El hecho de que la voz de Silvio Rodríguez, se alce mañana en la escalinata, inspirada en la acción crítica de la Federación Estudiantil Universitaria por el tarifazo de Etecsa, constituye un evento simbólico en la ontología política de la nación cubana. Constituye la ratificación de un principio sagrado y a menudo silenciado; la Revolución no es un dogma museístico, sino una praxis viva, y su savia más vital es la crítica consciente, leal y audaz.
Que una figura de la talla y la historia de Silvio Rodríguez se sienta inspirado por este gesto y lo convierta en motivo de su arte es de una importancia capital. Significa que el diálogo entre la Revolución y su cultura, entre una generación histórica y la juventud, no solo es posible, es también necesario. Silvio, el trovador que siempre ha cantado a las complejidades y los sueños de su pueblo, se coloca así al lado de la FEU, para escuchar, aprender y traducir en música la energía de estos tiempos difíciles.
Y este diálogo nos grita una verdad esencial, el revolucionario deber ser el amante apasionado y crítico de su realidad. Debe ser quien, en un acto de profunda fidelidad, se atreve a señalar la grieta en el muro para evitar que se derrumbe el templo completo. Es aquel que, como estos jóvenes y como Silvio, comprende que el amor a la Patria se mide por el valor de interpelarla con fervor, con dolor, con la pasión desgarrada de quien sabe que su destino está irrevocablemente ligado al de ella.
En este concierto, por tanto, no sonarán sólo acordes y versos; resonará el sonido mismo de la Revolución pensándose a sí misma, gritándose sus verdades, abrazando su futuro. Será el canto de que la lealtad más alta es, precisamente, la que tiene el valor de decir NO para poder seguir diciendo, para siempre, SÍ...

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