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| Casa de Walsh en Tigre (Fabián Restivo) |
La lancha colectiva se acerca lentamente a la amarra. Desde antes Mabel y Daniel están mirando y saludando con la mano. Los veo desde la salida del recodo. El rio está bajando aunque se espera una gran creciente para mañana, así que ir al río Carapachay numero 459, era hoy o vaya uno a saber. Cuando la lancha termina de arrimar, no se salta al muelle. Vas directo a los abrazos con sonrisas de Mabel y Daniel. abrazos que también sirven para no resbalar con esa llovizna perniciosa que nos acompaña. Entonces sí, llegaste a la casa de Rodolfo Walsh.
El infauso 25 de marzo de 1977 Rodolfo Walsh caía abatido en la esquina de San Juan y Entre Ríos. Acribillado en un encuentro en el que fue entregado. Una traición. Una emboscada. Un mulo de Troya. Un encuentro “cantado”. Dicen que cuando se dio cuenta de lo que estaba pasando llevaba toda una vida de retraso, que estaban allí Alfredo Astiz y Jorge Acosta, pero así y todo logró desenfundar una Walther y ejercer algo de la legitima defensa. Acribillado y secuestrado y desaparecido tras repartir por diversos buzones su Carta abierta de un escritor a la Junta Militar. Un año después, Silvio Rodriguez nos contaría que la era estaba pariendo un corazón, que no puede más, que se muere de dolor. Y claro que sí.
Mabel y Daniel cuentan que el 5 de febrero de 1992, apenas estaban comprando una casa en el Tigre para pasar algunos ratos en familia. Ambos ya antiguos militantes, lograron por poca plata un lugar de descanso. Un tiempo después y sin ellos buscarlo los encontraría la historia por un comentario inocente de una vecina, que luego confirmarían a punta de preguntas, y sí, esa había sido la casa de Rodolfo Walsh. Después del asombro y algún tipo de alegría, Daniel llamó al propietario anterior para preguntarle si no sabía que era la casa de Walsh y si lo sabia por qué no se lo dijo. La respuesta fue tan lacónica como práctica: “claro que lo sabía, pero pensé que si se los decía no iban a querer comprarla”.
“Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el cuarenta por ciento, el de ropa más del cincuenta por ciento, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el treinta por ciento, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la «racionalización»”. Rodolfo Walsh, Carta a las Juntas Militares, 24 de marzo de 1977.
Ahora dejó de lloviznar y no hay viento. Es momento de hablar con Mabel caminando hacia el muelle. Mabel habla pausado y en voz baja. Es la certeza de la seguridad de que lo que dice no necesita estruendos. Su militancia en los derechos humanos desde siempre llenó el espacio de pañuelos blancos y convicciones con una cuota de contrariedades por todo lo que sucede hoy “incluso con los compañeros ¿sabes? Es incomprensible”. Entonces miramos el rio que sigue bajando despacio. Que dejara de llover trajo la maravilla y la desgracia: el olor a tierra mojada y unos mosquitos que parecen pterodáctilos bebés.
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| Casa de Walsh en Tigre (Fabián Restivo) |
El 1 de mayo de 1968 y a pedido de Perón, Walsh dirige el semanario de la CGT. Era hora que el movimiento obrero tuviera su órgano de difusión. Comenzó tirando veinticinco mil ejemplares y llego a sacar ciento veinte mil . era el único papel clandestino que se podía encontrar en todos lados. En el equipo estaban, entre otros, García Lupo y Miguel Bonasso. Llegaron a los cincuenta y cinco diarios editados y se terminó en el año 1970. Carlos Leavi lo evocó así: “buscó producir un medio masivo, de amplia distribución, con calidad tanto en la edición como en su despliegue periodístico, de cobertura federal, y que apeló a los propios trabajadores organizados como corresponsales populares en la producción informativa”.
Daniel me cuenta dónde queda qué, adentro de la casa. Dónde el escritorio, en qué pared la biblioteca. Dónde estaba la cama en que Rodolfo Walsh dormía con quien fuera su última compañera, Lilia Ferreyra. Daniel militó desde muy joven y todavía tiene los ojos atentos y el entusiasmo de quien gusta de enseñar. Tiene la rara habilidad de hacerte sentir que está descubriendo con vos lo que vamos viendo. Su mano cariñosa en tu hombro es algo así como “bienvenido a este nuevo momento”. Entones cuenta el día que Lilia -a quien ellos no conocían- bajó de una lancha y entró a la casa sin pedir permiso, recorrió el espacio y cuando llego al fondo, dijo “¡si habré baldeado este piso!”. Entonces hablaron mucho. Esa y otras veces. Ella les completó la historia con lujo de detalles.
En la biblioteca está todo (o casi, casi todo) lo que se publicó sobre Walsh y sí, toda la obra de él, y fotos. No está, y nadie sabe donde está, el libro de criptografías.
El 16 de junio de 1959, Rodolfo Walsh había creado junto con César Masetti y Che Guevara la agencia de noticias PRELA, Prensa Latina. Walsh se encargaba de revisar y enviar cables de y hacia la prensa extranjera. Un día vio un cable que tenia una rara secuencia de números y le llamó la atención. Rodolfo no tenía idea de claves pero supuso que eso era una, así que se fue a una librería de libros usados y compro uno de criptografía y con eso y su inteligencia logro descifrar que eso era un cable de la CIA. El descifrado de esos mensajes logró que la invasión a Bahia de Cochinos, preparada por la inteligencia norteamericana alimentando y entrenando a mil quinientos mercenarios para invadir Cuba, fracasara. García Marquez da cuenta eso en su libro El escritor que se adelantó a la CIA. Así fue lo de Playa Girón.
A las cinco de la tarde pasó la lancha avisando que el Carapachay seguía bajando. El timonel lo anunció con un tono firme de capitán que conoce de mareas: “o vienen ahora o se quedan nomás”. Daniel y Mabel soltaron un “¡buenisimo!” y para reponer mi cara de asombro dijeron que “¡acá atrás hay un cuartito para huéspedes!”. Pero había que volver, entre apretones largos de despedidas y promesas. En el cuerpo me quedaron los abrazos y en el oído la ultima frase: “todos son bienvenidos a la casa".


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