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viernes, octubre 06, 2023

Núñez, fundador de tanto


Written by Por Bárbara Vasallo| Foto: José Manuel Correa on 01 Abril 2019. Posted in Entrevistas Online.


     A Orlando Núñez los años le pesan en la espalda, con ellos a cuesta subió al escenario a recibir el Sello por los 500 años de La Habana,  en el Concierto 100 de Silvio Rodríguez.

     La Asamblea provincial del Poder Popular en la capital decidió otorgar el reconocimiento al trovador, primer ciudadano en recibirlo; pero Silvio en gesto humano y divino cedió el honor a Núñez, “fundador de Ojalá y de tantas cosas” dijo el autor de Unicornio ante un auditorio numeroso, en la barriada de Jesús del Monte, en la tarde-noche del viernes último.

      Núñez cumplirá 70 años de trabajo en este 2019, siempre en el sector de la cultura y desde hace 24 en Ojalá, la Oficina del trovador a la cual llegó para fundarla y echar raíces junto a un grupo de gente laboriosa que Silvio les suele llamar los “invisibles-imprescindibles”.

      Con sus más de 85 años de vida el hombre de pelo cano y mirada intensa recibió el Sello dorado, aparentemente sin inmutarse, y volvió a sentarse bien cerca de donde el trovador regalaba canciones antológicas para no perder un detalle y tararearlas muy quedo, como para retenerlas por siempre.

      El concierto 100 trajo emociones diversas, desde el encuentro de seguidores del trovador de varias latitudes del mundo, el premio Pablo a la Gira Interminable, como bautizaron estas cruzadas por comunidades periféricas de la ciudad capital y otras del país, hasta la presencia de Yoruba Andabo, agrupación afrocubana invitada en esta ocasión, y que puso a bailar al más pinto en la tarde de marras.

      Silvio mencionó a las personas que en todo este tiempo le han acompañado en la noble misión de llevar la música y la cultura a lugares desfavorecidos, y evocó aquel primer concierto en septiembre del año 2010:

      “Esta etapa de los conciertos en los barrios empezó de pronto un día, hace ya algunos años. Surgió de la invitación de este compañero, el Mayor José Álvarez López, que atendía a La Corbata, un barrio de realidades precarias. Aquella experiencia, que nosotros hicimos por solidaridad, resultó muy gratificante y por eso la quisimos repetir en otro barrio, y después en otro, y aquí estamos…”

      La tarde se fue volviendo noche y la barriada capitalina de Jesús del Monte, por donde el 27 de enero pasó un tornado que echó abajo techos, paredes, árboles, tanques, autos y todo lo que encontró en su camino, era un multitudinario coro, cuyas voces afinadas unas y otras no tanto, gritaban al viento que “la era está pariendo un corazón”, “Eva deja de ser costilla” o “Te amaré, en lo profundo…”

      Silvio, sin perder un detalle recordó a los artistas e intelectuales que en estos años fueron invitados y ya no están en este mundo, y evocó al Santiago Feliú, quien partió antes de tiempo y ese propio día cumpliría 57 años.

      Para Bárbara se dejó escuchar con la visible emoción del juglar y de todos los que sintieron ahogarse la brisa, inagotable, azul infinita…   Mientras Lucy llevaba a punta de bolígrafo cada uno de los temas salidos de los acordes, Niurka desplegaba alas, los músicos vibraban, Olimpia se esmeraba en los controles de grabación, Mirtha, Amín, Pepín, Soca, Kaloian y tantos “imprescindibles” apasionados consumaban sus actos, casi heroicos.

      En el concierto del 7 de diciembre de 2013, en el barrio de La Marina, en Matanzas, en conversación exclusiva con esta periodista, precisamente sobre sus giras por los barrios, Silvio dijo:

     “Estar con la gente, es también una deuda que pago, porque yo salí de ahí; pero he tenido la suerte de que mi música se escuche… es la única forma que yo tengo de pagarle a este pueblo que es de donde yo salí en definitiva...  darle lo que sé hacer, lo que tengo, lo que he podido lograr, dárselo, dárselo y dárselo…”

       Es lo que ha hecho, es lo que hace y la gente acude y ese es el gran premio, y Núñez, con sus años a la espalda lo sabe, es cómplice, y sentado muy cerca del escenario, casi en susurro forma parte de ese coro gigante, delirante: “soy feliz, soy un hombre feliz y quiero que me perdonen por este día, los muertos de mi felicidad”.

Núñez

 Segunda cita.

Conocí a Orlando Núñez Tornés, natural de Las Tunas, creo que en 1971, cuando se hizo el primer encuentro de jóvenes trovadores en la ciudad de Manzanillo. En aquel momento él dirigía la maravillosa ciudad escolar Camilo Cienfuegos, en el Caney de las Mercedes, a donde fuimos a cantar los trovadores. Volvimos a encontrarnos el año siguiente, en la misma ciudad y en el mismo evento, porque teníamos un amigo común: Quintín Pino Machado, que en aquellos momentos dirigía el sector de Educación, Cultura y Ciencia de la entonces provincia de Oriente.

 

Poco tiempo después, cuando Quintín fue llamado a La Habana para ser viceministro de Cultura, se trajo a Núñez consigo porque apreciaba mucho el carácter abnegado del tunero. Núñez, en su tránsito por Cultura, ocupó diferentes responsabilidades; incluso estuvo un tiempo al frente de la EGREM y también de Cubartista. 

 

De aquellos años recuerdo que Núñez gestionó y nos acompañó a la grabación de Causas y Azares, en Londres; que estuvo en la cima del Turquino aquel 28 de enero de 1988; que estuvo en 1990 en el concierto del Estadio Nacional, en Santiago de Chile.

 

A principios de los 90, cuando me enfoqué en la creación de mejores estudios de grabación, lo que después dio lugar al proyecto Ojalá, le pedí que se uniera a nosotros. Unos días más tarde, Armando Hart, por entonces ministro de Cultura, me dijo: 

 

--Ya sé que te llevas a Núñez. No eres bobo.

 

Ojalá siempre fue un proyecto de estudio, pero durante un tiempo no pudo pasar de sueño. Por eso tuvimos que empezar como depósito de mis grabaciones profesionales y caseras: montones de cintas y casetes. Producto del trabajo diario, al mismo tiempo nos fuimos convirtiendo en oficina de coordinación. Y Orlando Núñez fue una de las cabezas pensantes y de las manos hacedoras que hicieron posible muchos proyectos. Lo mismo conciertos en Cuba y en otros países, que giras por las prisiones y los barrios.

 

Uno de los grandes aportes que Núñez nos hizo fue prestarnos a su compañera, Lucy Romero, como secretaria. Dama de la eficiencia y la dulzura, es otro nombre felizmente ligado a todo nuestro quehacer del último cuarto de siglo.

 

Enfermo en su casa desde hacía tiempo, el martes pasado me llamó por teléfono, entusiasmado por el concierto que hicimos en homenaje a Salvador Allende. Después supe que también había llamado a María, mi hermana, compañera de años. Y ayer nos enteramos de que sus dolencias al fin le habían podido. 


Pienso que con él se nos va un ejemplo de esa suerte de seres que han trabajado por el bien común toda la vida y que ningún diario menciona, aunque quedan en la memoria de los que les debemos parte de lo que somos. Asistentes de la luz a quienes el curso a veces cruel de los resúmenes parece ignorar. Pero como siempre dije en cada final de concierto en los barrios: Gracias a nuestros "invisibles" imprescindibles. 


Gracias, Núñez.


Núñez en la cima del Turquino, 28 de enero de 1988.