Mostrando entradas con la etiqueta Alexis Díaz Pimienta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alexis Díaz Pimienta. Mostrar todas las entradas

domingo, marzo 15, 2026

"Al decir `Dejad vivir a Cuba´ reclamamos también el derecho a equivocarnos": Alexis Díaz-Pimienta, repentista

 

Cubainformación.- En una entrevista para Cubainformación y teleSUR, que culmina con unos versos improvisados para ambos medios, el repentista y escritor cubano Alexis Díaz-Pimienta nos explica qué es la propuesta poético-musical “Canciones con Pimienta y Buena Fe”, presentada en La Habana hace unos meses y ahora en Madrid, en el Auditorio Marcelino Camacho el pasado día 6 de marzo.

Descargar vídeo en formato MP4 (Botón derecho "Guardar enlace como ....")
En dispositivo movil mantener pulsado el enlace anterior hasta que aparezca el menú con la opción de descargar.
Ver este mismo video en YouTube

Le preguntamos sobre la situación de Cuba, sometida a una especie de nueva “reconcentración de Weyler", por parte del gobierno de Trump, y por su opinión acerca de que, en EEUU, artistas como Jane Fonda y Susan Sarandon, y en España otros como Javier Bardem, Luis Tosar, Cristina del Valle o Luis García Montero hayan fIrmado sendos manifiestos con el título “Dejad vivir a Cuba”, en contra del bloqueo a la Isla.

Díaz-Pimienta hace un llamado, también, a ayudar a Cuba en estos duros momentos, y a apoyar campañas como la llamada “Contra el Bloqueo. Energía para Cuba”, para recaudar dinero con el que se comprarán instalaciones solares para hospitales.

Grabación de la entrevista: José Luis García de Mingo y Javier García Proenza. Imágenes del ensayo: Álvaro Fragua / teleSUR. Edición: Egoitz Santos.

  


Buena Fe y Alexis Díaz-Pimienta en Madrid dibujaron amor y reflexión social


Fotos: Asociación Hispano-Cubana Bartolomé de las Casas de Madrid.

Madrid, 7 mar (Prensa Latina) En pleno proceso de terminación de su próximo disco, Trineo, el dúo cubano Buena Fe unió sus voces al repentista Alexis Díaz Pimienta, en un vibrante concierto en Madrid.

Por Fausto Triana

La palabra y el pentagrama, una simbiosis resuelta entre el también escritor e investigador Díaz Pimienta, afincando en Sevilla, España, Israel Rojas y Yoel Martínez, con el excelente grupo de Buena Fe, que hoy valoran en esta capital.

“Nos regalamos con Alexis Díaz Pimienta este concierto, a partir de la alentadora experiencia en La Habana en septiembre pasado en el Festival Oralitura”, anotó Israel Rojas.

Nos pareció un show muy exportable, para hacerlo en todo el país y ponerlo a disposición de todos los públicos nuestros y de Alexis”, comentó acerca del evento que contó con otros invitados.

En entrevista con Prensa Latina, el líder de Buena Fe apuntó que el propio repentista, “tiene muchos seguidores en Madrid, a lo cual se sumaron la peticiones que recibimos aquí, con la inefable colaboración de los amigos de Comisiones Obreras (CCOO) y su auditorio Marcelino Camacho”.

Rojas detalló que el recital es un cofre de música, poesía diferente dicha al vuelo, muy circunstancial, con una cubanía capaz de emocionar a la gente y generar complicidad con público.

Aprovechó el diálogo con Prensa Latina para adelantar que el próximo verano, Buena Fe espera tener listo su nuevo disco Trineo, que como los anteriores, “contiene canciones de amor, de reflexión social, de alegría y que hablan de la amistad el desamor, todas las cosas que rodean al ser humano contemporáneo”.

“Sentir risas, lagrimas, estallido de jolgorio y alegría, es un placer enorme, en estos tiempos tan complicados para el mundo (…) repartir amor ya es en sí mismo, un acto de lucha y de resistencia”, valoró.

Acerca de la realidad actual en el mundo, remarcó que los artistas no pueden ser ajenos a los sucesos, y más que la cultura, “las artes, si pretenden ser artes, deben estar enraizadas en el espíritu de su época”.

La cultura, divorciada del acontecer, aleja a la humanidad de su espíritu creativo y cercano con la gente, opinó.

“El arte debe tener una profunda relación con la sociedad que le toco vivir. Estamos viviendo en un mundo caótico, peligroso, fascista; las fuerzas del mal andan envalentonadas, la incultura intenta ponerse de moda. Y el arte, sordo y ciego, termina siendo mudo”, concluyó Israel Rojas.

Visita las redes sociales de Cubainformación:

Facebook: https://www.facebook.com/cubainformacion
X (Twitter): https://twitter.com/cubainformacion
@cubainformacion
Instagram: https://www.instagram.com/cubainformacion/
YouTube: https://www.youtube.com/user/CubainformacionTV/videos
TikTok: https://www.tiktok.com/@cubainformacion.tv
Canal de Ivoox: https://go.ivoox.com/sq/2458497
Canal de Telegram: https://t.me/cubainformacion
Canal de WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029Va9YFa43bbV3qiotA40d
Hazte socia-o de Cubainformación: https://cubainformacion.tv/campaigns/yotambiensoyci/donativo






sábado, noviembre 29, 2025

El que expande su luz por todo el planeta.

 Alexis Díaz Pimienta 

SILVIO, FELIZ CUMPLEAÑOS 

Hoy cumpleaños El Poeta.

En mayúsculas. En grande. 

El cantautor. El que expande

su luz por todo el planeta.


Hoy cumpleaños El Profeta

de las mejores canciones.

Hoy en todos los rincones 

Se le ve guitarra en mano.

Solo. Tranquilo. Cubano.

Llegando a otros corazones.


Hoy cumpleaños El Poeta

que a otros no-poetas salva.

El padre de Mau. De Malva.

De Silvito. De Violeta. 

De Federico… El esteta 

musical enniurkizado.

Hoy noviembre le ha prestado 

su suave luz otoñal.

Hoy es un día fractal:

Hoy Silvio está ensilvismado.


Hoy “te doy una canción”

a ti que tantas nos diste.

Hoy, “ojalá” no estés triste,

grumete en “Playa Girón”.

Hoy, que haga su aparición

tu “unicornio azul” perdido.

Hoy tu música es un nido

de silviómanos devotos.

Hoy te están haciendo fotos

La Memoria y el Olvido.


Por todo lo que has cantado,

Por todo lo que has compuesto,

Por tu silencio indigesto

y tu grito de indignado.

Por tus cantos del pasado.

Por tu “yo más yo da yo”.

Por tu efecto dominó 

en tantas generaciones, 

hoy te gritamos millones:

—¡Silvió Rodríguez! ¡Silvió!

sábado, mayo 11, 2024

Las décimas de Silvio Rodríguez, Calamaro o Drexler, protagonistas de una nueva editorial

 


By Aaron Cruz Soto, 24 Abril, 2024 | Cumple criterios The Trust Project


Madrid.- La artes orales y las décimas, una de las estrofas más populares de la música y literatura iberoamericanas, protagonizan desde este miércoles la propuesta de Pimienta Ediciones, la nueva editorial del escritor y repentista cubano Alexis Díaz Pimienta, que contará con la aportación de artistas como Silvio Rodríguez, Andrés Calamaro o Jorge Drexler.


Se trata de un sello independiente con sede en Almería (sur de España), "el primero dedicado exclusivamente a las artes orales", según su responsable, y cuyo objetivo es “promover y difundir” la décima con motivo del 400º aniversario de la muerte de su creador, el escritor español Vicente Espinel.


Pimienta Ediciones inaugurá su andadura editorial con la colección ‘Decimarios’, cuyas tres primeras entregas recopilarán las décimas compuestas por Silvio Rodríguez, Andrés Calamaro y el colectivo ‘Guasa Decimal’, integrado por Jorge Drexler, Rozalén o El Kanka, entre otros cantautores.


“Cervantes, José Martí, Alfonso Reyes, Violeta Parra, Celia Cruz, Juanes… Son muchos los artistas que han utilizado esta estrofa, que a día de hoy es la única del siglo de Oro que se sigue utilizando”, indica Pimienta en conversación con EFE.

El autor cubano asegura que la “vocación” de su nueva editorial es dar a conocer “el valor literario, sociocultural e incluso antropológico de la décima en todas sus formas” y destaca la importancia de la “improvisación” en su desarrollo.


“El carácter volátil y efímero de la improvisación ha hecho que el mundo editorial haya vivido de espaldas a ella”, se lamenta el escritor, que, no obstante, celebra que gracias a su editorial “toda esa poesía que se perdía y que sólo era disfrute momentáneo de quien estuviera delante tiene la oportunidad de trascender y quedarse recogida en un libro.”


Está previsto que a ‘Decimarios’ se sumen próximamente otras cinco colecciones -’Oralituras’, ‘Locos bajitos’, ‘Más poeta serás tú’, ‘La vida en prosa’ y ‘Bífidas’-, con las que Pimienta Ediciones pretende favorecer la traducción de la poesía iberoamericana a otros idiomas, fomentar el estudio de las artes orales y acercar la poesía a los más jóvenes. EFE

martes, noviembre 29, 2022

SILVIO,FELIZ CUMPLEAÑOS

 Alexis Díaz Pimienta 

Hoy cumpleaños El Poeta.

En mayúsculas. En grande. 

El cantautor. El que expande

su luz por todo el planeta.

Hoy cumpleaños El Profeta

de las mejores canciones.

Hoy en todos los rincones 

Se le ve guitarra en mano.

Solo. Tranquilo. Cubano.

Llegando a otros corazones.


Hoy cumpleaños El Poeta

que a otros no-poetas salva.

El padre de Mau. De Malva.

De Silvito. De Violeta. 

De Federico… El esteta 

musical enniurkizado.

Hoy noviembre le ha prestado 

su suave luz otoñal.

Hoy es un día fractal:

Hoy Silvio está ensilvismado.


Hoy “te doy una canción”

a ti que tantas nos diste.

Hoy, “ojalá” no estés triste,

grumete en “Playa Girón”.

Hoy, que haga su aparición

tu “unicornio azul” perdido.

Hoy tu música es un nido

de silviómanos devotos.

Hoy te están haciendo fotos

La Memoria y el Olvido.


Por todo lo que has cantado,

Por todo lo que has compuesto,

Por tu silencio indigesto

y tu grito de indignado.

Por tus cantos del pasado.

Por tu “yo más yo da yo”.

Por tu efecto dominó 

en tantas generaciones, 

hoy te gritamos millones:

—¡Silvió Rodríguez! ¡Silvió!







sábado, agosto 31, 2019

Un llamado directo a la complicidad literaria y humana.

Alexis Pimienta.
Ha muerto Roberto Fernández Retamar, el poeta, el sabio, el profesor,  el amigo, el hombre de los grandes abrazos (una palabra inventada por él: "a brazos", porque así te asaltaba y no había escapatoria); ha muerto el hombre de la sonrisa franca y la risa contagiosa, el de las boinas y la perilla inconfundibles, el de habla reposada, el eterno marido de la eterna Adelaida, el padre de Laidi, su continuidad, el autor de "Caliban" y de "Felices los mortales" y de "Con estas manos" y de "¿Y Fernández?"; ha muerto un poeta -un señor- que cuando yo era muy joven imponía un respeto que paralizaba, y que, cuando yo ya no era tan joven imponía una cercanía que desentumecía, todo él hecho un llamado directo a la complicidad literaria y humana.



Ha muerto Retamar, para muchos. Roberto, para los más cercanos. Fernández, para los lectores de uno de sus mejores poemas. Ha muerto viejo, como deben morir los grandes poetas. Viejo y apoyado en un bastón. Viejo y delgado y pecoso y con boina. Con boina y con sonrisa. Siempre. Yo no recuerdo, con exactitud, la primera vez que conversé con él, que compartimos, pero la sonrisa estaba siempre.

 ¿Cuando yo fui jurado de novela del Premio Casa de las Américas, en 2002? ¿Tan tarde? No lo recuerdo, pero pudo ser. Y me sorprendió la cercanía de un autor tan distante, porque la maestría crea distancias psicológicas a veces insalvables. Ah, ya recuerdo. La primera vez que compartí con Roberto, él no lo supo. Fue en 1986. Yo tenía 20 años -tierna y fértil edad para los descubrimientos- y me encontré a Roberto Fernández Retamar vestido de azul, rectangular y paginado, y sin decirle nada lo acompañé a visitar a un viejo conocido suyo, que yo no conocía por entonces. Era Borges. Jorge Luis Borges.


En Cuba, mi generación poética descubrió a Borges en aquel libro azul editado por Casa de las Américas con impecable prólogo de Roberto Fernández Retamar. Y yo fui uno de los tantos jovenzuelos que, más nerviosos que felices, entramos con Roberto en la casa de Borges aquel año,  y compartimos con ellos aquella taza de café que aún no se enfría. Borges. Jorge Luis Borges, el argentino universal.

Yo conocí a Borges con Roberto, a través de Roberto, gracias a él, por él. Y me cambió el concepto de literatura. Luego, cuando ya Borges era mi amigo más odiado, Roberto siguió siendo un amigo querido, pero desconocido. Seguramente hasta aquel año 2002 en el que yo fui jurado de novela, en el premio Casa de las Américas. "¿De novela?", me dije. "¿Yo, el repentista?", me pregunté a mí mismo, acostumbrado como estoy a ser víctima de las etiquetas.

 Pero sí, los directivos del Premio Casa de las Américas se había leído mi novela Prisionero del agua (1998), tal vez también Maldita danza (2000) y habían decidido que yo fuera jurado. Me ilusionaba mucho imaginar que fue Roberto quien lo propuso. Pero no importa si no fue: la Casa era "su casa". Y él estaba allí, él estuvo allí todo el tiempo. Y durante las intensas jornadas del premio compartimos, claro, y nos hicimos amigos de verdad, y conversamos sobre literatura, y nos reímos mucho.

Roberto Fernández Retamar era un hombre que se reía mucho. Y bien. Con todos los dientes, con los brazos. Luego vinieron otras complicidades, inolvidables para mí, literarias, políticas, humanas, ¡hasta repentísticas! En mi larga carrera como repentista, y habiendo improvisado cientos de miles de décimas, más de un millón seguro, en más de 40 países y durante más de 40 años, les puedo asegurar que pocas veces he visto a alguien disfrutar mis improvisaciones tanto, tan de verdad, como a Roberto y su Adelaida inseparable, una noche de copas y charlas en una casona de El Vedado. No recuerdo qué celebrábamos.

 El caso es que tras el ágape habitual, copa en mano, yo me puse a improvisar décimas, y Roberto y Adelaida estaban allí, en la primera mesa, delante de mis ojos. Y de mis versos. Y aquella su cara de niño feliz y sorprendido era un poema mayor que los poemas que yo improvisaba. Y sus aplausos estruendosos. Y sus carcajadas ante mis golpes de ingenio, unas veces, ante mis hallazgos poéticos, otras. Y él contagiaba a su Adelaida, claro, la sabia contenida. Y al resto de comensales devenidos oyentes, todos contagiados y con caras de niños felices por culpa de Roberto.
 Y aquella noche sus abrazos fueron abrazos de camisa de fuerza, de esos que duran hasta hoy. No sé si fue entonces que le regalé mi libro Teoría de la improvisación poética. Pudo ser. Yo quería impresionar al maestro, que viera a todos los Alexis que hay en mí. El caso es que varias veces después se refirió a mi libro con asombroso entusiasmo, siendo él el ensayista que era, sorprendido.

 Y yo, feliz, claro. Tanto, que poco tiempo después, en 2004, me atreví a pedirle que prologara mi libro de décimas "Confesiones de una mano zurda", Premio Cuculambé del año 2003. Y así, sin pensarlo, aceptó. Y así, como quien no quiere las cosas, un humilde poeta joven habanero, y además, repentista, tuvo un prólogo de Roberto Fernández Retamar en un libro de décimas. Casi nada. Uno de los prólogos más hermosos y sinceros de los que me han escrito. Generoso en elogios, escrito con maestría y con distancia. Retamar. Roberto. El poeta.

El ensayista. el profesor. El amigo. Luego supe -me lo contó él- que Roberto tenía un libro titulado "Concierto para la mano izquierda" y que él también era zurdo. Y sonreí, solamente. Esas fractalidades de la literatura, pensé. Y en los últimos años nos vimos varias veces más, siempre en encuentros cortos y afables, de cariño literario y humano. Una vez en su casa real, acompañado de sus dos Adelaidas,  la grande, la pequeña; otras veces en su otra casa, la Casa grande, la de todos. Y siempre estuvo atento, risueño, con cara de sabio.

Mi última relación con Roberto fue por correspondencia. Me escribió, hace unos meses, a través de nuestro amigo común, Ernesto Sierra, para pedirme poemas para la revista Casa, en un correo lleno de frases tan generosas con mi obra y mi persona que da pudor citarlo. Me pareció increíble. El mismísimo Fernández Retamar me pedía poemas para la revista Casa (¡a mí, al repentista!, ¡poemas, no décimas!). Y por ahí deben andar ahora, en el último número de la revista, aquel manojo de poemas que le envié vía correo electrónico.

Y por último, su último mensaje fue para comunicarme que yo había sido el ganador del Premio Casa de las Américas 2019, en el género Literatura Infantil  y Juvenil, con mi libro "Piel de Noche". ¡Imagínense! ¡Mi regreso a la Casa y otra vez a través de Roberto! (Es curioso: he pasado de llamarle Retamar, como todos, a llamarle Roberto, como pocos; debe ser la influencia de Ernesto Sierra, tan cercano a él, su editor, alumno y amigo, quien es ahora mi vecino en Sevilla; pero puede ser también la confianza que da tanta correspondencia). Y quedamos en vernos cuando yo fuera a recoger el premio y a la feria del libro. Pero no pude verlo.

 Me llamó, me citó para un encuentro con Juan Villoro en la sede de la UNEAC, pero no pude ir, no recuerdo por qué: qué triste miércoles. Y luego, desde la misma Casa de las Américas yo lo llamé, pero tampoco pude hablar con él: estaba enfermo. Roberto estaba enfermo. Viejo y enfermo. Roberto y Retamar y Fernández y el autor de "Caliban" y el viudo de Adelaida y el padre de Laidi.



Mi amigo Roberto estaba enfermo. El prototipo del poeta intelectual, tan elegante en su esbeltez, tan poeta en sus andares por la vida. No me perdono no haber ido a su cita con Villoro, que hubiera sido, ya ven, nuestro último encuentro. Me quedo, eso sí, con unas ganas enormes de sentir un abrazo real, de los suyos, con ganas de acercarme "a brazos" para, con estos mismos brazos de hacer tantas cosas, hacer lo único que me pide hoy el cuerpo: abrazar yo también a su hija Laidi, la escritora, la médico, la cronista, la amiga distante. Un abrazo que dure hasta que la vejez nos haga andar a nosotros con paso retamarino por las calles, ahora vacías, de El Vedado.

En fin, ha muerto Roberto Fernández Retamar y llevo toda la mañana releyéndolo.

FELICES LOS NORMALES

...................................................

A Antonia Eiriz



Felices los normales, esos seres extraños.

Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,

Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,

Los que no han sido calcinados por un amor devorante,

Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,

Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,

Los satisfechos, los gordos, los lindos,

Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,

Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,

Los flautistas acompañados por ratones,

Los vendedores y sus compradores,

Los caballeros ligeramente sobrehumanos,

Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,

Los delicados, los sensatos, los finos,

Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.

Felices las aves, el estiércol, las piedras.

Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,

Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan

Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos

Que sus padres y más delincuentes que sus hijos

Y más devorados por amores calcinantes.

Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.




martes, enero 10, 2012

Carta de Alexis Díaz Pimienta.

Hace ya varios años, durante varios meses me mantuve colaborando con la revista online cubana LA JIRIBILLA, en la que publicaba cada semana una carta en décimas, en una sesión intitulada Epístolas espinelas, cartas en décimas dirigidas a varios amigos, parientes o "fantasmas interiores". 
Junto a las cartas a mis hijos, por ejemplo, hubo cartas a Borges, a Cortázar, a Mozart, y a Rosa Regás, a Álvaro Salvador, a Silvio Rodríguez... El eje unitario de este divertimento literario era que todas las cartas estaban escritas en décimas, pero no en décimas líricas, o bucólicas, lineales o encalgadas, sino en lo que di en llamar "décimas prosadas", porque intentaban mantener un tono narrativo y conversacional más propio de la prosa que de la poesía, mucho menos de la poesía escrita en décima. 

Además, la escritura en prosa, sin particiones ni cesuras versales, fue el formato original de este libro, con el que obtuve una mención (accésit) en el Premio Iberoamericano de Décima Escrita Cucalambé, en el 2003. Ahora, quiero compartir con los visitantes de mi cuarto ésta, mi carta a Silvio, Rodríguez 

gran amigo, gran poeta, un maestro para muchos de nosotros... Querido Silvio: No sabes —me ha dado pena decírtelo y he optado por escribírtelo— cuántas veces en tus naves poéticas, con tus graves canciones y tus poemas dilucidé mis problemas. Cuántas veces imité tu canto y enamoré utilizando tus temas. 

No sabes en cuántas fiestas fuiste mi héroe (aún lo eres). No sabes cuántas mujeres 
conquisté con tus protestas sociales, con tus molestas metáforas cotidianas. 

Desde todas las ventanas de la ciudad te imité. Dos ídolos: tú y el Che. Dos soles y dos mañanas. Recuerdo que me ponía la mano sobre la oreja y la camisa más vieja y un jean que se me caía. 

Recuerdo que todavía no me sabía afeitar. Y sin guitarra. Juglar mitad gaucho y mitad hippi. Tiempos de Flipper y Skippi. Tiempos de Onán y solar. Imberbe y delgado andaba cantando por los rincones pedazos de tus canciones. Dicen que desafinaba. Eran tiempos de Plan Jaba. 

Tiempos de acné juvenil. Calculaba: en el 2000 yo tendría 33. Qué lejana la adultez. Qué largo era el mes de abril. Y ahora aquí me ves, gastando papeles en recordarte. Recuperando una parte de mi vida. Confesando que todos —duros y blandos, desafectos y afectivos— somos hijos putativos de aquella voz falseteada, de una cabeza ladeada... que todos fuimos cautivos de tus cantos, trovador.

 Con velas y fosforeras. En avenidas y aceras, entre un fusil y una flor. Hasta tus cambios de humor nos parecían poéticos. Y tus silencios proféticos. Y tu ojalá el Ojalá. Mi generación está —los felices, los patéticos, los negros y los rubitos, los hombres y las mujeres, los finos y los aseres— marcada por varios hitos. 

Y uno eres tú. Monolitos te hemos levantado dentro de cada uno, en el centro de nuestra propia existencia. Monolitos de inocencia. Efigies para el reencuentro Contigo, en algún lugar de la isla o la memoria. Toda vida es transitoria, pero tú —viejo juglar, rapsoda espectacular— te has repartido en canciones, y éstas en palpitaciones, y éstas en ratos felices, y éstos en hondas raíces dentro de otros corazones. 

Por eso ahora he querido, en este confesionario con forma de epistolario, escribírtelo al oído. Gracias por haberme sido útil en la adolescencia. Gracias por la persistencia (léase, testarudez). 

Gracias por la sencillez. Gracias por la coherencia. Por último, te confieso que cuando te di la mano por vez primera —un lejano domingo— me sentí preso de tal emoción, fue un peso tan grande lo que sentí, que charlamos como si fuera lo más natural, pero la pasé muy mal. Silvio estaba junto a mí, vaso de ron en la diestra, con su perfil vallejiano, su silencio boddyliano, su cara de Obra Maestra.
 Desde entonces tu-mi-nuestra amistad ganó el derecho a crecer, y satisfecho he vuelto a hablarte y a verte. Sólo me faltaba hacerte una carta. Ya la he hecho.

miércoles, diciembre 13, 2006

Carta Poetica







Carta a Silvio Rodríguez

Alexis Díaz - Pimienta • La Habana

La Jiribilla

Edición:2 al 8 de diciembre de 2006

Querido Silvio:

No sabes

–me ha dado pena decírtelo

y he optado por escribírtelo–

cuántas veces en tus naves

poéticas, con tus graves

canciones y tus poemas

dilucidé mis problemas.

Cuántas veces imité

tu canto y enamoré

utilizando tus temas.

No sabes en cuántas fiestas

fuiste mi héroe (aún lo eres).

No sabes cuántas mujeres

conquisté con tus protestas

sociales, con tus molestas

metáforas cotidianas.

Desde todas las ventanas

de la ciudad te imité.

Dos ídolos: tú y el Che.

Dos soles y dos mañanas.

Recuerdo que me ponía

la mano sobre la oreja

y la camisa más vieja

y un jean que se me caía.

Recuerdo que todavía

no me sabía afeitar.

Y sin guitarra. Juglar

mitad gaucho y mitad hippi.

Tiempos de Flipper y Skippi.

Tiempos de Onán y solar.

Imberbe y delgado andaba

cantando por los rincones

pedazos de tus canciones.

Dicen que desafinaba.

Eran tiempos de Plan Jaba.
Tiempos de acné juvenil.

Calculaba: en el 2000

yo tendría 33.

Qué lejana la adultez.
Qué largo era el mes de abril.

Y ahora aquí me ves, gastando

papeles en recordarte.

Recuperando una parte

de mi vida. Confesando
que todos –duros y blandos,

desafectos y afectivos–

somos hijos putativos

de aquella voz falseteada,

de una cabeza ladeada...

que todos fuimos cautivos

de tus cantos, trovador.

Con velas y fosforeras.

En avenidas y aceras,

entre un fusil y una flor.

Hasta tus cambios de humor

nos parecían poéticos.

Y tus silencios proféticos.

Y tu ojalá el Ojalá.

Mi generación está

–los gruesos y los famélicos,

los negros y los rubitos,

los hombres y las mujeres,

los finos y los aseres–

marcada por varios hitos.

Y uno eres tú. Monolitos

te hemos levantado dentro

de cada uno, en el centro
de nuestra propia existencia.

Monolitos de inocencia.

Efigies para el reencuentro

contigo en algún lugar

de la isla o la memoria.

Toda vida es transitoria,

pero tú –viejo juglar,

rapsoda espectacular–

te has repartido en canciones,

y éstas en palpitaciones,

y éstas en ratos felices,

y éstos en hondas raíces

dentro de otros corazones.

Por eso ahora he querido,

en este confesionario

con forma de epistolario,

escribírtelo al oído.
Gracias por haberme sido

útil en la adolescencia.

Gracias por la persistencia

(léase, testarudez).

Gracias por la sencillez.

Gracias por la coherencia.

Por último, te confieso

que cuando te di la mano

por vez primera –un lejano

domingo– me sentí preso

de tal emoción, fue un peso

tan grande lo que sentí,

que charlamos como si

fuera lo más natural,

pero la pasé muy mal.

Silvio estaba junto a mí,

vaso de ron en la diestra,

con su perfil vallejiano,

su silencio boddyliano,

su cara de Obra Maestra.

Desde entonces tu-mi-nuestra

amistad ganó el derecho

a crecer, y satisfecho

he vuelto a hablarte y a verte.

Sólo me faltaba hacerte

una carta, y ya la he hecho.