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sábado, septiembre 17, 2022

El Mayor y Joaquin de Agüero

Silvio El fusilamiento de Agüero fue un factor de la naciente conciencia-Patria del joven Ignacio Agramonte, que entonces tenía 10 años ( "..., o un fusilamiento, un viejo cuento, modelaron su adiós...")

Foto: Tomada del sitio web de la Contraloría General de la República

En inédito gesto, el patriota camagüeyano Joaquín de Agüero y Agüero concedió la libertad a sus ocho esclavos el 23 de enero de 1843 y les entregó tierras, aperos de labranza y dinero para que fueran autosuficientes, lo cual fue un anticipo de su lucha independentista truncada el 12 de agosto de 1851

Ese hecho sin precedentes motivó que fuera llamado por el jefe político y militar español de la jurisdicción, para interrogarlo acerca de los motivos de esta acción, a lo que Agüero le respondió: «¡Cumpliendo un deber de humanidad y de conciencia!».

Agüero nació el 15 de noviembre de 1816 en Puerto Príncipe, actual provincia de Camagüey, y en 1840, cuando tenía 24 años y el título de Bachiller en Leyes, se hizo cargo de los negocios de la familia al fallecimiento de su padre.

En 1842 junto a algunos vecinos fundó una escuela pública gratuita en el poblado de Guáimaro y contrajo matrimonio con su prima Ana Josefa de Agüero Perdomo, con quien tuvo tres hijos.

Ante el acoso de las autoridades coloniales abandonó Cuba en mayo de 1843 y vivió durante algunos meses en Filadelfia, Estados Unidos, hasta que regresó a su Patria y criticó públicamente las arbitrariedades del régimen colonial. A fines de 1849 participó en la fundación de la Sociedad Libertadora de Puerto Príncipe (hoy Camagüey), organización clandestina cuyo objetivo era la preparación de un levantamiento armado contra el poder español, y que extendió sus actividades a otras partes de la Isla.

En apoyo a la expedición de Narciso López, cuando se suponía había desembarcado con éxito, encabezó un levantamiento en armas con unos 60 hombres en un lugar conocido como El Palenque o El Farallón, término municipal de Guáimaro, donde organizó un campamento de alzados contra la dominación española.

Bajo la persecución del poder colonial, se declaró en rebeldía contra la metrópoli y junto a un numeroso grupo de conspiradores redactó y firmó en San Francisco de Jucaral, el 4 de julio de 1851, la primera Declaración de Independencia que recoge la historia cubana.

Después se dirigieron a Las Tunas con el propósito de tomar por asalto la población, acción que no se llevó a cabo por un error táctico, pues sus fuerzas combatieron entre sí y tuvieron que retirarse. Poco después fueron atacados por los españoles en la finca San Carlos de Melilla, los cuales les superaban en número y lograron vencerlos.

El 23 de julio fueron capturados, encerrados e incomunicados en el Cuartel de Caballería (hoy Museo Provincial Ignacio Agramonte de Camagüey), y llevados a un consejo de guerra que decretó la pena de muerte para él y sus compañeros Fernando de Zayas, Tomás Betancourt y Miguel Benavides.

Agüero rechazó las gestiones para la conmutación de la pena de muerte hechas por dos damas camagüeyanas diciendo que «esa presentación es inútil y humillante, y por nada de este mundo deben humillarse las matronas del Camagüey, que son gloria y orgullo de mi Patria, las lágrimas no pueden romper las cadenas, al hierro solo lo rompe el hierro».

Al rechazar el indulto, ofrecido por el mando español a cambio de su arrepentimiento y una declaración de adhesión a España, Agüero respondió: «Sé que la vida me va en ello, pero no me haré traición a mí mismo, siempre he sido fiel a mis principios de honradez y nada recuerdo haber hecho en el transcurso de mi vida que pueda avergonzarme en esta materia. Zayas, Benavides y Betancourt se muestran igualmente grandes e identificados conmigo».

El 12 de agosto de 1851 fueron fusilados, meses antes de que Agüero cumpliera 35 años. Pasaron a la historia en la honrosa lista de los patriotas que nunca hicieron concesiones y se mantuvieron fieles a sus principios por la causa independentista cubana.



domingo, junio 09, 2013

Silvio Rodriguez cuenta la historia de El Mayor



 El pasado sábado, 11 de mayo, se cumplieron 140 años de la caída en combate del Mayor General del Ejército Libertador Ignacio Agramonte y Loynaz. Ese día también hizo 40 años del estreno de mi canción El Mayor, en la plaza San Juan de Dios de Camagüey.

La tarde del pasado sábado Rafael Cruz Ramos me dejó en Segunda cita unas preguntas sobre el acto de hace cuatro décadas. Respondí enseguida el cuestionario, ya que tenía que irme a cantar al reparto Juanelo. Como en mis respuestas mencioné a Giraldo Mazola, el compañero que en 1973 me había pedido la canción sobre Agramonte, le envié lo que había publicado en mi blog.

Me llevé una sorpresa cuando, al volver del concierto, hallé que algunas incógnitas mías habían sido esclarecidos por Mazola. Entonces le pedí permiso para publicar tan interesante fragmento de sus memorias. Aquí lo tienen, pero antes repito la entrevista que motivó su evocación:

Como esa canción es un himno para los camagüeyanos (también para los cubanos), me gustaría saber: ¿Cómo recuerdas ese momento?
: Fue algo insólito que en un acto donde hablara Fidel se cantara. En 1973 eso no era común. Mucho más insólito que el que lo hiciera fuera un trovador políticamente no muy bien visto, como lo era yo. Eso debe haber pasado porque la canción me la pidió Giraldo Mazola, que por entonces era funcionario del Partido provincial de Camagüey. Cuando le entregué la canción a Mazola, él debe haber pedido permiso para que se estrenara en el acto y evidentemente se lo dieron.

El 9 de mayo me comunicaron que la íbamos a tocar allí. Así que todo el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC subimos no a un tren, sino a un avión camino a Camagüey. Fue una experiencia inolvidable. Había una solemnidad espesa en la Plaza San Juan de Dios. Una semana después, vi a Armando Hart en su casa (yo iba allí a ver a Haydee Santamaría) y me recitó mi canción, que había salido publicada en Granma. Pero eso no es todo: me dijo que Fidel también se la sabía. Para mí fue un atisbo de que quizá las cosas empezarían a mejorar respecto a mi generación de trovadores. Y al parecer fue así, porque al año siguiente la UJC propuso en Manzanillo que se institucionalizara el movimiento

 ¿Cual fue la génesis de ese texto, de la melodía?



 La génesis fue la lectura de varias biografías de Agramonte, si mal no recuerdo una de Ana Núñez Machín, e incluso “Historia de la guerra de los diez años” de Ramiro Guerra, que también leí, buscando profundizar en la figura de Agramonte. Llegó un momento en que tenía tanta información que era incapaz de decir nada. Tuve que esperar a que se me ocurriera esa melodía, y a partir de ahí fui sacando poquito a poco las ideas.

 

¿Ignacio Agramonte, como ser humano, como héroe te resultaba conocido, te era cercano?
 Del período de los mambises, desde primaria era mi héroe preferido. En ese sentido estaba muy bien motivado.


¿40 años después, sigues pensando en el Mayor cabalgando por las llanuras de los tiempos y los desafíos, de las distancias para los amores como el de Amalia?



 El Mayor es una de las más bellas figura de nuestra Historia. Un personaje cuya corta vida dejó un rastro de patriotismo y sacrificio ejemplares. Pudiera verse como un clásico héroe romántico, con el peso de que su ejemplo fue completamente cierto.

 Hermano una última curiosidad, La vergüenza, esa canción que incluyes creo que en ese mismo disco,
¿también está dedicada al pensamiento de Ignacio Agramonte, recuerdas la anécdota de El Mayor?

 

Recuerdo haber leído que en una asamblea algunos legisladores insurrectos plantearon posponer la guerra, por falta de armas y recursos, y que Agramonte se opuso, diciendo que la continuaría él solo. Cuándo le preguntaron con qué contaba, respondió: “Con la vergüenza de los cubanos”. Hay algo de eso en mi canción “La vergüenza”.
Ahora te aclaro algo. Esos días estuvieron cargados de tensión y recuerdos gratos. Uno de ellos lo fue sin dudas tu canción. Y me has hecho recordar otros que comparto contigo. En efecto recibí la noche antes del acto la cinta con la grabación que me había mandado el inolvidable Alfredo.
La puse en una grabadora y la escuché con el grupo que trabajaba conmigo. Recuerdo que Arnoldo Arias, camagüeyano de pura cepa a quien tuve dos meses de cabeza en la restauración de la casa del Mayor, se emocionó y a todos nos impactó.
   En el Buró del Partido el comandante Curbelo que lo presidía dividió las responsabilidades de todos para esas actividades. A mí me correspondía todo el plan de difusión sobre el centenario, la restauración de la plaza de San Juan de Dios, el acto nada menos que con Fidel de orador, la restauración de la casa de Agramonte y la exposición transitoria que llevaría.

Ya tenía organizado y ensayando el espectáculo cultural. Curbelo tenía como responsabilidad principal “enamorar” al jefe para que nos diera 100 camiones Hino. Ya Fidel había llegado y Curbelo estaba con él en Tayabito. Lo llamé y lo saqué de esa conversación diciendo que era muy urgente. Cuando le conté y le dije que iba llevarle la canción para que la escuchara, pues para mí esa era la parte central de la actividad cultural, el guajiro cienfueguero me dijo con mucha calma que en la discusión colectiva del Buró que yo tanto defendía, habíamos establecido las responsabilidades de cada uno y yo le estaba dificultando la suya pues lo había sacado cuando todas las condiciones se le iban dando para lograrlo. Que yo decidiera.

Y eso hice. Llamé a Alfredo y los mandó al día siguiente que era el acto. Después de llamar a Alfredo puse a dos secretarias a oír repetidamente la canción y a sacarla en limpio entre todos. La mecanografiamos y tan pronto Fidel terminó su discurso y se sentó en el público para ver el espectáculo cultural que comenzó con tu fabulosa canción, yo mismo le repartí a ese grupo la canción escrita que ibas a cantar. He dicho y he repetido que puede parecer, si esto no se dice, que hiciste la canción después de escuchar ese discurso.

 Hay otra cosa. Fidel deseaba que el 20 aniversario del Moncada se hiciera frente a esa fortaleza con 20 mil santiagueros sentados pues pretendía hacer una valoración de aquel hecho y lo sucedido después y el escenario de decenas de miles de santiagueros en un acto multitudinario no era el apropiado. En el Secretariado del CC preocupaba la reacción de los santiagueros ante un acto en su ciudad al que no pudieran asistir. El acto de Agramonte, unos meses antes, en una plaza con 5 mil personas sentadas podría dar elementos de la reacción de los camagüeyanos ante un hecho parecido.

Mandaron al equipo nacional de Opinión del Pueblo para poder constatar de inmediato la reacción pero a la vez se tomaron muchas medidas explicando las causas históricas de que Fidel hablara allí en un lugar pequeño y además distribuimos en la ciudad 100 equipos de TV para que se aumentara la posibilidad de verlo. La conclusión de todo permitió que con un trabajo similar y preparado con mucha antelación los santiagueros no se enfadaran por no poder estar todos en el acto del 26 de julio.

La otra cosa inolvidable fue la exposición transitoria. Tenía dos fuentes de datos económicos de la época, ambos posteriores a la guerra de los 10 años. Un censo español y el informe de un diputado cubano a las Cortes. Los estudié con Arnoldo y decidí poner los del cubano, que eran mucho más elevados, particularmente en relación con el número de cabezas de ganado.

 A Fidel le encantó la restauración de la casa y más bien diría que la disfrutó y ya casi al final, en la exposición transitoria, se puso a hacer cálculos mentales de las cifras expuestas, y a preguntarle a Curbelo -que sí era un as en cuanto a la realidad de ese momento pero no de un siglo atrás- y cuando le comencé a explicar las dos alternativas que manejamos, pidió la desechada, que por suerte Arnoldo conservaba en un maletín y nos dio a todos una lección adicional, pues estaba claro que el cubanito a Cortes quería “vender” una provincia en ascenso y desarrollo, para evitar gravámenes, y Fidel señalaba que si hubieran quedado tantas reses la guerra de los diez años no se hubiera detenido pues una de las causas lo provocó la penuria del mambisado. Ya finalmente, al otro día nos hizo caminar varios kilómetros pateando los dos arroyos de ese rectángulo en el potrero de Jimaguayú y por suerte nos dijo antes de irse que aquella caminata era para discrepar de un escrito de Serafín Sánchez.

 Lo siguiente es un escrito anterior, también de Mazola, donde explica el porqué de la caminata de Fidel “para discrepar de [el General] Serafín Sánchez”.

 “Llegamos a Jimaguayú el 12 en la mañana. Fidel había dicho que quería visitar el lugar donde cayó Agramonte y no dijo más. En el obelisco que señala el lugar donde lo abatieron y donde recomendó se edificara un monumento digno a su memoria, indagó sobre los cambios que podían haber ocurrido en aquella pradera desde entonces.

 El área había seguido destinada a la ganadería, donde continuaba predominando la alta hierba de guinea, a pesar de habérsele sembrado pangola en ocasiones y pocas modificaciones habían tenido lugar en ese sitio según atestiguaron compañeros de la zona. Era un rectángulo de dos por cuatro kilómetros aproximadamente, contorneado por dos arroyos que convergían en forma de Y griega, precisamente cerca del lugar donde cayó El Mayor. "Fidel dejó el jeep y comenzó a caminar por el borde de los arroyuelos, saltando de un borde a otro, golpeando con la bota a ratos el terreno.

Lo seguíamos Curbelo, el comandante César Lara, jefe del Cuerpo de Ejército Independiente de Camagüey y otros compañeros. "Después de caminar cerca de una hora, volvimos al sitio inicial y escogió un libro entre el grupo que abarrotaba la parte trasera de su vehículo. Allí nos explicó lo que había querido apreciar sobre el terreno. En las memorias del general Serafín Sánchez, a cargo de la infantería villaclareña, que Agramonte apostó a lo largo de uno de los arroyuelos, se dice que El Mayor cae cuando se dirige al lugar donde estaba la caballería para ponerse al frente de la misma y salir para Oriente al encuentro previsto con Céspedes.

Esa era la decisión ya discutida si las tropas españolas continuaban para Vertientes. "Comentando los partes españoles de esa acción después de revisar el terreno, Fidel afirma que Agramonte iba a ponerse al frente de la caballería para atacar a la columna española que había entrado en la zona donde le había preparado la trampa. Resulta que de Camagüey una columna de 700 soldados salió en persecución de Agramonte, después de la derrota que hacía unos días le había infligido a las fuerzas del coronel Abril que murió en el combate.

 "En el rectángulo, Agramonte había situado tropas de infantería en cada uno de los arroyos y si los españoles entraban en ese sitio, él arremetería con la caballería desde su retaguardia y al dispersarlos y huir hacia los lados, irían hacia los flancos donde estaban atrincherados esperándolos los mambises. "Precisamente, por haber salido tan bien la emboscada lo traiciona su temperamento impetuoso y busca ganar tiempo atravesando el extremo del rectángulo sin percatarse de que ya había llegado hasta allí la vanguardia de las tropas enemigas oculta en la hierba de guinea.

 "Fidel discrepa cien años después de los comentarios de Serafín Sánchez, pues sólo disponía de la información de lo que ocurría en su área y no de toda la operación. Comparó esa situación con el cerco de las tropas de Quevedo en la Sierra Maestra, cuya victoria inició la contraofensiva rebelde, donde él disponía del dominio del conjunto de las acciones, como lo tenía Agramonte en su momento, y no lo manejaban globalmente algunos de los capitanes que participaron en aquella histórica batalla. Agramonte no vivió para escribir sus memorias sobre ese hecho.”
del 2º cita

sábado, junio 16, 2007

El mayor:video

¿Quien fue el Mayor?


Ignacio Agramonte y Loynaz, nació el 23 de diciembre de 1841 en Puerto Príncipe, actual provincia de Camagüey en la casa marcada con el número 5 de la calle de La Soledad, hijo del Lic. Ignacio Agramonte Sánchez Pereira, abogado como muchos de sus antecesores, y María Filomena Loynaz y Caballero, procedente de una vieja familia adinerada del Camaguey. Realizó sus primeros estudios en su ciudad natal y luego, ante la imposibilidad de iniciar estudios superiores en Puerto Príncipe, en 1852 es enviado a Barcelona, España, donde ingresa primeramente en el colegio de Isidoro Prats en el que cursó tres años de Latinidad y Humanidades. En 1855 comienza sus estudios elementales de Filosofía, en opción al título de Bachiller en Artes, en el colegio de José Figueras, ambos centros docentes estaban ascriptos a la Universidad de Barcelona, donde ingresa en 1856; al año siguiente regresa a Cuba y en la Universidad de La Habana estudia Derecho Civil y Canónigo, para recibir su título de licenciado en 11 de junio de 1865. Dos años más permaneció Agramonte en la Universidad, pues aunque ejercía como abogado, continuó los estudios correspondientes al doctorado hasta el 24 de agosto de 1867 que realiza su último examen. El 1ro. de agosto de 1866 contrae matrimonio con Amalia Simoni quien seria el amor de su vida, en la Iglesia de Nuestra Señora de la Soledad, unión de la que nacen sus dos hijos: Ernesto, nacido en la manigua, y Herminia, a la que no llegó a conocer, son muy conocidas la literatura epistolar que dirigió a su amada.

"Idolatrada esposa mía: Mi pensamiento más constante en medio de tantos afanes es el de tu amor y el de mis hijos. Pensando en ti, bien mío, paso mis horas mejores, y toda mi dicha futura la cifro en volver a tu lado después de libre Cuba.¡Cuántos sueños de amor y de ventura, Amalia mía! Los únicos días felices de mi vida pasaron rápidamente a tu lado embriagado de tus miradas y tus sonrisas. Hoy no te veo, no te escucho, y sufro con esta ausencia que el deber me impone. Por eso vivo en lo porvenir y cuento con afán las horas presentes que no pasan con tanta velocidad como yo quisiera..."
Camagüey, julio 1 de 1871

En 1867 se vincula a la fundación de la logia Tínima, creada con fines conspirativos. Una vez iniciada la Guerra por Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868 en La Demajagua, los camagüeyanos secundan la acción con el levantamiento armado en Las Clavellinas, el 4 de noviembre. Ignacio Agramonte queda en el la ciudad a cargo del aseguramiento del movimiento revolucionario, por lo que se incorpora a la manigua el día 11 en el ingenio El Oriente, en las cercanías de Sibanicú. Muy pronto muestra sus dotes de dirigente político al enfrentarse en la reunión del paradero de Las Minas a Napoleón Arango y sus seguidores el 26 de noviembre de 1868, quienes proponían un acuerdo con la metropli basado en reformas políticas; Agramonte replica vigorosamente:
"Acaben de una vez los cabildeos, las torpes dilaciones, las demandas que humillan: Cuba no tiene más camino que conquistar su redención, arrancándosela a España por la fuerza de las armas."

Levantamiento en Armas
Existía una contradicción sobre el momento de llevar a cabo el levantamiento en armas pues los camagüeyanos eran partidarios de aplazar el levantamiento hasta 1869 después de la zafra azucarera mientras que por otra parte los manzanilleros seguidos por el resto de los orientales no querían esperar más y se pronunciaron el 10 de octubre de 1868 en La Demajagua bajo el liderazgo de Carlos Manuel de Céspedes.
Las discrepancias que existían se pusieron de manifiesto al convocarse y celebrarse la Asamblea de Guáimaro, en donde se aprobó la Carta Constitucional redactada por Agramonte y el habanero Antonio Zambrana. Estas discrepancias estaban dadas porque Céspedes defendía el mando centralizado político-militar e Ignacio Agramonte se pronunciaba por las instituciones democráticas.

El 26 de febrero de 1869 en Sibanicú, queda constituida la Asamblea de Representantes del Centro, la que integra Agramonte, más tarde haria prevalecer sus opiniones en la asamblea de Guaimaro donde se redacta la primera constitución de la republica en armas. A pocos días de la Asamblea de Guáimaro, el 26 de abril, Agramonte renuncia al escaño en la Cámara de Representantes, al ser nombrado Mayor General del Ejército Libertador, jefe de la División de Camagüey. Su primera actividad militar es la organización de talleres y fábricas donde se reparan y elaboran los medios necesarios para las fuerzas insurrectas; en este período dirige importantes acciones como el Combate de Ceja de Altagracia, y el ataque a Puerto Príncipe, participa como segundo al mando en el Combate de Minas de Juan Rodríguez, dirigido por el mayor general Thomas Jordan.

En abril de 1870, a causa de las discrepancias con Céspedes en cuanto al modo de realizar la guerra, renuncia a la jefatura militar de Camagüey y permanece sin mando, aunque mantuvo su graduación y participó en combates como Ingenio Grande, Jimirú, Socorro... y continuó su propio adiestramiento, especialmente en la utilización de la caballería en función de la guerra de guerrillas.

A principios de 1971 Céspedes le ofrece la jefatura militar de Camagüey, la que reasume el 17 de enero, cuando la situación de los insurrectos era muy grave en la región, momento a partir del cual se experimenta un mejoramiento progresivo y las fuerzas mambisas pasan de la defensiva a la ofensiva.

Estatua de Ignacio Agramonte en la Plaza de la Revolución de Camagüey



El Rescate de Sanguily

Como el Rescate de Sanguily se conoce una de las prohezas militares de los inicios de la guerra de los diez años llevada a cabo por Ignacio Agramonte.
El 7 de octubre de 1871, el mayor general Ignacio Agramonte acampó con la fuerza de su mando, unos 70 jinetes, en el potrero de Consuegra, al sur de Puerto Príncipe, ocasión que aprovechó el brigadier Julio Sanguily para solicitar autorización para dirigirse al bohío de Cirila López, en la finca Santo Domingo, frente a Loma Bonita, para que ésta le arreglase la única muda de ropa que poseía. Sin el debido permiso marcha al amanecer del día siguiente, poco tiempo después de llegar a su destino es sorprendido y hecho prisionero por una caballería española compuesta de 120 rifleros a caballo.

Enterado Agramonte de la funesta noticia escogió 35 jinetes y ordenó a Henry Reeve que siguiera el rastro del enemigo a marcha forzada, el que es divisado en la finca de Toño Torres o pozo de La Esperanza, cuando trasponía la cuenta del camino. Casi a la vista de los españoles El Mayor explicó a sus compañeros que era preciso: "rescatar vivo o muerto a Sanguily o perecer todos en la demanda". Sorprendidos los españoles por la furiosa carga iniciada por el capitán Palomino, apenas pudieron ofrecer resistencia organizada, dejando sobre el campo once muertos, llevándose Agramonte consigo a su querido oficial.

Cámara de Representantes En Guáimaro se creó una Cámara de representantes que tuviera el poder de nombrar y deponer al presidente de la República , esta cámara posteriormente limitó los poderes de Carlos Manuel de Céspedes y tarde lo destituyó, frenando así el curso de la guerra y por consiguiente facilitando el cese de las hostilidades sin la independencia.

Valor y lealtad
La insurrección en Camagüey es aplastada casi completamente en 1870, la mayoría de los terratenientes abandonan la lucha y el Mayor General Ignacio Agramonte es designado por el presidente Céspedes para asumir el mando en enero de 1871, lo que le permite a Agramonte convertirse en uno de los más brillantes jefes militares cubanos. Este patriota fue capaz de establecer la disciplina férrea, aunque anteriormente no estaba de acuerdo con ella, además logró tener un mando único y fue capaz de organizar fuerzas de infantería y caballería, de gran movilidad. Entre sus muchas acciones está el legendario Rescate de Sanguily, acción que fue llevada a cabo con solo 35 hombres, los cuales se enfrentaron a más de 100 españoles armados del batallón de Pizarro. Muere el 11 de mayo de 1873, en Jimaguayú preparando la invasión a Las Villas, tras lograr reconstruir las fuerzas del centro. Una emboscada lo sorprende con pocos ayudantes y una bala en una sien lo derriba. Los soldados españoles carterean el cadáver y los oficiales al reconocer los documentos, ordenan llevar el cuerpo hacia Puerto principe, donde es expuesto en el hospital de la Iglesia de San Juan de Dios, y quemado al día siguiente.

De su figura Martí expresa lo siguiente:
"Pero jamás fue tan grande, ni aún cuando profanaron su cadáver sus enemigos, como cuando al oír la censura que hacían del gobierno lento sus oficiales, deseosos de verlo rey por el poder como lo era por la virtud, se puso de pie, alarmado y soberbio, con estatura que no se ha visto hasta entonces, dijo estas palabras: Nunca permitiré que se murmure en mi presencia del Presidente de la República." (refiriéndose a Carlos Manuel de Céspedes).

martes, junio 12, 2007

El Mayor:letra

Dedicado Ignacio Agramone y Loinaz

El hombre se hizo siempre
de todo material:
de villas señoriales
o barrio marginal.

Toda época fue pieza
de un rompecabezas
para subir la cuesta
del gran reino animal,
con una mano negra
y otra blanca mortal.

Mortales ingredientes
armaron al Mayor,
luz de terratenientes
y de revolución:

destreza de la esgrima,
sucesos como un preso,
Amalia abandonada
por la bala,
la vergüenza, el amor;
o un fusilamiento,
un viejo cuento
modelaron su adiós.

Va cabalgando
el Mayor con su herida,
y mientras más mortal el tajo,
es más de vida.

Va cabalgando
sobre una palma escrita,
y a la distancia de cien años
resucita.

Trota sobre la espuma,
seguido por un mar
de negros en machete
y sin encadenar.

Ordena a su corneta
el toque de a degüello,
y a un siglo de distancia
entona nuestra canción
y con recia garganta
canta,
espantalejos
la maldición.
(1973)