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sábado, noviembre 02, 2019

A diez años de su muerte,canta la voz de mercedes sosa.










    Mercedes Sosa se convirtió en la voz de un país silenciado durante la dictadura en Argentina.

    Mercedes Sosa se convirtió en la voz de un país silenciado durante la dictadura en Argentina. | Foto: El Telégrafo


    Publicado 4 octubre 2019

    El 4 de octubre del 2009, el continente americano y particularmente los argentinos lloraron la pérdida física de quien ha sido catalogada como la Voz de América Latina.

    Mercedes Sosa, quien este viernes cumple una década de fallecida, fue dotada con una voz fuerte y potente como si una premonición del destino anunciara su responsabilidad para encarnar aquellas otras voces que no son escuchadas en Latinoamérica.
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    Para muchos, su voz fue un ancla a la tierra patria durante los años de la dictadura y una amalgama para los argentinos en tiempos buenos y malos. Sus letras marcaron el inicio de un sentir que se tradujo en el Movimiento del Nuevo Cancionero y provocó que el mundo escuchara la nueva melodía del continente.

    Su presencia imponía la ascendencia cultural de la que era hija y siempre abrazó. Su herencia mezclada entre lo inmigrante y lo indígena fue la clave para encontrar las esencias de su cancionística y su actuar.






    Entre sus canciones más recordadas están Al Jardín de la República, Canción con todos, Alfonsina y el mar, Gracias a la vida, Como la cigarra, Zamba para no morir, Solo le pido a Dios, La maza, Todo cambia, Duerme negrito o Calle angosta, entre muchas otras.

    Esos temas evidenciaron un nuevo sentimiento colectivo, radicalizado por los años de las dictaduras en la región y enfocado en la búsqueda  de un nuevo ideal de país. Los ideales más progresistas de la época fueron musicalizados por la Negra, como la conocían.
    Se definió como una mujer de izquierda y expresó en muchas ocasiones que no se puede cantar con miedo, debido a la preocupación de su público de que la ultimaran por sus ideas políticas. "Si te matan, ya sabrá el matador el castigo que tendrá, porque un artista sobre el escenario está totalmente indefenso. No hay manera de salir a cantar con un revólver en la mano. Además, yo no mataría a nadie. Prefiero que me maten antes que tener que matar", dijo en una ocasión.





    Tucumán la vio nacer el 9 de julio de 1935 bajo el nombre de Haydée Mercedes Sosa. En esta tierra  afloró su espíritu de cantora en el seno de una familia humilde de padre obrero en una fábrica de azúcar y madre lavandera.

    A diez años de su muerte, todavía vibran las almas de los que la recuerdan sobre el escenario o de aquellos que  la escuchan por primera vez movidos por la curiosidad de conocer cómo suena la Voz de América.

    sábado, agosto 31, 2019

    A 84 años del nacimiento de Mercedes Sosa

    10 grandes frases de “La Negra”
     Este martes 9 de julio músicos como León Gieco, Víctor Heredia, Alejandro Lerner y otra decena homenajean a la tucumana en el Ópera. Repasamos sus dichos.
    Nació en una fecha patria, casi como un guiño del destino. En su documento figuraba como Haydée Mercedes Sosa, pero su madre quiso llamarla -informalmente- Marta.

    La Negra" junto a su amigo Charly García. Le gustaba definirse como “cantora” antes que como “cantante”. En octubre se cumplirá una década de su muerte. La recordamos con diez frases dichas en viejas entrevistas, en distintas épocas. “No se puede cantar con miedo. No tuve miedo ni cuando me amenazó la Triple A.
    Si la mala va a venir no importa, pero no se puede tener miedo pero no se puede tener miedo al cantar. Vos vivís el momento más glorioso de tu vida cuando cantás; para un artista no hay instante más elevado, más sublime. Si te matan, ya sabrá el matador el castigo que tendrá, porque un artista sobre el escenario está totalmente indefenso. No hay manera de salir a cantar con un revólver en la mano Además, yo no mataría a nadie. Prefiero que me maten antes que tener que matar”.
    Un recital de Mercedes en Rosario.
    “Acá en la Argentina parece que para ser artista hay que ser medio bandido, o contar chistes verdes, o tomarse el folklore como un instrumento para hacerse famoso en poco tiempo. Evidentemente, lo que yo canto le debe molestar a alguien”.
    3) “Yo cambié para bien, pero sigo siendo de izquierda. Nadie puede decir que yo sea una traidora. Mis convicciones se mantienen. Creo que las revoluciones son en primer lugar culturales”. 4) “No me puedo detener frente a un puñado de capitalistas.No tengo belleza ni juventud, pero tengo mi voz y el sentimiento que sale de mi voz. No es fácil doblegar a una mujer de izquierda”.

    Mercedes Sosa y su hijo Fabián.
    “Me siento perseguida, pero no por los represores, como pasaba hace años, sino por una dictadura económica. Ahora las armas son otras.Es verdad, soy una artista cara, pero vendo en todo el mundo. Si acá la situación está mal y la gente no compra discos, es ridículo que me corten la posibilidad de vender en otros países. En Universal, hace dos meses me dijeron que no les interesaba firmar un contrato conmigo”. “Vivir sin música era como la muerte. Pero eso ya pasó y no tengo palabras para agradecer la ayuda de los amigos y también de los medios, de los periodistas. Me levantaron de ese sillón, mi voz volvió renacida”. "Creo que la gente me quiere porque nunca miento. Todo lo que canto es verdad, todo lo que vivo es verdad". “A veces no tengo tiempo para nada. Es un desastre mi vida, no se qué he hecho para merecer ésto, pero el aplauso crea una responsabilidad permanentemente a la que no se puede renunciar. Es una responsabilidad sentirme punto de referencia o referente de algo”.

    miércoles, octubre 21, 2009

    Mercedes Sosa.

    por Silvio Rodríguez

    Quizá la había visto antes en Cuba, pero siempre me ha parecido que conocí a Mercedes Sosa en el estadio de béisbol de Santiago de los Caballeros, en la República Dominicana, una noche de diciembre de 1974. Ella se incorporaba a “Siete días con el pueblo”, un festival de canción comprometida que se venía celebrando desde hacía dos o tres jornadas. Aquella noche, las luces del estadio parecían romper la oscuridad y el pueblo reclamaba a sus cantores. En el pequeño espacio en que nos apretábamos los que esperábamos turno, me las arreglé para ubicarme al lado de ella, presentarme y decirle lo que la admiraba. Por último, azorado de mi propia locuacidad, tuve la mala pata de brindarle un trago, que rechazó arrugando la nariz. Mal comienzo, me dije.



    La recuerdo otra noche, también recién llegada, en este caso a Cuba, para más señas en Casa de las Américas, ella junto a nuestra amiga común, Haydée Santamaría. Fuimos un grupito de cantores a recibirla, a gozar del privilegio de tenerla cerca por un rato. Por entonces la acompañaba un asombroso guitarrista que se llamaba Pepeto, el que, lamentablemente, no mucho después falleció. Entre Mercedes y Pepeto, más que conjunción, había un estado de gracia.



    La recuerdo también en Managua, en un Festival por la Paz. Estaban Alí Primera, Chico Buarque, Isabel Parra, Daniel Viglietti, los hermanos Mejía Godoy y muchos más. Pocas veces como aquel día tuve un flujo de comunicación tan intensa con Mercedes. Fue algo extraverbal, una empatía poderosa que ocurrió entre ella y yo. Alguien que pasaba nos hizo un par de fotos que recogen un poco el momento. Siempre que las veo, me estremezco.



    A principios de los años 80 me designaron para presentarla en Varadero, en uno de los dos festivales de la canción que dirigió la Nueva Trova. Y a mí, que tanto me corto en esos lances y que salgo sin guión, se me ocurrió decir que se trataba de alguien cuyo nombre era oro en la historia de la canción latinoamericana… Me acuerdo de que, mientras la ovacionaban, yo me bajé de allí con la sensación de haber dicho una estupidez, por comparar a Mercedes con el también llamado vil metal.



    Hoy, con el dolor de la pérdida presente, lejos de aquel agitado Varadero, me doy cuenta de que dije lo correcto. Mercedes -como Yupanqui y Violeta- es oro sustancial de las raíces de los Andes, tesoro de nuestro patrimonio sin tiempo. Bienaventurada es Mercedes Sosa