domingo, marzo 15, 2026

Análisis sobre De la ausencia y de ti,Velia



Jesús Ricardo Perez Sicilia 

«De la ausencia y de ti, Velia» fue la canción que me abrió las puertas al universo luminoso que es la obra de Silvio Rodríguez. En uno de los momentos más difíciles que he vivido en los últimos años llegó ese primer verso, como una especie de mantra: «Ahora solo me queda buscarme de amante la respiración, no mirar a los mapas, seguir en mí mismo».


 Fue ese abrazo de confianza y dolor, ese impulso de seguir que siempre tienen las canciones del trovador de San Antonio de los Baños lo que me hizo fiel a cada línea que describe aquella letra del año 1969.


 Cuatro sencillas y profundas estrofas trazan una aventura simbólica guiada por «la nostalgia de cosas pequeñas y tontas», esa fuerza que asusta y nos condena a: «no andar ciertas calles, olvidar que fue mío una vez cierto libro y hacer la canción».


 Así se muestra la propia canción como elemento autoreferencial que significa catarsis y antídoto a la vez, algo como un relato de la ausencia, un refugio y un bálsamo al mismo tiempo. La mexicana Velia Ramírez fue la musa inspiradora que despertó aquellas sensaciones en el joven Silvio.


 Ella había estado brillando como bailarina en escenarios cubanos a principios de la revolución cubana, en ese entonces conoció al trovador que escribiría una de las canciones más sentidas de su repertorio luego de la partida de la joven a su país de origen. 


En la letra se descubren varias aristas del poeta que canta, unas veces se nota delirante y melancólico: «Y reír y reír y reír, madrugadas sin ir a dormir… Sí, es distinto sin ti; muy distinto sin ti». Otras se muestra con la seriedad de quien asume que, dejar ir, también es un acto consciente de madurez: «Hoy quisiera ser viejo y muy sabio y poderte decir lo que aquí no he podido decirte: hablar como un árbol, con mi sombra hacia ti». Siempre armado con imágenes hechas de historia, lirismo y sentimiento, el trovador desata en esta ocasión, una armonía sencilla que permite que el discurso extienda su cauce con toda la libertad que las palabras desean. 


Eso hace que pueda ser interpretada casi a guitarra limpia, como en su primaria grabación en el fonograma Pluma en riste (1969), y a la vez pueda ser llevada a un arreglo más contundente y virtuoso, como en la grabación del disco Silvio Rodríguez y Diákara (2021). Esto también demuestra que es una obra atemporal, un latido que no envejece, por el contrario, siempre vuelve a despertar en algún pecho nostálgico. No es una obra exenta de dudas y cuestionamiento: «no quisiera fracaso en el sabio delito que es recordar». 


Pero eso la vuelve más humana, quizás por aquello de que, en las cicatrices, a veces encontrarmos espacios que solo se llenan con la luz de testimonios trovadorescos como este. Lo cierto es que es una canción que invita a caminar de la mano del corazón, con certezas e inquietudes, con misterios y añoranzas, pero sobre todo, con la confianza de que, a pesar de la ausencia (y de ti), siempre quedan: «la ciudad, los amigos y el  mar».


#ElCaimánBarbudo

No hay comentarios: