miércoles, diciembre 31, 2025

A la conciencia viva del pueblo de esta tierra: A unos horas de comenzar el "Año del Centenario Fidel Castro Ruz"

AlmaCandil Raulito Torres

No se defiende lo efímero con esta firmeza de montaña. No se riega con sangre y sudor lo que es paja al viento. Se defiende, con la ternura del que custodia un hijo y la fiereza del que protege el hogar, lo que es ya parte del alma colectiva, lo que ha echado raíces tan profundas que se confunden con el corazón mismo de la Patria. El trayecto de nuestra historia es un organismo vivo, un árbol majestuoso que creció de una semilla plantada por Martí, regada por el Moncada, y que Fidel, con sus manos de sembrador eterno, hizo brotar para que diera sombra y frutos a todos, sin exclusiones.

A simple vista, el ojo distraído, el que mira con lentes prestados por el imperio, podría ver sombras donde hay luz en reposo. Podría creer que una rama seca es el árbol completo. ¡Qué error más profundo! El pueblo cubano, este pueblo que ha aprendido a leer no solo palabras, sino el lenguaje de la historia y la dignidad, lleva en su pecho un mapa indeleble: el mapa de sus conquistas. La salud que sana aún con profundas carencias, como derecho, no como negocio; la educación que ilumina aún con terrible falta de recursos, como faro, no como privilegio; la tierra que es de quien la trabaja, el arte que es bandera y no mercancía. Eso no se negocia. Eso no se entrega. Como dice el refayo sabio: “Lo que se gana con el trabajo de todos, no se pierde por el capricho de uno”.


Estamos en tiempos de definiciones. El imperialismo, ese anciano cíclope ciego  de pies de barro, da sus últimos estertores de agonía. Sus zarpazos desesperados – contra barcos de nuestros  hermanos de Venezuela en alta mar, sus bloqueos criminales, su guerra mediática de mentiras que encandilan  – no son muestra de fuerza, sino el aullido del lobo herido que siente llegar el ocaso. Cada agresión es un reconocimiento tácito de que no pudieron doblegarnos. Que nuestra resistencia, hecha de inteligencia, amor y una porfía legendaria, es el acero que desafía sus garras. “El huracán no arranca al árbol que tiene buenas raíces”, y nuestras raíces son memoria, son principios, son la certeza de que los buenos años, aquellos de hazaña compartida y construcción épica, no se fueron para no volver. Están latentes, como la savia en invierno, esperando la primavera que inexorablemente llega. Porque la historia no es línea recta, es espiral, y sube aunque a veces parezca girar.

Y en este camino, el gobierno revolucionario no será nunca un administrador frío. Será siempre el hijo más fiel del pueblo, su escudo y su abrazo. Defenderá a Cuba, piedra a piedra, idea a idea, vida a vida, “hasta las últimas consecuencias”, con los recursos que sacará de abajo de la tierra si es preciso, pero nunca escatimará en esfuerzos por salvar una vida Cubana!!!

Ese juramento no es retórica; es anatomía moral. Protegerá al cubano que despierta con el canto del totí en el campo redimido, y al que sueña, en cualquier latitud del planeta, con el olor de la brisa del Malecón abrazando su nariz distante. 

La Patria es un abrazo cósmico que no entiende de fronteras geográficas. Para el cubano que anda por el mundo, llevando su música, su ciencia, su nobleza, la Isla será siempre el amparo, el consulado que es hogar, la mano extendida en la hora difícil.(Tengo mucho que contar acerca de esto...un día la modestia se echará a un lado y podré revelar hazañas de caridad de nuestros misioneros por el mundo) Nadie queda fuera de este círculo de protección y mucho menos aquellos que llevan consigo siempre la gratitud por tantos años de esfuerzos para pulir sus espíritus....


Por eso, hoy y siempre, con la agudeza del machete que corta la mentira y la poesía de la trova que canta a la esperanza: Cuba sigue en pie. Pero no como una estatua inerte, sino como un palmar que se mece en la tormenta y sigue verde. Su pueblo, el verdadero soberano, el filósofo práctico que sabe que la libertad se gana todos los días, no admitirá jamás que le arrebaten lo conquistado con tanto sacrificio y amor, aunque hoy parezca poco y diezmado ...nuestras conquistas están ahí y sólo son gigantes dormidos...

No hay retorno posible a la noche de la neocolonia. Solo hay camino adelante, el que trazamos nosotros, con la estrella de la dignidad como brújula.

“La palma real se dobla, pero no se rompe”. Y nosotros, pueblo-palma, pueblo-estrella, pueblo-Fidel, NO nos romperemos ante nada ni nadie que no sea el amor a lo nuestro. Seguiremos floreciendo en el jardín de la historia, porque hemos elegido, consciente y heroicamente, ser libres. Y esa es la conquista que nadie, nunca, podrá arrebatarnos.

¡Viva Cuba Libre! ¡Viva Fidel en nosotros!


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