Miles de jóvenes siguen teniendo de referente a Silvio Rodríguez y eso es ya una victoria de la consecuencia y de la cultura. Pero Silvio nos miraba a todos pidiéndonos más, nos volvía a comprometer frente a la dureza de las derrotas, de los imperios asesinos, de las promesas incumplidas y de todo lo que ya no pudo ser
Concierto de Silvio Rodríguez en La Habana - Foto: Kaloian Santos Cabrera / OnCubaNews
Pedro Jorge Velázquez
23/09/25 |Actualizado: 23/09/25 | 18:15
No pararon los viejos automóviles, remendados mes tras mes para que sigan rodando; no bajaron los precios de los huevos ni del pan: «ese señor rudimentario», no recogieron los basureros de Centro Habana ni los mendigos dejaron de registrarlos para alimentarse, no hubo corriente eléctrica en la mayoría de barrios del país; pero cantó Silvio Rodríguez, y todo lo que se ha ido perdiendo tras la guerra económica más brutal de la historia de Occidente, volvió a brillar, volvió a ser de color azul como todos los unicornios que buscamos, volvió a llamarse verdad.
Silvio pertenece a una Cuba que se añora cada día: la de aquellos grandes esfuerzos que ni las más feroces campañas de propaganda podían opacar. Era la Cuba de las luces y las sonrisas, de la rebeldía triunfante y las barbas, de los riesgos y las gestas cotidianas, de las locuras y los sueños, de la lucha de la mujer y por la mujer, del humilde y por el humilde.
Foto: Kaloian Santos Cabrera / OnCubaNews
Es la Cuba que hoy sostenemos a fuerza de recuerdos y esperanzas, nostálgicos de lo que podía haber sido cuando vemos el declive del optimismo, la incertidumbre económica, las migraciones masivas, el aumento de la desigualdad y la inflación, el bloqueo tajante y sonante, la desconexión del cubano común por opinar y ser parte de las soluciones, la falta de creatividad y carisma de la mayoría de los “líderes”, las justificaciones que van y vienen, la desconfianza que va creciendo: inercia para mal.
Pero todo volvió con él.
Y todo fue otra vez lo real maravilloso.
"Gracias a los invisibles imprescindibles que a fuerza de duro trabajo montan y desmontan todo esto para que nos juntemos y cantemos y nos suban las ganas de continuar estudiando, trabajando y amando. Gracias a los que están, sí; pero también a muchos que no están"
Esta isla, cada vez más agotada, aún luce un pueblo resiliente y capaz de asumir el rol y el precio que le ha tocado pagar. Y estaba allí otra vez ese pueblo reviviendo el país de los cambios, de los campesinos alegres llegando a La Habana, de los obreros organizando los debates en sus fábricas, de los adolescentes enseñando a leer y a escribir; del estudio, el trabajo y el fusil contra fusil; del cine llegando a las montañas, del primer país del continente que proclamó el aborto legal y gratuito, del primer latinoamericano en volar al espacio, de los jabs de Stevenson, del salto de Sotomayor y de la nueva trova. El universo de la revolución.
Todo eso lo trajo, él, con su voz.
Él que lo ha vivido.
Llegó manejando el auto con su familia y la puerta casi no podía abrirse de tanta gente cerca. Se paró en medio del escenario con una cámara fotográfica e hizo la primera foto al público –incluso antes de la primera canción– como un gesto de entrega de quien siente y piensa: ‘lo más importante no soy yo, sino este público que me acompaña’.
Kaloian Santos Cabrera / OnCubaNews
Y tal cual lo dijo:
«Quiero dar gracias a todas y todos ustedes por estar aquí (...) gracias a los invisibles imprescindibles que a fuerza de duro trabajo montan y desmontan todo esto para que nos juntemos y cantemos y nos suban las ganas de continuar estudiando, trabajando y amando. Gracias a los que están, sí; pero también a muchos que no están»
¿Se refería a nuestros muertos o a aquellos que decidieron emigrar? ¿O ambos, o a todos? Desde ese momento se notaba que Silvio venía a debatir con nosotros, a darnos una guerrilla, a clavarnos un montón de dagas en nuestros prejuicios, a forcejear con nuestros fanatismos y a llenarnos de responsabilidades.
Y lo hizo frente al mismo presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, quien decidió ir a cantar y ver el concierto junto al público; y frente a muchas otras personalidades de la política, la cultura y el arte, la ciencia, los medios de comunicación y el deporte en Cuba; frente a miles de estudiantes y jóvenes, frente a sus amigos y su familia.
Son 78 años entregados a la creación y al arte que conforman pueblos. Un pueblo no es una masa inerte; sino aquel que, como decía Mariátegui, sabe ir por la conquista del pan y de la belleza
Comenzaba así su concierto, dejando fluir su inconformidad tras un fragmento del texto que José Martí escribiera en 1884 (Nueva York) bajo el título “Maestros Ambulantes”:
“Los hombres han de vivir en el goce pacífico, natural e inevitable de la libertad, como viven en el goce del aire y de la luz. Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”.
Silvio había dado, antes de este, 3 conciertos en la escalinata de la Universidad de La Habana. Según recuerda el trovador y promotor cultural Fidel Díaz, el primero fue junto a Pablo Milanés en 1984 para 40 mil personas; el segundo, en 1985 con Afrocuba, presentando el disco Causa y Azares con Santiago Feliú de invitado; el tercero en 2005 con el formato Trovarroco y Niurka González en una noche de lluvia.
Además, recuerda también una ocasión menos mencionada, en 1997, durante el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en la que Silvio cantó junto a una constelación de trovadores: Vicente Feliú, Sara González, Amaury Pérez, Gerardo Alfonso, Santiago Feliú, Irene García…
Ahora, en su quinta ocasión cantando frente al Alma Mater, se llenaba otra vez la escalinata, aunque hubiesen pasado unos cuantos calendarios y a Silvio le hayan crecido las arrugas de sus manos. Son 78 años entregados a la creación y al arte que conforman pueblos. Un pueblo no es una masa inerte; sino aquel que, como decía Mariátegui, sabe ir por la conquista del pan y de la belleza.
Kaloian Santos Cabrera / OnCubaNews
Y no solo nosotros, los cubanos y cubanas que lo queríamos ver y escuchar por una vez más –en mi caso, por primera– sino cientos de foráneos que no querían perderse la mística de ver a Silvio cantando en su patria: la belleza para ellos y para nosotros era eso. Y nada más. A La Habana llegaron personas de toda América Latina y de otros continentes para el concierto.
Allí, justo a mi lado, me encontré con su bandera a la joven hondureña Monica Seoany que me contó su sueño: «Desde que tenía 8 años, escuchaba a Silvio Rodríguez. Me acostaba escuchando "Testamento" y trataba de entenderlo desde esa edad. Siempre quise venir a Cuba, pero fue hasta ahora que me vine a estudiar y estoy haciendo realidad mi sueño de verlo».
Era el sueño de muchos y estábamos ahí.
Al cierre de este último verso, Silvio cantaría «La era está pariendo un corazón». La gente lloraba por Palestina
La esposa de Silvio, Niurka González (flauta y clarinete) es una de las instrumentistas más grandes del continente y su más pequeña hija, Malva Rodríguez, es una talentosa estudiante de piano que lo acompañó (piano y voz) en casi todo el concierto. Vestían de negro como él. Combinaban también en cada acorde y en las miradas cómplices.
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Su pulóver llevaba una pequeña bandera cubana en el lado izquierdo del pecho que es –justicia poética– el lado del corazón. De un momento a otro, sin que lo previéramos, Malva colocó en su sobria y humilde forma de vestir la kufiya palestina, prenda con la que dio el resto de su concierto y leyó, con una fuerza de reclamo en la mirada, el poema “Halt!”, de Luis Rogelio Nogueras.
«…pienso en ustedes, judíos de Jerusalén y Jericó,
pienso en ustedes, hombres de la tierra de Sión,
que estupefactos, desnudos, aterrados
cantaron la hatikvah en las cámaras de gas;
pienso en ustedes y en vuestro largo y doloroso camino
desde las colinas de Judea
hasta los campos de concentración del III Reich.
Pienso en ustedes
y no acierto a comprender
cómo
olvidaron tan pronto
el vaho del infierno».
Kaloian Santos Cabrera / OnCubaNews
Al cierre de este último verso, Silvio cantaría «La era está pariendo un corazón». La gente lloraba por Palestina.
“Aprendiz” decía su gorra negra, la misma definición que usa en sus redes sociales. Sí, Silvio usa redes sociales –está en Facebook e Instagram como Zurrón de Aprendiz, también tiene canal en YouTube y cuenta en Spotify– porque siempre ha sabido ser aliado del desarrollo tecnológico, como lo es del amor. También comparte debates cotidianos en un blog digital llamado “Segunda Cita”.
El artista no descansa sobre su ya inmensa –en cantidad y calidad– producción musical, sino que busca formas nuevas de intercambiar y sigue creando discos como “Para la espera” (2020) y “Quería saber” (2024).
Algunas de esas últimas canciones fueron interpretadas por Silvio y su grupo en La Habana: “Viene la cosa” y “Para no botar el sofá” vienen a resumir, desde la canción, la actual postura crítica de Silvio frente a la realidad en sí, pero también frente a las formas en que se expresa –se tensa, se complejiza y se dirige– esa realidad. Dardos intelectuales que definen toda su obra musical.
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Se escondía por completo el sol en La Habana y Silvio creó un espacio para homenajear a tres imprescindibles de la nueva trova cubana: interpretó “Créeme” de Vicente Feliú, “Te perdono” de Noel Nicola y “Yolanda” de Pablo Milanés, esta última a voces con su hija Malva.
También habló al público de su amistad con Pepe Mujica y Lucía Topolansky. Dedicó una canción que escribió para Pepe ("Más porvenir") que, sin dudas, será un éxito cuando llegue a Montevideo.
Otra, dedicada al Che Guevara (“Tonada del Albedrío”) para recordar que sus principios siguen siendo los mismos y su consecuencia será hasta la muerte:
«Dijo Guevara el hermoso
Viendo al África llorar
En el imperio mañoso
Nunca se debe confiar»
“Yo me muero como viví”, “Venga la esperanza”, “Ángel para un final”, “¿Qué cosa fuera?”, eran frases en carteles que levantaban los jóvenes para pedirle sus canciones preferidas. Complació casi a todos, incluso cantando clásicos como "Ojalá" y "La Maza", las cuales parecían fuera del repertorio de la noche, pero que no paraban de pedirle los participantes:
– ¿Quieren La Maza? Esa es larguísima. Se van a aburrir – bromeaba el maestro desde el escenario, antes de interpretarla y dejarnos con ganas de 20 canciones más.
Kaloian Santos Cabrera / OnCubaNews
* * *
La Habana (Cuba) fue el comienzo de una gira que incluirá también conciertos especiales en Santiago (Chile), Buenos Aires (Argentina), Montevideo (Uruguay), Lima (Perú), Cali y Medellín (Colombia). En todos estos países, los boletos se agotaron en pocas horas y en algunos hubo que abrir nuevas fechas, prueba de que Silvio se extraña y la canción de autor sigue viva.
Muchos advierten que puede ser la última gira de Silvio por la región, tal como decían que este debe ser su último concierto en La Habana. Silvio no lo ha planteado así, pero su público lo dice y siente con temor a no poder verlo cantar una vez más.
Hay otros que ante ese miedo se aventuran a un viaje por todos los países de esta gira para verlo en cada parada, como es el caso de los integrantes de la "Tropa Cósmica", un grupo digitalmente articulado que incluye seguidores de todas las edades y de varios países de América Latina.
Por ahora, La Habana fue otra ciudad y dejó que la poesía diera su batalla. Al final, Silvio presenta a su grupo, agradece y se despide alzando sus brazos, pero mira otra vez a su costado y siente que algo falta, vuelve a tomar la guitarra por última vez para cantar «Venga la esperanza» y cerrar con este llamado universal.
Kaloian Santos Cabrera / OnCubaNews
Allí, al ritual de esa última canción no sabíamos si lo que estábamos viviendo era real. Se encendían los flashes de los celulares, nos abrazábamos, sonreímos y llorábamos, se sentía a Silvio como una transfusión en sangre de verdades que necesitábamos escuchar, de críticas que se han postergado demasiado y de la fuerza que emanan las ideas para continuar.
¿Por qué Silvio nos hace conectar así? Para Kaloian Santos, su fotógrafo y amigo que lo ha seguido por años en cientos de conciertos «la clave está en que no vive en una burbuja. Sufre los mismos cortes de luz y agua, las mismas migraciones de amigos y seres queridos que cualquiera en Cuba. Su realidad no es lejana a la de la gente. Y, más allá de lo cotidiano, sus canciones hablan de lo universal, de lo que todas las generaciones enfrentan». (OnCuba News)
Silvio nos miraba a todos pidiéndonos más, nos volvía a comprometer frente a la dureza de las derrotas, de los imperios asesinos, de las promesas incumplidas y de todo lo que ya no pudo ser: «Toca seguir»
Nos adheríamos entonces, a ese canto, como un nuevo –y quizás único respiro– para unirnos en nuestras diferencias y seguir conformando una sociedad distinta, superadora del capitalismo, pero rica en el desarrollo humano.
Miles de jóvenes siguen teniendo de referente a Silvio Rodríguez y eso es ya una victoria de la consecuencia y de la cultura. Pero Silvio nos miraba a todos pidiéndonos más, nos volvía a comprometer frente a la dureza de las derrotas, de los imperios asesinos, de las promesas incumplidas y de todo lo que ya no pudo ser: «Toca seguir».
El público gritaba “Gracias Silvio” al unísono mientras él bajaba las escaleras.
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