jueves, septiembre 10, 2026

Rabo de nube, la brutal melancolía de Silvio Rodríguez

 



En 1980 el cantautor cubano Silvio Rodríguez editaba su cuarto disco de estudio, Rabo de nube, un trabajo que marcaría un antes y un después en su carrera musical.

Por Angelo Nero | 6/09/2026

El mismo año que asesinaron a John Lennon, 1980, el cantautor cubano Silvio Rodríguez editaba su cuarto álbum, Rabo de nube, un trabajo que marcaría un antes y un después en su carrera musical, y en el que abriría las puertas a nuevos territorios sonoros, indagando en el rico folclore latinoamericano, que iría incorporando en su repertorio. Ganaba en complejidad compositiva a nivel de melodías e instrumentación, pero sobretodo se confirmaba como un gran compositor de letras, como un trovador dotado de una gran sensibilidad para plasmar temas complejos en las estrofas más sencillas.

Para la grabación de este disco, que estaba dedicado al 20 aniversario de la Revolución Cubana, contó con un puñado de músicos de gran calidad que aportaron unas texturas sonoras increíbles, comenzando por el pianista Frank Fernández, que toca todas las teclas, las del piano, claro, pero también las de los sintetizadores Moog y Solina, las de un órgano Hammond y hasta las de un clavicémbalo. Norberto Carrillo aportó la percusión en un par de temas, y además hay colaboraciones puntuales de la arpista Yanela Lojos, de la chelista Alina Neira, del bajista Jorge Reyes, y de Pablo Menéndez a la guitarra eléctrica.

El disco comienza con la luminosa “Vamos a andar”, con un sencillo arpegio de la guitarra desnuda de Silvio, ofreciéndonos un tema acústico que tan sencillo como bello, con una de esas letras que nacieron para ser coreadas, en una invitación a caminar juntos para hacer un mundo mejor: “Vamos a andar / en verso y vida tintos / levantando el recinto / del pan y la verdad. / Vamos a andar / matando al egoísmo / para que por lo mismo / reviva la amistad. / Vamos a andar / hundiendo al poderoso / alzando al perezoso / sumando a los demás. / Vamos a andar / con todas las banderas / trenzadas de manera / que no haya soledad. / Vamos a andar / para llegar / a la vida.” En la segunda parte de la canción se unen los bongós de Norberto Carrillo y el sintetizador de Frank Fernández, que acompañan a una melodía que crece a fuerza de repetirla, como la misma letra del tema.

El arpa de Yanela Lojos te va preparando el corazón para ese derroche de melancolía que es “Rabo de Nube”,una de esas letras que llevamos tatuadas desde nuestra lejana adolescencia: “Si me dijeran pide un deseo / Preferiría un rabo de nube / Un torbellino en el suelo/ Y una gran ira que sube/ Un barredor de tristezas / Un aguacero en venganza / Que cuando escampe parezca / Nuestra esperanza.”Silvio recurría a la imagen de los tornados que se forman en la isla de Cuba, y que se parecen el rabo de una nube, pero para muchos de los que crecimos, amamos y luchamos con esta canción en la mochila, era la metáfora perfecta de nuestros deseos, de los más sencillos, de los imposibles. Con la voz a punto de romperse, el cantautor cubano nos regaló un canto a la esperanza, en un tiempo en el que parecían todavía posibles las utopías.

Con una suave intro del clavicordio de Frank Fernández, nos damos un baño de optimismo con “El día feliz que está llegando”,un canto luminoso y primaveral, donde la guitarra de Silvio es la gran protagonista, mezclada con un organo Hammond que le da un toque psicodélico, y otra letra brillante, que nos invita a soñar y a esperar días mejores, y que tiene pasajes llenos de imágenes tan sugerentes como esta: “Se está arrimando un día de Sol / Un día de duendes en añejo / Se acerca un pájaro feroz / Zumbando al goce de su olor / Se acerca un tiempo de conejos.”

Las teclas melancólicas del piano de Frank Fernández, el chelo aterciopelado de Alina Neira, y la voz sedosa de la hermana de Silvio, Anabell López, acompañan al cantante en una de las más arrebatadores canciones amorosas que ha escrito, titulada, sencillamente, “Te amaré”. 

Toda una declaración de amor, sin condiciones, sin dudas, sin reparos, sin reproches: “En secreto y en silencio, te amaré / Arriesgando en lo prohibido, te amaré / En lo falso y en lo cierto, con el corazón abierto / Por ser algo no perfecto, te amaré.” Parece que los últimos compases del piano te están perforando el corazón, mientras Silvio se rompe en una declaración final: “Te amaré, te amaré a golpe de recuerdo / Te amaré, te amaré hasta el último momento / A pesar de todo siempre, te amaré.”

La Cara A del disco termina con la “Fábula de los tres hermanos”, un tema acústico donde Silvio acompaña con la guitarra y el tres, con un ritmo casi country, y donde tiene la colaboración de Ana Paz en las palmas. Esta una crítica profunda a la ingenuidad moral, a la injusticia de la realidad y las distintas formas de enfrentarse a los dilemas de la vida y la sociedad, nunca estuvo entre mis preferidas, tal vez porque nunca entendí del todo porque a ninguno de los tres hermanos, el conformista, el ambicioso y el soñador, le acababa de ir bien en su camino…

La Cara B de este Rabo de nube se abre con otra epidemia de melancolía “Que ya viví, que te vas”,con un nuevo intro del clavicémbalo de Frank Fernández, que parece el anuncio de una tormenta, que impregna las cuerdas de la guitarra de Silvio, en uno de los temas más tristes del disco. “Creo que de noche me despierto / Con frío, al descubierto / Tanteando oscuridad / Creo que la lluvia está cayendo”,un sueño que deriva en pesadilla, teclas y cuerdas dibujando un cielo de plomo que te desgarra, como una perdida irreparable: “Tu tiempo se metió en mi tiempo / Momentos y momentos / Que no quieren pasar.” Y es que Silvio es muy grande cuando le canta a la luz, pero es gigante cuando le canta a las sombras.

Y luego se vienen siete minutos de pura magia, “Con diez años de menos”, una de las más grandes canciones de amor de todos los tiempos. Silvio recita “Si fuera diez años más joven que feliz”, y nos sube a la máquina del tiempo, a un carrusel de emociones en los que las imágenes de aquellas personas que nos quisieron y a los que, quizás, no supimos querer: “Esta mujer propone que salte y me estrelle / Contra un muro de piedras que alza en el cielo / Y como combustible me llena de anhelos / De besos sin promesa y sentencias sin leyes.”La percusión de Norberto Carrillo y el bajo de Jorge Reyes acompañan a la guitarra de Silvio en este ascensión a una montaña de emociones a flor de piel que terminan con otra invitación a la locura: 

Con diez años de menos no habría esperado / Por sus proposiciones yo hubiera corrido / Como una fiera al lecho en que nos conocimos / Impúdico y sangriento, divino y alado / Con diez años de menos habría blasfemado / Con savia de su cuerpo quemaría los templos / Para que los cobardes tomaran ejemplo / Con diez años de menos hubiera matado.”

Pero, a estas alturas del disco, Silvio ya nos ha agarrado fuerte el corazón, y no está dispuesto a soltarnos, y, para mí, todavía sube un nivel más de intensidad, con la que, para mí, es a la que le tengo más cariño de este trabajo: “Imaginate”. Una deliciosa historia de amor que comienza en la infancia, acompañado por la guitarra de doce cuerdas y el sintetizador Moog, que le imprime una atmósfera onírica, con un ritmo muy latino, que nos colorea la imaginación hasta el verso final, que nos rompe: “Imagínate / que somos nosotros / tú y yo para siempre / que no eres de otro.” Siempre he preferido esta al “Imagine” de John Lennon…

Y cerrando este impresionante disco de Silvio Rodríguez, “Testamento”, un tema de ocho minutos que muchos nos tatuamos como si fuese un himno: “Le debo una canción a una bala / A un proyectil que debió esperarme en una selva / Le debo una canción desesperada / Desesperada por no poder llegar a verla / Le debo una canción al compañero / Al compañero de riesgo, al de la victoria / Le debo una canción de canto nuevo / Una bandera común que vuela con la historia.” Silvio la escribió tras regresar de Angola, donde acompañó a las tropas internacionalistas cubanas, donde sufrió una emboscada que a punto estuvo de costarle la vida. Otra vez le acompaña Frank Fernández con el piano y el órgano Hammond, y, como curiosidad, la batería que suena en este tema la toca el mismo Silvio. También le acompaña la voz susurrante de Tita Parra, hija de la cantante chilena Isabel Parra.

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