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domingo, diciembre 29, 2024

Nuevo análisis de Quería saber

Mario A.S.

 

Discos

 

23 Diciembre 2024




Ojalá


Nota: 9.25


Comentario crítico:


Anunciaba pocas semanas atrás el trovador cubano que lanzaría un nuevo disco que recopilara las canciones que había presentado a lo largo de sus conciertos gratuitos por los barrios de La Habana. A quien los haya escuchado por YouTube le vendrán a la mente varios ejemplos, bien América, bien Para no botar el sofá... el caso es que en Quería saber figuran todas. Salvo Ángel ciego, que es del 2020, y Tonada para dos poemas de Rubén Martínez Villena, poema del año 1923, todos los cortes del álbum son de la década pasada.  


A Silvio no se le puede achacar falta de productividad. Al menos desde la pandemia. En 2020, sacó Para la espera, con diez temas inéditos y tres anteriormente presentados. Un año después, fruto de su confinamiento involuntario (como lo fue para todos), acabó de producir, mezclar, y arreglar un disco que grabó con el grupo Diákara allá por el año 1991. Así las cosas, el de San Antonio de los Baños fue al grano, pues tan solo publicó dos singles antes de que su nuevo proyecto saliera a la luz; Quería saber (que da título al álbum) y América.  


Llama la atención que dos de las canciones aquí presentes fueran ya publicadas en Para la espera, Viene la cosa y Danzón para la espera (de la que ya llevamos tres grabaciones). En el primer caso, quien escribe estas líneas prefiere la primera versión, más “sencilla”, con menos elementos, pero con el mensaje más claro. Respecto al segundo, tal vez la versión se haya enriquecido más, en forma de son montuno con mayor pluralidad de instrumentos y voces. De todas formas, y a pesar de algunos desaciertos de producción, la voz demasiado aguda de Silvio en algunos temas, los coros de Para no botar el sofá, estamos ante un grandísimo disco. 


América habla acerca de una muchacha muy atractiva vecina de Silvio Rodríguez en sus años de juventud. En palabras del propio cantautor en uno de sus conciertos “todos la soñábamos”. Por el contenido de su letra podría confundirse con un canto de resistencia hacia el continente, pero el músico cubano ya se ha encargado de disipar dudas. Musicada con gusto, arropada por flautas, con un leitmotiv inicial casi medieval, su estribillo contundente se alterna con el reposo de las estrofas y las secciones instrumentales, en el que destaca un vibráfono y un conjunto de cuerdas. 


De Viene la cosa ya hemos destacado que, posiblemente, hubiera quedado mejor con menos instrumentación, pero, en cualquier caso, sigue siendo una canción inteligente, que tiene su origen en el cartel de un barbero de La Habana, en el que se leía: “Prohibido hablar de la cosa”, para evitar, se supone, trifulcas políticas.   


De pronto la tatagua (polilla en España) es una pacífica canción, con el piano como protagonista. Está dedicada, en memoria, a Fernando Núñez de Villavicencio, médico cubano. Dentro de su aparente simpleza musical y poética, se esconde, a mi juicio, una profunda y tierna evocación al pasado.  


Para no botar el sofá, lleva el subtítulo de “canción editorial”. Es una de las críticas más fuertes y directas que haya podido hacer el trovador cubano. Es, por ello, una de esas composiciones suyas que incomodan. Como pasó en su día con Canción en harapos, El necio, o Sea señora. Esas personas, mencionadas en plural, a las que se hace referencia en la letra, que “cebaron las hogueras de la homofobia”, “aparentaron jugar duro, pero a resguardo”, o que “descalificaron canciones por diferentes” pueden ser quienes queramos que sean. De todas formas, conforme la vamos escuchando, nos hacemos una idea de a quiénes va dirigida. Si se me permite una objeción a este mayúsculo tema, en directo el estribillo, es más interesante o llamativo, pues Silvio recita algunos versos, haciéndolos más tajantes. Más allá de eso, los instrumentos, en especial el piano, interactúan muy bien con la voz. Hay talento, para sorpresa de nadie, detrás de esas conducciones y esos arreglos.  


A continuación, nos encontramos con la mencionada Danzón para la espera. Su primera versión era bonita, pero le faltaba ese empuje extra que aquí se ha conseguido. La cadencia del son montuno unida a las flautas, coros, congas, y piano, la llevan a otro nivel musical.  


El sexto corte se titula La cuota diaria en referencia a una frase atribuida a Fidel Castro (tal vez pronunciada en uno de sus infinitos discursos de siete horas): “Todos pagamos nuestra cuota diaria de humillación”. Se menciona a ciertos “impunes”, Silvio críptico de nuevo ¿o es que lo quieren todo mascado? El arreglo de los vientos (flautas, pícolo, clarinetes...) corre a cargo del propio Silvio Rodríguez. Me parece curioso que esta canción bien podría incluirse en su disco Expedición (2002). Por su instrumentación y progresión de acordes, y sus calmadas secciones instrumentales que se alternan con la voz. En definitiva, todo funciona aquí. La letra, en sintonía con lo solemne de la música, es resignada y estoica (“Los impunes me echaron la jauría y entre nuevos colmillos me abro paso”).  


Avanzando en la escucha, llega Ciudad, una original propuesta, pues la narración se desarrolla desde el punto de vista de una urbe, con todo lo que eso conlleva; el paso del tiempo, los habitantes que van muriendo, etc. Es muy emocionante por las verdades que dice. Abre con un nostálgico riff de piano, dinámico desde el punto de vista rítmico, y poco a poco se van sumando flauta y percusiones, hasta llegar a la voz.  


Posteriormente, llega como contraste una canción que Silvio dedica a su nieto Diego: Nuestro después. Emociona no menos que la anterior. Habla del legado, de la posibilidad, por parte del pasado, de repercutir en el futuro, de trascender, en última instancia (“Me pregunto quiénes contarán lo que fue, lo que fuimos”. “Qué memoria tendrá nuestro después, [...] y cuán fuerte será nuestro después en su suerte”). Y digo lo del contraste por su minimalismo. Apenas una guitarra, la voz principal, y una segunda a cargo de su hija Malva.  


Llegamos casi al final del disco con el track principal: Quería saber. De nuevo, el son se hace presente. Aquí Silvio no solo canta y toca la guitarra, sino que también ejecuta algunas percusiones y una vihuela. Es una de las composiciones con mayor contenido filosófico en su esencia más genuina, las preguntas. El cantautor cubano puso “proa al horizonte”, quizás, por su condición de isleño, como ha señalado él en alguna ocasión. Y es que, la interrogación, si no más importante, fundamental de alguien que vive en una isla es ¿Qué habrá más allá del horizonte, del mar? De ahí que quiera saber si “tras la línea que está lejos, donde se despierta el sol, sería grumete, marinero, timonel o pescador”.  


La penúltima canción de este álbum es Ángel ciego. Uno de los puntos que más le llamará la atención a cualquiera que conozca bien la música cubana es el inconfundible piano de Frank Fernández, que también se encarga aquí de la orquestación. El octogenario músico ya trabajó, en su día, no solo con el propio Silvio Rodríguez, sino también con el inmenso Pablo Milanés (y con ambos cuando los dos últimos eran amigos y compañeros musicales). La letra es pesimista, y vuelve a evocar la figura del ángel, que ya le dio tanto juego al compositor cubano en discos como Cita con ángeles o Segunda cita.  


Cierra este fantástico trabajo Tonada para dos poemas de Rubén Martínez Villena, del citado e infravalorado poeta cubano de principios del siglo XX, al que, por cierto, le tocó vivir la dictadura de Machado. Murió joven de tuberculosis, y su producción fue escasa, pero magnífica. Estas cuartetas alejandrinas están musicadas con sabiduría, el solo de flauta es soberbio, y el uso del tres le aporta dinamismo. Lo meritorio aquí es, como ocurre en tantas composiciones de Silvio, cómo complejiza, melódica y armónicamente, una simple progresión de acordes, tanto si está él solo junto a su guitarra, como cuando está acompañado por músicos de primer nivel. Partiendo de las dos estrofas presentes consigue entregar una magnífica pieza musical de algo más de cinco minutos.  


En resumidas cuentas, Silvio Rodríguez sigue a su mejor nivel. Ha evolucionado desde aquel lejano y digno LP Días y flores, trabajando con diversas agrupaciones y explorando todo lo que la música puede ofrecer con acierto y singularidad. Sospecho-y espero-que nuestro querido trovador no ha dicho su última palabra, y que aún le queda alguna inquietud que calmar, componer, y grabar. De momento, nos ha regalado otro disco magistral, y eso que, a sus 77 años, ninguna obligación tenía. Siempre lúcido, reflexivo, y visionario. Que nos dures, Silvio. 

sábado, septiembre 14, 2024

Nuevo análisis de quería saber


Visti Cárdenas


12.08.2024


13 min. de lectura


Silvio Rodríguez ha sobrevivido a todas las décadas, esté mala o buena la cosa, suba o baje el dólar, gane o pierda Industriales. Desde hace muchos años tiene autonomía: no depende de las disqueras, tiene su propio estudio; no está pendiente del marketing ni de las campañas de lanzamiento; tiene las redes sociales, y el streaming le viene como anillo al dedo. Tampoco depende de hacer música para una telenovela (que parece ser casi la única forma en que una canción que no sea urbana se pegue ahora mismo), aunque haber hecho la música de El Balcón de los Helechos, a principios de siglo, fue bueno para él y para la novela. Ni siquiera está a la merced  de bares privados, ni teatros estatales en los que presentarse. Él mismo creó una “gira interminable” por barrios desfavorecidos, como si fuera un teatro vernáculo ambulante, totalmente gratis, demostrando que aun ejecutando su obra en “la marginalidad”, Silvio sigue siendo Silvio.


Acompañado por grandes músicos que provienen de géneros como el jazz o la música clásica, de este ejercicio performático y creativo han surgido muchas nuevas obras que siguen el hilo poético y musical de sus clásicos del siglo pasado; pero sobre todo, los arreglos de las obras han aprovechado los recursos tímbricos de los demás instrumentos, dándole un halo de modernidad, sin perder su estilo. Porque, como suele pasar con los colosos, tiene una base de fans bastante tóxica que no quiere que cambie, que se reestructure, que rompa sus esquemas. A pesar de esto, siempre tiene un as bajo la manga.


Pero, ¿cómo suena lo nuevo del viejo Silvio?


Su álbum número veintidós se titula Quería saber. Grabado en los estudios Ojalá del propio Silvio, se estrenó en las plataformas digitales el pasado 7 de junio y está conformado por 10 canciones compuestas en el siglo XXI y una del XX (Tonada para dos poemas Rubén Martínez Villena), que ya había grabado años atrás y retoma con una versión más fresca. También recicla otras dos canciones del álbum Para la espera (2020), pero con arreglos más enriquecidos, que son Viene la cosa y Danzón para la espera.


En la mayoría de las canciones figuran en la guitarra y voces, Silvio Rodríguez; al piano Jorge Aragón, en la batería, congas y percusiones, Oliver Valdés; en los teclados, Emilio Vega; Jorge Reyes al contrabajo; el tres a cargo de Maykel Elizarde; en las guitarras segundas, Rachid López; y en la flauta, clarinete y coros, Niurka González. Son, además, el focusgroup y crew de Silvio en sus giras (tanto internacionales como locales), un equipo de trabajo que ya casi es una familia y resulta fundamental en la sonoridad del disco.


Salvo dos canciones intimistas, es un álbum de corte bien social. Silvio ha pasado por varias etapas, pero es un creador de su tiempo. El país al que cantaba cuando escribió “Vivo en un país libre” ya no existe.*


El fonograma rompe con América y, a diferencia de otras dos célebres canciones con el mismo título —una de Nino Bravo y otra de José Luis Perales, que son una oda a las bellezas naturales geográficas, desde el punto de vista europeo, y de amores exóticos—, esta habla en otro sentido, para nada ingenuo, sobre la América actual desde la mirada de alguien que vivió una generación distinta. La mayoría de las canciones de Silvio de temática social parecen de amor, y viceversa. El arreglo tiene muchos de los elementos rítmicos del folklor latinoamericano; en cuanto a la armonía hay algunos momentos climáticos, que se logran a través de contactos y modulaciones no muy comunes. Los apoyos de la percusión en los platillos, hi hat y caja, junto a las células de marcha militar, le aportan mucho color al cuerpo del tema. La flauta de Niurka hace un contracanto de estilo responsorial y los demás instrumentos cumplen un rol acompañante. Sobresale en la introducción la guitarra española, que recuerda un poco a las obras de Agustín Barrios Mangoré para este instrumento; y el tres de Elizarde le da ese aire barroco similar al timbre de un clavicordio, uniendo lo europeo con lo indígena.


Viene La Cosa, como mencioné antes, ya aparecía en su antepenúltimo trabajo fonográfico; en aquel caso el arreglo era a guitarra y voz. A pesar de ser un gran tema que habla sobre el fin de la doble moral y fantasea con el advenimiento de una utopía humana donde la sinceridad sea la moneda de cambio, el concepto musical aquí es otro. Si bien la célula del son era lo que arropaba el acompañamiento de la primera versión, en el arreglo para el álbum Quería saber se nota la influencia del blues, que crea una sonoridad muy interesante por la fusión de los dos géneros, como en algunos trabajos de Van Van donde la música cubana y anglo convergen. Me recuerda un poco los sones bluseados que interpreta Frank Delgado, o que popularizaron los de Habana Abierta; quizás no es casualidad. El caso es que Viene la cosa se las ingenia para jugar con el argot de “la cosa”, un código muy cubano: la cosa pudiera ser “cualquier cosa”.


De Pronto La Tatagua es una de esas canciones conmovedoras, que perfectamente pudieran ser infantiles, pero van mucho más allá, como la conocida El reparador de Sueños. Particularmente es la que más me gusta del disco. Como si fuera una nana, la guitarra acompaña la historia contada a través del lente de la tatagua: una mariposa bruja, cuya visita simboliza muchas cosas en la cultura popular, presagiando lo mismo cosas buenas que malas. Como si fuera la cámara de una película, es más importante lo que sucede alrededor de la tatagua que la tatagua en sí. La ausencia del estribillo y su sustitución por un puente de coro en modo frigio diciendo “Oh”, le confiere a La Tatagua la ligereza del vuelo breve de esta mariposa invasora.


Para No Botar El Sofá (canción editorial) tiene muchas lecturas, yo la veo como una canción protesta, una de verdad. El título hace referencia a una escena del costumbrismo, donde el cornudo en vez de terminar la relación con la infiel, bota el sofá donde ocurrió la traición. El tema fecha del 2016, pero si fue seleccionada para este álbum imagino que es porque el contexto no ha cambiado, o más bien ha empeorado. Tiene referencias a La era, del mismo Silvio, pero de manera desilusoria. La desilusión es un tema recurrente en muchos creadores, y en la esfera política aún más, ya que despierta pasiones que ni las relaciones más intensas llegan a igualar. En un mundo polarizado y con el caldo de cultivo perfecto para los extremismos políticos, estas canciones surgen de manera orgánica. También resalta en el tema la denuncia de la homofobia y la censura. La música y el arreglo beben de distintas fuentes: primero comienza a guitarra con el estilo característico de Silvio, los arpegios y las armonías modales trovadorescas que recuerdan más al juglar medieval que al trovador de los 30 de la República. Luego el tema rompe el estribillo en una suerte de chachachá con rock, con un groove en el drum estable, y los motivos en la flauta de Niurka emulando el estilo de Richard Egües. La mezcla da como resultado una suerte de cruce entre La Aragón, Led Zeppelin y The Beatles en su época más experimental, con una armonía llena de cadencias de engaño y acordes napolitanos que juegan con los modos y las tonalidades con sus relativas directas. Silvio nunca ha ocultado su influencia de la música británica, aquí está presente en todo su esplendor, pero con tumbao. En la parte B de la canción, previa al estribillo, regresa a la tranquilidad de la guitarra pasiva y la flauta que simula la calma antes de la tormenta, para luego romper de nuevo con violencia en los coros. Destacan también en la tímbrica una vihuela tocada por el mismo Silvio y un vibráfono, a cargo de Emilio Vega. Es una canción rara, pesada y muy estimulante, como nuestra realidad.


Danzón Para La Espera ya estuvo incluida en el álbum Para la espera, pero, como mismo sucedió con Viene La Cosa, en aquella ocasión el arreglo también era a guitarra y voz; y en la versión para el nuevo álbum el tema gana musculatura. Es quizás la canción del álbum con más influencia de la trova tradicional, como aquellos danzones donde sorprendía el montuno, a lo Matamoros. Con el estilo de la orquesta Failde, destacan en la interpretación el piano de Jorge Aragón y el ritmo sincopado. Rompe con un break la parte del montuno con el coro que anuncia que “Se va el danzón… —quizás como un guiño al Manisero de Moises Simons—; luego continúa el verso “…cuando del monte baja un son” y le da entrada al otro género en lenguaje metamusical. No hay mucho más que decir, una canción de amor a la música de goce y descarga, el tema bailable del disco.


La Cuota Diaria es la canción del álbum que modifica por completo el formato que viene usando Silvio. El acompañamiento se basa principalmente en un arreglo para quinteto de viento, donde Niurka interpreta todos los instrumentos, gracias a la multipista (Piccolo, flauta, flauta en sol, clarinete y clarinete bajo). Tiene una sonoridad muy renacentista y es una especie de huevo de Pascua sorpresa que uno se encuentra escuchando el disco. Sobre la temática solo adelanto que los primeros versos dicen: “Los impunes me echaron la jauría, y entre nuevos colmillos me abro paso; pero soy de mi día con mi pecho, y mis brazos, y mi sangre corriente todavía: mi Parnaso”. Es una canción optimista, y retadora.


Ciudad es una canción a La Habana, como tantas otras que se han hecho (y en verdad que hay muchas: Habáname, de Carlos Varela, Sábanas Blancas, de Gerardo Alfonso, Hermosa habana, de Los Zafiros, por solo citar unas pocas). Pero esta canción está cantada no desde la narración en tercera persona de alguien que evoca la ciudad, es la ciudad misma cantando con voz propia, como si tuviera vida. No es extraño que sea dedicada a Eusebio Leal. El arreglo tiene como base un bolero adelantado, con algunos bloques en el timbal golpeando el aro. En los puentes recuerda un poco a las bachatas noventeras de Juan Luis Guerra.


Nuestro Después es un son a guitarra y voz que habla sobre la migración masiva de las nuevas generaciones y la preocupación por el futuro del país. Dedicada a su nieto Diego, es una canción filosófica que reflexiona sobre quiénes contarán la historia si se van todos. La segunda voz la hace Malva Rodríguez, su hija más pequeña, que le aporta un registro agudo y juvenil. Tiene una modulación interesante al modo mayor en el coro que le da brillo y fuerza, antes de caer de nuevo en la parte triste de la estructura. Un son que no es precisamente para bailar.


Quería Saber es la que le da título al álbum; en palabras de Silvio, se debió haber llamado en realidad “Quiero saber”, en presente. Es una canción que habla sobre el viaje de la vida y de cómo, a través de la historia, el hombre ha aprendido, gracias a esa herramienta humana que es la curiosidad. En esta ocasión, sobre la base de un ritmo afro parecido a un yambú, utiliza un formato de cuarteto de cuerdas. El timbre de clavicordio del teclado le da también esa sonoridad barroca, que antes ya había utilizado. Hacia el final de la canción Silvio se vale de un filtro en la voz para distorsionarla y darle un efecto artificial. Encierra muy bien el concepto del álbum, es una canción autobiográfica y llena de referencias.


Ángel Ciego tiene el arreglo y acompañamiento de Frank Fernández. El tema de los “ángeles” es un símbolo muy recurrente en la obra de Silvio, un leitmotiv que protagoniza canciones como Ángel para un Final, Cita con Ángeles. Tiene un puente instrumental donde el chelo de Alina Neira toma protagonismo, y en la coda regresa y hace un contracanto con el piano, antes de despedirse. Melancólica y breve, Ángel Ciego es la antesala para el fin del último acto del álbum.


Tonada para dos poemas de Rubén Martínez Villena es un clásico de Silvio y la letra es uno de los poemas más conocidos de Villena. Muchos recuerdan aquella primera versión con un Silvio muy joven y, entre muchos otros genios como Eduardo Ramos y Leoginaldo Pimentel, estaba Emiliano Salvador en el piano haciendo frases de jazz tremendas. En esta ocasión retoma el tema y cambia el arreglo un poco, pero mantiene la esencia con los músicos que lo acompañan, que si bien no son los mismos de aquel Grupo de Experimentación Sonora al cual el mismo Silvio perteneció, son de los mejores de esta generación.


Y con esta canción cierra este viaje, por si “querías saber” cómo terminaba. Silvio no es como la Coca Cola, él es un artista, y acaba por sorprenderte siendo él mismo, que de por sí es algo bastante excepcional, ya que es de los buenos de siempre; como Scorsese, como Miyazaki, que todavía pueden dar más, porque la nostalgia es más fuerte que la innovación; y no es la historia que se cuenta, sino quién y cómo. Ojalá no sea el último álbum que nos regale el aprendiz.


* una versión original de este texto incluía la siguiente expresión: «El país al que cantaba cuando escribió “Vivo en un país libre” ya no existe; al punto que ha dicho recientemente durante una entrevista: “Ahora me siento incómodo cantando esa canción”.

Visti Cárdenas

Músico, compositor Humorista, dice él... Papá de dos gatas, fiel. Hijo de Aleida y cantor.


Enseñando carátula de quería saber


 

Ávidas exploraciones de Silvio Rodríguez

Revista Bohemia Sahily Tabares
Al recordar visualmente sus giras por los barrios emergen estrategias sobre el conocimiento de lo social. Nunca serán recónditos los gozos al recrear tantas bellas y sugerentes canciones acompañado por otros músicos en comunidades donde el arte alumbró imaginaciones, disfrutes y vidas. Por eso, ahora, no traemos a la mira públicos diversos, participativos; sino múltiples satisfacciones al pensar los significados de una discografía tarareada por Cuba sin límites fronterizos.
Cada escenario en el barrio fue un estimable desafío. / Yasset Llerena
Cada escenario en el barrio fue un estimable desafío. / Yasset Llerena

Canta y dice lo que piensa con su corazón autocrítico. Silvio Rodríguez Domínguez (San Antonio de los Baños, 1946) descubre poderes intangibles en apartados recónditos del alma. Lo reconocen generaciones, es uno de los más importantes compositores e intérpretes de la Nueva Trova Cubana. Nunca complaciente, nutre poéticas y sonoridades al adentrarse en las complejas rutas de las músicas contemporáneas. Así de ancho, jamás ajeno, concibe el mundo propio, los comportamientos, sin atestiguar seco y cortante: esta es la única verdad. Siendo él mismo verdadero descubre ideas, pensamientos, afanes.

¿”Algo” nuevo aporta Silvio en el álbum Quería saber, ubicado en las principales plataformas digitales y en el imprescindible sistema de la Radio Cubana? Al conectarnos sabidurías, conocimientos e interrogantes afines al ser humano, fortalece nexos antiguos de larga data, tal vez poco percibidos o no en justas dimensiones. Desde la visión estética esos vínculos implican relaciones entre símbolos y referentes, que no son directas o inmediatas, aparecen en las construcciones de sentido elaboradas por quienes oyen, disfrutan o se aprenden piezas hermosas, “raras”, provocadoras. Recordemos, UnicornioÉrase que se eraEl pintor de las mujeres solesSueño con serpientes… En fin, así es, suele ser. Inolvidable resplandece cierta confesión, añeja, publicada, deviene abrazo: “La escuela de un cantor puede comenzar en las tonadas con que nos duermen las abuelas y con las melodías que escuchamos salir de la cocina mientras nuestra infancia corretea”. Alerta al otro, a la otra, al vecino, y su lenguaje sencillo lleva en sí, implícito, el discurso antropológico y presenta la cultura como una articulación de historias, intrincados tejidos narrativos de interacciones sociales.

Lo acompaña Niurka González, flautista de reconocida calidad artística. / Yasset Llerena
Lo acompaña Niurka González, flautista de reconocida calidad artística. / Yasset Llerena

La sensibilidad y la facultad de sentir alimentan las ávidas exploraciones de Silvio. Satisface rememorar sus giras por los barrios. Despejaron caminos, senderos, laberintos. Incluso activó ¿cómo pensar en términos de cultura artística? Sí, también abrió esa vía y otras; el pensamiento crítico-reflexivo, ecuánime, asumido desde el quehacer responsable ofrece nuevas fuerzas a la dignidad personal, solidaria, sin ningún tipo de dobleces.

Lo bien dicho nunca es viejo. Motivan el pensar reflexiones suyas expresadas hace algún tiempo en exclusiva con BOHEMIA. Al comentarle sobre el mercado, la estandarización de los gustos impuestos por los monopolios y la incidencia de ambos en el progreso de la música, expresó: “Todo lo que es vendible acaba transformándose en industria. Predomina una mentalidad de obtener ganancias en todo hasta en la cura de las enfermedades. La música también es comercializable, ha inflado un mundo fabuloso basado en la ilusión, aunque dentro de eso también hay expresiones de verdadera calidad. Hoy muchos artistas que son conscientes en el mundo, toman partido por las causas justas, gente con dignidad. Esto nos salva”.

Para él, “la principal fortaleza de la cultura cubana es su propia existencia, su origen, su autenticidad y su eclecticismo. La principal debilidad es que los medios que la difunden no pueden sustraerse de imitar a la cultura hegemónica. Todos los programas superestelares que surgen son calcos de los shows de moda en el mundo. Hay una especie de complejo de aldeano que ni los más fervientes adoctrinamientos han logrado reducir, ¿por qué será?”.

Cada escenario en el barrio fue un estimable desafío. / Yasset Llerena
Cada escenario en el barrio fue un estimable desafío. / Yasset Llerena

Presto a desafíos de conquistas perennes se mantiene insomne y atento a la memoria. “José Zacarias Tallet dijo que hay poesía hasta en la catalina de una bicicleta, creo que la poesía puede estar en todas partes”. La aguzada filosofía del creador jamás duerme.

“Vivimos en un mundo cada vez más disparatado donde los más poderosos en vez de impartir orden basado en la justicia, roban, matan, bloquean, dan muy malos ejemplos. Y la gente parece aprender más rápido de lo malo que de lo bueno. Sobre esto siempre recuerdo cuando un 4 de abril Fidel le hablaba a los jóvenes y les decía que el ocio era espontáneo y la virtud había que cultivarla. Es mucho lo que nos falta por cultivar a todos”.

Dialogar y dialogar, sí, lo propone en piezas memorables de todos los tiempos. Agucemos los sentidos ante su darse al pueblo, a la comunidad, al espacio pequeño y grande del hogar y de las familias. Alumbra la fiesta de la creación, tiende puentes, vivifica el barrio donde soñamos ser mejores con los pies en la tierra reconociéndonos cuando decimos futuro.


viernes, julio 26, 2024

Cómo es el nuevo disco de Silvio Rodríguez

 

El cantautor cubano entrega once nueva canciones que le hacen honor a su estilo y que parecen haber estado siempre ahí. Fiel a su trayectoria, juega con sutileza en esa frontera difusa entre los vínculos amorosos y los tiempos políticos.


Por Sergio Sánchez


11 de junio de 2024 - 09:45


Un clásico. Cada disco de Silvio Rodríguez suena a clásico. Por su particular forma de tocar la guitarra –familiar y virtuoso-, por su característica voz nasal y para nada estandarizada, por la potencia de su poética –esa mezcla de amor, reflexión política y carácter universal- y por su capacidad para tejer melodías amables y adhesivas que vencen al tiempo. En su nuevo disco, Quería saber (2024), el cantautor cubano entrega once nuevas canciones que le hacen honor a su estilo y que parecen haber estado siempre ahí. De hecho, algunas no son tan nuevas, porque Rodríguez las ha tocado en los conciertos gratuitos que brindó en Cuba en su famosa Gira por los Barrios. Un formato que trajo a Argentina en dos oportunidades: Villa Lugano (2015) y Avellaneda (2018).


Grabado en los Estudios Ojalá, La Habana, Cuba, entre 2019 y 2024, el disco nuevo incluye canciones escritas en este siglo, a excepción de “Tonada para dos poemas de Rubén Martínez Villena”. Por eso, el músico barajó dos nombres posibles para el álbum: Canciones del siglo XXI y Después. “Por último, me he decidido por Quería saber. Aunque quizá debería llamarse Quiero saber, porque eso es lo que me mueve”, señala en su web el cubano, siempre con la inquietud a flor de piel y abierto a las grandes preguntas del mundo, como se evidencia en clásicos como “El escaramujo”. En esa misma línea, en la canción que da nombre al disco, canta: “Quería saber si tras la línea que está lejos/ Donde se despierta el sol sería grumete, marinero/ Timonel o pescador/ Quería saber aunque no siempre comprendiera todo lo que yo quería saber”.


La primera canción del disco, “América”, juega con ésa ambigüedad que ya forma parte de su sello personal: ésa frontera difusa entre los vínculos amorosos y los tiempos políticos. “La luz me guarde del abrazo de América, de su mirada, de su hechizo de amor/ De madrugada se oye el llanto de América, y se parece al dolor”, canta en "América", una canción dedicada a una “muchacha muy bella” que vivía por su barrio y que “encantaba” a todo el mundo. “A mí siempre se me juntó todo en la misma canción: empezaba cantando a una mujer y acababa refiriéndome a una guerrilla”, le dijo a este diario en 2016.


A diferencia de la austeridad sonora de su disco anterior, Para la espera (2020), que había sido grabado con guitarra y voz, el cubano eligió en este disco registrar las canciones en formato banda, con abundante instrumentación y una mayor variedad de climas sonoros. En el grupo, se destacan los aportes en piano de Jorge Aragón y Frank Fernández; la batería de Oliver Valdés; las congas de Emilio Vega; el contrabajo de Jorge Reyes; las flautas, clarinetes y coros de Niurka González, y la sección de cuerdas: Alina Neira (violoncello), Javier Cantillo, Anabel Estévez, Aylin Pino y Jenny Peña (violines); Gretchen Labrada y Osvaldo E. Castro (violas), y Roberto Carlos Ramírez y Carolina Rodríguez (cellos).

De hecho, el músico volvió a grabar dos canciones que ya había incluido en el trabajo anterior: “Viene la cosa” y “Danzón para la espera”. Pero esta vez lo hizo con nuevos arreglos, con una impronta más colectiva y celebratoria, sobre todo la segunda canción, que invita a bailar en algún rincón de La Habana. Otra de las canciones bastantes conocidas de su repertorio, pero que nunca había grabado en estudio es “De pronto la tatagua”, una composición que remite a la leyenda de una mariposa que cada vez que aparece significa un presagio de la muerte de un familiar o un acontecimiento desafortunado.

Una de las canciones más sociales y políticas del disco, tal vez, es “Para no botar el sofá”, en la que el músico denuncia la emigración en masa, la homofobia, la intolerancia y la censura en su país. "Los vi cebando las hogueras de la homofobia,/ en nombre de falsas banderas y tristes glorias", canta el trovador. “Me refiero a cosas que nos traban, que nos entorpecen, que en vez de liberarnos nos atan, nos complican. Algunas fueron culturas heredadas, como el machismo y la homofobia. Otras han sido sacralizaciones absurdas de un sistema de pensamiento que comenzó un alemán cuya divisa, según él mismo, era dudar de todo”, le dijo a la agencia EFE hace unos días.

Luego, el disco ofrece canciones cargadas de melancolía, reflexión existencialista e imágenes cotidianas –fiel a su estilo, sí- como “Ciudad” (“yo vi tanto llover y vi tanto escampar/ pero nunca sabré lo que falta mirar/ Mi mañana tendrá, cierto viejo sabor/ mi mañana será de placer y dolor”), el son “Nuestro después” (“Cuando se van los hijos, los nietos y el futuro/ Nos quedan acertijos, nos mira el lado oscuro”) y la templada “Ángel ciego” (“Y pasan verdes y maduras de persistente soledad,/ y el ángel ciego sigue en su altura cuando ya es polvo la ciudad”.

En su sitio oficial Zurrón de Aprendiz, el trovador de 77 años cuenta que la única canción que no es de este siglo es la que cierra el disco: “Tonada para dos poemas de Rubén Martínez Villena”. “Compuse esta música a principios de los ‘70, cuando Roberto Fernández Retamar me pidió que hiciera un disco con poemas de Martí y le dije que no me atrevía, por la calidad de los que habían salido con la autoría de Pablo Milanés, Sara González y Amaury Pérez”, explica. “Entonces, Roberto me sugirió que lo hiciera con poemas de Rubén, poeta y revolucionario de los años ‘30, que ambos admirábamos. Logré ‘musicar’ algunos de sus versos, pero lo único que decidí mostrar fue mi acercamiento a estas dos intensas cuartetas alejandrinas, tan vigentes”.


“Por entonces grabé una versión con Emiliano Salvador, Eduardo Ramos y Leoginaldo Pimentel, integrantes, como yo, de aquel remoto Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (GES)”, precisa Rodríguez. “Creo que esta nueva versión también vale la pena, por los excelentes músicos que me acompañan. Las demás canciones, las actuales, las canté en muchos conciertos de barrio. Y creo que son como este joven y maltrecho siglo, al que espero que un buen día le crezcan las alas”.

viernes, mayo 24, 2024

Nuevo álbum de Silvio Rodríguez: QUERÍA SABER

 


El próximo viernes, 7 de junio, se presentará en las principales plataformas digitales de música, el álbum Quería saber, de Silvio Rodríguez.

Previo al lanzamiento estarán disponibles los sencillos: Quería saber (24 de mayo) y América (31 de mayo).



Les compartimos las palabras de Silvio Rodríguez sobre el álbum:


Es difícil ponerle nombre a un disco. Primero iba a ser Canciones del siglo XXI (menos una). Después pensé en Después. Por último, me he decidido por Quería saber. Aunque quizá debería llamarse Quiero saber, porque eso es lo que me mueve.


La única canción que no es de este siglo es la última, o sea: Tonada para dos poemas de Rubén Martínez Villena. Compuse esta música a principios de los 70s, cuando Roberto Fernández Retamar me pidió que hiciera un disco con poemas de Martí y le dije que no me atrevía, por la calidad de los que habían salido con la autoría de Pablo Milanés, Sara González y Amaury Pérez. Entonces Roberto me sugirió que lo hiciera con poemas de Rubén, poeta y revolucionario de los años 30, que ambos admirábamos. Logré musicar algunos de sus versos, pero lo único que decidí mostrar fue mi acercamiento a estas dos intensas cuartetas alejandrinas, tan vigentes! Por entonces grabé una versión con Emiliano Salvador, Eduardo Ramos y Leoginaldo Pimentel, integrantes, como yo, de aquel remoto Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (GES). Creo que esta nueva versión también vale la pena, por los excelentes músicos que me acompañan.


Las demás canciones, las actuales, las canté en muchos conciertos de barrio. Y creo que son como este joven y maltrecho siglo, al que espero que un buen día le crezcan las alas.


Silvio Rodríguez Domínguez


Febrero 29 de 2024


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Músicos:


Guitarra, vihuela, percusiones y voces: Silvio Rodríguez


Piano: Jorge Aragón y Frank Fernández (en Ángel ciego)


Batería y percusión: Oliver Valdés


Vibráfono y congas: Emilio Vega


Contrabajo: Jorge Reyes


Tres: Maykel Elizarde


Guitarra: Rachid López


Flautas, clarinetes y coros: Niurka González


Violoncello: Alina Neira


Violines I: Javier Cantillo y Anabel Estévez


Violines II: Aylin Pino y Jenny Peña


Violas: Gretchen Labrada y Osvaldo E. Castro


Cellos: Roberto Carlos Ramírez y Carolina Rodríguez


Coros: Malva Rodríguez


Ficha técnica:


Dirección musical y producción: Silvio Rodríguez


Grabación y mezcla: Olimpia Calderón Arias y Merlín Lorenzo


Grabación: Jerzy Belc (Danzón para la espera) y Juan Carlos Delgado (Ángel ciego)


Masterización: Orestes Águila


Asistente de producción: Juan Mario Chávez


Auxiliar: Orlando Valdés


Foto: Daniel Mordzinski


Diseño: Arístides Torres


Grabado en los Estudios Ojalá, La Habana, Cuba, entre 2019 y 2024.