lunes, mayo 25, 2026

",Me confieso producto de mi geografía, de mis circunstancias históricas, de la familia que me tocó tener”


"Fuimos una juventud patriótica y también rebelde, contestona. Nos querían, pero no todo el tiempo (y mucho menos todo el mundo)", comenta el trovador en entrevista con OnCuba.

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Mónica Rivero mayo 25, 2026

Silvio Rodríguez. Foto: Kaloian.

Silvio Rodríguez aún gasta papeles para recordar, “para anotar e incluso para desvariar”, responde a la pregunta de si, bien entrados como estamos en la era digital y al filo de sus seis décadas de carrera, sigue emborronando cuadernos a mano con primeras versiones. “…claro, después todo eso se transforma en bits”, añade.

Días atrás anunció con un video en redes sociales su próxima gira: un recorrido por ocho ciudades españolas entre septiembre e inicios de octubre. En el país ibérico se presentó por última vez en 2021, y debutó en 1977. Aquel fue un año fundamental en la transición española, con la celebración de las primeras elecciones democráticas, después del fin de la dictadura franquista. 

Vía correo electrónico le pedimos una breve evocación de aquella experiencia vivida hace casi medio siglo, y algún adelanto sobre los conciertos que vendrán. Mientras aguarda que se complete la instalación de paneles solares en su estudio para sortear los apagones diarios y poder comenzar los ensayos, nos hace llegar estas respuestas. 

¿Cómo fue la gira que te llevó a España por primera vez?

Nos presentamos en colegios mayores y en pueblitos. Duró como mes y medio. También estuvimos en eventos, en fiestas regionales. Recuerdo que hubo un estadio, en Málaga, supongo que por alguna fiesta. 

¿Qué representó para tu carrera?

Primero, la impresión de conocer España, sabiendo que parte de mis ancestros procedían de por allá. Tenía 30 años. El año anterior había viajado dos veces a la República Popular de Angola, en plena guerra. Había olvidado un poco este otro tipo de viaje. 

Algo bueno que recuerdo es que aquella gira sirvió para que latinoamericanos de países con gobiernos militares conocieran nuestro trabajo y enviaran nuestras canciones a sus países, tanto en casetes como en vinilos camuflados con otras portadas de discos. De esto nos enteraríamos años después, cuando pudimos visitar esos países.

Según la promoción, celebras 50 años de carrera, ¿qué repertorio llevarás? ¿Con qué criterio seleccionas las canciones para celebrar tu vida artística a partir de una obra tan prolífica?

En realidad son casi 60. Empecé profesionalmente el 13 de junio de 1967, en el programa de televisión Música y Estrellas. Esto quiere decir que cuando llegue a España voy a haber cumplido 59 años de carrera profesional como trovador, y harán 49 años de mi primera visita a ese país.

La idea es hacer temas de todos los tiempos: de aquellos iniciales, de los del medio y de algunos últimos también.

Recorrerás ocho ciudades entre septiembre y octubre. ¿Alguna o algunas de ellas tienen una significación especial para ti?  

La verdad es que siento afecto por todas las regiones del Estado español. De todas partes guardo recuerdos especiales en algún sentido. 

Del País Vasco siempre he recibido enormes muestras de solidaridad con nuestra isla. En Cataluña tengo un nieto, un hijo y una nuera. En Valencia está o estaba una tremenda Asociación de Solidaridad con Cuba. Con Galicia acabo de hacer una colaboración, con Uxía, en un tema suyo dedicado a la escritora Begoña Caamaño, que además fue mi amiga. En Alicante tengo a Antonio Gades, un hermano inmortal; y más andaluza que mi querida Pepa Flores habría que mandarla a hacer. En Granada tengo a Paco Marín, un luthier asombroso y buen amigo. Imagínate en Madrid, donde tengo a los Aute, que son mi familia. 

Tengo tantos amigos en toda la península, tantos recuerdos, tantas buenas vivencias, que siempre que regreso a España es como continuar una conversación que interrumpimos hace un rato.

Silvio Rodríguez. Foto: Kaloian.

Has dicho alguna vez que desde que empezaste a actuar piensas que cada gira puede ser la última, y que nunca te consideraste “un animal de escena”. ¿Qué te llevó a decir sí a esta gira?

Me llevó a decir sí el hecho de que hace un lustro que no hacía conciertos por allá. Y porque son jóvenes y afectuosos los organizadores, y me caen bien.

¿Habrá concierto de partida en La Habana?

O de regreso. Aún no lo hemos decidido.

¿Cómo se prepara una gira internacional desde una ciudad que resiste el coma inducido de un bloqueo de combustibles (y de tanto más)?

Es un lío constante la falta de petróleo. Nos golpea con el transporte y la electricidad. En [los Estudios] Ojalá estamos en proceso de colocar paneles solares, para poder grabar y ensayar. Por suerte, los ensayos no requieren de burocracia estatal alguna. Los músicos siempre estamos dispuestos y trabajamos las horas que sean necesarias.

El diálogo musical con artistas jóvenes —exponentes del trap, el reguetón, el rap— supone un cruce entre mundos distintos o distantes. ¿Qué te parecen estos géneros?

Me parecen productos de los tiempos y de las tecnologías.

A propósito de géneros, siempre has dicho que en tu búsqueda creativa das importancia a que cada trabajo tenga vida propia, que no se parezca a otro; también has incursionado en numerosos estilos musicales y formatos, ¿hay alguno que no hayas explorado y te gustaría hacerlo?

Me hubiera gustado desarrollarme más orquestalmente. Inconforme con eso, en el año 2000 me propuse orquestar un largo y variado trabajo para el que compuse bastante y que llamé Expedición. 

Por otra parte, es muy difícil no parecerse a uno mismo, mucho más cuando se ha andado un buen tramo. Hay recurrencias que son inevitables. A esas características algunos les llaman “estilo”. 

Cuando empecé a componer me preocupaba –y lo expresé– que mis trabajos se parecieran entre sí. Por esa razón he sido muy autoexigente, aunque determinadas recurrencias o preferencias es imposible que no se manifiesten (en definitiva, uno es uno mismo, mal que le pese). 

Silvio Rodríguez. Foto: Kaloian.

Junto al músico y productor argentino Alejo Stivel has lanzado la canción “Déjame en paz”, con un videoclip hecho con inteligencia artificial. ¿Qué piensas sobre la IA, “gran tema” del momento? ¿Te interesa experimentar con ella en tu trabajo?

En cosas como ese video, que realmente es magnífico, me parece bien experimentar con la IA. Pero en lo que es mi trabajo composicional, prefiero seguir “a la antigua”, como decía aquel cuento.

¿Cuál es el lugar de un artista en un momento histórico marcado por tanta fragmentación y tanto ruido? 

Creo que está bien que cada cual decida cómo conducirse. Yo me confieso producto de mi geografía, de mis circunstancias históricas, de la familia que me tocó tener. Tomando en cuenta todo esto, hay comportamientos que me son esenciales. Hay principios que me han formado y que, sencillamente, son parte de mis huesos, de mi espíritu: ser solidario, respetuoso, humanista… Son cosas sin las que no sabría vivir. 

Tu lista de colaboraciones recientes es muy diversa: del rapero argentino Milo J, X Alfonso, hasta Chico Buarque, que no necesita presentación. ¿Qué buscas al compartir una canción con alguien? ¿Hay un criterio, una intuición?

Empiezo aclarando que no siempre tengo tiempo para aceptar invitaciones, cosa que lamento. En los casos que ha sido posible, he buscado complacer a quienes me invitan a colaborar con su trabajo. 

El criterio que sigo es que me guste la canción, sentirme bien interpretando la música y las palabras propuestas. Así me pasó con Camilo: me gustó mucho su canción y por aquellos días pude dedicarle algo de tiempo. En el caso de Alejo, parte del texto es mío, porque escribimos a cuatro manos la canción. 

El caso de Chico es muy especial, porque fue un gesto solidario que él ha tenido con Cuba, en nuestra dura situación actual. Él vino hasta La Habana a grabar en nuestro estudio Ojalá, con un gesto de hermano. Con él vinieron su esposa, la abogada Carol Proner, y su hijo Francisco, que hizo el video. Fue una acción solidaria con Cuba. 

Comenzaste tu oficio antes de mediados de los 70. ¿Nos compartes una memoria de tus primeros momentos a solas con la guitarra, y de cuando empezaste a encontrar en esa relación un camino de vida?

Sí, como expliqué antes, llevo 59 años de carrera profesional en la música. Mis primeros momentos a solas con la guitarra fueron durante mi servicio militar en 1964 (primer llamado), en el campamento militar de Managua. Desde que tuve mi propio instrumento, cada instante que pude lo dediqué a superarme e intentar escribir canciones. 

Como en aquel primer llamado daban muy pocos pases, tuve muchas noches solo, practicando, tratando de ampliar mi escaso universo guitarrístico. En los festivales de aficionados de las FAR empecé a cantar mis temas, con un compañero llamado Luis López. 

El último año de servicio lo pasé en la revista Verde Olivo, donde me daban pase los fines de semana. En uno de ellos, el periodista y narrador Guillermo Rosales, amigo mío desde el semanario Mella, me llevó a conocer a Belinda Romeu, que tocaba la guitarra y hacía canciones como yo. Aquella noche conocí a su padre, Mario Romeu, un pianista extraordinario y director de la orquesta de la radio y la televisión. Fue Mario quien me puso ante las cámaras, aquel martes 13 de junio de 1967.

Cincuenta y nueve años de carrera son también cincuenta y nueve años de vida en Cuba. ¿Cómo describes la distancia entre el país en el que empezaste a cantar y el de hoy?

En 1967 ya teníamos bloqueo, pero también más posibilidades y amigos. Faltaba mucha épica. El Che aún vivía y estaban activas las ideas tercermundistas de la Tricontinental. Estábamos a tres años de la zafra del 70 y a punto de la Ofensiva Revolucionaria, lo que significó la estatalización de toda actividad laboral del país (error que se entiende por la influencia del campo socialista, pero que todavía estamos pagando). Yo era un exrecluta (la gente nos llamaba “hombres de 7 pesos”). De pronto me propusieron un programa de televisión semanal y 100 pesos mensuales de sueldo. Yo vivía con mi madre y mi hermana menor y pedí 200. Ese fue mi sueldo histórico casi hasta que me jubilé, a los 60 años.

Fuimos una juventud patriótica y también rebelde, contestona. Nos querían, pero no todo el tiempo (y mucho menos todo el mundo). Por suerte, hubo personas como Haydée, como Alfredo, como el mismo Fidel, que se preocuparon por los que empezábamos. La inmensa mayoría de mis compañeros de generación han muerto; algunos viven fuera. 

Hoy sigue creciendo la decadencia del imperio más grande de la historia humana, lo que arrastra al mundo político, económico y propagandístico. Se cometen genocidios como el de Palestina a la vista de todos. Los principios que el fin de la Segunda Guerra Mundial fijó son pisoteados. La ONU, anulada. ¿Hará falta una guerra nuclear para volver a la decencia? Dicen que después no quedaría mucha vida. Los abusadores siguen usando ese chantaje.

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