sábado, octubre 03, 2026

Las palabras infinitas de Silvio Rodríguez

 El mítico artista cubano ofreció en la plaza de toros de Murcia un concierto a la altura de su extraordinaria trayectoria



Silvio Rodríguez, este jueves, en Murcia.
 Javier Carrión / AGM


Alberto Frutos

Cartagena

02/10/2026 Actualizado a las 07:20h.

La palabra. Tan poderosa y terrenal. Tan liviana y furiosa. Tan propia y universal. Tan callejera y nocturna. Tan de nieve y tan de sal. Tan penetrante y acogedora. Tan revolucionaria y tradicional. La palabra. Tan sedosa e hiriente. Tan desnuda y adornada. Tan sanadora y escurridiza. Tan frágil e indestructible. Tan rigurosa e impertinente. Tan linda y embrutecida. La palabra inmensa que todo (y a todos) desborda, que se apodera del lugar para ser así silencio y mirada asombrosa y quietud que provoca que los dedos se crucen para que nada (ni nadie) la rompa. La palabra delicada que todo (y a todas) enamora, que sobrevuela las ciudades y los rincones prohibidos y las ventanas rotas y los espejos que caminan del revés y las gaviotas que no saben de brújulas. 

La palabra que se hace canción. La palabra que permanece. La palabra que no tiembla mientras todo apunta al derrumbe. La palabra que atraviesa campos de tiempo, décadas de historia, barro y océano, dunas y nieve hasta acomodarse en algunos de los vagones varados a su suerte en las estaciones de la melancolía y la pasión. La palabra que conecta generaciones cuando se escribe, se canta y se recuerda desde la garganta pintada de lirio y flor de mariposa de Silvio Rodríguez, el maestro que brindó en Murcia un concierto exquisito para estrenar el mes de octubre.

Brillaba todavía el sol, con cierta timidez, eso sí, cuando el artista cubano apareció sobre el escenario de la plaza de toros acompañado por su hija Malva Rodríguez (piano y coros) y su esposa Niurka González, realmente impresionante con la flauta y el clarinete, quienes, junto a Jorge Aragón (piano), Rachid López (guitarra), Maykel Elizarde (tres cubano), Jorge Reyes (contrabajo) y Oliver Valdés (batería y percusión), arroparon con acierto constante las distintas piezas que se fueron sucediendo, empezando por, casi nada, 'Historia de las sillas', 'Ala de colibrí' y 'Sueño con serpientes'. Un trío de clásicos que marcó el tono, el alma, el ritmo y el corazón de una velada en la que los últimos discos de Silvio tuvieron un papel prácticamente anecdótico, estando representados exclusivamente por 'Viene la cosa', de 'Para la espera' (2020), la sobresaliente 'Nuestro después', de 'Quería saber' (2024) y 'Virgen de occidente', tema que formará parte de un próximo trabajo, pero que ya presenta formas de clásico.

Así, entre sentidos recuerdos a los poetas cubanos José Martí y Luis Rogelio Nogueras a través de tremendos fragmentos de, respectivamente, sus obras 'Maestros ambulantes' y 'Halt!', así como al inolvidable Luis Eduardo Aute, con quien compartió no pocos escenarios, con una versión de 'La belleza' que nos dejó un nudo de terciopelo anclado en el pecho, Rodríguez completó una noche cuya huella quedó impresa con arena del más hermoso pasado. Y es que, a pesar de que el propio artista asegurase recientemente en LA VERDAD que su intención en estos conciertos no es resumir una carrera que supera ampliamente las cinco décadas, lo cierto es que el repertorio pasó por la práctica totalidad de sus trabajos más emblemáticos, prestando especial atención a sus dos primeros discos, los excelsos 'Días y flores' (1975) y 'Al final de este viaje' (1978).

Del primero, además de la citada 'Sueño con serpientes', sonó una deslumbrante 'Pequeña serenata diurna', mientras que del segundo lo hicieron las estremecedoras 'Canción del elegido' y 'La era está pariendo un corazón' y una 'Ojalá' que sonó a lo que siempre fue y será, es decir, a una de las canciones más bonitas del mundo.

Un honor al que también se acercan, y de qué manera, otras sublimes composiciones que redondearon la velada como 'Eva', 'Escaramujo', la celebradísima, con razón, 'Quién fuera' o, sobre todo, una 'Unicornio' interpretada a guitarra y voz que detuvo el tiempo hasta convertirlo en un sobrecogedor suspiro colectivo.

Cerca de dos horas después de su inicio, la noche concluyó con 'Por quien merece amor', broche de oro gracias a su prodigiosa melodía y otro texto para enmarcar: «Mi amor es mi prenda encantada, es mi extensa morada, es mi espacio sin fin. Mi amor no precisa fronteras; como la primavera, no prefiere jardín». 

Canciones. Palabras. Tan poderosas y terrenales. Tan eternas e infinitas cuando nacen del puño y letra de Silvio Rodríguez. Míralas, todavía tiritan en el aire, como nuestra emoción tras vivir un concierto de esos que no se olvidan.


Silvio Rodríguez, amor y revolución en Murcia

El cantautor cubano, a sus 79 años, ofreció en la Plaza de toros de Murcia un recital de dos horas marcado por la intimidad, la memoria y las canciones que han acompañado a varias generaciones

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Entre lágrimas furtivas, fue uno de los conciertos más sosegadamente bellos que se hayan presenciado por aquí. Volver a ver en directo a Silvio Rodríguez era una experiencia largamente esperada. Pertenece por méritos a esa jerarquía angélica de elegidos que se pueden permitir el lujo de hacer lo que les da la gana, a sabiendas de que cualquier espíritu sensible va a tomar buena nota de los guiños. Muy a pesar suyo, Silvio es un maestro.

Si bien es una grata sorpresa que conserve su prodigiosa voz, en todo lo demás, el cantante se mantiene fiel a sí mismo de manera inconfundible y maravillosa. Su origen cubano le ha llevado a ser un artista revolucionario, en lucha por la libertad y la cultura, pero él es humilde en el sentido más orgulloso de la palabra, el de los que saben que todos somos seres fugaces y que estamos aquí, en este vértigo, solo de paso. Su retablo de melodías es esplendoroso; interpreta canciones de protesta y romance, extraídas de toda su discografía.

El trovador cubano repasó algunas de sus canciones esenciales, desde Ojalá y Unicornio hasta La belleza, acompañado por un grupo de músicos de gran precisión

Apareció tocado con una gorra donde se leía aprendiz, aunque anoche fue maestro a la hora de expresar lo que siente y desea, aquel "cúmulo de verdades esenciales que caben bajo el ala de un colibrí", como escribió José Martí en el ensayo Maestros ambulantes, del que leyó un fragmento al poco de comenzar con Historia de las sillas, dulce preámbulo a Ala de colibrí'("hoy me propongo fundar un partido de sueños"). Cierta euforia colectiva secundaba algunos versos de un cancionero en el que el anhelo de libertad siempre converge con la delicadeza; espectáculo poético del que pocos podemos salir indemnes, ilesos. Con Sueño con serpientes, llegó el primer estallido de emoción.

Silvio es un hombre de su tiempo, y desde la acción le surgen crónicas, canciones, testimonios. Su lenguaje varía según el timbre de la vida, pero siempre hay un viento épico rondándolo. Lo primero que impresiona es la integridad de su voz, como si no hubieran pasado los años. Lo segundo, el grupo que le acompaña, formando con él un semicírculo, con bellos arreglos de cuerdas y una percusión extendida. Los presentó como el trío Trovarroco, además de la flautista-clarinetista Niurka González Núñez, su hija Malva Rodríguez -voz y teclas-, y el percusionista Oliver Valdés; músicos jóvenes que sonaron compactos y precisos.

Lo paradójico y lo contradictorio añadían un encanto indescifrable. Silvio se mostró contenido; cantando es impuro, conciso y prolijo, simple y profundo, descarnado, sutil y directo. Conserva intactos el don de la música y la poesía, aunque en días como ayer no estuviera totalmente fino de voz, y desgranó canciones sin fecha de caducidad que permanecen en la memoria: Unicornio azul, Canción del elegido, Ojalá… pero, por encima de credos políticos, contó allí su universo poético, ese en el que caben días y noches, soles y lunas, aventuras terrestres y extraterrestres.

El concierto dejó también espacio para la actualidad: Palestina, el recuerdo de Pepe Mujica y Lucía Topolansky

Un universo tan grande que cabe en lo que da de sí el espacio iluminado por un foco de luz. El público las coreó, pero, eso sí, respetuosamente, en un tono más bajo (no como las adolescentes que gritan en los conciertos de Alejandro Sanz), y aplaude cuando no canta para no perderse una sola frase. Y es que pocos autores son capaces de escribir canciones de amor como él, dándolas "como un disparo, como un libro, una palabra, una guerrilla, como doy el amor" (lástima que se dejara fuera Te doy una canción, pese a que se la pidieron). Detrás de esa máscara de tipo corriente se esconde una sensibilidad a flor de piel.

Suena a utopía, a algo imposible. A sus 79 años, ofreció una actuación serena y cercana, sostenida por un repertorio que ha acompañado a varias generaciones y que mantiene intacta su capacidad de reunir al público alrededor de una misma emoción.

La belleza

La velada transcurrió por algunos de sus títulos esenciales: Pequeña serenata diurna (en la que canta "soy un hombre feliz", y tiene protagonismo el clarinete), Quién fuera, Escaramujo (una reflexión poética sobre la búsqueda del conocimiento y la comprensión del mundo)... Cada canción activaba un reconocimiento inmediato entre los asistentes, que respondían con especial intensidad a una obra en la que conviven la intimidad, la reflexión social, la ternura y la mirada crítica, rasgos que han convertido a Silvio en una de las voces fundamentales de la Nueva Trova y de la canción iberoamericana.

Uno de los momentos de mayor conexión llegó con La belleza, interpretada de forma conmovedora, tan solo acompañada por la magistral flauta de Niurka González, su esposa, y el piano de Malva Rodríguez. Se escuchó un grito de "¡Viva la revolución!" y un "¡Aute, te queremos!", dedicado al autor de la canción. Siguieron Virgen de occidente (nacida con vocación de clásico), Viene la cosa (donde bromea con el término que en Cuba se utiliza para referirse a la nefasta situación política sin mencionarla) y En cuál de esos planetas, antes de Más porvenir, que dedicó a dos personas extraordinarias: Pepe Mujica y su compañera, Lucía Topolansky.

Con Me acosa el carapálida apuntó al imperialismo, mientras La era está pariendo un corazón miró al genocidio palestino recitando antes de cantarla el poema Halt!, del cubano Luis Rogelio Nogueras, escrito tras su visita a Auschwitz en 1979: "Pienso en ustedes, judíos de Jerusalén y Jericó... y no acierto a comprender cómo olvidaron tan pronto el vaho del infierno". La emoción era total. A solas con su guitarra interpretó ¿A dónde van?. Si la belleza aturdía momentáneamente, el sentimiento devolvía rápidamente a la realidad.

El recital acabó con Por quien merece amor (dejando la sensación agridulce de algunas canciones ausentes) entre aplausos y lágrimas, marcado por la sensibilidad, el encanto, la sutileza y la memoria, pero sobre todo emocionó con las canciones que han hecho soñar con un mundo mejor a varias generaciones. El cantautor que hizo poesía de la lucha demostró ayer que la palabra y la música, cuando son universales, nunca envejecen. Silvio Rodríguez devolvió la esperanza.

Murcia vivía el primer atardecer de octubre a la vez que la plaza de toros de la ciudad abría sus puertas para recibir a los espectadores de Silvio Rodríguez, el "Aprendiz de Brujo". A su vez, frente a esas puertas, se daban cita decenas de personas para pedir fin al bloqueo que mantiene Estados Unidos sobre Cuba, patria del "Aprendiz". Era la previa de lo que iba a llenar el ruedo un rato después.

Seis décadas de Silvio Rodríguez 'a golpe de himno' en la plaza de toros de Murcia

Silvio recitó los poemas 'Maestros ambulantes' de José Martí, para reivindicar la importancia de la educación y la cultura; y 'Halt!' de Luis Rogelio Nogueras, para recordar el horror del holocausto


MURCIA, 2 Oct. (EUROPA PRESS) -

Es imposible quedarse con unas pocas canciones de Silvio Rodríguez (Cuba, 1946) después de 59 años sobre los escenarios y 21 discos de estudio, el último en 2024 ('Quería saber') y el siguiente, según anunció el propio cantante, en camino. El concierto de Murcia, dentro de su tour por España de 2026, es buen ejemplo de ello: porque, a pesar de cantar algunos de sus grandes himnos, el público se quedó con ganas de más.

Alexis Díaz-Pìmienta, escritor, repentista y maestro de décimas, fue el encargado de abrir la noche junto a su hijo Alex, mientras el coso de La Condomina se iba llenando a la espera de que el reloj diera las 20.30 horas. Unos minutos después aparecía entre aplausos el cantante cubano junto a un elenco de músicos entre los que se encontraba su mujer Niurka (flauta y clarinete) y su hija Malva (coros, teclados). También Jorge Aragón (piano), Rachid López (guitarra), Maykel Elizarde (tres), Jorge Reyes (contrabajo), Emilio Vega (vibráfono) y Oliver Valdés (batería/percusión).

La emoción estaba muy contenida en esas primeras canciones (Viene la cosa, Sueño con serpientes, Nuestro después, En mi calle, Me acosa el Carapálida, Más porvenir o ¿A dónde van?) pero con 'La belleza', canción de Luis Eduardo Aute, se encaró una parte central llena de himnos, de reivindicaciones y de poesía. Temas como Eva, Quien fuera, Escaramujo, Pequeña serenata diurna o Canción del Elegido pusieron al público en pié en varias ocasiones.

Silvio recitó dos poemas durante su concierto. El primero 'Maestros ambulantes' del escritor José Martí, para reivindicar la importancia de la educación y la cultura para poder ser libres; y el otro de Luis Rogelio Nogueras (1944-1985), poeta cubano que falleció con apenas 40 años. El cantante leyó 'Halt!', escrito por Nogueras tras visitar el campo de concentración de Auschwitz, con su pañuelo palestino, en el que fue uno de los momentos más emocionantes de la noche, ya que el poema dio paso a otra de sus icónicas canciones 'La era está pariendo un corazón'.

Tras los versos del poema de Nogueras, con ese final "no acierto a comprender/ cómo olvidaron tan pronto/ el vaho del infierno", el cantante cubano encaró esta última parte del concierto con una selección que bien podría ser una llamada a la esperanza: 'El necio' dio paso a 'Venga la esperanza', 'Ojalá' o 'Unicornio Azul'. Y cuando parecía que el concierto había terminado, Silvio volvió a aparecer para despedirse de Murcia con 'Te molesta mi amor'.

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