domingo, abril 05, 2009

Ojala/el tiempo esta a favor de los pequeños.



Analisis de ojala

Analisis del tiempo esta a favor de los pequeños:
En Homenaje a la victoria del FMLN
Parece ser que es una canción que compuso para los hijos de Roque Dalton, sobre todo para Roquito que desapareció en la lucha, creo que estaba peleando en El Salvador ya no me acuerdo. "Roque y los demás están atentos", supongo que lo dice porque Roque ya estaba muerto en ese entonces y él, y los demás compañeros muertos, estaban presentes de alguna manera en esa lucha.

En homenaje a Peter Seeger

El concierto se realizará el próximo 3 de mayo, en el Madison Square Garden de Nueva York Se festejará el 90 aniversario del natalicio del cantante estadounidense El Financiero en línea Miami, 24 de marzo.- Los cantautores Juanes y Silvio Rodríguez participarán en el concierto benéfico y en homenaje a Pete Seeger por el 90 aniversario de su natalicio, junto a Bruce Springsteen, John Mellencamp, Joan Báez, Dave Mathews y Emmylou Harris.


Promotores del concierto informaron que la velada histórica "Creando la próxima generación de líderes de la protección del medio ambiente" se realizará el próximo 3 de mayo en el Madison Square Garden de Nueva York.


El concierto será a beneficio de Hudson River Sloop Clearwater, fundación establecida en 1966 por Seeger para apoyar la conservación del río neoyorquino. Los más de 40 artistas que participarán en duetos, tríos o cuartetos cantarán melodías del legendario cantante estadunidense, considerado también un influyente activista político y ecológico. De acuerdo con los publicistas del encuentro musical, hasta ahora también está programada la actuación de Abigail Washburn and the Sparrow Quartet, Ani DiFranco, Arlo Gunthrie, Bela Fleck y Kris Kristofferson. (Con información de Notimex/MCH)

en America Latina se acerca a cambios esperanzadores

— Xalapa, (Notimex).- El compositor, poeta, intérprete, activista, trovador y contestatario ante las injusticias sociales, el cubano Silvio Rodríguez, dijo que el mundo siempre pelea por cambios y que ahora América Latina se está acercando a transformaciones esperanzadores. En entrevista con Notimex, Rodríguez aseguró que hoy en día se han dado "cosas buenas en esta zona del mundo, como los gobiernos que están decididamente a favor de un compromiso con los pobres. Eso está clarísimo en muchas naciones latinoamericanas". Reconoció que lamentablemente "también crece el número de pobres en Latinoamérica", pero expresó que en diversas naciones se lucha desde las esferas gubernamentales para erradicar la pobreza extrema.


Rodríguez se manifestó admirador de los mexicanos. "México es un país muy especial, porque es una nación donde pueden existir varios gobiernos a la vez, eso es algo que siempre me llena de sorpresa. Hace 30 y tantos años que no venía a Xalapa y ahora la encuentro muy cambiada, para bien", señaló el trovador venido de Cuba. Relató que siempre recuerda que vino con un trovador cubano "ya fallecido, pero vivo por su aporte" de apellido Nicola, "venimos a dar un concierto ante los universitarios y como anécdota, en esa ocasión estuvo Raúl Arias Lovillo, entonces estudiante, y hoy rector de la Universidad Veracruzana".


Ahora está aquí para darse el gusto de estar presente en el homenaje que el II Encuentro de Escritores por la Tierra rinde al religioso y poeta Ernesto Cardenal (Granada, 1925), quien esta tarde recibirá el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Veracruzana junto con el vate Eduardo Galeano. Calificó a Ernesto Cardenal como "grande entre los grandes de las letras latinoamericanas, poeta de la lengua y hombre completamente identificado con la causa de los oprimidos, consecuente con sus actos y muy merecedor del homenaje que se le rinde en esta ciudad que amo entrañablemente". Rodríguez aseguró que "no sé improvisar.


Tendría que meditar para saber cómo han evolucionado las formas de protesta y la manera de presentar demandas ante las injusticias sociales de los años 70 en relación con las de 2009", ante la pregunta sobre los cambios en las voces que se levantan. Todas sus canciones, dijo, le han costado mucho trabajo. "Me meto días, a veces meses y años en el tema de una canción para poder darle letra y música. Definitivamente no sé improvisar y hoy, no vengo preparado para dar entrevistas y menos conferencias de prensa", finalizó Silvio Rodríguez.

compila el trabajo de toda una vida

Casi 400 canciones, un centenar de ellas inéditas, fotos y dibujos del trovador cubano Silvio Rodríguez forman parte de "Cancionero", el libro presentado el lunes por el músico. "Es una compilación de textos que reúne mi discografía, algunas otros de antes de que hubiera discos y otros inéditos de las cuatro décadas que llevo componiendo", dijo Rodríguez durante el lanzamiento del volumen, uno de los atractivos de la XVIII Feria Internacional del Libro que se realiza en esta capital.



A lo largo de sus 671 páginas, el volumen incluyó además algunas piezas que conformarán "Segunda Cita", la producción en la que trabaja ahora mismo y en la cual rinde homenaje al escritor colombiano Gabriel García Márquez, la compositora chilena Violeta Parra y su compatriota César Portillo de la Luz. "A los 61 (años) estoy convencido de que la música y la poesía quizá no salven al mundo, pero si lo mejoran", escribió el autor de "Ojalá", "Oleo de una Mujer con Sombrero" y "El tiempo está a favor de los pequeños".



También tiene varias decenas de fotos --de su archivo personal-- que muestran a Rodríguez en todas sus edades, desde que era un jovencito flaco y desmelenado o vestido de uniforme verde olivo pasando su servicio militar, hasta conciertos y encuentros con periodistas. Además con personalidades como Mario Benedetti, Peter Seeger, García Márquez y Andy Montañez.



No faltan imágenes poco frecuentes de sus hijos --Rodríguez suele ser extremadamente reservado sobre su vida privada-- y su actual esposa la flautista Niurka González, con quien ha realizado sus últimos discos. Mientras sobresale un retrato del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamin de 1986 y algunos dibujos del propio trovador que funcionan como "viñetas". Según los editores del libro, la "columna vertebral" del mismo está conformada por "Te Doy una Canción" publicado en 2008 en España, pero con una serie de agregados que lo hacen más completo. "Todo está en este libro", comentó, por su parte, el cineasta y amigo personal Jorge Fuentes en un emotivo discurso de presentación.

Todo el que se juega la existencia por una forma de pensar es un “necio”

Pedro de la Hoz

Desde que con aspecto de adolescente apareció con una guitarra en un casi olvidado programa de la televisión hasta los conciertos multitudinarios más recientes en diversas plazas del mundo, Silvio Rodríguez (San Antonio de los Baños, 29 de noviembre de 1946) ha sido consecuente en sus cantos y sus actos.

Renovador de la trova hacia el final de la década de los 60 junto a Pablo Milanés y Noel Nicola, su obra ha dejado una huella indeleble en la banda sonora de la vida de muchos cubanos y otros tantos jóvenes y no tan jóvenes en Iberoamérica. Entre sus numerosos reconocimientos se halla el Premio Nacional de Música 2004.

En aras de la precisión, Silvio prefirió acceder a esta entrevista por escrito. He aquí sus respuestas.

¿Guarda entre sus recuerdos el primero de enero de 1959?


En los años 50 mi padre, mi padrino y yo, en la colina universitaria, vimos a la policía de Batista cargar contra los jóvenes que bajaban con una bandera cubana desplegada. El 13 de marzo de 1956 mi abuela Isabel me sacó de mi escuela bajo una recia balacera. Por entonces, junto a mi familia, escuchaba Radio Rebelde en casa de la tía Nena, que vivía frente al Capitolio. Todo nuestro barrio de San Miguel y Gervasio sabía que en la panadería de enfrente se vendían bonos del 26 de julio. Un hijo de mi maestra de primaria, la doctora Josefa Torres, estaba alzado en la Sierra Maestra. Un año antes del primero de enero, los soldaditos de goma con que jugaba con mis amigos estaban divididos en casquitos y en rebeldes. Una de aquellas figuritas tenía una Thompson y era el Che Guevara. ¿Cómo no recordar el primero de enero de 1959?

¿Puede evocar cómo transcurrió ese día para usted y su familia?

Acababa de cumplir 12 años y me es inevitable evocar también el poema del Indio Naborí, que comienza describiendo la mañana del 1º de enero con versos realistas ―porque fue un día de cielo muy azul, especialmente luminoso. Mi madre, mi hermana María y yo habíamos ido a pasar aquel fin de año a casa de mis abuelos, que quedaba en el barrio de La Loma, en la calle Caridad número 12, a unos metros del placer de pelota de San Antonio de los Baños. Aquella mañana, desde temprano, la casa se llenó de trasiegos, porque había empezado a circular la noticia de que Batista se había ido y había una huelga general. Se pedía a los ciudadanos que se mantuvieran en sus casas, pero el júbilo era incontrolable. Los que no se lanzaron a la calle, cosa que para mí estaba vedada por la edad, pasamos el día pegados a la radio. Por la tarde mi abuelo decidió que no regresáramos a La Habana hasta que no se definiera la situación, así que nos quedamos en el pueblo un par de días más de lo previsto. Aquellos días agregados a las vacaciones de fin de año fueron el primer beneficio que me hizo la Revolución, y los empleé en reintegrarme a la pandilla de ripiosos con la que andaba y en seguir explorando el monte y el río de mi pueblo.

¿En qué medida las transformaciones revolucionarias del país tuvieron que ver con su iniciación en la música y con su obra como trovador?

El gusto por la música me llega por mi familia materna, que es especialmente musical; yo desde pequeño mostraba vocación. La guitarra y las canciones sí aparecieron cuando era un adolescente. Como muchos otros jóvenes, participé de los cambios que proponía la Revolución. Así que el origen de algunos de mis temas y enfoques habría que buscarlos en la Historia de Cuba de la década del 60 ―cuando yo hacía el tránsito de niño a hombre. De por entonces tengo mucha memoria de sucesos que concientizaban, incluso a los menores: diferentes tipos de agresiones, tiendas quemadas, bombas, propaganda contrarrevolucionaria, avionetas que pasaban tiroteando. Durante una buena cantidad de años los días y las noches eran un espectáculo encendido, muchas veces estremecedor. El país prácticamente vivía en las trincheras. Cuando la invasión por Girón me integré a las milicias estudiantiles y tocaba puertas, pidiendo latas para los que combatían. Poco después empezó la Campaña de Alfabetización, en la que participé con entusiasmo. Gracias a eso conocí la realidad de nuestros campos ―y que los alzados asesinaban niños alfabetizadores. La madrugada de octubre del 62 en que los aviones norteamericanos sobrevolaron la Isla con cargas nucleares, yo hacía guardia de dos a cuatro en la puerta del semanario Mella (Desagüe 110), con un máuser de la Primera Guerra Mundial. Los dirigentes llegaron de una reunión con Fidel y allí en la puerta dijeron que posiblemente al amanecer sería el ataque. Aquella noche también la recuerdo muy nítidamente, porque había una luna llena idéntica a las de las películas de misterio. Dos años más tarde estuve entre los que inauguraron el Servicio Militar Obligatorio, cuyas primeras experiencias fueron duras. Entre las cosas interesantes que viví por entonces estuvo conocer a Vilo Acuña y a algunos combatientes que estuvieron con el Che en África. También conocí, de lejos, a Raúl Díaz Argüelles ―que caería en Angola―, y a otros militares que iban a ser jefes durante mi experiencia por aquellas tierras, diez años después.

¿Cuándo empezó a componer canciones?


Vivencias así eran mi memoria a corto plazo y mi historia latente cuando en 1965 empecé a hacer canciones con regularidad. En 1967 ya tenía un puñado y tuve la suerte de que Mario Romeu se fijara en mí y me llevara a la televisión. Hasta ese momento mi relación con la sociedad había sido más bien armónica y los problemas que empezaron a surgir entre luces y cámaras me sorprendieron y me deprimieron. Inmediatamente, por dignidad, reaccioné y mis canciones iniciaron una especie de diálogo más complejo con lo que me rodeaba. Creo que aquello consolidó mis características como trovador y que a partir de entonces, y gracias a aquellas contradicciones, se ahondó mi compromiso con lo que hacía, al punto en que se convirtió en una razón de ser. Desde entonces todo lo que me ha pasado, para bien y para regular, ha seguido enriqueciendo mi trabajo-vida. Mucho me han servido mis avatares personales, pero más las venturas y desventuras de esta sociedad en la que he escogido vivir.

¿Cómo cree usted que la hostilidad de Estados Unidos contra la Revolución cubana ha influido en el desarrollo y proyección de nuestra música?

Me parece peregrino calcular en qué medida y en cuántas direcciones fuéramos diferentes si ese país poderoso y vecino nos hubiera tratado ―siquiera― con tolerancia. Creo que de cualquier forma la Revolución hubiera desarrollado la educación y las escuelas de arte, como estaba en sus planes e hizo. Quizá en el terreno de la música hubiéramos alcanzado aún más desarrollo, por la facilidad de intercambio y por no tener restricciones al acceso de nuevas tecnologías. No conozco un estudio ―puede ser interesante que se haga― del impacto de la hostilidad y el bloqueo en la música cubana. Como músico individual, o más bien como aspirante, recuerdo que en los años de mis comienzos era prácticamente imposible conseguir ya no un instrumento sino un humilde jueguito de cuerdas. Cierta vez conté cómo tuvimos que grabar la canción “Cuba va” con un contrabajo que en vez de cuerdas llevaba cables de teléfono. Aquellas limitaciones nos hacían razonar que era más importante tener imaginación para hacer música que buenos instrumentos para ejecutarla. Aunque eso sea cierto, en nuestro caso ese es un razonamiento desesperado, producto de las limitaciones que nos ha impuesto el bloqueo de los gobernantes norteamericanos ―que no es, como ellos dicen, contra el gobierno cubano sino también contra todo el que vive y contra todo lo que sucede en Cuba. Claro que tantas acciones contra nuestro país no solo nos han creado problemas: también nos ha identificado con la mayoría, con nuestros iguales, porque formamos parte del sur de América y del sur del mundo. Un mundo, por cierto, en el que las sonoridades cubanas siempre han corrido buena suerte.

¿Sería oportuno recordar cómo ese sonido cubano había comenzado a expandirse desde mucho antes?

Recordemos que en el siglo XIX, a la vez que comenzaban a cuajar nuestras características como pueblo, la habanera empezó a viajar y a ejercer su fascinación. A principios del siglo XX Miguel Matamoros y su trío divulgaron internacionalmente el son y la canción. Después Lecuona, desde el cine, siguió prestigiando la huella cubana y, poco después, Pérez Prado universalizó el mambo. Por entonces despuntaba Beny Moré, otro gran proyector de nuestra música. En los años 50, Jorrín, el chachachá y las canciones de amor del filin, en forma de boleros, le dieron la vuelta al mundo. O sea que cuando triunfó la Revolución la música cubana ya tenía resonancias incuestionables. Entonces lanzaron el mito de que lo mejor de Cuba se había ido. Pero la verdad fue que la secuencia de nuestra música continuó invitándonos a la creación y una vez más hubo continuidad ―ese fenómeno que a veces es analógico y otras se pelea con la tradición. La gran diferencia con el pasado consistió en que ―gracias a los planes de enseñanza y a la creación de las escuelas de arte―, el traspaso de conocimientos, que antes ocurría por privilegios de clase o por albur, se masificó, se sistematizó y se convirtió en torrente.

¿Entonces pudiera decirse que la nueva realidad favoreció la emergencia de nuevas contribuciones en la música?

Cuba es un país de talento musical congénito, pero hubo un gran salto de excelencia con la proliferación de las escuelas. Aún así algunos medios, prensa y libros del exterior de Cuba, porfiados en no reconocerle logros a la Revolución, tergiversaron ese salto. Ese estigma ha dado lugar a que durante décadas músicos de aquí ―y música hecha aquí― hayan sido segregados de concursos, festivales y otros eventos. En años recientes fue muy obvia la hostilidad, a partir de la manipulación política de eventos internacionales que fueron mudados a la ciudad de Miami.

Otro aspecto en que el bloqueo nos ha hecho daño es en el de los derechos autorales. Calculan que en los Estados Unidos hay millones que pertenecen a Cuba, sólo por la Guantanamera de Joseíto Fernández. Tampoco permiten que los músicos cubanos residentes en su propio país reciban honorarios por actuar en los Estados Unidos.

La precaria industria musical cubana tiene que hacer malabares para adquirir insumos, gracias al acoso del bloqueo. Pero ya se sabe que esas leyes no nos dejan comprar alimentos ni nada, incluso cuando un huracán nos destroza el país. Lamentablemente, también hay que reconocer que la poca valoración de nuestros progresos a veces la practicamos nosotros mismos.

No hace mucho un dirigente latinoamericano me dijo que quería estudiar y poner en práctica en su país la experiencia cubana en enseñanza artística. Me preguntó si teníamos algún manual, algún libro, algún documental, materiales que recogieran esas prácticas y las explicaran.

Cuando llegué a Cuba y pregunté, descubrí que eso no existe. Es absurdo que no tengamos registros documentales del beneficio que ha representado para nuestra cultura la enseñanza artística.

Usted cantó El necio en Santiago de Cuba, 1991, en los días del Congreso del Partido, antes de que el país se sumiera en la crisis de esa década. ¿Suscribiría nuevamente aquella declaración de principios? ¿Cree que “la necedad” se ha multiplicado, para bien, entre nosotros?

No es la primera vez que en momentos de crisis (que son a menudo) un periodista me pregunta si mantengo mi postura anterior. Por los días en que escribí El necio también me pasó. Esa canción es de cuando el derrumbe del campo socialista. Muchos habíamos invertido la vida, o buena parte de ella, creyendo y defendiendo que el socialismo es una sociedad más justa y que por lo tanto no debería fracasar. Los que vivíamos aquí confiábamos en que el nuestro era mejor que otros socialismos conocidos, aunque también distaba de ser perfecto. En aquellos días apocalípticos hubo quien entendió que se acababa todo, incluso la Historia.

El necio fue como decir: bien, puede que se haya terminado La Historia con mayúsculas, pero esta mía, aunque sea mínima, todavía respira y me da la gana de defenderla. Aún así, ante la debacle del socialismo universal no esperaba que asumiéramos una posición numantina sino una flexibilidad sincera que, a la vez, garantizara nuestros logros sociales.

Gracias a lo acontecido posteriormente, hoy por hoy quizá existan varios tipos de “necios”. “Necio”, a su manera, también pudiera ser el joven que no entiende la pelea histórica de su país, un diferendo que heredó por haber nacido aquí y que desde su perspectiva le ha sido impuesto por la suerte.

Ese joven que no asume los puntos de vista de sus padres y abuelos, que dice: esta no es mi bronca y se hace de una balsa y se lanza al mar ―o sencillamente busca la forma de emigrar―, también es una suerte de “necio”.

Al menos así lo entiendo yo, aunque personalmente, por vivencias y manera de procesar la información, me sienta más cercano al tipo de “necio” que alude la canción. Todo el que se juega la existencia por una forma de pensar es un “necio” ―lo que por supuesto no niega que unas “necedades” parezcan más necesarias que otras, según se mire.

Fotos: Kaloian (La Jiribilla)