Hace un rato me crucé con un video de Peter Capusotto, la policía y la represión. El segmento muestra con una crudeza bastante tierna una problemática muy contemporánea: el padre de un policía le pide disculpas a un manifestante porque su hijo le tiró gas pimienta.
Capusotto es un poco mucho la miseria cotidiana y ese fragmento muestra la tensión incómoda entre defender el status quo como cosa genuina y las razones por las cuales un policía se vuelve policía.
El tema es complejo porque dentro de las fuerzas policiales hay mucha clase trabajadora o de los sectores más vulnerables de la sociedad. Ser policía es un trampolín directo al progreso y si además te gusta el poder, un arma en la cintura viene muy bien para su ejercicio. Pura ganancia.
En épocas en donde las redes se llenan de videitos de gente que los mira a los ojos y le habla, ese cruce entre el cuidadano de a pie y las fuerzas de seguridad queda marcado por la tecnología y la conciencia de clase. Y cada vez que sucede, sacamos al menos una conclusión: la empatía no tiene nada que ver con las cachiporras.
Los intentos heróicos de contacto visual se representan con desesperación en las redes sociales mientras que del otro lado la violencia estatal se festeja porque, en definitiva, parece ser exactamente lo que votaron.
Como funcionaria de seguridad poder negar una situación de violencia estatal nunca fue tan fácil, solo necesitás negarlo. ¿Aunque hayan imágenes que lo confirmen? Aunque hayan imágenes que lo confirmen.
Y si bien creo que abortaría si saliera policía, los videos de gente habándoles e intentando convencerlos de que elijan otro destino o que sean, al menos, lo menos canas que puedan ser, emocionan.
Pienso que en ese intento tan directo y casi anacrónico que es hablarle a los ojos a alguien, queda explícita la idea de la revolución como anhelo colectivo. Esas ganitas locas de que aún en los momentos más difíciles, todavía haya chances de que vos, maldito policía, cambies de opinón y dejes de ser tan antipueblo.
Hay una canción de Silvio Rodriguez que resuena en estos días y cristaliza esa sensación de esperanza áspera que dan esos cruces tan tremendos. Porque aunque esté todo tan picado y pueda parecer necio, creer que siempre se puede hacer algo más, es un poquito cambiarlo todo.
Que tengan lindo domingo.
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