretende reducir la canción a una unidimensional jugarreta sobre motivo de ciencia ficción.



Freudianamente, esta intervención de Silvio comporta una resistencia, es un mecanismo de defensa: al decir lo que dice, Silvio está tratando de desviar la atención). Son versiones que Silvio interpreta acompañado por su entourage actual. Hermosas, a su modo, pero algo curioso, heterogéneo ocurre en ellas. Uno siente que Silvio no está ya tan a la deriva. En dichos conciertos, la canción comienza con rumores de danzón o vals seguidos por un solo de flauta juguetón (que recuerda los ritos de seducción de ciertas especies de aves) y deberá pasar cerca de medio minuto para escuchar a Silvio decir la primera línea de Casiopea. 10 años atrás, la historia, esta historia, se contaba de modo drásticamente distinto.



La versión del disco trabaja en otro sentido. Para empezar, Silvio está solo, sin acompañamiento. Allí, lo primero que escuchamos es la pulsación monótona de una sola cuerda, una y otra vez. Silvio inicia la versión oficial de Casiopea imitando un dispositivo mecánico de emisión de señales (el transmisor de telegrafía me viene a la mente): dando coordenadas, emitiendo pulsaciones siempre idénticas a sí mismas e isócronamente espaciadas, enfrentando al oyente con los latidos de su guitarra, su privilegiado instrumento de viaje por la historia y por “la incomprensión de ser uno que siente, como en otro tiempo fue también”.



Como un eco interminable, esta nota monótona se contesta a sí misma. Esta pulsación, escúchese con atención la versión oficial, no se desvanece, puntúa la canción de cabo a rabo, excepto en los dos interludios instrumentales, donde se difumina entre la base armónica de las cuerdas. Ese tic duplicado que sotto voce acompaña la narración, a la manera del basso ostinato que contiene las pirotecnias virtuosas de las sonatas de Mozart, marca, a manera de diapasón, la respiración de Casiopea. En vivo, dando lugar a Niurka, esta pulsación, esta llamada, no tiene ya lugar, da paso a los arabescos de un instrumento de viento: el Otro ha entrado, y a mí me parece que el juego armónico entre Silvio y Niurka (a cargo de la flauta) es ante todo un diálogo, y ya no más, como en la versión original, un monólogo desahuciado.



En la versión en vivo, la flauta permite establecer una suerte de escena de flirteo, un preámbulo auspicioso al contacto con el Otro. Como en la película Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, cuando el protagonista intenta una respuesta de la nave por medio de un doble código gestual-sonoro: cada dedo de la mano corresponde a una nota musical. Recordemos la trama de Casiopea. Creo no cometer ninguna falta gruesa al sintetizarla como sigue: un individuo queda solo -o es abandonado- por su gente, luego de cumplir una misión.



Está perdido, o incapacitado, de hallar, de tomar, el camino de regreso. Espera que lo rescaten, lo encuentren. Lo único que puede hacer es dar coordenadas. Nadie contesta. El se extingue, colapsa en sí mismo (como implosiona una estrella por exceso de gravedad). La letra de la canción no da mayores referencias. No sabemos si está perdido en el espacio exterior, o si está entre nosotros, en la Tierra. Sólo menciona que se encuentra lejos “de mi estrella, de mi gente”. No mucho más. Pero entre lo que es dicho, se nos dicen muchas cosas. Ya sea explícitamente como también por otros medios, como es propio al arte de la canción.



Detalles que al leer el texto impreso no son advertidos. Hay que aguzar el oído. Uno de estos detalles, el más importante, creo yo, está en el efecto eco que Silvio elige para la conclusión de casi la mitad de las frases de la canción. Antes de entrar en esto, es necesario observar que Casiopea está estructurada en dísticos, en versos pareados: nueve en total. Existen dos puentes instrumentales, el primero viene luego del tercer pareado; en tanto que el segundo ocurre entre las líneas 14 y 15.



Estos pareados son de rima irregular: así, la primera línea acaba en “marea” y la consonancia no aparecerá hasta llegar la quinta línea, con la palabra “tarea”, misma que de modo insolentemente raro hará rima inmediatamente, en la sexta línea, con “Casiopea”. Algo similar ocurre con “gente” (línea 14) y “lentamente” (línea 17). Llama la atención esta estrategia en el uso de la rima, el excesivo intervalo que hay entre una palabra y su par en la consonancia. Estrictamente atenidos a la cuestión de la rima como fenómeno sonoro, podríamos decir que demoran demasiado las respuestas que hacen posible el encuentro sonoro de señales fónicas que llamamos rima.



No es usual en ningún metro canónico, y menos que menos en la canción popular ad usum. En Casiopea ocurre que las coordenadas sonoras que en la línea de apertura emite la sílaba final de “marea” deben zozobrar a la deriva, en la memoria del aire, hasta poco antes del primer puente instrumental para recién encontrar apropiada respuesta a la exigencia de rima (en “tarea”, como ya se dijo). No es extraño, pues, que el protagonista de la canción corra una suerte similar a la de estos vocablos: ¿acaso no es él mismo una suerte de fonema a la deriva en el espacio, dando señales huérfanas, esperando una consonancia enviada desde “Casiopea”? Nótese que tradicionalmente esta respuesta a la demanda de rima, esta consonancia, tendría que ocurrir inmediatamente, en la línea siguiente, cerrando así el dístico, el pareado: Casiopea niega, o es reluctante, a esa visión ingenua de la tradición de la lengua, a esa normativa de uso canónico: tal y como es la canción, ésta consiste en ocho pareados mutilados, insatisfechos, inconclusos (en términos de rima, repito).



El único pareado completo es el tercero: “Cuando creí colmada la tarea, volví mi corazón a Casiopea”. El quinto pareado es sintomático. El encuentro, la respuesta es de oropel: simula ser la rima adecuada, perfecta, pero no es lo que parece: “Hoy llevo el doble dando coordenadas, pero nadie contesta mi llamada”. ¡Qué impresionante es esta frase!: lo no contestado es “mi llamada”, no mis llamadas: Silvio habla de que da coordenadas (varias, en plural) y diferencia claramente que su llamada es una e indivisa (la llamada sólo puede ser singular, es impermeable a la pluralidad.



Las coordenadas no tienen ninguna restricción, por supuesto: suceden al hilo de la errancia, de la deriva del ser). Hubiese sido facilísimo pluralizar esto (la frase nadie contesta mis llamadas no solo da rima perfecta, sino que cabe en el metro sin problemas), pero pasa que esa llamada que no es respondida no admite plural, pero pasa que algo resiste a esa violencia retórica: la honestidad de la canción. Por eso al continuar la narración Silvio retomará el hilo preguntándose: “¿Qué puede haber pasado a mi señal?” (la pregunta no está dirigida a nadie, es de Silvio hacia sí mismo). Nadie podría responderle. Necesariamente, a esta pregunta le seguirá, por toda respuesta, otra pregunta rotunda: “¿Será que me he quedado sin hogar?”.



Y como el peso de estas dos preguntas al hilo (las únicas de la canción) es excesivo, la canción sólo podrá continuar entrando a un paréntesis instrumental. Ergo: no está hecha de palabras la respuesta a esas preguntas. Y ahora me pregunto si no habrá estado tentado Silvio a concluir la canción allí. Debo encontrar la semilla del hijo y del padre. Todavía más importante, más sugerente, más revelador incluso, es el efecto eco que en esta ocasión Silvio usa a manos llenas. Mal que mal, pese a las irregulares dilaciones, las rimas ocurren; el encuentro de los sonidos similares (sólo dos fonemas, en verdad) tiene lugar.



Pero en Casiopea observamos que poco más de la mitad de las líneas de la canción concluye con la repetición de las últimas palabras de la frase. No hay en toda la obra de Silvio una canción en que el Aprendiz haga algo siquiera similar. Ni por asomo. La segunda línea se deja oír como: “La playa me hizo grano de la arena, de la arena, de la arena”. Esta singularidad ocurre también en las líneas 1 (la marea), 3 (la tarea), 4 (Casiopea), 8 (esperar), 12 (sin hogar) y 17 (lentamente). ¿Cómo entender esto? No tengo que decirles que Silvio Rodríguez no es uno de esos autores que no saben cómo llenar con palabras determinadas exigencias métricas de una canción. Silvio repite esas terminaciones de frase porque necesita hacerlo. Al recurrir a este efecto eco, Silvio está haciendo algo preciso, deliberado, con un propósito (más o menos) consciente.



No hay nada amateur, improvisado en esto. No es una falencia de la canción o de la interpretación vocal de Silvio. No. Por el contrario. (Tampoco son voces grabadas, trucos de estudios. No: Silvio canta cada uno de esos “ecos”). En primer lugar, al acabar la mayoría de las líneas individuales de la canción repitiendo las últimas palabras de éstas, Silvio dinamita la posibilidad de ocurrencia de rima tradicional: por lo que se oye, queda claro que la única posibilidad de rima para esos fonemas de fin de frase está en los mismos, idénticos fonemas: la moraleja cansada, resignada, es que no es necesario salir a explorar el Afuera en busca de otras palabras para lograr la armonía consonante (“El mundo propio siempre es el mejor”). Y en segundo lugar, al caer en esos ecos falsos Silvio duplica, pone en abismo, la tragedia del protagonista de la canción: dar señales, coordenadas que no tienen respuesta.



Es que el sonido que nos devuelve el eco no es jamás respuesta, es mero rebote. El eco nos devuelve nuestra propia voz, demorada, pero sin variación, lejana, atenuada y sin ninguna presencia: no esta allí el Otro, tampoco estamos nosotros, los emisores: es una mera curiosidad física. Es un regreso espectral. Un fenómeno que parece estar vivo pero es totalmente vacío. De ahí el mito griego de Eco y Narciso, de donde nace la idea del narcisismo.



El eco no tiene vida, no podemos entrar en relación con esa voz, del mismo modo que no conocemos más gente por pararnos en un salón cuyas paredes estuvieran recubiertas de espejos. En resumen: en el eco no hay Otro. Cuando mi voz es rebotada por un eco, lo que pasa en realidad es que, por muchas coordenadas que yo dé, “nadie contesta mi llamada”. Como tampoco al final de la canción hay coro nomás porque Silvio mezcle varias grabaciones de su propia voz y las ensamble con pretensiones polifonales: un coro es siempre un grupo de gente. Casiopea niega la posibilidad de ser una voz en un coro (“punto en multitud”).



“Casiopea” es esa negación o privación. Casiopea, bandera de la absurdidad de agitar banderas. Escuchemos una vez más cómo concluyen esas líneas de Casiopea que Silvio somete al efecto eco: La marea, la marea, la marea; Casiopea, Casiopea; Esperar, esperar, esperar. Repeticiones que empiezan como murmullo y que se afianzan, se complacen en sí mismas, en la modulación final. Como si ya no importara, como si ya todo diera lo mismo. Y escuchamos la conclusión de la canción: vuelve la pulsación de esas notas dobles (es la misma nota, en realidad, dos veces: sometida al efecto eco) que recuerdan un dispositivo mecánico de transmisión de señales.



Y se van desvaneciendo poco a poco, hasta llegar al silencio. O sea: “Me voy debilitando lentamente”. Como todo silviófilo sabe muy bien, a lo largo de estos años de componer canciones Silvio ha visitado frecuentemente historias de viajeros espaciales, cosmonautas, etc. Se dice: esto viene de su afición por la ciencia ficción. Habría que curiosear más este lugar común. Saber qué autores lee más y mejor, o leyó en sus años de formación, nuestro trovador. Hay de todo en la ciencia ficción, no es lo mismo Sturgeon que Bradbury, ni Asimov que Stanislaw Lem, ni Ursula Le Guinn que Ballard (o, en el cine, no es lo mismo una historia extraterrestre contada por Spielberg que por Tarkovsky o Kubrick).



El nombre de este subgénero literario da lugar a equívocos. Estas fantasías futuristas no son profecías tecnológicas, son metáforas. Como declaró una vez uno de los maestros mayores del género: “mis novelas no tienen nada que ver con el futuro, son sobre el presente, o el pasado inmediato”. Y creo yo que así es como usa Silvio este recurso, esta influencia. Sería una pieza muy útil para armar el rompecabezas poder conocer más de la relación real de Silvio con la ciencia ficción. Alguna vez será. Mientras tanto, echemos mano a lo que ya tenemos. Todo silviófilo de pelo en pecho sabe también que son frecuentes en Silvio las alusiones a las estrellas.



A diferencia de la típica canción melódica, en el pelao las estrellas no son algo que un sujeto fervoroso de amores ofrece ir a traerle a su amada. En Silvio, casi siempre, las estrellas, el llegar a una estrella, e ideas similares, simbolizan el acceso (o regreso) a un mundo pleno, una suerte de paraíso, despojado de componentes religiosos. En Soltar Todo Y Largarse, lo vemos encaminarse hacia las “estrellas resplandecientes” seguro de que allí podrá conservar sus “huesos nutrientes”; en Yo Digo Que Las Estrellas ensaya un tratado de dialéctica práctica, portátil, silbable; en Preguntas Contra la Indecisión los astros de marras son medida y talante de nuestra osadía: “¿Qué salto a las estrellas será tarde, por tu esperanza raquítica y cobarde?”; entre las canciones pendientes que enumera en Testamento le debe una a “lo imposible, a la mujer, a la estrella, al sueño que nos lanza”.



Los ejemplos abundan, se los puede cazar a manos llenas. Ahora bien, lo permanente, constante, en todas estas canciones “extraterrestres” es que el protagonista se halla siempre en tránsito, en medio del Cosmos, a menudo perdido: el protagonista de estas canciones nunca está allí, residiendo en ese destino maravilloso, nunca llega (¿el lado kafkiano de Silvio?); casi siempre son narradas en primera persona estas canciones (salvo algunas, como El Vagabundo, que es narrada en diferido, desde ese “Conozco a un vagabundo del espacio”); y son, por lo general, canciones tristes, desencantadas, resignadas vencidas: botellas de náufrago arrojadas a la deriva de un universo que nos es presentado como una desierta inmensidad perversa hecha de ausencia, indiferencia y muerte. Casiopea reúne todas esas características y las ensambla en un todo de múltiples resonancias (resonancias que no se confinan al interior de la canción, sino que, sobre todo, irradian bengalas de sentido hacia toda la obra precedente).



Con una diferencia: en esta canción, Silvio da nombre a esa estrella, no es una estrella genérica, abstracta. Podría haber elegido Betelgeuse o Aldebarán o Antares (o Sirio, para pascual delicia de alguno), cuyos nombres son igual de magníficos, pero se le impuso este otro. Casiopea es una de las estrellas más grandes que se pueden observar desde nuestro planeta. Casiopea, como toda estrella, nos da noticia de su presencia por la luz que emite, por las coordenadas que ella nos da de sí.



Y como sucede con toda estrella, cuando recibimos su luz creemos verla allí donde aparece, pero en realidad estamos viendo el pasado: la estrella ya no está allí (como en la conocida formulación psicoanalítica: “Yo nunca estoy allí donde me ves”). Como toda estrella densamente masiva, Casiopea está amenazada de implosión, de convertirse en agujero negro. Cuando ello ocurra, cuando Casiopea desaparezca en la inmensidad, por unos cuantos millones seguiremos viéndola todavía, seguiremos recibiendo sus señales, sus coordenadas.



Pero Casiopea ya no estará allí. Ni en ningún lado. Quizás ya no sea yo cuando me encuentren. Me extiendo más allá de lo consentido por las buenas maneras, favor no se molesten. Mencionaré entonces, rápidamente, algunos otros detalles singulares de Casiopea. Quizás, si les parece, podremos ahondarlos entre todos. A. “Como una gota fui de la marea”. Otro motivo recurrente en Silvio: el tiempo, la inmensidad de la Historia, su flujo y reflujo, son aludidos por el mar. B. No tiene estribillo.



Se impone esta carencia ya que -al igual que el protagonista- la canción no va a ningún lugar, no tiene ningún lugar a dónde regresar, no tiene eje de referencia, es pura deriva, acumulación de formulaciones de una demanda única. Simplemente deviene, ocurre, esta ahí, esperando, esperando… C. La declaración “Hoy llevo el doble dando coordenadas” es seguida por las dos preguntas imposibles de responder.



¿El doble de qué? Sobreentendemos que alude al doble de tiempo, pero antes se dijo “por un millón de años esperar”. Entonces, me parece que habla de algo más: de un dilema duplicado, repetido idénticamente, tal vez. D. “Cuando creí colmada la tarea”. Esta expresión me llama la atención terriblemente. Nadie, en todo el ámbito de la lengua, usa, usó, ni va a usar, la expresión “colmar la tarea”: decimos “misión cumplida”, hablamos de la “satisfacción del deber cumplido”, etc.



Y esto lo destaca el mismo Maestro: “Cuando creí colmada la tarea” es la línea 5; pero en la línea 7 ¡oh, sorpresa! Silvio se nos aparece muy campante para decir “Cumplí celosamente nuestro plan”. ¿De qué está hablando el Buda caribeño? ¿Es posible colmar una tarea? ¿Cuál es la diferencia entre “colmar una tarea” y “cumplir un plan”? De que la hay, la hay. E. “Hoy sobrevivo apenas a mi suerte”. Notemos que la rima de rigor (muy usada por el Aprendiz desde sus inicios), está abierta y resuena en nosotros poderosamente, y si bien Silvio no la vocaliza, no la hace manifiesta, igual no podemos no escucharla.



Está ahí, por todo ello. (Me refiero, claro está, a que “muerte” ronda el ambiente: ¿será quizás el nombre secreto de Casiopea?). Hacia el final de una de mis diez películas favoritas de toda la vida, al concluir la narración de la historia, el protagonista se para frente a la cámara en primer plano y empieza a hablar. No ves nada más que su cara, ésta ocupa toda la pantalla. Y se le ocurre contar un chiste. Dice que un tipo va a un psiquiatra, preocupado porque su mejor amigo se creía un foco, una bombilla eléctrica.



El médico le dice que no se preocupe, que traiga a su amigo al hospital, que lo internarían y que al cabo de un tiempo lo curarían. Exacerbado, el tipo le responde al psiquiatra: “¡Pero usted está loco, doctor!: ¿y yo con qué me voy a alumbrar? El protagonista de este film termina de contar el chiste y hace un gesto inequívoco de que no considera que la broma sea tan buena que digamos. “Pero”, dice, y se acomoda los lentes, “el asunto es que yo creo que todos somos ese hombre que va al psiquiatra, preocupado por su amigo: Todos necesitamos ese foco que nos ilumine el corazón”; es decir, ese Otro que, como Silvio dice de su padre, nos haga ver que “la vida es bella y en colores”.



Todos buscamos llegar a Casiopea. Si se mira bien, al dar un paseo de domingo, al viajar en bus o en subte, descubriremos que esos cientos de caras que vemos sin mirar no hacen más que dar coordenadas, a quemarropa, a los cuatro vientos, a los siete mares. Puntos en multitud, gotas de la marea. Pero pasamos de largo. Mantenemos la distancia, con recelo. Todos vamos por ahí esperando que contesten nuestras señales, nuestra llamada. A veces, Casiopea se ve muy, muy lejos. A veces se aleja tanto que la perdemos de vista por un millón de años. Fin de la historia, anuncian; muerte de las ideologías, pregonan.



Si hasta parece que algo han hecho que impide que nuestros receptores de coordenadas capten ciertas señales. Al parecer, las únicas coordenadas habilitadas son las de la publicidad y la mierda mediática. Pasamos de largo ante casi todo, preocupados por no llegar tarde a nuestra cita con el dentista. Multitud de señales casiopeínas nos circundan. No nos hallan jamás. No sé, me parece que todavia no es tarde para entrenar el “ojo de garra”, para aguzar el oído. Porque bien sabemos, o deberíamos saber, que Casiopea “es más grande que el más grande de nosotros”. Y ya. NB 1. No viene al caso, pero un día como hoy, hace unos 20 años, Julio Cortázar partía de regreso a Casiopea. Sigue dando coordenadas, en estantes abúlicos de abrumadas bibliotecas cultas de polvo.



“En el fondo, todo lo que yo hago es un pedido de total autenticidad de la experiencia humana”, dijo él una vez. Era bello e inmenso y le gustaban el tabaco negro, el olor de la lluvia sobre los jazmines del país, la mirada de los gatos, el mate amargo y la música de Thelonius Monk. NB2. Hará cosa de tres semanas lancé yo una botella de náufrago, unas coordenadas kamikazes. Varios las recibieron, pero hubo, entre ellos, quien, por padecer el riguroso síndrome del alma transparente, se la jugó y contestó mi señal, sin pensarla mucho.



Y no sólo eso: el muy casiopeíno se puso manos a la obra inmediatamente. Ello hizo que yo contrajera, como dice él, una “deuda de amor”. No quiero pagar una deuda tal. Cómo podría. Pero quería que quede constancia de que no me he olvidado. Ni me voy a olvidar. A las aladas almas de las rosas doy abrazos.


Fernando UFffffff Beto, coincido con Escaramujo, voy a tener que imprimir, leer, y tratar de digerir... voy a necesitar tiempo.... Me detengo si, en la siguiente frase: "Todos vamos por ahí esperando que contesten nuestras señales, nuestra llamada. A veces, Casiopea se ve muy, muy lejos. A veces se aleja tanto que la perdemos de vista por un millón de años. Fin de la historia, anuncian; muerte de las ideologías, pregonan.

Si hasta parece que algo han hecho que impide que nuestros receptores de coordenadas capten ciertas señales. Al parecer, las únicas coordenadas habilitadas son las de la publicidad y la mierda mediática. Pasamos de largo ante casi todo, preocupados por no llegar tarde a nuestra cita con el dentista. Multitud de señales casiopeínas nos circundan. No nos hallan jamás. " Cuanta razón tienes cuando dices lo que anuncian y pregonan,... sin embargo, incluso a riesgo de ser majadero, creo en seres que siguen caminando tras la utopía y que no se tragan esta "mierda mediática", y dichos seres son los que, como la sal, se turnan para resaltar los sabores que tiene esta vida nuestra... nótese que digo "resaltan" y no que salan los sabores... más de una vez, esas "señales casiopeínas" han sido halladas en este espacio... Un Abrazo SIlviofilo

escaramujo Sin duda en este comentario has estado más dilecto que nunca, explosivo-implosivo Beto. Siempre has destacado por las formas y, con Casiopea, has conseguido despanzurrar cada palabra, cada nota y cada estructura métrica hasta encontrar su semilla semántica. No hay nigún emoticón de boca abierta, que si no (Bueno, éste la tiene un poco abierta). Venía con ganas de gresca, pero me voy con tres heridas, la del amor, la de la muerte, la de la vida. Para meter baza sólo se me ocurre discutirte lo de que la canción tenga un final abrupto. Para mi la estructura musical se cierra igual que empezó, con la misma guitarra transmitiendo en pulsos sus coordenadas. Pero bueno, tampco creo que merezca la pena hacer disputa de ello.

daniel Menuda tesis has regalado.Como decìas,resulta chocante que el disco Rodriguez se lo dedique a su padre,aquel que le hiciera ver la vida bella y en colores,y luego Silvio saque la portada del disco en blanco y negro. Y respecto a la autoayuda de Silvio para hacer los coros,a mi me gusta mucho asì.Ademàs que èl està solo(en la canciòn)y perderìa un pelìn de sentido si se colara otra voz.

Es verdad que solo le faltarìa montarse el kiosko y vender el tambièn los cd,s. Tambièn es cierto que la explicaciòn que en los conciertos suele dar Silvio de la canciòn es pobrecilla. Es muy interesante el paralelismo que haces al relacionar esa doble pulsaciòn de la cuerda de la guitarra durante toda la canciòn con un transmisor de telegrafìa.en plan S.O.S Me causò gracia leer "encuentros cercanos del tercer tipo",aquì la pelìcula se conociò como "encuentros en la tercera fase" Silvio repite algunas palabras:la marea,de la arena,la tarea,casiopea,esperar,sin hogar...como buscando reverberancia còsmica,algun sitio donde chocar.Como esperando que por no haber rozamiento viajen a modo de busqueda sin lìmite de espacio.

Respecto a la lectura que haya tenido Silvio de escritores de ciencia ficcion,vete tù a saber lo que habra leìdo este hombre.Todos "Cuando creì colmada la tarea",son tantas las expresiones de Silvio tan bonitas y simples y que construye de esa manera tan particular!Con tres o cuatro palabras te hace virguerìas.

El ya ha dicho alguna vez(en la entrevista del libro que levante la mano la guitarra,creo) que hay que huir de las cosas fàciles en contestaciòn a una pregunta sobre la creaciòn de sus canciones.No infravalora la capacidad de la gente para entender o sentir. Compone y organiza frases de una manera muy bella y personal. Cuando dice:"hoy llevo el doble dando coordenadas" pienso que quiere decir que lleva màs tiempo del que esperaba dando coordenadas.Està desperanzado.

beto juarez Anohe, en el Arena Santiago, Casiopea fue el primer bis. Antes de cantarla, en una de sus pocas palabras al público, Silvio dijo: "Este país ha tenido muchos exiliados... Es duro ser exiliado. Yo también soy un exiliado... Sí... De la infancia. Yo no quisiera estar aquí en estos momentos. Yo quisiera volver a ser niño".

Y luego hizo una seña al chico que toca el tres, y zarpó hacia allá, a la estrella. Digo, no sé, fue tremendo escucharlo decir eso. PD.- La cita la hago de memoria. Creo ser bastante fiel. Reijavo estaba, muy cerca de mí (en el espacio y en otras dimensiones) y creo que estará de acuerdo que reproduzco las palabras del Budita con fidelidad.

2 comentarios:

jordan dijo...

oigan chavos concuerdo con lo que dice Reijavo pero que yo sepa la cancion de casiopea la compuso porque el maestro tenia cancer en la garganta (de ahi su baja de tonos) y vino a mexico a curarse y asi conocio a la diosa y se la dedica a los enfermos del mismo mal

Lumi dijo...

Hola, jajaja puse análisis de Casiopea en google y apareció esto. O.o
Me sorprendí... Me pareció muy sorprendente encontrar a un grupo de personas dispuestas al dialogo RESPETUOSO, a compartir y a pensar el mundo. Leí algunos... Los felicito.
Por lo demás, a mi también me gusta mucho Silvio.
Definitivamente este blog es también Casiopea :)